(Minghui.org) Nací en la década de 1950 en un pequeño pueblo de montaña del suroeste de China. Mis primeros años de vida fueron increíblemente difíciles. Mi padre murió de una enfermedad cuando yo tenía seis años. Ese mismo año, mi madre me dejó con mis abuelos y se volvió a casar. Nuestras duras condiciones de vida, sumadas a la hambruna provocada por el Partido Comunista Chino (PCCh), hacían que fuera difícil sobrevivir.
Una mañana inolvidable, durante mi primera visita al comedor comunitario, me devoré ingenuamente la escasa ración de boniatos que nos habían asignado a toda la familia. Mis abuelos tuvieron que pasar hambre mientras trabajaban en el campo. Esta experiencia me mostró las profundas penurias que sufren los seres humanos al vivir en este mundo y se convirtió en la fuerza motivadora que más tarde me llevó a practicar Falun Dafa.
Para sobrevivir, trabajé como agricultor, jefe de equipo de producción, soldado y profesor en un colegio privado, pero no logré salir de la pobreza. En 1979, me admitieron en la universidad tras un proceso muy competitivo y, al graduarme, me destinaron a trabajar en un instituto de investigación de una empresa estatal. Esta oportunidad me proporcionó por fin un lugar donde establecerme.
Mientras trabajaba en el instituto de investigación, hice varios buenos amigos de mi misma edad, procedentes de diferentes universidades y especialidades, con quienes compartía intereses comunes. Uno de ellos, estudiante de química, tenía un gran interés por la metafísica y áreas relacionadas, como el qigong, las habilidades psíquicas, la adivinación y el feng shui. Solía visitarme en casa a menudo por las tardes entre semana y los fines de semana, donde manteníamos acalorados y profundos debates sobre estos temas.
Nuestra conversación más memorable versó sobre la relación, la función y los límites entre la metafísica y la ciencia. Yo dije: «La ciencia puede cambiar las condiciones de vida de las personas y aportar comodidades a la vida (aunque, en realidad, los efectos secundarios de la ciencia también son significativos, siendo los más evidentes la contaminación y la destrucción del medio ambiente). ¿Qué puede ofrecer la metafísica? ¿Puede conceder la inmortalidad?». Mi amigo respondió sin rodeos: «No, pero puede ofrecer algo más valioso y deseable». Pero, ¿cuál era esa recompensa tan valiosa? No logramos dar con una respuesta.
Tras practicar Falun Dafa, me di cuenta de que la valiosa recompensa que ofrece la cultivación es el retorno al yo original y verdadero, y el logro de la iluminación.
Un día de 1995, estaba ocupado trabajando en mi oficina cuando mi amigo practicante de qigong entró de repente a toda prisa, exclamando: «Amigo, tengo una noticia increíble para ti. Este fin de semana fui a la ciudad y encontré un libro maravilloso en una pequeña librería que pasaba desapercibida. Revela muchos secretos de la cultivación, y su nivel es tan alto que, en mi opinión, no tiene precedentes ni comparación». Rápidamente lo interrumpí: «Por favor, dime el nombre del libro y la dirección de la librería».
Ese mismo día, aproveché la pausa del almuerzo para tomar el autobús hacia la ciudad, localicé la librería y conseguí el libro. Este libro, Zhuan Falun, es el más importante para los practicantes de Falun Dafa.
Después del trabajo, me apresuré a volver a casa con este preciado libro y empecé a leerlo con entusiasmo. El libro desvelaba muchos secretos, como la estructura del universo, el origen de la humanidad y el propósito y la meta de vivir en este mundo. El libro exponía el plan completo más fundamental para una persona que vive en este mundo, con propósito, pasos, procedimientos, métodos y técnicas: exactamente lo que había estado buscando.
Aunque el contenido del libro me llevó a situarme ante la puerta de la práctica de la cultivación, dudé en entrar durante más de medio año. ¿Por qué? Como persona común que vive en nuestro mundo materialista, sentía que Dafa era bueno, pero que sus teorías eran difíciles de poner en práctica. La cultivación impone grandes exigencias a la familia, la carrera profesional y el futuro de una persona. Quienes desean practicar, pero se resisten a renunciar a sus deseos humanos avanzarán muy poco. Seguí indeciso hasta el Año Nuevo chino de 1996.
Pasé el Año Nuevo chino de 1996 en Nanchong, Sichuan. Un día, mientras paseaba solo junto al río Jialing, oí una hermosa melodía que llegaba desde lejos. Seguí el sonido y me encontré con un grupo de personas que promocionaban Falun Dafa. Aunque había leído Zhuan Falun seis meses antes, aún no me había topado con ningún practicante de Falun Dafa. Mi primera impresión fue que estos practicantes eran cálidos y generosos.
Uno de ellos se acercó a mí y me habló de Falun Dafa. Después de compartir mi propia experiencia con él, me dijo: «Mañana hay una conferencia a gran escala para compartir experiencias en Chongqing. Espero que puedas asistir. Puedes viajar con nosotros a Chongqing esta tarde». Era una oportunidad única, así que respondí rápidamente: «¡Iré, iré!».
