(Minghui.org) He practicado Falun Dafa durante más de 20 años y pasé de ser una persona egoísta a una persona altruista que ayuda los demás sin esperar nada a cambio.
Aclarando la verdad a familiares
Comencé a practicar Falun Dafa en 1998. Con la protección de Shifu superé varias tribulaciones y logré llegar hasta hoy. Con tan solo 30 años y antes de comenzar a practicar era un enferma crónica. Sufría del corazón, tenía problemas de estómago y ginecológicos. Cada vez que tenía dolor de estómago, no podía levantarme de la cama. Shifu limpió mi cuerpo y ya no tuve más enfermedades. Y lo más importante, ahora sé cómo ser una buena persona.
Mi esposo trabajaba en la comisaría local. En 2001, fui a Beijing para apelar en favor de Falun Dafa y me arrestaron. Me llevaron de regreso a mi ciudad natal y me enviaron al centro de detención local.
Mi esposo sentía que le había hecho perder prestigio. Después de que me arrestaron, a menudo se emborrachaba y me pegaba para descargar su enojo. Cuando se calmaba, le explicaba cómo me había beneficiado de Falun Dafa: «Si no practicara, estaría muy enferma. No solo yo sufría, sino que toda nuestra familia sufría».
Le recordé que, cuando estuve enferma, no pude hacer ninguna tarea doméstica y él tuvo que ausentarse del trabajo para cuidarme. Él y su familia se encargaron de todas las tareas del hogar. Después de que comencé a practicar Falun Dafa, recuperé la salud y me hice cargo de todas las tareas domésticas. Poco a poco, dejó de enojarse tanto por mi detención.
Más tarde, la policía descubrió mi taller de producción de materiales para aclarar la verdad. Aunque ya habíamos trasladado los equipos, la policía confiscó cinco cajas de papel y quiso arrestarme, pero logré escapar. El departamento de policía degradó a mi esposo a un puesto de guardia en la calle, alegando que el personal administrativo necesitaba adquirir experiencia en la base.
Mi esposo se sintió humillado. Hizo arreglos para que me quedara en la casa desocupada de un pariente. Luego me golpeó y me dio patadas, y me lanzó una silla. Como resultado, no pude levantarme de la cama durante tres días. Mi suegra vino de visita y, cuando se enteró de lo sucedido, me presionó las heridas a propósito y me dijo furiosa: «Has puesto a toda nuestra familia patas arriba. No te dejaríamos quedarte aquí si no fuera porque antes nos tratabas tan bien».
Mi esposo siguió comportándose de manera descabellada después de que su mamá se fue. Cuando se calmó un poco, le dije que, si no practicara Falun Dafa, no sería amable con él ni con su familia. Le dije: «Soy una buena persona, y Shifu nos dice a los practicantes que seamos amables con todos. No estoy haciendo nada malo al practicar Falun Dafa».
Fui amable con mi esposo y su familia. Cuando mis suegros estaban enfermos, los cuidé muy bien e incluso les lavé la ropa. Mi esposo sabía que yo era buena y también entendía que él soportaba mucha presión ya que el Partido Comunista Chino (PCCh) es malvado, y tenía miedo.
Cuando a mi suegra le diagnosticaron un cáncer de hígado en etapa avanzada, la trajimos a nuestra casa y la cuidamos. Sus dos hijas también se mudaron con nosotros. Yo me encargaba de las compras, la limpieza y la cocina, mientras que las dos hijas pasaban tiempo con ella. Mi suegra solo podía comer alimentos blandos, así que le preparaba su sopa de fideos favorita con carne molida de cerdo, carne molida de res o trocitos de pescado. También le preparaba diversos platos nutritivos.
Cuando tenía incontinencia, le lavaba la ropa de inmediato. También la bañaba y le lavaba los pies. Cuando aún estaba consciente, me dijo: «Eres tan amable. Antes no te traté bien, pero sigues siendo tan buena conmigo, por favor, no me odies».
