(Minghui.org) Antes de practicar Falun Dafa, yo era jactanciosa, criticona y de carácter fuerte. Era una persona con la que no convenía meterse. Después de comenzar a practicar Falun Dafa, me recordaba constantemente seguir las enseñanzas de Shifu, ser una buena persona y corregir mis defectos.
Trabajando como promotora de ventas de pasteles de Luna
Un año, perdí mi empleo justo antes del Festival del Medio Otoño. Al no poder encontrar trabajo con poca antelación, visité el supermercado Walmart de mi ciudad y conseguí un puesto temporal promocionando pasteles de luna en caja. Debido a su presentación, estos pasteles suelen comprarse en China como regalo y son más costosos. En comparación con los pasteles de luna envasados individualmente, los que vienen en caja no son tan económicos ni tan fáciles de vender. Además, los otros promotores eran veteranos con años de experiencia vendiendo productos de grandes marcas, y sus puestos estaban ubicados en lugares estratégicos dentro de la tienda.
El fabricante al que yo representaba no era muy conocido, y mi puesto, situado a un lado de la tienda, quedaba oculto tras una gran columna. Al ver los pasteles de luna de más de diez competidores diferentes apilados como pequeñas montañas en la tienda, empecé a preocuparme por si lograría vender bien mi producto. Una promotora con diez años de experiencia, cuyo puesto estaba justo enfrente del mío, me dijo que los pasteles de mi fabricante eran los más difíciles de vender en toda la tienda, ya que eran de estilo cantonés, un estilo desconocido para los habitantes locales. Según sus cálculos, apenas se vendían cincuenta cajas al año. Además, se esperaba que las ventas fueran inferiores a lo habitual debido a la mala situación económica de ese año, por lo que vender esas cincuenta cajas ya se consideraría un logro. Sin embargo, como había un salario garantizado de 1.500 yuanes, ella me sugirió que simplemente dejara pasar el tiempo sin esforzarme demasiado.
No obstante, un practicante de Falun Dafa no debe tomarse las cosas con la misma pasividad que una persona común. Yo quería ser una buena persona y ganarme el sueldo honradamente. Por eso, cada vez que pasaba un cliente, sonreía y preguntaba: "¿Le gustaría comprar una caja de pasteles de luna?", mientras que los otros promotores pasaban el tiempo charlando entre ellos. Por experiencia previa, nadie había logrado vender ni un solo pastel de luna durante la primera mitad del mes. Inesperadamente, vendí una caja de pasteles de luna por valor de 100 yuanes en cuestión de días, batiendo el récord de la primera venta de la tienda. ¡Un vendedor se rio de mí diciendo que simplemente había tenido suerte!
Vender con esfuerzo y honestidad
Un día, entró un caballero de aspecto distinguido. Iba recorriendo los puestos e inspeccionando los pasteles de luna, mientras los promotores charlaban alegremente entre ellos, ignorándolo. La tienda tenía una norma que prohibía captar clientes de otros puestos; quienes incumplían esta regla podían ser denunciados ante el gerente y ver sus productos retirados del establecimiento.
Cuando el caballero llegó finalmente a mi puesto, sonreí y pregunté: «¿Busca comprar pasteles de luna?». Él respondió: «Sí, quiero el más caro para hacer un regalo». Cada fabricante tiene un producto estrella, todos con un precio de 698 yuanes. Le presenté brevemente nuestro pastel de luna insignia recitando los ingredientes que figuraban en el envase. Él escuchó con atención y mostró interés en comprarlo.
En ese momento, otros promotores de ventas se abalanzaron sobre él, instándolo a mirar sus propios pasteles de luna. La promotora del puesto de enfrente le dijo: «Señor, ¿realmente pensaba comprar pasteles de luna? Todos creíamos que solo estaba mirando por curiosidad, ya que aún no es temporada de regalos. Si va a comprar un regalo, es mejor elegir una marca reconocida. Los productos de esa persona no son muy conocidos; apenas venden 50 cajas al año. En cuanto a sabor, reputación, volumen de ventas y elaboración artesanal, nuestros pasteles de luna se sitúan entre los tres mejores de la provincia. Y mire el envase: el nuestro es rojo, símbolo de prosperidad y celebración. ¡Son mucho más adecuados para regalar que los suyos, que son de color café!». Ella elogiaba sus propios pasteles mientras menospreciaba los míos, dejándome completamente desconcertada.
