(Minghui.org) Soy una practicante de Falun Dafa de 75 años. Comencé a cultivar antes de 1999. Debido a la persecución contra Falun Dafa, perdí mi entorno de cultivación. Mi comprensión del Fa era limitada en aquel entonces porque nunca había ido a la escuela. El compasivo Shifu no se rindió conmigo. Finalmente, retomé mi cultivación después de 14 años. ¡Gracias, Shifu!
Una infancia desdichada
Mi madre falleció cuando yo era pequeña. Mi hermana mayor iba a la escuela y mi segunda hermana tenía una discapacidad. También tenía cuatro hermanos menores. Nuestro padre tenía que trabajar día tras día para alimentar a toda la familia. Aunque ya tenía la edad para empezar la escuela, mi padre no podía permitirse enviarme. Nunca asistí ni un solo día a clase y ni siquiera sabía escribir mi propio nombre. Crecí siendo analfabeta.
Como mi madre había fallecido, la mayor parte de las tareas domésticas recaía sobre mis hombros. Tenía que cocinar para ocho personas, limpiar la casa, lavar la ropa y alimentar a diario a un grupo de gallinas, dos cerdos, un burro y el ganado. También tenía que hilar y tejer telas hasta altas horas de la noche. Confeccionaba la ropa de toda mi familia desde cero. Además, debía procesar el trigo cada dos semanas. Seleccionar las piedrecitas y moler el grano requería mucho tiempo. Moler era un trabajo duro. Mientras ajustaba el molino y recogía la harina y el salvado, tenía que vigilar atentamente al burro para que no se comiera el trigo ni dejara de trabajar. Dada la cantidad de comida que consumía mi familia, tenía que moler trigo cada dos semanas.
Mi padre trabajaba en la granja con el ganado y el burro, así que yo tenía que cortar decenas de kilos de hierba para ellos. Acarrear la hierba hasta casa era una tarea larga y ardua para mí; tenía que detenerme a menudo y avanzaba muy lentamente hasta llegar al hogar. Después de preparar y cenar, debía cortar hierba. Me levantaba a las cinco de la mañana para alimentar al ganado y al burro, asegurándome de que estuvieran listos para cuando mi padre necesitara llevarlos al campo.
Cada día terminaba agotada y sin aliento. Envidiaba a otros niños por su infancia feliz, pero ¿qué podía hacer? Día tras día, año tras año, lloré incontables veces a lo largo de mi angustiosa infancia.
Al crecer, mi padre arregló mi matrimonio con un joven que se había mudado a la aldea vecina desde otra provincia. Aquello iba en contra de mi voluntad, pero no me atrevía a desobedecer a mi severo padre. Me resigné a mi destino. Tras casarme y mudarme, ya no quedaba nadie que pudiera cuidar de mis hermanos menores. Como tampoco había escuela en la aldea, tuve que llevármelos a vivir conmigo e inscribirlos en la escuela de mi nueva localidad. Toda la familia de mi esposo estaba descontenta con la situación, y los conflictos sucedían continuamente.
La vida no fue más fácil después de casarme. Tenía mis propios hijos y trabajaba arduamente elaborando vinagre. Debía acarrear agua más de veinte veces al día y remover el vinagre cada pocas horas, día y noche. Para ahorrar tiempo, dormía con la ropa de trabajo y me levantaba al cabo de unas pocas horas cada noche. También tenía que transportar en bicicleta el vinagre, elaborado con tanto esmero, hasta las tiendas del pueblo, sin importar si llovía o hacía sol. En verano terminaba empapada en sudor y en invierno me congelaba de frío. El dinero que ganaba se destinaba a la educación de los niños.
Nadie comprendía cuánto me sacrifiqué por mi familia. Mi suegra era severa y exigente. Mi marido tenía mal carácter y podía estallar de ira en cualquier momento. Las discusiones y las peleas se volvieron algo cotidiano. No pude soportarlo más y finalmente nos divorciamos.
