(Minghui.org) Comencé a practicar Falun Dafa (también conocido como Falun Gong) hace 29 años, en julio de 1997, mientras cursaba mi maestría. En aquel entonces, estaba muy influenciada por el ateísmo y nunca me había interesado el qigong ni nada que fuera más allá de la ciencia empírica; no creía en nada espiritual. Mi novio practicaba Falun Dafa y me decía que era algo bueno.

No entendía por qué un hombre joven y sano, que avanzaba con éxito en su carrera académica (era estudiante de doctorado) y tenía un futuro brillante por delante, practicaría qigong. Decidí probarlo, así que fui al lugar de práctica de Falun Dafa en mi universidad para aprender más.

El grupo realizaba los ejercicios en el campus por la mañana y se reunía algunas noches a la semana para leer el libro principal de Falun Dafa, Zhuan Falun, y hablar sobre sus experiencias de cultivación. Escuchaba y los observaba con la mente abierta para comprender la práctica. Me gustaba estar con esas personas y me sentía atraída por los principios de Dafa: Verdad-Benevolencia- Tolerancia. Sabía que, sin los principios rectores de Dafa, sería muy difícil ser una buena persona en nuestra compleja sociedad.

Como estudiante de posgrado, interactuaba casi exclusivamente con estudiantes y profesores. Tenía compañeros obsesionados con la fama y el interés propio, o propensos a las intrigas y las disputas internas. Algunos tenían una actitud malintencionada, y tratar con ellos me dejaba intranquila. Me sentía estresada y desdichada debido a los desafíos de mi tesis de maestría y a la presión de las relaciones académicas e interpersonales.

En cambio, sentía que entraba en una tierra pura cuando hacía los ejercicios de Falun Dafa por la mañana y me reunía con los practicantes por la noche para leer Zhuan Falun y hablar sobre los problemas que enfrentábamos en nuestros estudios y en la vida. Los escuchaba compartir cómo mejoraban su xinxing (naturaleza del corazón o carácter) en su vida cotidiana y en el trabajo, y cómo buscaban sus propias deficiencias durante los conflictos. Sentía que los practicantes de Falun Dafa eran personas buenas y nobles.

Me gustaba lo que estos practicantes compartían. Me gustaba interactuar con ellos y aplicar los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia para guiarme cuando me sentía perdida. Mi alma y mis pensamientos se purificaban constantemente, lo cual me producía una gran sensación de bienestar. Desde que comencé a practicar Falun Dafa, me he mantenido inmersa en la práctica y nunca la he abandonado, ni siquiera tras superar las tormentas de persecución que siguieron.

Cultivación sólida

Cursé mi maestría entre julio de 1997 y julio de 1999, y posteriormente permanecí en la universidad para ejercer la docencia.

Cada mañana participaba en los ejercicios grupales cerca de mi casa, me dedicaba a la enseñanza y a la investigación durante el día, mantenía buenas relaciones con mis colegas y trataba a mis estudiantes con amabilidad. Por las noches, asistía unas dos veces por semana al estudio grupal del Fa. Había practicantes de diversas edades, y todos compartían cómo mejoraban su carácter y trataban a los demás con benevolencia, tanto en casa como en el trabajo.

Mi vida y mi trabajo transcurrían con normalidad. En el trabajo, comentaba a mis colegas que practicaba Falun Dafa. Como mi labor docente y profesional daba buenos resultados, recibía comentarios muy positivos por parte de mis superiores, compañeros y estudiantes.

Durante esos dos años de cultivación, las experiencias personales de los practicantes que conocía me mostraron los efectos curativos milagrosos de Falun Dafa; entre ellos, el caso de un profesor que sufría cáncer de páncreas y se recuperó, y la mejoría del asma grave que padecía mi suegra. También escuché relatos sobre experiencias milagrosas de otros practicantes: algunos veían escenas y escuchaban música de otras dimensiones, muchos observaban Falun girando, etcétera. Al escuchar todo esto, la influencia del ateísmo fue disminuyendo gradualmente en mí. Poco a poco fui creyendo en la existencia de otras dimensiones, de seres de niveles superiores y de la ley universal. Decidí mantenerme firme en mi creencia en Falun Dafa.

Algunas personas podrían pensar: «Puedo ser una buena persona sin practicar Falun Dafa». Para quienes poseen una gran calidad moral, esto podría ser posible. Sin embargo, los criterios para definir a una «buena persona» varían. En la sociedad actual, donde los estándares morales están en declive, pocas personas logran realmente estar a la altura de los principios de Dafa: Verdad-Benevolencia-Tolerancia.

Por ejemplo, durante años en China, la gente ha priorizado la cultivación de relaciones personales y la búsqueda del interés propio, incluso dentro de las universidades. Ante la presión laboral y la feroz competencia por obtener becas, cartas de recomendación y plazas en programas de posgrado, algunos estudiantes recurren a medios indebidos para mejorar sus calificaciones. Se valen de contactos personales para acercarse a los profesores con la esperanza de obtener mejores notas; así, calificaciones reprobatorias se convierten en aprobatorias, y las aprobatorias se transforman en calificaciones sobresalientes. Este fenómeno está muy extendido, especialmente entre los estudiantes que son hijos de docentes.

