(Minghui.org) Una tarde, mientras caminaba a casa, durante el punto mas álgido de la persecución a Falun Dafa por parte del Partido Comunista Chino (PCCh), vi a una joven sentada en un bordillo. Tenía la cabeza agachada y se agarraba el abdomen con sus manos. Parecía que estaba sufriendo un tremendo dolor.

Me acerqué y le pregunté: "¿Qué te sucede? Hace mucho frío afuera y el bordillo está helado. Te enfermarás aún más si te quedas sentada aquí. Por favor, levántate".

Bajó lentamente el brazo con el que se había estado cubriendo el rostro y me miró. Tenía las mejillas bañadas en lágrimas, mientras me miraba con sorpresa y vacilación, incapaz de hablar.

Supuse que rondaba los treinta años. Aunque sus rasgos eran refinados y atractivos, su tez estaba pálida y marchita, como una hoja amarilla a punto de caer de un árbol.

Le pregunté con delicadeza qué le estaba pasando. Ella respondió con voz débil y temblorosa: "Mi enfermedad crónica del estómago se agravó en los últimos días. Ninguno de los medicamentos que he tomado me ayuda. Hoy el dolor se intensificó mucho más. Pensaba ir a varias farmacias para ver si encontraba algo que me ayudara, pero no había avanzado mucho desde casa cuando el dolor se puso tan intenso que no pude ni mantenerme de pie ni caminar. No puedo llegar a una farmacia, y ni siquiera puedo regresar a casa. No creo que vaya a poder pasar el día". Mientras terminaba de hablar, lloraba sin control.

De repente, cerró los ojos con fuerza y comenzó a desmayarse. De inmediato me arrodillé a su lado, la sostuve y la abracé con delicadeza.

Le dije: "Eres muy joven, no debes rendirte. Piensa en tus padres, sé fuerte y aguanta, aún tienes una vida maravillosa por delante".

Luego le dije: "Déjame decirte algo que tal vez te ayude. Por favor, repite conmigo: Falun Dafa es bueno, Verdad, Benevolencia y Tolerancia es bueno. Si no tienes fuerzas para decir las palabras en voz alta, simplemente repítelas en tu corazón. ¿Entiendes?". Movió los labios muy ligeramente, indicando que estaba de acuerdo.

En silencio le pedí al Maestro Li, que fortaleciera a la joven mientras repetía estas frases.

La gente que pasaba se detuvo y algunos se reunieron a nuestro alrededor. Algunos murmuraban entre sí. Algunos se burlaban o se reían, otros observaban en silencio y unos pocos insistían en que llevaran a la mujer al hospital de inmediato.

Me mantuve imperturbable. Mientras la miraba a la cara, seguí recitando las palabras.

En solo unos minutos, su tez comenzó a cambiar. El color gris azulado fue dando paso poco a poco a un tono saludable; luego, su tez se volvió sonrosada. De repente, abrió sus hermosos ojos y exclamó: "¡Estoy bien! El dolor se fue. ¡Gracias!".

Sonreí y le dije: "Fue nuestro compasivo y gran Shifu quien te ayudó. Por favor, agradécele. Él les ha pedido a los practicantes de Dafa que ayuden a todas las personas".

Llena de emoción, repitió varias veces: "¡Gracias, Maestro Li! ¡Gracias!". Luego dijo con entusiasmo: "Me llamo Jing. Por favor, ven a mi casa para que sepas dónde vivo. De ahora en adelante, eres como un miembro de mi familia y te llamaré tía". Parecía una persona completamente diferente a la mujer que, apenas unos momentos antes, había estado a punto de desmayarse.

La gente que se había reunido a nuestro alrededor estaba asombrada. Muchos comentaron lo que habían presenciado, y la mayoría dijo que estaban impresionados por el extraordinario poder de Falun Dafa.

Jing me tomó cariñosamente del brazo mientras caminábamos y me contó sobre su vida, hasta que llegamos a su casa. Su casa era una modesta vivienda de adobe de dos habitaciones con un pequeño patio. No había nadie más en casa, y ella siguió compartiendo su historia.

“Mi mamá falleció por una enfermedad cuando yo aún era un bebé”, dijo. “Mi papá dejó su trabajo para criarme él solo, asumiendo los roles tanto de papá como de mamá. Éramos extremadamente pobres y no podíamos pagar la leche de fórmula, así que él molía cualquier grano que pudiera encontrar para hacer harina y la cocinaba hasta convertirla en una pasta líquida para alimentarme. Su única esperanza era que yo sobreviviera y no muriera de hambre.

