(Minghui.org) Después de casarme con mi esposo, quien no practica Falun Dafa, llegó el confinamiento por COVID y durante varios años dejé de participar en el estudio grupal del Fa. Mi cultivación se descuidó y mis pensamientos y acciones no siempre estaban en consonancia con las enseñanzas del Fa. Quería ganar más dinero para mejorar la vida familiar; como resultado, terminé agotada física y mentalmente, e incluso desarrollé un grave yeli de enfermedad. Mi fe en Dafa había flaqueado y buscaba tratamientos médicos y consejos de gente común.
Yo solía ser una practicante de Dafa capaz de realizar las tres cosas. Al verme convertida en una persona común centrada únicamente en la vida familiar, me sentía profundamente angustiada y ansiosa.
Cultivando diligentemente de nuevo
Un día pensé: "¡Shifu, no quiero seguir hundiéndome así! Quiero empezar de nuevo y cultivarme en Dafa". Shifu vio mi corazón y me dio la oportunidad de volver a cultivarme.
Una practicante local de Falun Dafa, Ping, había sido arrestada mientras distribuía materiales para aclarar la verdad. Otros practicantes esperaban encontrar a alguien que ayudara a Bai —un familiar de Ping que también es practicante de Dafa— a conseguir un abogado e iniciar acciones legales contra el arresto ilegal. Como yo tenía cierta experiencia en litigios relacionados con el rescate de practicantes de años atrás, un coordinador local me preguntó si podía ayudar. Aunque acepté, en el fondo sentía un gran temor. Sentía que me había quedado muy rezagada en la cultivación y el desafío me intimidaba.
El coordinador me animó, y supe que era mi deber cooperar y hacer todo lo posible por cumplir con mis responsabilidades. Armándome de valor, me puse en contacto con Bai.
Cuando Bai se enteró de que Ping había sido arrestada, se preocupó. Los practicantes no supieron del arresto de Ping hasta un mes después de su desaparición. No teníamos idea de cómo se encontraba en el centro de detención. Consolé a Bai y le dije que, una vez que tuviéramos un abogado, podríamos conocer más detalles de la situación mediante una reunión entre el abogado y la cliente. Compartí con Bai lo que Shifu nos había dicho: que debíamos aclarar la verdad precisamente allí donde había surgido el problema. Había leído muchos artículos en Minghui sobre el uso de vías legales para contrarrestar la persecución, sin depositar una confianza excesiva en los abogados que defienden la justicia.
Elegimos un bufete al azar y concertamos una reunión. Nos sorprendió lo que nos dijo el responsable del despacho: «Todos los abogados de este bufete han renunciado al PCCh [Partido Comunista Chino]. Saben que los practicantes de Falun Dafa son buenas personas y que los compañeros practicantes se ayudan mutuamente, aportando tanto dinero como esfuerzo».
El responsable del bufete comentó que, siempre que sus abogados se reunían con los clientes, recordaban a los practicantes detenidos que no guardaran rencor a la policía, ya que los agentes también habían sido coaccionados por el PCCh. Algunos de los abogados habían visto información sobre Dafa en lugares turísticos durante sus viajes al extranjero y sabían que el PCCh no es lo mismo que China, el país. El responsable prometió garantizar la calidad de las reuniones con los clientes y asegurar que se brindara a los practicantes detenidos suficiente apoyo legal y ánimo emocional.
Admiraba profundamente a aquellos practicantes que en el pasado aclararon la verdad a los abogados.
Rescatando al colega profesional
Inicialmente consultamos con varios bufetes de abogados. La mayoría solo ofrecía representación con una tarifa fija que cubría todo el proceso. Si bien ofrecían algunos descuentos, el monto total seguía siendo difícil de pagar para la familia de Bai.
Le sugerí a Bai que, dado que Ping se declararía inocente ante el Tribunal, un familiar directo podría sustituir al abogado defensor y comparecer ante el Tribunal como "defensor de la familia". De esta manera, ahorrarían el dinero que habrían gastado en contratar a un abogado. Podríamos aprender sobre el proceso judicial y gestionar nosotros mismos los distintos departamentos. También podríamos registrarnos en foros sobre justicia para buscar ayuda de expertos y seguir las estrategias que allí se comparten para oponernos a la persecución. Iríamos resolviendo las cosas sobre la marcha. Con mi apoyo, Bai se sintió muy motivado y dispuesto a intentar actuar como defensor.
Durante la primera visita del abogado, supimos que, al llegar Ping al centro de detención, su estado físico y mental era extremadamente precario, e incluso sufrió varios episodios de shock. Debido a su lentitud en el trabajo forzado que le asignaron, fue marginada y rechazada por sus compañeras de celda, además de ser sometida a humillantes abusos.
Compartimos los detalles de esta reunión en un foro de justicia y solicitamos una estrategia para abordar la situación. Pronto recibimos respuestas y recomendaciones detalladas y sistemáticas de otros practicantes con experiencia. Sabíamos que debíamos aprovechar el proceso de rescate como una oportunidad para esclarecer la verdad ante un mayor número de funcionarios de seguridad pública, procuradores y judiciales que participaron en la persecución. El resultado del rescate se iría revelando naturalmente a medida que nos esforzáramos continuamente por conseguirlo durante el proceso legal y la lucha contra la persecución.
