(Minghui.org) A finales de 2024, Min me contó que, hace veinte años, su marido le prestó 20.000 yuanes a un amigo. Este amigo acabó devolviéndole 6.000 yuanes. Cuando su marido enfermó gravemente y fue ingresado en el hospital, no pudieron localizar al amigo a pesar de todos sus esfuerzos, hasta justo antes de que su marido falleciera.

Cuando Min por fin consiguió el número de teléfono del hijo del prestatario, éste le dijo que solo podía devolverle 1.000 yuanes: lo tomaba o lo dejaba. Para ella, aquello era absolutamente indignante, teniendo en cuenta la cantidad de dinero y el tiempo que había supuesto. Además, la actitud del hijo la animó a recuperar el dinero a toda costa. Decidió contratar a un abogado.

Le dije que quizá le debía algo a esa familia de una vida pasada. Habían pasado tantos años que debería simplemente dejarlo pasar. No respondió.

Varios días después, Min me contó que había encontrado un abogado en Beijing que afirmaba poder recuperar su dinero. Pero tenía que pagarle los honorarios por adelantado.

Le recordé las enseñanzas de Shifu: «…si algo te pertenece, no lo pierdes, y si algo no es tuyo, no lo consigues por más que luches» (Séptima Lección, "Zhuan Falun").

También le dije que Beijing estaba muy lejos y que los gastos de viaje serían elevados. Puede que no le quedara mucho dinero aunque consiguiera el resto. Y lo más importante, tendría que esforzarse mucho.

Ella dijo que el prestatario tenía que saldar la deuda. Aunque le recordé que debíamos abordar el asunto como cultivadores y desprendernos de nuestros apegos, insistió en seguir adelante con la demanda.

Más tarde, Min se puso en contacto conmigo y me pidió que la ayudara a pagar los honorarios y a enviar los documentos al abogado, ya que ella no sabía cómo hacerlo. Al ver su entusiasmo, no pude negarme porque temía que pudiera guardarme rencor. La ayudé, pero también le guardé rencor por haberme metido en eso.

La demanda no siguió adelante a pesar de que ella se puso en contacto con el abogado en varias ocasiones. El abogado dio diversas excusas y el caso no se resolvió.

Un día de junio de 2025, Min me llamó. Con voz débil, me pidió que fuera a verla inmediatamente. Fui corriendo. Estaba pálida y me dijo que se sentía mareada y débil, y que a veces no tenía la mente clara, por lo que se le olvidaban las cosas.

Enviamos pensamientos rectos juntas durante media hora y se sintió mucho mejor. Le dije que tuviera fe en Shifu y en Dafa, y que negara la tribulación, ya que todo eran falsas ilusiones e interferencias de las viejas fuerzas. Le recordé que dejara de lado la idea de recuperar el dinero y que mejorara basándose en el Fa.

Al poco rato, llegó otra practicante. Estudiamos el Fa y enviamos pensamientos rectos juntas. Ella le recordó a Min: «Todo lo que le sucede a un cultivador es para la cultivación y va dirigido a sus apegos. Si no miras hacia tu interior, sino que en cambio escrutas y criticas a los demás, las viejas fuerzas se aprovecharán de tus brechas».

Sus palabras me hicieron darme cuenta de repente de que no me había percatado de que esto era una oportunidad para mirar hacia dentro: solo me centraba en los defectos de Min. No actué de acuerdo con el Fa, por lo que no fui capaz de ayudarla.

Miré hacia dentro y descubrí mis apegos. Aunque sabía que las acciones de Min no se ajustaban al Fa, seguí apoyándola debido a mi apego a «salvar las apariencias». Me decía a mí misma que la obsesión de Min por recuperar el dinero no tenía nada que ver conmigo, lo cual fue irresponsable por mi parte hacia ella. También la criticaba y me quejaba de ella porque le guardaba rencor y la menospreciaba.

Todos estos apegos estaban profundamente ocultos tras mi apego a protegerme a mí misma, y me sentí avergonzada por ello. Si no hubiera ayudado a Min a organizar esos expedientes, quizá ella habría desistido de la demanda y ya no se encontraría con esta tribulación. Por fin comprendí lo importante que es para los practicantes actuar de acuerdo con el Fa, y las graves consecuencias que acarreamos cuando no lo hacemos. Pedí perdón a Shifu.

Aunque llevo años cultivándome, sigo utilizando inconscientemente la lógica humana. Este incidente puso de manifiesto mi comprensión superficial de los principios del Fa. No me había cultivado verdaderamente al abordar esto, por lo que le causé más problemas a Min.

Al darme cuenta de mi error, me disculpé inmediatamente con Min: «No me he regido por los estándares de una cultivadora y no he abordado este asunto con pensamientos rectos. No te estaba ayudando. ¡Te estaba haciendo daño! Permití que las viejas fuerzas se aprovecharan de esa brecha, y por eso has experimentado esta falsa apariencia de enfermedad. Lo siento mucho, ¡y aún más me disculpo ante Shifu! Esta ha sido realmente una lección profunda».

Min también se dio cuenta de que había desperdiciado mucho tiempo y energía, e identificó muchos apegos al mirar hacia dentro: competitividad, resentimiento, envidia y apego al interés propio; todos ellos obstáculos para su cultivación y su propia mejora. Sintió que, a menos que estos fueran corregidos y eliminados, no estaba cultivándose de verdad.

Min mejoró su comprensión de los principios del Fa y dejó de obsesionarse con exigir el reembolso. Con las bendiciones de Shifu y la ayuda de sus compañeros practicantes, su falsa enfermedad finalmente desapareció. Ella continúa en su camino de cultivación, asistiendo a Shifu en la rectificación del Fa y ayudándole a salvar a la gente.

Esta experiencia me ha enseñado que, cuando un cultivador piensa y actúa desde una perspectiva humana, el mal se aprovecha de las lagunas y tiende trampas, sumiendo al cultivador en tribulaciones. Solo comparando cada pensamiento con el Fa se puede recorrer el camino de la cultivación con paso firme y seguro. Solo así podremos cumplir nuestros votos y seguir a Shifu de vuelta a casa.