"A medida que fui creciendo, la mala alimentación me dejó débil y enfermiza, especialmente con problemas estomacales crónicos. Más tarde, cuando mi papá tuvo que trabajar lejos de casa, a menudo comía comida fría y mi problema estomacal empeoró aún más".

"Después de empezar la escuela, aprendí a cocinar, para que mi papá pudiera finalmente disfrutar de comidas calientes cuando regresara a casa. Él estaba muy feliz, pero mi salud siguió deteriorándose. Mi papá sentía lástima por mí y gastaba casi todo lo que ganaba en mi tratamiento médico".

"Después de la muerte de mi madre, juró no volver a casarse nunca porque temía que yo pudiera sufrir bajo la autoridad de una madrastra. Por mi bien, soportó de buena manera todas las penurias. Su mayor deseo era simplemente que yo creciera sana".

"Pero mi salud nunca mejoró. Padecía muchas enfermedades, y mi problema estomacal era, sin duda, el peor. Ningún medicamento me ayudaba y vivía con un dolor constante. Después de terminar la secundaria, tuve que dejarla porque estaba demasiado enferma para seguir. Me quedé en casa y no pude trabajar".

“Mi papá ya está envejeciendo, pero aún tiene que hacer trabajos físicamente exigentes. Ha sacrificado toda su vida por mí, pero él nunca ha disfrutado de ninguna felicidad. Siento mucha pena por él".

“A veces pienso: ya tengo más de treinta años, estoy gravemente enferma y solo le he dado a mi papá preocupaciones y decepciones. No pude darle el consuelo ni la felicidad que se merecía. A veces sentía que sería mejor si simplemente muriera, para que ambos pudiéramos liberarnos por fin de este sufrimiento".

Después de escuchar la historia de Jing, la miré de nuevo. Era de estatura media, con rasgos delicados y atractivos. Era una joven hermosa. Le pregunté: "Eres una joven tan encantadora. ¿Alguna vez has pensado en casarte?".

Ella sonrió levemente y respondió: "Mi mamá padecía una enfermedad crónica cuando se casó con mi papá, y ambos terminamos sufriendo por eso. Ahora soy yo quien siempre está enferma. Si me casara con alguien, solo le traería desgracias. Por eso nunca busqué novio ni pensé en casarme. Quizás lo piense en el futuro".

Entonces su rostro se iluminó. "Hoy es el día más feliz de mi vida. Por primera vez en mi vida, sé lo que se siente al estar libre de enfermedades: sentirme ligera, cómoda y verdaderamente feliz. Con solo recitar esas dos frases de Dafa contigo durante unos minutos, me siento genial. ¡Falun Dafa debe de ser verdaderamente el Gran Camino, y el Maestro es un verdadero ser iluminado! ¡Él me salvó con compasión y es maravilloso! ¡Dafa es verdaderamente milagroso! Quiero practicar Dafa, ¿podrías decirme, por favor, cómo empezaste a practicar?".

Con lágrimas en los ojos, le conté mi propia experiencia: cómo, antes de empezar a practicar Dafa, estaba gravemente enferma y llevaba una vida que se sentía peor que la muerte, y los enormes cambios que experimenté en mi cuerpo como en mi mente después de comenzar a practicar.

Antes de practicar, la gente me llamaba "botiquín andante" y "manojo de enfermedades". De pies a cabeza, casi cada parte de mi cuerpo padecía una dolencia u otra. Cuando era niña, sufrí las secuelas de una meningitis viral, que me dejaron con frecuentes dolores de cabeza, náuseas y mareos. Las infecciones crónicas del oído medio me afectaron la audición, y tenía sordera parcial en un oído. También sufrí retinitis, lo que afectó mi vista. Además de eso, luchaba constantemente contra la secreción nasal, el dolor de garganta y la amigdalitis. Las enfermedades no se detuvieron ahí. Sufría de bronquitis, una enfermedad estomacal crónica, problemas cardíacos, colitis, enfermedad inflamatoria pélvica, artritis, fibromas uterinos y muchas otras enfermedades.

Para sobrellevar el intenso dolor, tomaba muchos medicamentos todos los días. Los medicamentos no solo no curaron mis enfermedades, además me dañaron el estómago. Incluso comer o beber me causaba dolor. Me dolía el estómago constantemente y pasaba todos los días encorvada, agarrándome el abdomen con agonía.

