(Minghui.org) Saludos venerado Shifu. Saludos compañeros practicantes.
Vine por los seres conscientes
Creo que fue en 2023, poco antes de que se estrenara la película Once We Were Divine (Antes fuimos dioses), su canción principal ya había aparecido en línea y la última frase de la letra decía: "Vine por ti; tomados de la mano, regresamos a casa".
No sabría explicar por qué, pero cada vez que escuchaba esas palabras, las lágrimas rodaban por mi rostro. Por aquellos días, estaba estudiando la "Enseñando el Fa en Manhattan" y encontré el siguiente pasaje:
“Entonces, el xiulian personal es solo la base que debe tener un Dafa dizi, siendo un Dafa dizi, el verdadero propósito es asistir a Shifu a salvar seres conscientes y validar el Fa, y solo así se puede cumplir el voto histórico”. (Enseñando el Fa en Manhattan, Colección de Enseñanzas del Fa, Vol. X)
Aquellas palabras llegaron a lo más profundo de mi ser con la fuerza de una corriente poderosa. Shifu ha enseñado repetidamente que los discípulos de Dafa vinieron a este mundo para salvar a los seres conscientes. Había estudiado esas enseñanzas muchas veces y creía haberlas comprendido. Sin embargo, en ese momento me di cuenta de que lo que yo llamaba comprensión era todavía superficial.
Durante muchos años, había intentado cultivarme diligentemente y ayudar a Shifu a salvar a las personas. Mi razonamiento había sido que un cultivador debe tener compasión y que, cuando viera sufrir a los seres conscientes, debía ayudar a Shifu a salvarlos. Pero de repente vi que había invertido la verdadera relación. Mi comprensión aún partía del "yo", porque como quería cultivarme y mejorar, entonces necesitaba salvar a los seres conscientes.
El Fa me mostró que el verdadero propósito de un discípulo de Dafa es asistir a Shifu, salvar a los seres conscientes y validar el Fa. Para eso vinimos al mundo humano. Me cultivo y me elevo para poder cumplir ese propósito. Solo cuando me cultivo bien puedo poseer los pensamientos rectos necesarios para ayudar a Shifu a salvar verdaderamente las vidas que me han sido confiadas. Esto fue, por lo que alguna vez estuve dispuesta, a arriesgar mi vida divina, antes de descender a este mundo.
Las lágrimas cubrían mi rostro. Una frase permaneció en mi corazón durante mucho tiempo: «Vine por los seres conscientes. Mi vida existe para los seres conscientes».
Me dije que, este debía convertirse en mi verdadero punto de partida. No solo en los proyectos, sino en cada palabra, cada acción y cada pensamiento de la vida cotidiana y el trabajo, necesitaba recordar: vine por ellos y existo para ellos.
Una responsabilidad que ya no podía eludir
Comprender un principio es una cosa; vivir de acuerdo con él en cada momento puede ser un proceso mucho más largo.
Cada año, la temporada de espectáculos de Shen Yun, es el periodo de mayor actividad para los reporteros y editores de The Epoch Times. Durante muchos años, como no hablaba inglés, permanecí en un segundo plano. Me sentía satisfecha allí. La presión era menor, el trabajo parecía manejable y creía que aun así había aportado mi granito de arena a Shen Yun.
El mismo año en que comprendí que mi vida existía para los seres conscientes, la editora en jefe me comunicó su intención de solicitar permiso para que yo realizara entrevistas al público de Shen Yun. Para ser sincera, me resistía profundamente, aunque no me sentía capaz de expresarlo. Sabía lo exigentes que podían ser las entrevistas de Shen Yun. Debido a la barrera del idioma, solo podía entrevistar a espectadores de habla china, pero los asistentes chinos constituían una proporción muy pequeña del público. Además, su temor era intenso, por lo que la presión se sentía enorme. Tenía poca confianza en poder lograrlo.
Me tranquilicé con un razonamiento humano: como solo sabía chino, probablemente no aprobarían la solicitud. Se propuso a varias personas para la aprobación y, para mi sorpresa, diversas circunstancias impidieron que aceptaran a las demás. Fui la única aprobada. Ya no había dónde esconderse. Solo me quedaba armarme de valor y dar el paso al frente.
Durante el primer año, la editora en jefe sabía cuán presionada estaba yo. Movilizó a toda la redacción para apoyarme desde atrás. Con su ayuda, logré superar aquella primera temporada a duras penas y tropezando a cada paso. Incluso después de terminar la cobertura, apenas podía explicar cómo lo había conseguido. Había sentido la mente aturdida de principio a fin.
