(Minghui.org) Llevo más de 20 años practicando Falun Dafa y me he conducido según los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Desde que el Partido Comunista Chino (PCCh) comenzó a perseguir a Falun Dafa, otros practicantes y yo, nos hemos mantenido según el progreso de la Rectificación del Fa, realizando las tres cosas que los practicantes debemos hacer y ayudando a Shifu  a salvar a las personas.

Aunque estaba en un estado que parecía estable, sin darme cuenta, había relajado mucho mi cultivación. En realidad, me había centrado más en completar tareas que en cultivar. Hace unos años, me estanqué en la cultivación y desperdicié mucho tiempo valioso. Hoy quisiera reflexionar sobre lo sucedido y sobre mi renovada perseverancia para recorrer bien el último tramo de mi camino de cultivación.

Todo comenzó con una compañera practicante que solía ser una buena amiga mía; ambas nos apreciábamos. Sin embargo, después de que ella fue enviada a un campo de trabajos forzados, debido a la persecución contra Falun Gong y ser posteriormente liberada, ella empezó a mostrarse hostil hacia mí. Me trataba mal y aprovechaba cualquier oportunidad para dificultar mi cultivación y la aclaración de la verdad.

Por ejemplo, cortó mi contacto con otros practicantes, generó conflictos entre nosotros e intentó expulsarme de los proyectos de aclaración de la verdad de Dafa para aislarme. Otros practicantes creían que ella me estaba perjudicando, pero nadie estaba dispuesto a hablar con ella.

Cuando fue arrestada de nuevo, acompañé a su familia a la División de Seguridad Nacional para exigir su liberación. A su regreso, continuó con su comportamiento, aunque de forma menos evidente. Intenté confrontarla varias veces, pero ella siempre evitaba el encuentro. Su comportamiento astuto me resultaba repugnante. A finales de 2019, después de que ella me excluyera de otro proyecto destinado a aclarar la verdad, ya no quise tener nada que ver con ella.

De hecho, antes de eso, mi xinxing ya había desarrollado un problema serio. Consideraba que mi entorno de cultivación era demasiado complicado y que las intrigas entre los practicantes resultaban agotadoras. Me parecía inaceptable la conducta de muchos practicantes y sospechaba que no se encontraban en un estado de cultivación correcto. A menudo me preguntaba: «¿Es este un practicante? ¿Es este un grupo de practicantes?».

Aunque no decía nada, mi mente estaba llena de pensamientos negativos hacia los demás. Me sentía profundamente decepcionada con mis compañeros practicantes y comencé a desanimarme.

Mi estado era extremadamente peligroso, ya que, en última instancia, podía sacudir la fe recta en Shifu y en el Fa, de algún practicante. Por eso, cuando aquella practicante hizo cosas que me hirieron, esa fue la gota que colmó el vaso y me hizo derrumbarme. Mi corazón ya no podía soportarlo más y estaba al borde del colapso. Aquel periodo fue el punto más bajo de mi cultivación.

Ni siquiera cuando estuve detenida ilegalmente me sentí tan desanimada, y tampoco guardé rencor a ninguno de los policías que me persiguieron. Sin embargo, durante esta etapa, me atormentaban pensamientos negativos —principalmente resentimiento y envidia— de los que no lograba liberarme.

Encontré  artículos de Shifu a cerca de cómo uno debe mirar hacia adentro cuando recibe un trato injusto pero no pude evitar quejarse: «Shifu, ¿acaso debo mirar hacia adentro frente a la persona que intenta hacerme tropezar en la cultivación y empujarme a un callejón sin salida?». Sabía que ese pensamiento era extremadamente irrespetuoso hacia Shifu, por lo que comprendí que algo fundamental fallaba en mi cultivación.

Shifu me ayudó a recuperar la compasión

Había defraudado a Shifu y le había causado mucha preocupación. Con inmensa misericordia, Shifu restauró mis pensamientos de compasión, me ayudó a salir del peligro y me permitió recuperar el estado correcto de una cultivadora.