Antes de que pudiera reponerme, el caballero se dirigió a mí: «Tengo una última pregunta para usted. ¿Está rico su pastel de luna?». «¿Eh? ¿Rico? No lo sé». «¿Nunca lo ha probado?», preguntó. Respondí: «No», lo que provocó las risas de quienes me rodeaban. Incluso aquel caballero se cubrió la boca con el puño y soltó una carcajada. El vendedor del puesto de enfrente intervino: «Llevo más de diez años vendiendo cajas de pasteles de luna. Conozco a la perfección el sabor de los pasteles de cada marca. Esta mujer es una novata; ¿cómo va a saber ella a qué saben los suyos? Sus pasteles al estilo cantonés llevan rellenos densos y dulces, algo a lo que los lugareños no están acostumbrados. Los nuestros son de sabor a jamón, un sabor que aquí gusta tradicionalmente».
Miré mi caja de pasteles de luna y pensé: «Una sola caja contiene ocho pastelitos diminutos. ¡Por 698 yuanes, sería tirar el dinero si a la persona que los recibe no le gustan!». Le dije sinceramente al hombre, que aún dudaba: «Creo que esta señora tiene razón. Me sentiría mal si a su familia al final terminaran sin gustarles. ¡Por favor, compre los de ella!”. La otra promotora también dijo: “¡Sí, sí, compre los míos!”. Si me hubiera encontrado en esta situación antes de ser practicante de Falun Dafa, habría discutido con ella, me habría quejado ante el encargado y habría hablado mal de sus productos. Pero ahora, fui capaz de mantener la calma, sin sentir ira ni resentimiento.
El hombre me miró y dijo: “¡Prepáremelos para llevar!”. Cuando la promotora del puesto de enfrente empezó a empaquetar apresuradamente, el hombre me señaló y le dijo a ella: “Quiero comprar los de ella, no los suyos”. Luego se volvió hacia mí: “¿Por qué sigue ahí parada? ¡Prepáremelos!”. Yo respondí: “¡Ah! ¿Quiere los míos? ¿Quiere reconsiderarlo?”. La otra promotora intervino: “Señor, por favor, piénselo bien. La gente de aquí no come esa clase de pasteles de luna”. El hombre respondió: “No importa, ¡quiero que mi familia pruebe algo diferente!”. Las promotoras de la tienda se quedaron atónitas: “¡A pesar de todo, la venta se concretó!”.
Al día siguiente, mi supervisora de fábrica visitó la zona de ventas. En cuanto me vio, preguntó enfadada: “¿Cómo pudiste decir que mis pasteles de luna no son buenos?”. La promotora mayor del pasillo de enfrente se acercó y dijo: “Así es, para vender hay que saber promocionar. Los hayas probado o no, sean buenos o no, tienes que decir que están deliciosos. Creo que no sirves para este trabajo. ¡Deberías buscar otro! No le causes problemas a tu jefa”.
Luego le dijo a mi supervisora: “Busca a otra persona lo antes posible”. La supervisora se volvió hacia mí: “Todavía estás en periodo de prueba. Si no logras vender, te despediré de inmediato”.
Respondí: “No le dije al cliente que los pasteles de luna no fueran buenos. Dije que no los había probado”. La promotora mayor intervino: “¡Es lo mismo! ¡No puedes decir eso bajo ningún concepto!”. Yo repliqué: “¡Pero el cliente compró los pasteles de luna!”. Mi supervisora se quedó sorprendida. “¿Los compró?”. “Sí”. La otra promotora comentó: “¡Simplemente tuvo suerte!”. Claramente, la persona que se quejó ante mi supervisora no le dijo que yo había vendido los pasteles de luna. Mi supervisora miró con severidad a la mujer, la despidió de mala manera y comenzó a hablarme en un tono más suave. Cuando me preguntó si pasaba algo entre esa promotora y yo, no me quejé de los intentos de dicha promotora por difamarme a mí y a nuestro producto.
A pesar de este incidente, las promotoras siguieron conversando entre ellas e ignorando a los clientes potenciales, mientras yo promocionaba diligentemente mis pasteles de luna.
Lograr una venta a pesar de la adversidad
Unos días más tarde, visitó la tienda otro cliente potencial: un empresario que quería comprar 30 cajas de pasteles de luna como regalo para sus empleados. Le presenté la caja más económica que tenía, cuyo precio era de 58 yuanes. Justo cuando estábamos a punto de cerrar la venta, una promotora de otro fabricante se acercó y le dijo: «¿Por qué no echa un vistazo a nuestros pasteles de luna en caja de lata? Solo cuestan 38,80 yuanes». El hombre se disculpó conmigo y dijo que quería verlos. Yo respondí: «Está bien». Todos pasaban dificultades debido a la crisis económica, así que deseaba sinceramente que esa alternativa le ayudara a ahorrar algo de dinero.
