(Minghui.org) Los años 1995 y 1996 fueron la peor época de mi vida. Solo tenía treinta y tantos años, pero tuve muchas enfermedades, incluyendo hepatitis B severa, inflamación intestinal, indigestión crónica, anemia y otras condiciones. Era demasiado débil para hacer incluso las tareas domésticas más simples.

Soportando penurias

Lo único que podía comer era papilla de arroz, y solo si estaba muy líquida. Si estaba demasiado espesa, o si comía otros alimentos difíciles de digerir, me despertaba en mitad de la noche con una hinchazón intensa, seguida de una diarrea acuosa e implacable. Mi mujer tenía que ponerme inmediatamente una inyección para detener la diarrea.

A veces, la diarrea cesaba tras uno o dos episodios, pero si continuaba, significaba que el medicamento no estaba surtiendo efecto, y mi mujer me llevaba al hospital.

El médico siempre me preguntaba: “¿Por qué no has venido antes? La deshidratación grave puede poner en peligro la vida”.

Esto ocurría varias veces al año.

Una vez fui a un hospital famoso en una región militar, pero los médicos me dijeron lo mismo: “No hay cura para tu enfermedad. La medicación solo evita que empeore. Sigue con tu dieta, pero no dejes de tomar la medicación. Si tu estado empeora, puedes dejar de tomarla”. En otras palabras, lo único que podía hacer era esperar a morir.

Un día, una adivina vino a mi pueblo. Leía la fortuna de muchas personas y era notablemente precisa. Cuando me vio, dijo que no viviría más allá de los 35 años. Ese año, tenía 35 años según el calendario lunar chino. Para mí, la muerte parecía una liberación de mi sufrimiento, pero a mi esposa se le rompió el corazón al oír esto. En aquella época, a menudo me despertaba en mitad de la noche y ella no estaba en la cama. Supuse que trabajaba en el campo; solo después supe que estaba llorando fuera.

Iluminación: El verdadero Fo ha llegado al mundo

Un día de agosto de 1996, mi padre y mi esposa estaban trabajando junto a la carretera. Cuando regresaron esa noche, mi padre trajo un libro que le había dado una mujer que practicaba Falun Dafa. Me dijo que lo leyera, diciendo que sería bueno para mi salud. Había probado otros tipos de qigong antes, y había ido a todas partes con mi esposa para adorar al Fo y pedir bendiciones, pero nada ayudó. Ya no creía en nada.

Cuando mi padre me convenció de nuevo para que lo leyera, por respeto hacia él, decidí intentarlo. Curiosamente, el libro me cautivó tanto que lo leí una y otra vez, olvidando por completo todas mis preocupaciones y enfermedades. Me conmovió profundamente, especialmente la sección sobre el yeli de enfermedad, que tuvo un impacto profundo en mí. Por fin entendí porqué toda mi vida había estado llena de enfermedades y sufrimiento. No era una desgracia aleatoria, sino las consecuencias de yeli generado por las malas acciones acumuladas a lo largo de innumerables vidas.

De repente, me di cuenta de que el verdadero Fo había venido al mundo para salvar a la gente. Al día siguiente, le dije a mi padre: “Quiero practicar Falun Dafa”. Se alegró y me dio todo su apoyo.

Vine a cultivarme, no a que se cure mi enfermedad

Esa noche, fui a casa de la practicante que le dio el libro a mi padre. En cuanto entré en su casa, vi el gran retrato de Shifu. Inmediatamente junté las palmas frente al retrato y, con lágrimas de emoción corriendo por mi rostro, dije: "Shifu, estoy aquí. He venido a cultivarme, no a curar mi enfermedad”.

La practicante se alegró de verme y le dijo a su marido que preparara la cena. Me enseñó los cinco ejercicios con entusiasmo y los aprendí todos a la primera. Me invitó a quedarme a cenar, y su cálida hospitalidad me hizo olvidarme de todo, incluido el hecho de que no podía comer arroz simple. La mesa estaba cargada de platos, incluyendo pescado y raíz de loto. Me comí dos cuencos grandes de arroz en un abrir y cerrar de ojos. Estaba delicioso, la mejor comida de mi vida.