Un día, viajaba en coche con mi familia. Mi sobrina miraba su teléfono móvil mientras se reía entre dientes. Le pregunté: «Pequeña, ¿qué estás viendo que te hace tanta gracia?».

Me contó que era un musical titulado «La fiesta del té de las madrastras». En películas de animación de Disney como Blancanieves y Enredados, todas las princesas tenían una madrastra que les hacía daño. En este musical, todas las madrastras se reunían para proclamar lo bien que habían educado y tratado a las princesas. A ella le resultaba ridículamente graciosa su actitud hipócrita.

Mi sobrina dijo: «Las princesas son muy buenas. ¡Yo también quiero ser una princesa!». Le pregunté por qué, y respondió: «Porque son bondadosas, valientes y compasivas».

Le pregunté: «¿No es lo mismo ser bondadosa y compasiva?».

Ella dijo que no, y añadió: «Porque cada princesa tenía una madrastra que le hacía daño, pero a ellas no les importaba. No les importaba y no odiaban a sus madrastras».

Las palabras de la niña me llegaron a lo más profundo y me hicieron reflexionar. Ella me preguntó: «Tía, ¿tú quieres ser una princesa?».

Hice una pausa y luego respondí con una sonrisa: «Me falta mucho para llegar a eso».

De repente la expresión de la niña llegó a estar muy seria. Miró hacia adelante y dijo con firmeza: «Las princesas son princesas. Ellas tienen un carácter excepcional».

Al escuchar las palabras «carácter excepcional» tan claras y fuertes, rompí a llorar. ¡Sabía muy bien que Shifu estaba usando la boca de la niña para señalar mi problema! Shifu esperaba que yo tuviera un «carácter excepcional».

Por la acumulación de resentimientos, incluso después de darme cuenta de que los tenía, no los eliminaba de inmediato. Cuando otros practicantes mencionaban a la practicante que me trataba mal, no podía evitar añadir comentarios negativos. Sabía que no debía hablar mal de nadie, pero mi corazón estaba lleno de negatividad aunque no dijera nada. Afortunadamente, nuestro compasivo Shifu había hecho otros arreglos para mí.

Durante los años de la pandemia de COVID, las autoridades locales lanzaron varias oleadas de persecución a gran escala. Arrestaron y condenaron a muchos practicantes de Falun Gong, y bastantes de ellos murieron, lo que provocó la disolución de algunos grupos de estudio del Fa. Además de los confinamientos por la pandemia, la interacción y la comunicación entre los practicantes se redujeron considerablemente.

A finales de 2020, justo cuando había terminado una ronda de confinamientos, leí un informe de Minghui sobre una practicante local condenada a prisión y decidí visitar a su madre de 90 años, quien permanecía postrada en cama la mayor parte del tiempo. Para mi grata sorpresa, la pariente que me abrió la puerta era una compañera practicante a quien yo conocía de antes.

La madre se veía muy triste. Aunque había aprendido Falun Gong antes, dejó de practicar después de que su hija fuera perseguida, y su salud se deterioró seriamente. La pariente que me abrió la puerta, y que tenía más de 70 años, había sufrido recientemente ye de enfermedad y, tras recibir el alta hospitalaria, tenía dificultades para hablar con claridad. Casi había olvidado todas las palabras de Zhuan Falun, lo que hacía imposible que estudiara el Fa.

Al ver su situación de desamparo, me di cuenta de que me necesitaban. Comprendí por qué Shifu había arreglado que yo realizara esta visita. Propuse que estudiáramos el Fa juntas y ellas se entusiasmaron. Establecimos un horario y lo seguimos. No era difícil imaginar lo arduo que resultaría estudiar el Fa con dos practicantes que apenas sabían leer y escribir; sin embargo, persistimos hasta que la hija fue liberada de prisión y regresó a casa.

En la primavera de 2023, contacté a otra practicante que acababa de salir de prisión. Habíamos colaborado juntas en proyectos de Dafa y yo la admiraba profundamente. Al visitarla, descubrí que sufría un ye de enfermedad muy serio. Su familia la vigilaba estrechamente, impidiéndole practicar con libertad. Sentí que debía ayudarla.