Casi todos los maestros se enfrentan a esta situación y se ven envueltos en ella, ya sea de forma activa o pasiva. Muy pocos de mis colegas han logrado rechazar tales peticiones. Durante mi primer año de docencia, cuando colegas o jefes de departamento me pedían que subiera las calificaciones de estudiantes con «conexiones especiales», me resultaba difícil negarme debido a las obligaciones sociales y a la necesidad de guardar las apariencias, aunque aquello me causaba una profunda inquietud. Sabía que no estaba actuando conforme a los principios de Falun Dafa: Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Al participar en actos tan deshonestos, comprometiendo la equidad y la imparcialidad, estaba fallando en seguir las enseñanzas de Shifu y los requisitos exigidos a los practicantes de Dafa.

Con el tiempo, reuní el valor para rechazar estas peticiones. Expresé claramente a los colegas que se dirigían a mí que ya no podía hacerlo, pues sigo los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia, y tales acciones no se ajustan a los requisitos de Dafa. Siempre me disculpaba y explicaba que no podía subir ninguna calificación.

Manteniéndome firme

En julio de 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) comenzó a perseguir a Falun Dafa. Su postura evolucionó de la neutralidad a la prohibición y la represión. Sin embargo, mi actitud hacia Falun Dafa nunca cambió porque, tras dos años completos de cultivación, comprendía en qué consiste realmente la cultivación.

En un nivel superficial, Dafa purifica la mente y enseña a las personas a ser buenas, a comportarse correctamente en todos los aspectos de la vida —ya sea en casa o en el trabajo—, a ser consideradas y a convertirse en individuos desinteresados que actúan en beneficio de los demás. Pero en un nivel más profundo, Dafa eleva la naturaleza fundamental del individuo, guiando a los practicantes a mejorar su xinxing y a convertirse en seres con una sabiduría superior.

Mi vida, mi trabajo y mi familia se vieron afectados tras el inicio de la persecución. Fui arrestada y detenida, mi casa fue saqueada y mis familiares fueron enviados ilegalmente a campos de trabajo forzado. Nunca me quejé de Dafa durante todos estos años, pues sabía con firmeza que Dafa es maravilloso y que la brutal persecución del PCCh es ilegal.

La campaña de difamación y represión del PCCh nace de su naturaleza malvada y de su temor hacia Falun Dafa. A lo largo de su historia, el Partido ha instigado constantemente movimientos políticos y ha reprimido a la población. Siempre ha antepuesto sus propios intereses de poder a todo lo demás: a la libertad de las personas y a la Constitución de China. Al experimentar la persecución inmoral y al margen de la ley del PCCh, llegué a reconocer claramente la naturaleza de este régimen malvado. Poco a poco, logré liberarme de su lavado de cerebro y adoctrinamiento, y descarté conceptos como el ateísmo y la teoría de la evolución.

Cuanto más cruel era la persecución, más claramente veía la maldad del PCCh. Mantiene al pueblo chino como rehén y lo coacciona, manipulando todos los sectores de la sociedad, especialmente los sistemas de seguridad pública, Procuraduría y judicial. Obliga a los departamentos judiciales a ignorar la ley y los límites éticos para servir como instrumentos de represión del PCCh, convirtiéndose en cómplices del mal al ayudar al Partido a dominar y oprimir a la población. Solo aquellos que conservan su bondad innata pueden reflexionar sobre la situación y usar su sabiduría para resistir la persecución del PCCh. Cuando Shifu pide a los practicantes de Dafa que aclaren la verdad, lo hace para que podamos encontrar a más personas de buen corazón que puedan ser salvadas, ayudándolas a liberarse de la coacción y el control del PCCh y a alejarse del mal.

Estoy realmente agradecida de tener el destino de practicar Falun Dafa, lo cual me permitió afrontar las adversidades y pruebas de la vida con serenidad, distinguir lo correcto de lo incorrecto y el bien del mal, y mantener la conciencia tranquila.

Algunas personas me dijeron: "En medio de una persecución tan intensa, el hecho de que hayas mantenido firme tu fe en Falun Dafa, trabajado con diligencia, cuidado de los jóvenes y ancianos de tu familia y vivido una vida llena de fortaleza, optimismo y serenidad, te convierte en un ejemplo brillante de que Falun Dafa es realmente bueno".

Creo que la rectitud finalmente prevalece sobre el mal. Cada vez más personas comprenden la verdad y reconocen la naturaleza malvada del PCCh, y un número creciente de ellas se ha desvinculado de él y ha encontrado la salvación. ¡Es algo verdaderamente maravilloso!

A pesar de haber sufrido persecución, sigo manteniéndome alegre y entusiasta. En el trabajo, trato bien a mis colegas y superiores, y desempeño mis labores con diligencia. En casa, respeto a mis mayores y cuido de mis hijos. Mis familiares de edad avanzada disfrutan ahora de una jubilación tranquila y a mis hijos les va bien en sus estudios. Estoy agradecida por la protección de Shifu y por llevar a Dafa en mi corazón. Cada día avanzo en el camino de la cultivación para ayudar a Shifu a rectificar el Fa y me esfuerzo al máximo por ser una practicante de Falun Dafa cualificada.

¡Gracias, Shifu!