(Minghui.org) Nací en el seno de una familia campesina sin recursos. Mi padre enfermó y falleció cuando yo tenía dos años, dejando atrás a tres hijas —mi hermana de cuatro años, yo y mi hermana, que solo tenía cincuenta días—, junto con mi abuela, que rondaba los 50 años. La responsabilidad de mantener a la familia recayó sobre mi madre, que tenía 29 años. Nuestra familia era muy pobre, así que dejé la escuela primaria tras cursar dos años para ayudar en las labores del campo. En 1985 me mudé del campo a la capital del condado, donde realicé trabajos temporales.

Mientras trabajaba en una institución pública en agosto de 1997, una profesora jubilada me habló de Falun Dafa. Empecé a practicar y a ayudar a Shifu a ofrecer la salvación a las personas. Me gustaría compartir mis experiencias sobre cómo el Maestro me dio sabiduría y me permitió elaborar materiales para aclarar los hechos sobre Falun Dafa.

En aquella época, muy pocas personas de nuestra zona elaboraban materiales de aclaración de la verdad, por lo que la oferta no alcanzaba a cubrir la demanda. Leía regularmente el Minghui Weekly y me resultaba muy inspirador, así que pensé en producir materiales yo misma. Sin embargo, mi sueldo mensual era de poco más de 500 yuanes, apenas suficiente para cubrir los gastos de manutención de nuestra familia de tres miembros, y no disponía de dinero extra para comprar el equipo necesario. Shifu vio mi sincero deseo y me ayudó.

En febrero de 2007, conocí a un joven practicante de otra zona que tenía conocimientos técnicos, y me sugirió que elaborara materiales para aclarar la verdad. Acepté de inmediato, sin pensarlo dos veces ni preocuparme por mi escasa formación. Aproveché mis dos días libres a la semana y viajé en autobús hasta su casa, que estaba a unos cincuenta o sesenta kilómetros de distancia, para aprender a manejar el ordenador y a imprimir.

Por aquel entonces ya tenía más de cincuenta años, y al principio usar un ordenador me resultaba totalmente desconcertante. Como nunca antes había visto ni tocado un ordenador, y con muy poca educación formal, aprender a utilizar ese dispositivo de alta tecnología me parecía una fantasía. Creía firmemente que Shifu estaba a mi lado y confiaba en que me concedería sabiduría y me ayudaría a salir adelante.

Los dos primeros días fueron una lucha. El ratón no obedecía a mi mano y no conseguía recordar la terminología ni los conceptos informáticos. Mi mente se quedaba en blanco una y otra vez. No me desanimé. Envié pensamientos rectos para eliminar toda la interferencia de las viejas fuerzas que intentaban impedirme aprender a usar el ordenador y producir materiales para salvar a la gente. Le pedí al Maestro que me fortaleciera y me diera sabiduría. Estaba decidida a aprender estas habilidades.

El instructor fue increíblemente paciente. Me enseñó los conceptos básicos del manejo de un ordenador y me explicó y mostró todo una y otra vez. Al cabo de unas tres semanas, que abarcaron un total de seis días, ya era capaz de ejecutar varios programas siguiendo mis apuntes. Como no sabía escribir muchos caracteres chinos para los apuntes, el instructor técnico me ayudó a escribirlos. Seguí aprendiendo durante unos tres meses, repasando mis apuntes cada vez que salía del trabajo e intentando memorizar la información. Él también venía a mi zona todos los fines de semana para darme clases. Su amabilidad y paciencia me conmovieron profundamente y me animaron mucho. Al final, aprendí a conectarme a Internet, a descargar archivos y a manejar la impresora. Cinco meses después, ya era capaz de encargarme del trabajo de impresión por mi cuenta.

Todos los fines de semana iba a casa de un compañero practicante que tenía equipo de impresión para producir materiales de aclaración de la Verdad. No solo repartía yo misma los folletos, sino que también proporcionaba a otros practicantes lo que necesitaban. Pagaba el papel de copia con mi sueldo mensual de unos pocos cientos de yuanes. Por razones de seguridad, solo compraba uno o dos paquetes de papel cada vez. Otros practicantes aportaban el resto de los materiales.

A partir de 2008, trasladé a mi casa el ordenador y la impresora, que me había regalado otro practicante, para poder producir materiales con mayor comodidad. Se convirtieron en mis instrumentos del Fa. Cuando estudiaba el Fa, invitaba al ordenador y a la impresora a estudiar conmigo, animándolos a asimilarse a Dafa y a cooperar con los practicantes para ayudar a Shifu a salvar a la gente y producir materiales de aclaración de la verdad de forma eficaz. A veces, si no lograba controlar mi carácter y permitía que afloraran apegos o sentimientos humanos, el equipo dejaba de funcionar correctamente. Inmediatamente calmaba mi mente y me comunicaba con ellos: «No lo he hecho bien en ese aspecto. No he estado a la altura de lo que se espera de un cultivador. Sin embargo, no debes interferir ni impedirme realizar este trabajo justo». Por lo general, las máquinas volvían a funcionar con normalidad.

En los últimos dieciocho años, he tenido que sustituir varios ordenadores e impresoras debido a su grave desgaste. También he superado muchas situaciones peligrosas, como que la policía llamara a mi puerta para acosarme y tener que mudarme con urgencia. A pesar de todo ello, he logrado salir adelante con seguridad, gracias al apoyo y la protección de nuestro compasivo Shifu. También estoy agradecida al bondadoso guardia de seguridad de mi complejo residencial, que comprendió la realidad de la persecución. Cada vez que la policía entraba en el complejo con la intención de cometer actos ilícitos, él manejaba la situación con tacto, avisándome en secreto y desviando la atención de los agentes, salvándome así de ser secuestrada y perseguida.

No hay palabras para describir la compasión y la gracia infinitas de Shifu. Solo puedo cultivarme con diligencia, estudiar el Fa con fervor, enviar pensamientos rectos y aclarar los hechos a los demás para ayudar a Shifu a salvar a la gente. Me dedicaré con firmeza a mi misión y me esforzaré por tranquilizar a Shifu, estar a la altura de los esmerados esfuerzos que ha dedicado a salvarnos y convertirme en una practicante digna de Falun Dafa.

¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, compañeros practicantes!