Para lograrlo, propuse que se alojara conmigo, y ella aceptó. Con la ayuda de otros practicantes, hablamos con su familia y finalmente conseguimos su consentimiento. Aunque la practicante finalmente murió, su familia fue testigo de nuestros esfuerzos desinteresados y mejoró su actitud hacia nosotros. Nos comentaron que la vida de la practicante se había prolongado casi un año.

De hecho, ella había comenzado a practicar Falun Dafa cuando estaba al borde de la muerte; Dafa había extendido su vida durante más de veinte años.

Estas experiencias me enseñaron a valorar lo difícil que resulta para cada vida llegar hasta este punto. Al compararme con los practicantes analfabetos, con aquellos que habían estado encarcelados y con quienes sufrían ye de enfermedad, me sentía sumamente afortunada. Mis supuestas dificultades no eran nada en realidad, pero yo les había dado una importancia innecesaria en lugar de restarles trascendencia.

Además, me sentí feliz por esforzarme en ayudar a los demás; aprendí a valorar la vida y a apreciar a mis compañeros practicantes.

Durante años, mis quejas sobre cómo otros practicantes me arrastraban a la negatividad me habían encerrado en una capa de hielo grueso, aislándome de los demás. Sin embargo, en los últimos años, los arreglos de Shifu para mí han roto ese hielo una y otra vez, permitiendo que mi verdadero ser se descongelara. Podía sentir cómo disminuían los elementos negativos de mi cuerpo y cómo aumentaba gradualmente el poder de la compasión.

Mirar hacia adentro y profundizar

Desde que Shifu me rescató del peligro, he estado ponderando sobre la causa fundamental por la que desarrollé un problema tan serio. Me di cuenta de que estaba demasiado ocupada y de que mi estudio del Fa se había convertido en un mero trámite. No memorizaba el Fa ni lo asimilaba realmente. Sin el Fa en mi corazón, no podía utilizar el Fa para guiar mi cultivación.

Comencé a fortalecer mi espíritu principal y, si notaba que mi mente divagaba durante el estudio del Fa, volvía a leer la frase. Me propuse asegurarme de memorizar el Fa. Quizás no adquiría nuevos entendimientos, pero mis pensamientos rectos se fortalecían. Además, retomé la memorización del Fa. A medida que profundizaba en el estudio del Fa, fui capaz de identificar claramente mis problemas.

Nací en una familia bastante tradicional. De mis mayores aprendí los principios morales sobre cómo comportarme y desarrollarme. Tenía algunos buenos comportamientos, pero así fue como me criaron y así me presenté frente a los demás; no era mi verdadero reino. En otras palabras, en la superficie me comportaba como una practicante, pero en lo profundo yo no era la  misma. Realmente no me había asimilado a Verdad-Benevolencia-Tolerancia.

Estaba fingiendo sin saberlo. Para asuntos menores, pasé bien las pruebas, pero mis apegos no habían sido eliminados. Cuando los conflictos me abrumaban, mis pensamientos humanos acumulados estallaban.

También sostenía los principios morales a nivel humano, en lugar de los de niveles superiores. No me di cuenta de que los principios para los humanos y los de los practicantes eran completamente diferentes. Por ejemplo, las virtudes humanas incluyen la integridad, la bondad y la capacidad de discernir el bien del mal. Pero el ámbito de un practicante va mucho más allá que esto.

Yo era una persona que tenía gustos y aversiones claros. No fue hasta que comencé la cultivación que me di cuenta de que esto era una manifestación típica de haber sido envenenada por la cultura del Partido Comunista.

Hay varios tipos de personas: buenas y malas, amables y malvadas. Como practicantes, no necesitamos deliberadamente distinguirlos ni tratarlos de manera diferente. Somos amables con todos, sin agradar ni desagradar a ninguna persona. Ese es el supuesto reino de un practicante.

Además de eso, los principios humanos habían formado en mí nociones obstinadas, haciéndome sentir orgullosa de “soy una buena persona” y tenía una buena opinión de mí misma. Era distante y engreída, testaruda y demasiado preocupada por tener razón, y menospreciaba a los demás. Tan pronto como veía la manifestación de los lados malos de los demás, trataba con todas mis fuerzas de contener mi ira. En realidad, se trataba de un profundo odio al mal y un fuerte sentido de envidia.