Cuando estuve listo para irme, mi mujer vino a buscarme. Le dije feliz: "He comido dos cuencos de arroz". Estaba tan sorprendida que no supo qué decir.

En cuanto llegamos a casa, mi mujer me preparó la medicina. Le dije: "Ahora estoy practicando, no necesito ninguna medicina". Me miró fijamente. Aún no entendía realmente los principios del Fa, solo sabía que mis pecados y mi sufrimiento eran algo que tenía que soportar, así que ya no iba a buscar tratamiento. Ella estaba desconcertada: “¿Cómo vas a pasar la noche?”.

Hice los cinco ejercicios de Falun Dafa antes de dormir. Mi mujer estaba preocupada, así que se quedó tumbada a mi lado mientras yo dormía, vigilándome. Sorprendentemente, no me di la vuelta ni una vez en toda la noche y dormí muy profundamente.

Tres comidas al día, nueve cuencos de arroz

A la mañana siguiente, mi mujer preguntó con entusiasmo: "¿Cómo te sientes?". Le respondí: "Me siento genial, y ahora tengo mucha hambre".

Me miró fijamente: "Antes actuabas como si comer fuera tomar medicina. ¿Por qué pides comida de repente?". Entonces, de pronto, se dio cuenta de lo que estaba pasando y saltó de la cama felizmente. Corrió hacia la casa de mi padre al lado y le dijo: "Hoy no voy a trabajar—por favor, ayúdame a tomarme un día libre".

Volvió para preparar el desayuno y olía tan bien que comí tres cuencos grandes. Mi mujer se quedó sorprendida y encantada. Llenos de alegría, empezamos a leer de nuevo el libro de Falun Dafa. ¡Las palabras de Shifu eran maravillosas! En silencio, me comprometí a ser una buena persona siguiendo los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, y a cultivarme con firmeza.

Alrededor del mediodía, le dije a mi mujer: "Por favor, hazme la comida, ¡tengo hambre otra vez!". Comí otros tres cuencos al medio día y tres más en la cena.

Desde entonces, he comido nueve cuencos de arroz al día en tres comidas y no he tomado ni una sola pastilla. Me siento más enérgico y mi voz ha recuperado su fuerza.

Purificando mi cuerpo

Al cuarto día, mientras nos preparábamos para cenar, llegaron mis padres. Pregunté: "¿Qué ha pasado? ¿Cómo es que están aquí?". Mi madre dijo: "He oído que ahora comes tres cuencos de arroz por comida, así que tu padre y yo vinimos a confirmar si es verdad".

Charlé con mis padres mientras comía y enseguida me terminé tres cuencos de arroz. Mi mujer bromeó: “¡No puedes dejar los palillos! ¿Quieres un poco más?”. Le dije que sí y me terminé rápidamente otro cuenco. Mis padres me miraban atónitos.

Para ser sincero, comí demasiado y todavía tenía el estómago lleno a la hora de acostarme. Mi mujer estaba un poco preocupada, pero yo no le di mucha importancia, terminé de hacer los cinco ejercicios y me fui a dormir.

Aquella noche ocurrió algo milagroso. Mientras entraba y salía del sueño, empecé a sentir el estómago hinchado, y la hinchazón se fue agravando cada vez más. De repente, una gran rueda comenzó a girar sobre mi estómago, de arriba abajo, y poco a poco la hinchazón fue disminuyendo. Un poco más tarde, volví a sentir el estómago hinchado y, una vez más, la rueda empezó a girar y la hinchazón desapareció. La rueda giró toda la noche. Solo más tarde me di cuenta de que se trataba del Falun que Shifu utiliza para purificar el cuerpo de un discípulo.

En cuanto mi mujer se despertó por la mañana, me preguntó con impaciencia cómo tenía el estómago. Le respondí: “He dormido muy bien”. Luego le conté el milagro.

Desde entonces, mi esposa, mis padres y otros en mi aldea han sido testigos de los enormes cambios en mi bienestar físico y mental, y todos han comenzado a practicar Falun Dafa.

Innumerables eventos milagrosos han ocurrido en mi práctica de cultivación. Mi esposa los presenció todos y se ha convertido en una firme defensora en validar y defender a Dafa.