(Minghui.org) Soy una practicante de Falun Dafa de 67 años, procedente de una zona rural, comencé a practicar Falun Dafa para mejorar mi mala salud.

Antes de empezar a practicar en 2001, padecía varias dolencias, entre ellas traqueítis crónica (inflamación de la tráquea), inflamación de la vesícula biliar e hipertiroidismo. Tomaba a diario muchos tipos de medicamentos a base de hierbas chinas y pastillas. El frío del invierno me provocaba la traqueítis. Si era un caso leve, tomaba medicación; cuando era más grave, necesitaba un gotero intravenoso. A veces me quedaba incapacitada hasta dos semanas.

Cuando llegué a mis cuarenta, ya no podía hacer gran cosa. Me sentía amargada al ver a otras personas de mi edad, o incluso mayores, moverse con facilidad y tanta energía mientras yo luchaba por hacerlo. A menudo me quejaba al cielo de que me trataban injustamente y preguntaba por qué tenía que sufrir tanto. No obtenía respuesta alguna, y solo me quedaba soportar el tormento.

En la primavera de 2001, empeoré cuando desarrollé graves problemas estomacales. Me dolía el estómago y no podía comer mucho. Visité todos los hospitales cercanos y gasté mucho dinero, pero nada ayudó.

En solo unos meses, mi peso bajó de 54 kg a 45 kg. Estaba delgada y débil, y pasaba el día tumbada en la cama. Mi familia estaba muy preocupada por mí. Estaba deprimida y no podía dormir por las noches. Me sentía muy mal.

Un practicante de Falun Dafa de mi pueblo me habló de la práctica. Desesperada, empecé a practicar. Al principio, tenía una comprensión muy superficial del Fa. Con mi limitada iluminación, no creía en las enseñanzas de Shifu. Pensaba: “¿Estará cuidando de mí aunque recién acabo de empezar a practicar? ¿Estaré bien si dejo de tomar la medicación?”. Así que, aunque leía  Zhuan Falun, seguía tomando la medicación.

Encontrando una razón para la esperanza

Terminé de leer Zhuan Falun en unos días, y de repente me invadió una sensación de claridad. Encontré respuestas a preguntas que me habían desconcertado durante años. Entendía por qué la gente enferma y el propósito de la vida. Dejé de quejarme y me di cuenta de que tomar medicación solo reprime la enfermedad, mientras que el yeli, la causa de la enfermedad, permanece y eventualmente resurgirá. Decidí tirar medicamentos por valor de cientos de yuanes y empecé a aprender los ejercicios de Dafa.

La hermosa música de los ejercicios limpiaba mi corazón cubierto suciedad acumulada, mientras que los movimientos lentos y fluidos me hacían sentir como si estuviera en un mundo de fantasía maravilloso. Me sentía renovada y revitalizada, mi mente estaba tranquila y mi ánimo se elevaba. ¡Era una sensación de ligereza que nunca había experimentado antes!

Tras un tiempo dedicándome al estudio del Fa y a la práctica de los ejercicios, mis dolencias mejoraron notablemente y pude volver a preparar la comida. Dos meses después, mi dolor de estómago y el resto de síntomas desaparecieron. Experimenté la alegría de estar libre de enfermedades y repetía una y otra vez: “¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, Shifu!”.

Elevando mi xinxing a través de la cultivación

Mi marido y yo teníamos muchos conflictos. Él tenía mal genio y no le gustaba que le criticaran. A menudo discutíamos por cuestiones triviales, lo que nos dejaba a ambos molestos. A sus ojos, todo lo que yo hacía estaba mal. A menudo buscaba pelear conmigo y se negaba a dejarlo pasar. Sin embargo, no tenía ningún problema con otras personas que hicieran cosas similares.

Una vez barrí el suelo, pero no me deshice del montón de polvo. Él no paró de quejarse. En aquel momento no había estudiado bien el Fa y no era capaz de afrontar ese tipo de situaciones. Seguía buscando defectos en los demás cada vez que surgían conflictos y no lograba mirar hacia mi interior.

Me preguntaba por qué siempre estaba en desacuerdo conmigo. Mi apego a no soportar las críticas se avivó. Me quejaba para mis adentros: “¿Qué más da? ¿Por qué estás tan enfadado? Un rato después tiraré el polvo. ¿Acaso eso es un delito?”. Discutíamos sin parar y ninguno de los dos cedía. Al final, ambos nos sentíamos agotados, tanto física como emocionalmente.

Tomé la iniciativa e intenté hablar con él. Le invité a comer conmigo, pero simplemente me ignoró. Pensé para mis adentros: “Ahora practico Dafa. Si no lo hiciera, ¡ni siquiera te estaría hablando!”.