Ninguno de mis cuatro hijos quiso vivir con su padre tras el divorcio; todos vivían conmigo. Tuve que mantenerlos a todos sola. El mayor tenía catorce años y el menor, siete. Seguí elaborando vinagre por mi cuenta durante más de veinte años. Mi exmarido no aportó ni un centavo para nuestro sustento.
Falun Dafa me salvó
Años de trabajo arduo y falta de sueño acabaron por deteriorar mi salud. A los 45 años, me diagnosticaron cáncer de útero. Me sometí a una cirugía en un hospital de la capital de nuestra provincia y, antes de darme el alta, el médico me indicó que debía regresar para recibir quimioterapia. Sin embargo, mi familia no tenía ingresos durante aquel periodo de la operación. ¿Cómo iba a conseguir el dinero para el tratamiento?
Con el paso del tiempo, mi salud empeoró. No podía comer, perdí mucho peso y me sentía débil, pero mi abdomen crecía cada día más. Al cabo de un año de la cirugía, parecía estar embarazada de diez meses. No podía agacharme ni lavarme los pies. Comprendí que me quedaba poco tiempo de vida. Me entristecía pensar en mis hijos, que por aquel entonces cursaban la escuela secundaria. Los había traído al mundo, pero no podría terminar de criarlos. ¿Qué harían ellos si yo moría?
Un día, mi tía de 80 años vino a visitarme. Se sorprendió al ver lo enferma que estaba y me preguntó: «¿Qué enfermedad ha hecho que tu abdomen crezca tanto?». Tras escuchar mi historia, me dijo: «Ven conmigo a aprender Falun Gong. Tu vida se salvará». Acepté sin dudarlo.
Aquel día comenzó mi camino de cultivación. Mi tía me enseñó a realizar los ejercicios de Falun Gong. Todos los días, tras completar los ejercicios, escuchábamos las grabaciones de las enseñanzas de Shifu. La mañana del séptimo día, al levantarme, me di cuenta de que mi abdomen había recuperado su tamaño normal. ¡No podía creer lo que veía! Me toqué el abdomen con las manos. ¡Era verdad! ¡Mi abdomen abultado estaba plano! La emoción me hizo derramar lágrimas. Exclamé: «¡Tía! ¡Mira! Ya estoy bien. Mi abdomen está plano. ¡No me lo esperaba!». Mi tía se alegró tanto que se le llenaron los ojos de lágrimas. «Te dije que estarías bien si practicas Falun Gong. ¿No es cierto? Shifu ha comenzado a cuidarte. Debes tener una relación predestinada para cultivarte. ¡Es increíble lo rápido que sucedió! ¡Sigue cultivándote!».
Tras pasar veinte días en casa de mi tía, no solo aprendí Falun Gong, sino que también pude ayudarla con las tareas domésticas. Cuando me marché, gozaba de buena salud y me sentía más ligera. ¡Gracias, Shifu, por su profunda gracia y su compasiva salvación! ¡Gracias, tía, por su ayuda desinteresada!
Encontré un grupo de estudio del Fa cerca de casa y compré un ejemplar del libro Zhuan Falun. Sin embargo, no sabía leer. Mientras los compañeros practicantes leían, yo observaba atentamente las palabras e intentaba seguir la lectura. Puse todo mi corazón en aprender, escuchar, preguntar y memorizar. Shifu debió ver mi sinceridad y me otorgó sabiduría. Gracias a la iluminación de Shifu y a la ayuda de los compañeros practicantes y de mis hijos, logré leer el libro completo por mi cuenta al cabo de un par de años, aunque no comprendía bien su significado.
La persecución interrumpe mi cultivación
La persecución comenzó en 1999 y Shifu fue difamado. Otros practicantes y yo fuimos a la capital de nuestra provincia para contarle al gobierno nuestras experiencias personales con Falun Dafa. Las oficinas gubernamentales estaban fuertemente custodiadas y no se nos permitió hablar con ningún funcionario.
Como apenas reconocía las palabras del libro, no entendía su significado, y mucho menos comprendía el sentido de las enseñanzas de Shifu. Lo único que podía hacer era pronunciar las palabras una por una, pero no entendía el sentido de la vida ni la importancia de la cultivación. Tras perder nuestro entorno de cultivación que incluía el estudio y los ejercicios en grupo, me sentí como una niña perdida. Mi cultivación se interrumpió durante 14 años.