Le transmití a Bai el asesoramiento legal del foro en un lenguaje sencillo. Bai estuvo de acuerdo y también expresó su preocupación. Dada su edad y su falta de experiencia en litigios, no sabía qué decir al tratar con la policía, la Procuraduría y el Tribunal. Animé a Bai y le sugerí que actuáramos como representantes de la defensa de un familiar y que aclaráramos la verdad cada vez que visitáramos esos departamentos.
Bai era sencillo y honesto, y tenía pocos prejuicios. Después de recordarle que debíamos intentar inspirar amabilidad en esos funcionarios y pedirles que trataran con respeto a los practicantes, Bai escribió muchas cartas de exhortación, contando historias de cómo Ping se había beneficiado física y mentalmente de la práctica de Dafa. Tener una creencia y distribuir material que aclarara la verdad no era un delito, y aconsejó a quienes llevaban el caso que siguieran su conciencia, pero que se reservaran una vía de escape. Cada una de sus cartas estaba escrita con gran pulcritud y cuidado.
Durante los siguientes seis meses, preparamos varios tipos de cartas de exhortación, así como cartas que exponían los hechos reales sobre Dafa. Acompañé a Bai en nuestras visitas a todos los departamentos pertinentes, incluyendo la oficina comunitaria del barrio donde vivía Ping, la estación de policía local, la División de Seguridad Nacional del distrito, la Procuraduría, el juzgado y el centro de detención. Hablamos con los agentes comunitarios sobre el supuesto atentado de la Plaza de Tiananmén. Informamos al centro de detención donde Ping había sido maltratada y, poco después, recibimos una llamada telefónica en la que nos comunicaron que reforzarían la supervisión y la gestión para evitar que se repitieran situaciones similares. Intentamos esclarecer la verdad ante los agentes de policía comunitarios, los inspectores de policía de las subdivisiones, el director de la División de Seguridad Nacional local, los procuradores y los jueces. Algunos mostraron amabilidad y comprensión.
Cultivando mi carácter al coordinar con un colega
La coordinación con Bai no siempre fue fácil, en parte debido a las diferencias en nuestra experiencia en litigios y operaciones de rescate. También intenté comprender mejor las dificultades y la situación de Bai. Mientras su familiar estaba detenida, no solo tuvo que dejar de lado el afecto familiar, sino también actuar con toda su energía y determinación para esclarecer la verdad ante los distintos departamentos. Me esforcé por compensar las deficiencias de Bai. Cada paso de la colaboración requirió una cuidadosa consideración de muchos factores.
Sin resultados inmediatos, surgieron desacuerdos e incluso cierto resentimiento mutuo. Las viejas fuerzas se aprovecharon de nuestras debilidades. Un día, cuando Bai acudió a la estación de policía para aclarar la verdad, el director de la División de Seguridad Nacional lo acusó arbitrariamente de "perturbar el orden público" y le impuso una sentencia de 10 días de detención.
Justo cuando el rescate de Ping no mostraba señales de progreso, la detención de Bai supuso un golpe devastador para mí. Las expresiones de terror de la esposa y la hija de Bai —ninguna de las cuales practica Dafa— al enterarse de su detención, pasaban constantemente por mi mente. No me atrevía a mirar el retrato de Shifu. Aquel peso opresivo me dejaba sin aliento. Me hundí en un estado de abatimiento, consumido por reproches negativos hacia mí misma.
Afortunadamente, el grupo de estudio del Fa del coordinador local brindó un apoyo enorme justo a tiempo. Los practicantes difundieron la noticia de la detención ilegal de Bai y pidieron a más practicantes que enviaran pensamientos rectos en conjunto. Paralelamente, los practicantes se comunicaron con la esposa y la hija de Bai y les sugirieron que acudieran a la estación de policía para exigir su liberación. Al día siguiente, la policía notificó a la familia de Bai que sería puesto en libertad tras 10 días hábiles.
El 14 de mayo, tras la lluvia, apareció en el cielo un arcoíris hermoso y singular; esa misma noche, tuve un sueño vívido. Al final de un arcoíris apareció el Fashen de Shifu haciendo girar un Falun (Rueda de la Ley) gigante en el aire, una escena similar a la del final de una función de Shen Yun.
Al despertar, comprendí que Shifu nos estaba alentando y, al mismo tiempo, resolviendo las tribulaciones de los practicantes.
En la posterior audiencia por video, Bai —actuando como abogado defensor de un familiar— presentó una defensa sólida y fundamentada en pruebas para demostrar la inocencia de Ping. La presencia de Bai reforzó la confianza de Ping. Tras la audiencia, Ping presentó una apelación. A través de las reuniones entre abogado y cliente, a menudo le hacíamos llegar a Ping las nuevas enseñanzas y poemas de Shifu, animándola a mantener pensamientos y acciones rectos.
Los practicantes involucrados y preocupados por el rescate de Ping también llegaban constantemente a un consenso: nosotros, los practicantes, somos un solo cuerpo y nos oponemos juntos a la persecución. Cada día era un día posible para que Ping regresara a casa.
Copyright © 1999-2026 Minghui.org. Todos los derechos reservados.