Antes de la siguiente temporada de Shen Yun, la idea de volver a entrevistar al público me provocaba rechazo. Regresé con la jefa de redacción y le pregunté si realmente tenía que hacerlo de nuevo y si se podría autorizar a un reportero de habla inglesa en su lugar. «Me costó muchísimo conseguir tu autorización. ¿En qué estás pensando?», me dijo.
Su respuesta cerró la puerta a cualquier excusa. Una vez más, supe que no podía escapar. Me sentía como si me hubieran colocado sobre una estructura y me estuvieran bajando hacia el fuego. Entonces recordé la historia bíblica de Jonás. Dios eligió a Jonás para advertir y salvar a los habitantes de una ciudad, pero Jonás no quería asumir esa responsabilidad. Sus intentos de huir solo le trajeron problemas. Cuando finalmente afrontó su deber y lo cumplió, la gente de la ciudad se salvó. Había recorrido una gran distancia, no hablaba su idioma y transmitió un mensaje sencillo, entonces la ciudad se salvó.
Quien realmente los salvó fue Dios. Puesto que Dios le había asignado la tarea, esta debía estar dentro de sus capacidades. Si ponía el corazón en ella, podría completarla. Las barreras lingüísticas y cualquier otro obstáculo eran, en última instancia, nociones humanas utilizadas para medir un designio divino.
Me vi reflejada en aquel Jonás desobediente. No quería asumir la responsabilidad y seguía buscando una vía de escape. No había pensado en las personas a las que podría ayudar a salvar, ni sentía gratitud por el hecho de que esa responsabilidad permitiera llegar a más seres conscientes. Solo pensaba en las dificultades que ello me supondría. En lugar de preguntarme cómo realizar bien el trabajo, pensaba en cómo evitarlo.
Validarme yo o ayudar a Shifu a salvar a los seres conscientes
A partir de entonces, dejé de buscar una salida y empecé a pensar únicamente en cómo mejorar. Sin embargo, cuando realizaba entrevistas, me seguía poniendo extremadamente nerviosa. Parecían surgir interferencias continuamente. Me preocupaba que algo me perturbara, lo que me ponía aún más tensa y ansiosa. Busqué consejo en reporteros experimentados siempre que pude. Todos me decían que debía vaciar mi mente. Yo quería hacerlo, pero no podía. No lograba encontrar la raíz del problema.
Durante la temporada de 2025, como no conseguía aquietar mi mente y no quería dejarme llevar por pensamientos distractores, intenté mantenerme en el estado de enviar pensamientos rectos, tanto como fuera posible.
Cuando comenzó la segunda función y vi a los seres divinos descender al mundo junto a Shifu, supe que yo también había estado entre ellos en otro tiempo. Sentí como si cada poro de mi cuerpo se abriera.
Me pregunté si mi tensión era de verdad por el bienestar de los seres conscientes. Ese deseo estaba ciertamente presente, pero gran parte de mi ansiedad provenía del miedo a no lograr completar la tarea asignada. Si fracasaba, creía que eso demostraría que no me había cultivado bien.
Entonces me confronté más seriamente: ¿Estaba allí para demostrar que me cultivaba mejor que los demás, o estaba allí para ayudar a Shifu a salvar a los seres conscientes?
Había sido un arreglo para que las personas del público a las que entrevistaba, hablaran sobre sus experiencias. Shifu podía utilizar sus voces para llegar a los seres conscientes conectados con ellas. La responsabilidad de un reportero era ayudar a presentar sus respuestas genuinas de manera clara y veraz.
Solo necesitaba asegurarme de que mis apegos y mi egoísmo no obstaculizaran ese proceso. Mi tarea consistía en mantener puro mi propio campo. Todo lo demás podía seguir su curso natural, ya que todo ello estaba bajo los arreglos de Shifu.
Durante los dos días siguientes, me exigí completar el estudio del Fa con suficiente tiempo y calidad, sin importar lo tarde que me acostara. Una y otra vez me recordaba: «Recuerda quién eres. Eres una discípula de Dafa. Viniste al mundo humano para ayudar a Shifu a salvar a las personas». Eliminaba continuamente los pensamientos distractores y podía sentir cómo mi campo se volvía más puro.
El cuarto día hubo dos funciones. Durante la función de la tarde, no conseguí ni una sola entrevista aprovechable. Sin embargo, para entonces ya podía mantener una calma relativa. Seguía recordándome quién era yo.
Durante el intervalo entre la función de la tarde y la de la noche, no quise perder el tiempo deambulando en busca de comida. Decidí quedarme en el teatro, estudiar el Fa y enviar pensamientos rectos. Mi mente estaba en paz, así que, a pesar del constante movimiento de gente a mi alrededor, pude estudiar con una concentración firme.