Me mudé a la ciudad donde vivía mi hija y trabajé en un empleo temporal durante siete años. Al regresar a mi ciudad natal, me dejé llevar por el deseo de comodidad y aprendí a jugar al Mahjong. Viví sin rumbo durante 14 años, comportándome exactamente como una persona común. Mi salud volvió a deteriorarse. Mis piernas se debilitaron tanto que apenas podía dar unos pocos pasos. Ni los medicamentos ni las inyecciones servían de ayuda. No podía valerme por mí misma. ¡Fue una situación muy difícil!
Reanudar la cultivación
El compasivo Shifu volvió a ayudarme. Un día, me encontré «por casualidad» con una practicante mayor de Falun Gong. Ella me dijo: «Ven a estudiar el Fa conmigo. ¡Estoy segura de que tus piernas se recuperarán!». Mis ojos se iluminaron al oírlo. Le dije: «¡Sé que Falun Gong es maravilloso! Falun Gong me salvó la vida del cáncer. ¿Dónde puedo ir para estudiar el Fa y hacer los ejercicios?». La practicante mayor me pidió que la siguiera. ¡Qué feliz me sentí de volver al cuidado compasivo de Shifu!
Tras haber perdido 14 años, valoraba enormemente la oportunidad de cultivarme. Sabía profundamente que el gran y compasivo Shifu no quería dejar atrás a ningún discípulo, ¡aunque yo careciera de estudios y tuviera una baja cualidad de iluminación! ¡Qué afable y noble es nuestro Shifu!
Con la ayuda de otros practicantes, estudié el Fa, hice los ejercicios y aclaré la verdad con gran empeño. Mis piernas se fortalecían cada día más. Me levantaba a las 3 de la mañana todos los días para realizar los ejercicios. Después de enviar pensamientos rectos a las 6 de la mañana, dedicaba una hora y media a memorizar el Fa. Por las mañanas, salía con otros practicantes a aclarar la verdad sobre Falun Dafa y, por las tardes, estudiábamos el Fa en grupo. Por las noches, memorizaba el Fa por mi cuenta y enviaba pensamientos rectos a medianoche.
Ahora puedo leer todas las enseñanzas de Shifu por mí misma y he memorizado el Zhuan Falun varias veces. Soy quien memoriza el Fa más rápido en mi grupo de estudio. Una vez, una compañera practicante comentó: «¡Nunca fuiste a la escuela, pero has pasado directamente a leer un libro del Cielo!». Me siento muy afortunada de ser practicante de Falun Dafa.
Un día, otra practicante y yo fuimos a una aldea para entregar calendarios que aclaraban la verdad, visitando las casas una por una. Apenas entramos en un patio, un hombre salió por la puerta con expresión hostil. Mientras nos preguntaba con agresividad: «¿Qué hacen aquí?», intentó agarrar nuestras bolsas. En lugar de entrar en pánico, le sonreí sinceramente y le dije: «Estamos aquí para traer un mensaje de bendición». Él cambió de actitud, nos invitó a pasar a su casa y nos ofreció agua. Rechazamos el ofrecimiento cortésmente. Tras conocer la verdad sobre Falun Dafa, el hombre y toda su familia renunciaron a las organizaciones comunistas a las que se habían unido.
Afrontar las tribulaciones con pensamientos rectos
Un día caminaba por la acera cuando una motocicleta que venía en sentido contrario se acercó a gran velocidad y me atropelló. No tuve tiempo de esquivarla. La moto me golpeó y salió volando junto con el conductor, antes de que ambos cayeran al suelo. Sin embargo, yo permanecí en el mismo sitio, ilesa. Estaba atónita. El conductor se levantó e insistió en que pagara por su motocicleta averiada; me culpaba de haber causado los daños al vehículo.
