Tengo más de 70 años y llevo 30 practicando Falun Dafa. Antes padecía numerosos problemas de salud, entre ellos vértigo, faringitis grave y dolores de cabeza persistentes. Mi tensión arterial solía estar alta, llegando a veces a los 180 mmHg. Sufría de tinnitus constante y tenía una digestión débil, lo que me provocaba diarrea independientemente de lo que comiera. Con un peso de solo 40 kg, me sentía extremadamente débil y era incapaz de realizar las tareas cotidianas. Mi mal estado de salud afectaba a mi estado de ánimo, y a menudo perdía los estribos y maldecía a los demás.

Después de empezar a practicar Falun Dafa, Shifu purificó mi cuerpo y todas mis enfermedades desaparecieron. Me sentía sana y llena de energía, y mi carácter también mejoró. Estaba tan alegre como una niña y le decía a todo el mundo con quien me encontraba: “Falun Dafa es maravilloso. Tiene un poder curativo milagroso”.

En julio de 1999, el Partido Comunista Chino (PCCh) lanzó una persecución contra los practicantes de Falun Dafa y fabricó mentiras para difamar la práctica. Pensé: “Falun Dafa es una práctica maravillosa, ¿por qué la reprime el Gobierno? ¿Por qué se debe difamar el hecho de enseñar a la gente a ser buena siguiendo los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia? El gobierno debe de estar equivocado. Como persona que se ha beneficiado de la práctica, debo decirle a la gente que Falun Dafa es bueno y que enseña a las personas a ser buenas siguiendo los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia; que mi Shifu es inocente; y que la represión es injusta y la propaganda de la televisión es falsa”.

Cada día salía a hablar con la gente sobre Falun Dafa. Cuando recibía material informativo sobre Falun Dafa y la persecución, llenaba una bolsa grande de materiales y visitaba diferentes pueblos para distribuir la información.

Sin embargo, debido a mi limitada comprensión del Fa, consideraba que realizar esas tareas formaba parte de mi cultivación. Las viejas fuerzas se aprovecharon de mis deficiencias y me persiguieron. Me detuvieron y mi casa fue saqueada tres veces. Esto causó una gran angustia a mi familia, especialmente a mi hija. Incapaz de comprender la situación, desarrolló sentimientos muy negativos hacia Dafa.

Después de que me liberaron del campo de trabajos forzados, mi hija hizo todo lo posible para impedir que siguiera cultivándome. Se negaba a dejarme salir de casa o ponerme en contacto con otros practicantes, y se enfadaba cada vez que me veía haciendo los ejercicios. Amenazó varias veces con cortarse las muñecas y suicidarse, llegando incluso a ponerse el filo de un cuchillo en la muñeca.

Intenté explicarle qué era Falun Dafa, pero se negaba a escucharme y se enfadaba en cuanto empezaba a hablar. Me di cuenta de que tenía que mejorar como persona, de que tenía mucho yeli que eliminar y de que la persecución del Partido había asustado a mi familia.

Seguí estudiando el Fa, buscando mis apegos hacia dentro, y seguí trabajando en mejorarme según los estándares del Fa. Poco a poco, el comportamiento extremo de mi hija disminuyó y empezó a permitirme estudiar el Fa y hacer los ejercicios en casa. Sin embargo, si se enteraba de que salía, seguía enfadada. Nuestra relación siguió siendo fría y distante, y durante años se negó a llamarme "mamá".

No entendía qué era Falun Dafa, ni por qué es importante renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas. Además, no quería oírme hablar de ello. No sabía cómo proceder. A pesar de mis esfuerzos por cambiar, sentía que solo podía reducir su resentimiento hacia mí, sin ayudarla realmente a comprender Falun Dafa ni a reconocer la naturaleza maligna del PCCh. Al final, no pude convencerla de que renuncie al Partido.