Al poco tiempo, el hombre regresó diciendo que aún quería comprarme a mí. Sin embargo, empezó a regatear para conseguir un descuento. Mi supervisora me había dicho repetidamente que el precio de ese pastel de luna en particular no era negociable. Me disculpé y se lo expliqué, pero el hombre se enfadó: «¡No te creas tan importante solo porque he vuelto a comprarte! ¿Quién compra algo sin regatear? ¡La otra tienda incluso estaba dispuesta a hacerme un descuento de 8,80 yuanes!».
Sin querer empeorar la situación, respondí: «Señor, sus pasteles de luna parecen ofrecer una buena relación calidad-precio. ¿Por qué no se los compra a ellos? Su caja de lata es realmente bonita. Sus empleados podrán usarla para guardar cosas una vez que se terminen los pasteles, y usted podrá ahorrar varios cientos de yuanes». Sin embargo, insistió en realizar la compra, mascullando palabras desagradables hacia mí mientras yo empacaba los productos. Mantuve la sonrisa y no respondí a su provocación.
Toda la tienda se alborotó tras concretarse esta venta. Un vendedor comentó: «Tener buen aspecto es una ventaja». Otro añadió: «También hay que saber sonreír». Presté poca atención a sus comentarios.
Una prueba de integridad
Dos días después, entró otro hombre. Recorrió la tienda antes de dirigirse directamente a mí, diciendo que quería comprar pasteles de luna de nuestra fábrica por un valor de 300.000 yuanes (4.459 dólares). Me alegré mucho por este gran pedido. Sin embargo, me dijo que quería evitar comprar a través de Walmart y obtener los pasteles de luna directamente de nuestra fábrica. Pidió la dirección de la oficina local de la fábrica y solicitó que lo llevara allí después del trabajo.
Dado que obtener los pasteles de luna directamente de la fábrica le ahorraría mucho dinero, me prometió una comisión considerable una vez cerrado el trato. Los salarios bajos, el alto costo de vida y tener un hijo pequeño que mantener han hecho difícil mi vida; pero, según Shifu, los practicantes de Dafa deben contribuir a la sociedad y «…que detiene a la sociedad de su vertiginosa caída». (Iluminación universal, Hong Yin II).
Le dije sinceramente al hombre: «Usted puede comprar los pasteles de luna. Pero dado que vio el producto en Walmart, tiene que hacer el pedido aquí. No es posible utilizar otro método de compra. No voy a llevarle a la oficina local de nuestra fábrica. Walmart ha alquilado un espacio muy grande. Si todos en la tienda hicieran esto, ¿cómo sobreviviría Walmart? ¿Cómo sobrevivirían todos nuestros empleados?”.
El hombre se enfadó y me recriminó por ser obstinada e inflexible. Replicó que la gente no vive para los demás y que cada persona debe velar por su propia supervivencia. ¿Por qué me metía yo en asuntos ajenos? Luego se marchó indignado.
Al día siguiente, una compañera que venía a relevarme en el turno preguntó si alguien había intentado hacer un pedido grande, pero sin pasar por Walmart. Cuando dije que sí, me preguntó nerviosa cómo había respondido. Tras contárselo, mi amable compañera respondió contenta: “Menos mal que respondiste con sensatez”. Me dijo que habían enviado a esa persona para ponerme a prueba. Si hubiera aceptado, todos los productos de nuestra fábrica —no solo los pasteles de luna, sino incluso nuestros productos habituales de gran venta— habrían sido retirados de las tiendas Walmart de todo el país. ¡Me quedé atónita! Practicar Falun Dafa me había ayudado a evitar la tentación y a librarme de una desgracia.
Un acto de amabilidad hacia otra promotora
Un día, ya cerca del Festival del Medio Otoño, vi pasar a una joven que empujaba un carrito lleno de pasteles de luna envasados individualmente. La saludé con mi frase habitual: “Disculpe, ¿le gustaría comprar alguna caja de pasteles de luna?”. La joven me dijo que quería comprar pasteles de luna para su familia y me pidió que le recomendara una caja. Le recomendé los pasteles de luna más económicos de mi puesto. Tras escuchar mi explicación, la joven me dijo que había cambiado de opinión y que ya no quería los pasteles individuales; quería cambiarlos por mis cajas de pasteles de luna. Me quedé sorprendida.