Le respondí: «Shifu me pide que te trate bien así que es lo que debo hacer». Ella sonrió feliz y respondió: «Tengo tanta suerte de tenerte como nuera». Más tarde, mi suegra y toda la familia acordaron renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas.
Un día, mi suegra me dijo: «¿Lo viste?». Le pregunté a qué se refería. Señaló hacia el techo y dijo: «¿No lo ves?». Le dije que no veía nada. Ella preguntó: «¿Es tu Shifu?». Entonces lo entendí. Le dije: «Ah, Shifu te está protegiendo y no deja que sufras dolor. ¿Sabías que cuando una persona practica, toda la familia se beneficia?». Ella asintió con la cabeza, me conmoví tanto que lloré. ¡Gracias, Shifu! Mi suegra vivió con nosotros durante cuatro meses y no sintió ningún dolor en absoluto. Por lo general, las personas con cáncer de hígado en etapa avanzada sufren un dolor intenso.
Hago todo siguiendo los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, finalmente mi esposo fue reincorporado a su puesto anterior. Mi esposo solía ser un seguidor acérrimo del PCCh. Después de que le hablé de Falun Dafa durante años, finalmente se dio cuenta de lo malo que era el PCCh y renunció a él. Aunque la policía sigue viniendo cada año a acosarme, ahora él puede enfrentarlos con calma. Cada mañana, me levanto a las 3:20 a. m. para practicar los ejercicios, y él cierra la puerta en silencio para mí. Si tenemos visitas, él esconde mis libros de Dafa.
El peligro desaparece
Tomé un tren de alta velocidad para ir a ver a mi nieto. El vagón estaba repleto de gente, poco después de que el tren partiera, dos agentes de la policía ferroviaria comenzaron a revisar los boletos de los pasajeros desde ambos extremos del vagón. Pensé que estaban buscando a alguien que no hubiera pagado su pasaje.
Cuando revisaron mi boleto, uno de los oficiales lo examinó con detenimiento, dándole vueltas una y otra vez. Me pidió ver mi identificación y me preguntó dónde había comprado el boleto. Le dije que lo había comprado en línea. Luego me preguntó cuál era mi destino, y le dije que la siguiente parada. Me dijo: «Por favor, acompáñeme». Un pensamiento erróneo se me pasó por la mente: «Tengo 20 materiales de aclaración de la verdad en mi bolso, si los encuentran, se convertirán en su “prueba” para perseguirme».
Me llevaron al vagón de los guardias, y el oficial me dijo: «Tienes un problema». Le pregunté: «¿Cuál es el problema?». Él respondió: «Ya lo sabes». En ese momento, alcé la voz y grité: «Soy ciudadana china, compré un boleto para viajar en tren. ¿Por qué no puedo subir al tren?».
Al ver mi reacción, el oficial me dijo en voz baja que necesitaba interrogarme porque mi boleto les había dado una alerta al escanearlo en la puerta de embarque. Me di cuenta de que Shifu me estaba dando una pista a través de las palabras del oficial. Solo se trataba de un interrogatorio de rutina. Mis pensamientos erróneos anteriores fueron los que causaron el problema. Debo comportarme con rectitud y no permitir que se lleven los materiales de aclaración de la verdad. Luego dijo: «Te entregaremos a la comisaría que está en el andén».
El tren entró a la estación y se acercó un oficial de policía. Me pidió mi identificación y me pidió que lo acompañara. No tenía miedo y le dije que necesitaba ir al baño. Una vez ahí, vi un armario y dejé los materiales encima. Pensé que era el lugar perfecto para que la gente los recogiera.
Luego regresé al puesto de control. Allí me esperaban el oficial de policía de la estación y tres agentes de civil. Les grité, preguntándoles por qué me habían llevado allí. Uno de ellos dijo: «Saca todo lo que tienes en tu bolsa. Por favor, no nos obligues a tomar medidas». Le respondí: «Estos son mis objetos personales. No tengo por qué sacarlos. Soy practicante de Falun Dafa, Falun Dafa enseña a las personas a ser buenas. No estoy haciendo nada malo. ¿Por qué limitan mi libertad?».