Una de las personas que presenció el accidente dijo: «Joven, usted es quien la atropelló. ¿Cómo iba a dañar ella su motocicleta mientras caminaba por la acera?». Entonces comprendí lo que había sucedido y me di cuenta de que el joven intentaba extorsionarme. Él insistía en que debía pagarle. Le pregunté cuánto dinero quería. Dijo que la reparación costaría unos 500 yuanes. Respondí: «No llevo tanto dinero conmigo, pero puedo buscarlo en casa». Él me siguió. Al acercarnos a mi casa, cambió de opinión y dijo: «Está bien. No te haré pagar». Yo pregunté: «¿No habías dicho que no tenías dinero para reparar la moto?». Él dijo «olvídalo» y se marchó.
Podría haber muerto. Él compasivo Shifu me protegió una vez más. Ni siquiera sentí dolor. Al lavarme por la noche, noté algunos hematomas grandes en los brazos y las piernas, pero no me dolían. Debo haber saldado una deuda de vida y superado una prueba de xinxing. No discutí con el joven; de hecho, tenía la intención de pagar los gastos de reparación. Cuando dejé de lado mi apego al interés personal y mi mentalidad combativa, el joven cambió de opinión.
En otra ocasión, me salió un bulto en la garganta. Un compañero practicante también lo notó. Era del tamaño de una nuez y a veces me dolía. Sabía que la cultivación implicaba disolver el yeli (karma), así que mantuve la calma. Lo consideré como una apariencia falsa y lo ignoré sin ningún temor. Esa apariencia falsa persistió durante tres meses y finalmente desapareció. Esta experiencia me enseñó que, como cultivadores, debemos medirnos según estándares más elevados y verlo todo desde la perspectiva de la cultivación.
A principios del año pasado, mis piernas volvieron a debilitarse. Esto afectó mis actividades de aclaración de la verdad y mis ejercicios. No podía subir escaleras. Surgieron mis nociones humanas. Mi hija dijo que probablemente tenía osteoporosis. Me compró suplementos de calcio que costaron más de 1.000 yuanes. Al principio los tomé, pensando que el calcio no era medicina y que realmente necesitaba poder hacer los ejercicios y aclarar la verdad. Sin embargo, los suplementos no ayudaron en absoluto e incluso empeoraron la situación.
Vinieron a mi mente las palabras de Shifu:
“El cuerpo yace en prisión–no se aflijan, no estén tristes
Con pensamientos rectos y acciones rectas, el Fa está presente
Reflexionen calmadamente acerca de cuántos apegos tienen
En cuanto se deshagan de la mentalidad humana, el mal naturalmente desaparecerá”.
(“No estén tristes”, Hong Yin II)
Al reflexionar con calma, descubrí muchos apegos. Guardaba muchas quejas por el sufrimiento que había padecido desde joven. Mis hermanos pudieron ir a la escuela, pero yo no; sentía una gran envidia hacia ellos. Esperaba que mis hijos recompensaran mi arduo trabajo y albergaba resentimiento hacia mi exmarido y su familia. Había estado aferrada a tantos apegos.Todos ellos eran materia degenerada que necesitaba eliminar.
Al estudiar el Fa y compartir con otros practicantes, comprendí que el sufrimiento adicional que experimentaba se debía a deudas contraídas en vidas pasadas, y que mis acreedores habían venido a reclamar el pago porque estaba elevándome en Falun Dafa. Me di cuenta de que debía saldar mis deudas sin quejarme. ¿Cómo podía sentir que era injusto, sentir envidia o esperar una recompensa? Tenía que arrancar de raíz esas nociones y eliminarlas por completo. Posteriormente, mi salud mejoró drásticamente. Decidí deshacerme de los suplementos de calcio; un cultivador está libre de enfermedades. Mirar hacia adentro es la clave. Mis piernas se fortalecieron cada vez más. Retomé las actividades de aclaración de la verdad junto a otros practicantes. ¡Esta experiencia me enseñó que cada prueba que supero conduce a la elevación!
Lo anterior es solo una pequeña parte de mi experiencia de cultivación. Deseaba comunicárselo a Shifu y compartirlo con mis compañeros practicantes. Por favor, señalen cualquier cosa que no esté en consonancia con el Fa.
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