Por lo general, los clientes compraban tanto pasteles individuales como en caja, regalando una u otra versión según la relación que tuvieran con el destinatario. Al ver su carrito lleno de pasteles individuales, me di cuenta de que la promotora se había esforzado mucho para venderlos. Rápidamente dije: “Entiendo que los pasteles de luna son para su familia. Es mejor no cambiar los pasteles individuales que ya tiene por valor de 200 yuanes”. «Las cajas se ven muy bien, pero por 200 yuanes solo puedes comprar 30 pasteles de luna. En cambio, ¡lograste comprar una gran cantidad de pasteles individuales por el mismo precio, lo cual resulta más económico para tu familia!». «Tiene sentido». La joven me dio las gracias alegremente y se marchó.
De repente, sentí que alguien me abrazaba con fuerza. Esa persona me levantó del suelo antes de volver a dejarme en él. Al girarme, vi a una compañera promotora. Ella dijo: «¡Eres muy amable! Yo estaba allí detrás, muy nerviosa. Me costó mucho esfuerzo y tiempo convencer a esa clienta para que comprara esos pasteles individuales. Si hubieras permitido que los devolviera, ¡me habría enfadado muchísimo contigo!».
Sonreí y dije: «¡Cómo iba a permitir que los devolviera!». Desde entonces, siempre que tenía un rato libre, aquella chica se acercaba a charlar conmigo varias veces al día. Me decía: «A todo el que compra mis pasteles de luna le digo que los tuyos son los mejores en caja de todo el centro comercial, y que deberían comprarte a ti».
Le di las gracias. Más tarde, cuando perdí mi teléfono en el puesto, ella lo encontró y me lo devolvió; incluso me ayudó a conseguir un empleo cuando terminó nuestra temporada de venta de pasteles de luna. Fue una gran recompensa por mi pequeño gesto de amabilidad.
Consideración desinteresada hacia los demás
Un día, vi a una pareja joven mirando los pasteles de luna en caja por su cuenta, sin que ningún otro promotor les hiciera caso. Cuando llegaron a mi puesto, les presenté pacientemente todos mis productos. Al terminar, sonrieron y dijeron que querían seguir mirando un poco más. Les devolví la sonrisa y dije: «No hay problema; si no encuentran nada que les llame la atención, pueden volver cuando quieran».
Apenas habían dado unos pasos cuando otra promotora de la tienda me gritó: «¡Eres increíble! ¡Te pones a atender incluso a quienes no tienen ninguna intención de comprar!». Temiendo que la pareja se sintiera avergonzada, respondí en voz alta: «¿Cómo puedes decir eso? ¿Acaso la gente no suele mirar y comparar precios antes de comprar algo?». La mujer le susurró algo a su esposo y regresó a mi puesto de pasteles de luna. Señalando un delicado pastel de luna de gelatina, preguntó: «¿Cuántas cajas tiene disponibles?». Cuando le dije que tenía 30, me pidió que se las preparara todas. Le dije: «No vale la pena enfadarse por un comentario. No hay necesidad de comprar tantas por despecho. No se las voy a preparar».
La mujer me aseguró que no estaba enfadada y me explicó que era propietaria de una cadena de salones de belleza. Sus clientas eran todas mujeres y pensó que les gustarían estos delicados pasteles de luna. Me dijo que necesitaba 20 cajas más y me pidió ayuda para conseguirlas. Mi supervisor transfirió otras 20 cajas desde otras tiendas para completar su pedido.
Recoger los frutos de vender con compasión
En vísperas del Festival del Medio Otoño, la zona de ventas estaba llena de clientes. Sin embargo, la mayoría terminaba mirando los productos en lugar de comprarlos. De repente, el altavoz de la tienda anunció un reembolso en efectivo de 20 yuanes por cada 200 yuanes gastados en cajas de pasteles de luna. Compartí esta buena noticia con mis clientes y, al instante, vi mi puesto abarrotado de compradores entusiastas.
A medida que llegaban los pedidos uno tras otro, llamé a mi supervisor, quien envió a cuatro hombres para ayudarme a trasladar los pasteles de luna desde el almacén de Walmart hasta mi puesto. En menos de una hora, la zona de almacenamiento donde guardábamos nuestras existencias quedó completamente vacía, y solo quedaban unas 30 cajas dispersas en mi puesto. En cambio, los pasteles de luna de los otros fabricantes permanecían intactos.