Había planeado saltarme el almuerzo para aprovechar bien el tiempo. Pero una compañera practicante se acercó y me dijo que había demasiada comida, pidiéndome que ayudara a terminar una parte. Mientras comía lo que ella me había traído, me sentí profundamente conmovida por el cuidado meticuloso de Shifu hacia sus discípulos.
Esa noche, personas idóneas para ser entrevistadas, fueron apareciendo una tras otra. La función generó más historias susceptibles de ser publicadas que cualquier otra jornada que hubiera cubierto hasta ese momento.
Abandono la dependencia
No es exagerado decir que tropecé durante los primeros tres años como reportera. Gran parte del tiempo, solo lograba completar el trabajo gracias al apoyo de todo el equipo. Mis colegas suplían discretamente todo aquello de lo que yo carecía. Colaboraron entre bastidores, transcribieron entrevistas, dieron forma al material y ayudaron a redactar los artículos.
Durante mi segundo año, entrevisté a un espectador del público de Hong Kong. Como no entendía cantonés, no pude captar plenamente lo que había dicho. Cuando más tarde se transcribió la grabación, descubrimos que sus respuestas habían sido breves y que se podía aprovechar muy poco contenido. Un compañero de la redacción lo conocía, así que decidimos realizar una entrevista de seguimiento. Los dos días anteriores habían estado cargados de actividades y yo estaba agotada. La editora en jefe me dijo que descansara. Pidió a otra reportera que hablaba cantonés que preparara preguntas adicionales, mientras el compañero que conocía al entrevistado se ponía en contacto con él.
La entrevista de seguimiento se organizó rápidamente. Ningún colega se quejó. Cada persona dio un paso al frente discretamente para completar lo que yo no había podido hacer.
Esta experiencia me enseñó que ninguno de mis logros es obra de una sola persona. Detrás de cada tarea hay muchos practicantes que, en silencio, armonizan aquello que está incompleto. La publicación de un solo artículo refleja no solo los esfuerzos de reporteros y editores, sino también los de muchos otros compañeros, los practicantes de todo Vancouver y los discípulos de Dafa en su conjunto. Sin Shifu, los artistas de Shen Yun y cada uno del equipo de producción, las actuaciones en sí, no existirían. Sin los practicantes locales promocionando las entradas y llevando al público al teatro, no habría nadie a quien entrevistar. Sin los practicantes responsables de la producción y las operaciones técnicas, la actuación no podría llevarse a cabo, y mucho menos nuestra labor informativa.
A través de este proceso, experimenté la fuerza de "un solo cuerpo". Sin embargo, al mismo tiempo, empezó a surgir en mí una sutil dependencia. Dependía especialmente de la editora en jefe. Desde el teatro hasta la redacción, ella se había convertido en mi mayor apoyo psicológico. Pero este año me dijo que no podría venir a Vancouver durante la temporada de Shen Yun. En cuanto lo supe, sentí como si una parte de mi corazón se desplomara. Comprendí que Shifu me pedía que abandonara mi dependencia a los demás.
Con la ayuda de mis compañeros de la redacción, había superado con éxito la etapa de falta de experiencia y de inestabilidad en mi xinxing. Pero ese apoyo no podía convertirse en un estado permanente, en el cual yo me sintiera incapaz de funcionar sin la atención de otra persona. Este era un aspecto en el que debía elevarme como cultivadora. No podía seguir siendo alguien a quien hubiera que llevar siempre en brazos.
Después de tres años de templanza y acumulación de experiencia, mi estado este año era mucho más estable. Me preparé cuidadosamente con antelación y decidí no esperar a los demás ni depender de ellos. Cuando comenzaron las entrevistas de Shen Yun, me sentí mucho más tranquila.
En realidad, el apoyo de la redacción no había desaparecido. Aunque la editora en jefe no estaba físicamente presente en Vancouver, su coordinación entre bastidores fue igual de minuciosa. Los reporteros que vinieron de la sede central para ayudarnos quedaron impresionados por la cooperación y la organización de la redacción de Vancouver.
Quizás porque mi estado era más estable y mi dependencia había disminuido, las entrevistas de este año fueron las más sólidas que he realizado, tanto en calidad como en cantidad. También fueron las más fáciles.
Ahora comprendo que solo purificándome cada vez más puedo ayudar a Shifu a salvar a más seres conscientes y cumplir el voto que hice antes de venir a este mundo.
Con gratitud hacia Shifu y con un sincero agradecimiento a todos los compañeros practicantes.
(Presentado en el Fahui de Vancouver de 2026)
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