Al profundizar en el estudio del Fa, llegué a comprender que los conflictos no son fruto de la casualidad. Quizás le debía algo a mi marido de una vida pasada y él me estaba ayudando a saldar ese yeli. Me sentí más tranquila. Cuando volvió a surgir un conflicto, me recordé que debía ser tolerante y tuve presente que él me estaba ayudando a mejorar y a adquirir virtud. Cada vez que afloraba el apego a resentirme por las críticas, me decía a mí misma: “Debo ser capaz de aceptar las críticas y desarrollar compasión”.

Cuando lo pasé mal durante una prueba de xinxing, le rogué a Shifu que me ayude a ampliar la capacidad de mi corazón. Shifu nos dijo: “Difícil de soportar, se puede soportar; difícil de hacer, se puede hacer”. (Novena Lección, Zhuan Falun). Recité este pasaje una y otra vez. Mi xinxing mejoró poco a poco y avancé en la cultivación.

Dafa me dio sabiduría

Shifu nos ha pedido, como discípulos de Dafa, que hagamos bien las tres cosas. La tarea más difícil para mí fue aclarar la verdad a la gente. Al principio, no sabía cómo acercarme a la gente y entablar una conversación. Salí varias veces, pero volví a casa sin haber hablado con nadie y me sentía fatal.

Encendí incienso y le rogué a Shifu que me diera sabiduría. Poco después, Shifu dispuso que una compañera practicante me acompañara cuando salía. Al principio, yo enviaba pensamientos rectos mientras ella hablaba con la gente. Tras observarla varias veces, al final pude acercarme a la gente e iniciar una conversación sobre la persecución.

Empecé contándoles a mis familiares y amigos sobre Dafa. Poco a poco, fui capaz de hablar con conocidos, visitantes e incluso con desconocidos. Más tarde, cada vez que salía a pasear, a hacer las compras al mercado o a asistir a un evento, aprovechaba cualquier oportunidad para acercarme a la gente. Normalmente, primero enviaba pensamientos rectos para eliminar toda interferencia y, a continuación, pedía ayuda a Shifu.

Hace diez años, leí un artículo en el que se sugería que a todos los practicantes les vendría bien visitar la página web de Minghui. Me pareció una buena idea, así que me compré una notebook. Nunca había tocado un mouse, y mucho menos había utilizado una computadora. La hija de una compañera practicante se ofreció a enseñarme. Con mucha paciencia, me enseñó varias veces qué tenía que hacer y me dejó practicar más de una vez antes de irme.

Pero cuando llegué a casa, había olvidado por completo qué tenía que hacer. Unos días más tarde, volví a casa de mi amiga. Esta vez anoté cada paso y me fui a casa a practicar. Al poco tiempo ya era capaz de acceder a la página web de Minghui con facilidad.

Poco después, monté en mi casa un taller de producción de materiales para aclarar la verdad. Proporcionaba a los practicantes folletos, cuadernillos y ejemplares de Minghui Semanal. Mientras elaboraba los materiales, me esforzaba por hacer un trabajo de calidad. Utilizaba papel ilustración para las portadas de los folletos, y el producto final tenía un aspecto nítido y llamativo. Comprobaba cuidadosamente si la impresión estaba borrosa. Si era así, imprimía una nueva página para sustituir las que estaban borrosas. Los folletos que elaboraba tuvieron muy buena acogida. Llevo ya diez años haciendo esto.

Todos los miércoles descargo los archivos de “Minghui Semanal”, que incluyen una selección de experiencias de cultivación escritas por practicantes. Todos los viernes entrego versiones impresas de “Minghui Semanal” y otros folletos de aclaración de la verdad a los practicantes de la zona, subo a la red los nombres de las personas que han renunciado al Partido Comunista Chino (PCCh) y a sus organizaciones afiliadas, y envío declaraciones solemnes de los practicantes para reanudar la práctica. Intento satisfacer las necesidades de todos y sé que las capacidades que he adquirido se deben al fortalecimiento de Shifu, junto con la ayuda de mis compañeros practicantes.

Cuando miro atrás a mis más de veinte años de cultivación, siento que el tiempo ha pasado volando. He experimentado un dolor desgarrador mientras estaba atrapada en las tribulaciones, y he sentido alegría tras mejorar mi xinxing. Aunque a veces me siento abrumada y cansada, me siento realizada y feliz. Sé que esta es mi misión y estoy cumpliendo el voto que hice antes de venir a este mundo humano.

Esta es la primera vez que comparto mis experiencias. Compañeros practicantes, por favor, señalen cualquier cosa que no esté de acuerdo con el Fa.