Al mismo tiempo, esta mentalidad de superioridad moral y falta de humildad podría fácilmente desencadenar la negatividad en los demás y llevar a la competencia y luchas internas entre los practicantes que no hubiesen abandonado los apegos humanos.

La razón principal por la que desarrollé resentimiento fue que mi sentido del yo era demasiado fuerte. Tomaba mis gustos y rechazos como el estándar, y cuando las cosas no se ajustaban a mis preferencias, me enojaba.

No fui lo suficientemente abierta para expresar mis pensamientos en medio de conflictos. En mi infancia, cuando me acosaban, simplemente me lo tragaba y no me atrevía a discutir ni a defenderme, por lo que desarrollé una personalidad tímida. Después de crecer, también tenía miedo a los conflictos y a que me lastimaran, aunque me sentía agraviada y tratada injustamente.

También me preocupaba mucho guardar las apariencias y me preocupaba la confrontación con los demás, pensando que si tenía conflictos con los demás, mi imagen podría verse dañada. Este era mi apego a la fama.

También pude sentir que esos años de enredo entre esta compañera practicante y yo implicaban una relación de causa y efecto más profunda que había sido explotada y arreglada por las viejas fuerzas.

Hace más de 10 años, vi la mirada en los ojos de esta practicante mientras ella me miraba, y el odio en sus ojos me pareció extrañamente familiar. Me estremecí por completo y no pude evitar temblar. En el fondo sentí fuertemente que en una vida pasada ella me había tratado de la misma manera y me había destruido.

Desde entonces he tenido mucho cuidado de mantenerme alejada de ella. Yo era amable con ella en la superficie, pero le tenía miedo y no me agradaba. No me atrevía a abrirle mi corazón y compartir mis entendimientos, por temor a que me lastimara. Sabía que no había cultivado una compasión genuina hacia ella. Como practicante, debería haber trascendido la relación causa-efecto y mantener pensamientos rectos.

En realidad, debería agradecerle. Este proceso de cultivar mi xinxing me ha ayudado mucho a madurar y ha sido precioso.

Después de varios años de tiempo perdido, con la ayuda de Shifu finalmente me liberé del empantanamiento. Un día, Shifu me mostró el proceso para salvarme en forma de un sueño: estaba parada en la proa de un barco navegando en la oscuridad. De repente, una enorme ola me arrastró. Estaba perdida en el fondo del océano profundo y negro como boca de lobo y no sabía qué camino tomar.

De repente, un rayo de luz brilló directamente desde arriba, abriéndome un camino de luz. Nadé y nadé hacia arriba por el camino hacia la luz hasta llegar a la superficie. Cuando mi cabeza estaba fuera del agua, ¡vi a Shifu! Shifu estaba parado en el agua esperándome y una suave luz irradiaba desde todo su cuerpo. Detrás de Shifu había una escalera blanca que conducía directamente a los cielos.

Shifu se inclinó y me sacó del agua, diciendo: "¡Hija mía, te he estado esperando demasiado tiempo!".

Me desperté del sueño llorando. ¡Estaba profundamente agradecida por la misericordiosa salvación de Shifu! Shifu no se dio por vencido con esta discípula decepcionante y yo misma no puedo rendirme.

Comencé a poner de lado los principios humanos que solían dominarme y comencé a cultivarme con un corazón sincero, cambiando gradualmente mis nociones humanas y mirando las cosas desde la perspectiva de una practicante. Al mismo tiempo, comencé a tomar mi ego a la ligera y a aprender a seguir el curso natural, tratando de que las manifestaciones externas no me impacten emocionalmente y esforzándome por mantener persistentemente mis pensamientos rectos.

Una vez más encontré el verdadero significado de la cultivación como cuando comencé y, recuperé la alegría y la sensación de plenitud que tenía en ese momento. ¡En el futuro, trabajaré con mis compañeros practicantes, animándonos unos a otros, y haré bien las tres cosas para avanzar juntos diligentemente!