Con el paso de los años, el sufrimiento físico, sumado a las presiones del trabajo, las responsabilidades del hogar y un matrimonio infeliz, me dejó emocionalmente agotada. Ya no quería vivir. En dos ocasiones incluso intenté quitarme la vida, aunque ninguno de los intentos tuvo éxito.

Afortunadamente, Shifu me salvó con compasión, sacándome del mar de sufrimiento y guiándome hacia el camino de la cultivación. A través de la práctica de la cultivación, se me concedió una nueva vida. Después de comenzar a practicar, recuperé la audición, mi vista se volvió clara y ya no camino encorvada. Todas mis enfermedades desaparecieron.

Aún más importante, mi perspectiva de la vida se transformó de manera fundamental. Dafa me ayudó a comprender por qué la gente sufre. Ya no culpaba al cielo, ni a los demás, ni guardaba rencor hacia quienes me causaban dolor o me trataban injustamente. En cambio, poco a poco dejé ir el rencor y el odio, y aprendí a tratar a todos con compasión.

Dafa también me permitió entender el verdadero propósito de la vida: ¿Por qué nacen las personas en este mundo? ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? ¿Por qué las personas deben cultivarse? ¿Cuál es el objetivo de la cultivación? ¿Por qué el PCCh, bajo el liderazgo de Jiang Zemin, ha perseguido a Falun Dafa? Encontré las respuestas a estas y muchas otras preguntas a medida que me cultivaba.

Mientras Jing más escuchaba, más interés mostraba. Finalmente, dijo con determinación: "Ya tomé una decisión. Quiero practicar Dafa. Por favor, ayúdame". Cuando me preparaba para irme, me insistió repetidamente: "Por favor, ayúdame a conseguir los libros de Dafa lo antes posible y enséñame los ejercicios".

En poco tiempo nos convertimos en compañeras de práctica. Con frecuencia estudiábamos el Fa y practicábamos los ejercicios juntas, y compartíamos nuestras percepciones basadas en nuestras experiencias de cultivación. Jing fue muy diligente en su cultivación desde el principio. Se cultivaba con sinceridad y mejoraba constantemente, tanto física como espiritualmente. Su progreso fue notable. Más tarde, cuando el barrio donde vivía fue remodelado y los residentes fueron reubicados, perdimos contacto.

Varios años después, nos encontramos inesperadamente en la calle. Un día, escuché una voz familiar que me llamaba afectuosamente: "¡Tía!". Me di la vuelta y vi a una joven radiante que se acercaba corriendo hacia mí. Justo detrás de Jing venía un joven apuesto y de aspecto amable: su novio.

Me tomó un momento darme cuenta de que la joven era la misma persona que había conocido años atrás. Había cambiado tanto que apenas la reconocía. Se veía radiante y llena de vida, y su porte elegante reflejaba la paz interior que había alcanzado a través de la cultivación. Por su apariencia y su forma de comportarse, me di cuenta de que Jing se había estado cultivando con diligencia y estaba progresando bien.

Con alegría, me presentó al joven y me explicó que era un compañero practicante. Estaban comprometidos y se habían mudado recientemente a su nuevo hogar. También me contó que su padre había comprendido la verdad sobre Dafa. Se había dado cuenta de que todos los maravillosos cambios en la vida de su hija eran bendiciones que se debían a su práctica de Dafa. Al haberse beneficiado también de Dafa, ahora disfrutaba de una vida pacífica y plena. Después de animarnos mutuamente a seguir cultivándonos con diligencia, tuvimos que despedimos.

Cada vez que recuerdo ese encuentro fortuito, me invade una profunda emoción. Fue nuestro compasivo y grandioso Shifu, junto con el poder ilimitado del Fa, quien le dio nueva vida a una persona cuya vida había estado a punto de desvanecerse.

Espero sinceramente que quienes tengan la suerte de escuchar esta historia se sientan inspirados a descubrir por sí mismos la verdad sobre Dafa. Por favor, no se dejen engañar por la propaganda y las mentiras del PCCh. Si recuerdan que Falun Dafa es bueno, que Verdad, Benevolencia y Tolerancia es bueno, su vida podrá ser bendecida por Dafa, y su futuro podrá ser brillante y lleno de esperanza.

Gracias, venerado Shifu, por salvar a las personas con compasión.

Con la más profunda reverencia y gratitud hacia Shifu, continuaré mi camino de cultivación.