En medio de este frenesí de ventas, una clienta me preguntó: «¿Cómo es que solo los tuyos están en oferta, mientras que los demás no?». Otros clientes a su alrededor también preguntaron: «Sí, sí, ¿por qué solo los tuyos?». Respondí: «No, no es cierto. La oferta se aplica a todas las cajas de pasteles de luna de la tienda». Sin embargo, los clientes insistieron en que habían preguntado y que ningún otro vendedor tenía esa promoción. Dije con incredulidad: «Es imposible. Todos en la tienda deberían estar haciéndolo. Pueden volver a preguntarles». Mi supervisor me lanzó una mirada severa.
Estaba haciendo fila en la caja en nombre de un cliente cuando una compañera promotora se acercó y me preguntó: «¿Por qué se vendían tan bien tus pasteles de luna hace un rato? ¡Vimos todo el revuelo!». Le respondí: «Porque hoy la tienda anunció una promoción: ¡gastas 200 yuanes y te devuelven 20!».
La promotora se sorprendió: «¿Así fue como los vendiste?». «Sí». Luego preguntó: «¿La promoción se aplica también a los pedidos grandes?». Respondí: «Sí. ¿Tú no vendiste tus existencias así también?». Me contó que ella había seguido vendiendo sus pasteles de luna a los precios originales. Sorprendida, le pregunté: «¿No escuchaste el anuncio? Lo anunciaron tres veces».
La promotora me dijo que sí lo había escuchado, pero que no estaba de acuerdo, ya que el fabricante perdería mucho dinero si aplicaba ese descuento. Dije: «¿No lo has pensado? Mañana es el Festival del Medio Otoño. Pasado mañana, la gente ya no comprará pasteles de luna. Si el fabricante no logra vender sus pasteles hoy, ¿no perderá aún más dinero?».
La promotora corrió inmediatamente de vuelta a su puesto y comenzó a anunciar el descuento a sus clientes. También aconsejé a otros promotores que ofrecieran el descuento a sus clientes para poder vender más. Al darse cuenta de esto, todos los promotores empezaron a ofrecer sus productos activamente.
Poco después, una madre y su hija se acercaron a mí para devolver una caja de pasteles de luna. Preocupadas de que a su familia no le gustaran los pasteles de luna al estilo cantonés, habían decidido comprar en su lugar unos pasteles de luna con jamón que también se ofrecían. Sonreí, acepté la devolución y dije: «No se preocupen, está bien». Cuando se disculparon repetidamente, las tranquilicé diciendo: «De verdad, no pasa nada. Mañana es el festival. Espero sinceramente que puedan comprar pasteles de luna que les gusten y que pasen unas felices fiestas». La hija sonrió agradecida e hizo una ligera inclinación de cabeza.
Al día siguiente, mi compañera me llamó a las 12:30 p. m. y me dijo que no fuera a mi turno, ya que solo quedaba una caja de pasteles de luna y una caja de productos de regalo. Poco después, volvió a llamarme y me contó emocionada que ambas cajas se habían vendido. Nuestro supervisor había quitado la etiqueta de la caja de regalo y la había vendido como una caja normal.
Reflexiones finales
A pesar de las frecuentes calumnias y burlas, mi corazón permaneció tranquilo mientras trabajaba, sin dejarme afectar por las palabras o acciones de nadie. Como mi compasión hacia los demás estaba en consonancia con los principios universales de Verdad-Benevolencia-Tolerancia, logré un resultado sumamente positivo durante mi experiencia como vendedora de pasteles de luna.
Shifu dijo:
«Nuestro Falun Dafa es el único pedazo de tierra absolutamente pura». (Exponiendo el Fa en el Fahui de Canadá)
Ciertamente, los practicantes de Falun Dafa no buscamos fama ni ganancias. Vivimos con la conciencia tranquila mientras afrontamos la injusticia y el daño perpetrados contra nosotros por el Partido Comunista Chino (PCCh). Falun Dafa curó mi enfermedad y me transformó en una persona moralmente recta. ¡Vivo cada día llena de alegría y satisfacción! Estoy agradecida a Shifu por presentar Falun Dafa al mundo. ¡Espero que más personas abran sus corazones a la verdad, dejen atrás el odio y los prejuicios contra Falun Dafa provocados por la propaganda del PCCh y aseguren un futuro brillante para sí mismas!
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