A la mañana siguiente, asistí a la conferencia de intercambio de experiencias con un excompañero de clase de Nanchong. Esta conferencia fue el punto de inflexión que me convenció para iniciar la cultivación de Falun Dafa.
Me impresionó la gran envergadura de la conferencia, a la que asistieron aproximadamente 5.000 personas. El ambiente solemne y poderoso también me llamó la atención. Por último, me causó una profunda impresión el discurso de un practicante de Falun Dafa que trabajaba en un astillero de Chongqing.
Antes de obtener el Fa, este practicante había sido un reconocido alborotador en la comunidad local, imposible de controlar tanto por la policía local como por sus compañeros de trabajo. Pasaba los días con un grupo de compañeros de pandilla, bebiendo alcohol, apostando, acudiendo a prostitutas y provocando peleas. En una ocasión, le rompió tres costillas a su víctima en una pelea. También coleccionaba y vendía cintas de vídeo pornográficas para obtener beneficios.
Esta misma persona, gracias a una oportunidad fortuita, descubrió Falun Dafa y comenzó a cultivarse. Sin embargo, su camino estuvo plagado de muchas pruebas. Sus antiguos amigos le suplicaban que volviera y retomara su vida de libertinaje. Se turnaban para tentarle con buena comida y vino todos los días, pero él rechazaba firmemente sus insinuaciones.
Este practicante había coleccionado anteriormente diez cintas de vídeo pornográficas de la llamada «máxima calidad». Tras empezar a practicar Falun Dafa, ya no podía conservar ese material pornográfico, pero se sentía reacio a desprenderse de ellas, ya que había dedicado mucho tiempo y dinero a adquirirlas. Tras una larga lucha interna, finalmente tomó la dolorosa decisión de deshacerse de las cintas.
Cuando sus antiguos amigos se enteraron de esto, se acercaron a él y le ofrecieron comprar cada cinta por 100 yuanes [15 dólares]. Aunque hoy en día 100 yuanes parecen una cantidad insignificante, en aquel momento era una suma enorme, equivalente a dos meses de sueldo para el practicante. Sin embargo, él sabía que, si ese material llegara a circular por la sociedad, envenenaría a innumerables personas. Además de costarle una gran cantidad de virtud, este pecado obstaculizaría su camino de cultivación. Al final, el practicante destruyó esas cintas de vídeo pornográficas quemándolas.
Han pasado más de 30 años, pero esta historia tan conmovedora sigue firmemente grabada en mi memoria. Yo solía perseguir la fama, la fortuna, el afecto humano, la salud, la emoción y la longevidad. Volver a mi yo original y verdadero significaba que podía escapar del sufrimiento mortal y alcanzar la felicidad con una vida mejor. La fama y la fortuna que persiguen las personas comunes solo podían aportar un placer temporal, no la felicidad eterna.
Me di cuenta de que la cultivación es el objetivo más grande y serio en la vida de una persona. Al igual que el viaje de Tang Sanzang al Oeste para obtener las escrituras, una vida de cultivación estará inevitablemente llena de dificultades y sufrimiento. Pero una firme creencia en Shifu y en el Fa, una diligencia inquebrantable y pensamientos rectos y firmes pueden ayudar a los practicantes a superar incluso los obstáculos más difíciles. Así fue como tomé la decisión más importante de mi vida: cultivarme en Falun Dafa. También decidí dejar de fumar esa misma tarde.
Empecé a fumar en 1976 y no conseguí dejarlo a pesar de los numerosos intentos que hice durante los siguientes 19 años. Finalmente, en 1995 logré dejarlo con la ayuda de Dafa. Con la convicción de que, si otros podían hacerlo, yo también podía, conseguí dejar de fumar sin dificultad. No he vuelto a fumar ni un solo cigarrillo en los últimos 30 años, lo que ha beneficiado a mi salud, a la de quienes me rodean y al medio ambiente.
Volví a mi lugar de trabajo tras las vacaciones del Año Nuevo chino y me enteré de que varios practicantes de Falun Dafa de Chongqing tenían la intención de organizar clases gratuitas de estudio de Falun Dafa en mi ciudad. Ellos se harían cargo de su propia comida, alojamiento y transporte, y a los futuros estudiantes no se les pediría que pagaran ninguna cuota. La compasión sin precedentes de Falun Dafa y de sus practicantes, en contraste con la codicia y el egoísmo de nuestra sociedad materialista, me llenó de admiración.
Una vez finalizadas las clases, me ofrecí a invitar a estos practicantes a una comida sencilla, que costaba menos de cuatro yuanes por persona, para agradecerles su arduo trabajo. Sin embargo, estos practicantes insistieron en devolverme el dinero, alegando que era una norma estipulada en las enseñanzas de Dafa. Esta pequeña experiencia reforzó aún más mi fe y mi determinación de cultivarme en Dafa.
Me gustaría terminar mencionando a los compañeros que trabajaban conmigo en el instituto de investigación. La mitad de ellos comenzó a practicar Falun Dafa, mientras que el resto creía en la bondad de Dafa. Todos ellos llegaron a convertirse en ingenieros superiores y personal técnico clave en sus organizaciones.
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