Los tres oficiales de civil, que me rodeaban, se alejaron en ese momento. Me dijeron que no debía practicar, ya que el gobierno lo prohibía. Les respondí: «Antes estaba muy enferma. Después de empezar a practicar, todas mis enfermedades desaparecieron. Shifu nos enseña a pensar siempre en los demás. Soy una buena persona. Vayan y pregunten por ahí si soy una buena persona». El oficial uniformado dijo: «Está bien, está bien. Ya no tenemos que revisar tu bolso. Puedes irte».
Entonces les pregunté: «¿Ya han renunciado al PCCh? Renunciar al PCCh garantiza su seguridad en el futuro». El oficial uniformado me detuvo, me señaló con el dedo y me dijo con una sonrisa: «Ya te dije que te fueras, pero estás tentando a la suerte; date prisa y vete». Le respondí: «Por favor, renuncien al partido cuando tengan la oportunidad, no sean el chivo expiatorio del PCCh». Los tres oficiales vestidos de civil estaban todos sonriendo, a diferencia de antes, cuando estaban serios.
Entiendo que cada incidente es una oportunidad para mejorar. Regresé al baño y recogí mis cosas. Me alegré de no haberlas perdido, pero me entristeció que esos oficiales no renunciaran al PCCh.
Bendecida tras renunciar al PCCh
Mi esposo tiene una amistad muy cercana, casi como de hermanos, con una mujer a quien conoce desde la infancia. Nuestras dos familias solían reunirse a cenar después de que nos jubilamos.
A esta amiga le caía muy bien y me dijo: «Eres diferente a los demás. Eres amable y tienes un porte elegante». Le conté que practico Falun Dafa y que cultivo la compasión. Se sorprendió mucho y dijo que era muy diferente de cómo la propaganda del PCCh retrata a los practicantes.
Le dije que no había estado enferma durante más de 20 años. Ella me preguntó si los practicantes se comportaban como los mostraba el PCCh en la televisión. Le respondí: «No, Falun Dafa enseña a las personas a ser buenas y a pensar siempre en los demás, el PCCh persigue a la gente buena».
Ella dijo: «Escuché que te detuvieron varias veces y que saquearon tu casa. De no ser por eso, tu esposo ya habría sido ascendido hace años». Le respondí: «Todo eso es parte de la persecución del PCCh; afecta a toda la familia».
Empecé a hablarle sobre la cultivación y sobre por qué es importante renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas. Ella estuvo de acuerdo y dijo: «El PCCh es terrible. Quiero renunciar, y mi hija también».
Le expliqué que renunciar al PCCh es un asunto muy serio y que necesitaba hablar directamente con su hija. Ella se sintió un poco molesta porque no podía ayudar a su hija a renunciar de inmediato. Llamó a su esposo y le dijo: «Por favor, ayúdale a renunciar».
Le aclaré la verdad a su esposo. Al día siguiente, vino su hija y hablé con ella, estaba dispuesta a renunciar al PCCh, y noté el alivio en el rostro de mi amiga. Comprendí que todos esperaban ser salvados una vez que conocieron la verdad. Me recordé que no podía relajarme y que debía ser más diligente. Luego le di un amuleto de Dafa, y ella lo guardó en su bolsillo.
Unos días después, me llamó y me dijo que estaba en el hospital. Se había caído de una escalera de tres metros mientras cambiaba un foco y había caído de cabeza. Me contó que su familia estaba asustada porque tenía un gran chichón y se sentía mareada.
Me apresuré a ir al hospital. Los resultados de los exámenes indicaban que estaba bien, pero su familia quería que la revisaran en otro hospital porque no entendían por qué no había sufrido ninguna lesión. Le dije: «Estás bien. Shifu te está protegiendo porque crees que Falun Dafa es bueno y renunciaste al PCCh. Convertiste la desgracia en buena suerte. Todavía tienes el amuleto de Dafa en tu bolsillo. Si esto le hubiera pasado a otra persona, habría muerto o quedado lisiada por una caída como esa. Deberías agradecerle a Shifu». Ella sonrió y dijo: «Gracias, Shifu».
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