Poco después de que estalló la pandemia de COVID-19 en la ciudad de Wuhan, mi hija contrajo una neumonía grave, conocida como “pulmón blanco”. Sufrió una grave insuficiencia respiratoria y fue hospitalizada, llegando a caer en un estado semicomatoso. Me convertí en su principal cuidadora: le preparaba las comidas, se las llevaba al hospital, le daba de comer y atendía sus necesidades diarias. (Nota del editor: en China, los familiares suelen encargarse del cuidado de los pacientes hospitalizados).

Mi hija se emocionó visiblemente y me preguntó: “Mamá, tú no te has vacunado, ¿no tienes miedo de contagiarte?”.

Le respondí: “Tengo la protección de Shifu y soy inmune al Covid. No tengo miedo”. Y, efectivamente, no me contagié en todo ese tiempo. Esto le causó una profunda impresión. Entonces le pregunté: “Mientras estuve en el campo de trabajo, ¿alguna vez tuviste pensamientos negativos sobre Falun Dafa? ¿Difamaste a Shifu? ¿Destruiste la foto de Shifu y el texto ´Sobre Dafa´ que tenía colgado en la pared?”.

Tras muchas negativas previas, finalmente admitió su error y pareció darse cuenta de la gravedad de sus actos. Le dije: “¡Has difamado las enseñanzas del Fo y has cometido un pecado grave! ¿Cómo es posible que no sufrieras el castigo por el pecado que cometiste? Sin embargo, Shifu es compasivo y te protegió. Utilizó esta tribulación para eliminar tu yeli y despertarte. De lo contrario, habrías perdido la vida”.

Le pregunté: “¿Quieres mejorarte? Debes admitir con sinceridad tus errores, pedir perdón a Shifu, escribir una “Declaración solemne” en la que reconozcas tus malas acciones, recitar con sinceridad “Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno” y renunciar al PCCh y a sus organizaciones. Solo así podrá Shifu salvarte”.

Mi hija dijo sinceramente: "Shifu, me equivoqué, ¡por favor sálvame!" Después, le expliqué en detalle sobre Falun Dafa, por qué uno debería renunciar al Partido y por qué salgo a hablar con la gente sobre Dafa. Mi hija escuchó atentamente.

Permaneció en el hospital unas dos semanas y le dieron el alta antes de recuperarse por completo. Al volver a casa, mi hija redactó con sinceridad una “Declaración solemne” en la que expresaba su despertar a la verdad sobre Dafa y, a continuación, renunció a las organizaciones del Partido. Recitó con sinceridad “Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno” y leyó Zhuan Falun de principio a fin. Su enfermedad desapareció por completo al poco tiempo.

Ahora mi hija apoya de todo corazón mi práctica de Dafa y me anima a salir a aclarar la verdad a la gente. Cuando está en casa, me llama cariñosamente “mamá” y nuestra casa se llena de risas. Trabaja en el sector alimentario y, cada vez que otros practicantes necesitan comprar comida, mi hija se las lleva amablemente a sus casas después del trabajo. Todos los practicantes dicen que ha cambiado radicalmente. Gracias, Shifu, por salvarnos tanto a mi hija como a mí.

A través de compartir esta experiencia hoy quiero decir a la gente que la ley de causa y efecto es absolutamente real; que las malas acciones deben ser pagadas, y que todos los desastres y desgracias que sufren las personas son consecuencia de sus propios actos. Quiero decir especialmente a aquellos que siguen difamando a Falun Dafa y persiguiendo a los practicantes de Dafa que despierten a la verdad sobre Dafa mientras aún haya tiempo. También deseo recordar a todos que los dioses y los fos son compasivos, y que Shifu ha estado concediendo pacientemente a todos los seres conscientes oportunidades para que sepan la verdad, utilizando diversos medios para despertarlos. Mi sincera esperanza es que todas las personas puedan reconocer la verdad sobre Dafa, renuncien al Partido y a sus organizaciones, respeten la ley de causa y efecto y defiendan la bondad. Solo así podrán recibir la salvación de Dafa. ¡Creer que “Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno” les traerá un futuro brillante!