(Minghui.org) Mi esposa y yo vivimos en una zona bastante rural del norte de China. En 2004, los practicantes de nuestra localidad recibieron el artículo de Shifu, en el que decía:
«… cada uno debe salir a esclarecer la verdad, y hacer que “las flores florezcan por todas partes”, sin omitir ningún lugar donde haya gente» (Dejen ir los corazones humanos, salven a la gente del mundo, Escrituras esenciales para mayor avance (III)).
Tras estudiar el artículo repetidamente, todos los practicantes nos decidimos a salvar a la gente según los requisitos de Shifu.
Entregando materiales de Falun Dafa en muchas aldeas cercanas
Tras coordinarnos con otros practicantes, mi esposa y yo nos encargamos de entregar materiales informativos de Falun Dafa (Falun Gong) a más de 20 aldeas. Como se encontraban al menos a 16 kilómetros de distancia, no podíamos cubrir todas las aldeas en un breve periodo. Así que las dividimos en secciones. Al principio, íbamos en bicicleta o, a veces, en tractor para entregar los materiales durante el día.
Más tarde, para evitar el acoso de la policía y los problemas económicos causados por la persecución, abandonamos nuestro hogar en 2012 y trabajamos en una fábrica de la ciudad.
La fábrica estaba a 32 kilómetros de nuestra casa. Volver a esa zona no era fácil, pero teníamos que cumplir nuestra promesa de reparto. Debatimos posibles soluciones y decidimos comprar una motocicleta nueva por más de 3.000 yuanes (441 dolares).
Trabajábamos en la ciudad durante el día y, al terminar la jornada, partíamos hacia nuestra casa rural. Debido al tiempo de viaje, siempre llegábamos a casa pasada la medianoche. La larga distancia y la oscuridad no suponían un gran problema, pero las condiciones invernales eran un reto, especialmente en el frío glacial del invierno, cuando llevábamos dos o incluso tres capas de ropa gruesa. Al repartir la información, no podíamos llevar guantes porque nos resultaba muy difícil sacar los materiales. Al principio, sentíamos las manos entumecidas y doloridas por el frío, pero pronto se nos calentaban. Sabíamos que Shifu nos protegía.
En 2014 compramos un coche eléctrico. Desde entonces, lo hemos utilizado para distribuir los materiales, por lo que estamos menos expuestos al frío en invierno.
En junio de 2018, dejamos nuestros trabajos y regresamos a casa, poniendo fin a ocho años de exilio. Una vez que nos instalamos, pusimos en marcha un pequeño negocio. Como mantuvimos un entorno limpio en nuestra tienda y nos comportamos con honestidad y seriedad, nos ganamos la confianza de nuestros clientes. Y lo más importante: resultaba muy cómodo distribuir materiales de aclaración de la verdad de esta manera.
En los últimos más de veinte años, no nos hemos saltado ninguna de las aldeas que prometimos visitar, ya que sabíamos que aquellas personas esperaban las bendiciones de Dafa. Durante el proceso, nos enfrentamos a muchas penurias y dificultades, y corrimos el riesgo de que nos denunciaran a la policía. Sin embargo, mantuvimos la calma, ya que teníamos a Dafa en nuestros corazones. Bajo la protección de Shifu, pudimos regresar a casa sanos y salvos en cada ocasión. Nuestros corazones se llenaron de alegría al cumplir nuestros votos de salvar a los seres conscientes. Sabemos que este es también nuestro camino de regreso a nuestro hogar celestial.
Viajando a más de 70 aldeas para ayudar a la gente a renunciar al PCCh
Muchas personas recibieron nuestros materiales y conocieron la verdad sobre Dafa y la persecución del Partido Comunista Chino (PCCh). Pero, ¿cómo podían renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas? Nuestros compañeros practicantes creían que debíamos salir a la calle para ayudar a la gente a renunciar. Ambos compartíamos ese deseo y empezamos a hablar con la gente, más o menos a finales de la primavera y principios del verano del año pasado.
Normalmente, por las mañanas estábamos ocupados en la tienda. Pasábamos la tarde hablando con la gente y ayudándoles a renunciar al Partido. Durante el proceso, siempre nos asegurábamos de enviar pensamientos rectos para eliminar cualquier interferencia y pedíamos la ayuda de Shifu.
Las personas con las que nos encontrábamos eran agricultores que trabajaban en el campo, descansaban bajo los árboles, estaban sentadas al aire libre o caminaban por la calle. Aprovechábamos cualquier oportunidad para hablar con la gente y ayudarles a renunciar al Partido. Más del 90 % de las personas optaron por renunciar, y casi todas decidieron utilizar sus nombres reales.
Muchas personas expresaron su alegría tras renunciar al PCCh. Algunas querían ofrecernos algo de beber, otras querían invitarnos a visitar sus hogares. En una ocasión, le dimos un amuleto de Dafa a un niño con discapacidad. Juntó las palmas de las manos y se inclinó ante nosotros, lo que nos conmovió tan profundamente que nos dieron ganas de llorar. Shifu dijo: «… ¿quién salva a la gente del mundo que ha venido para Dafa?» (Enseñando el Fa en el Día Mundial de Falun Dafa). Ese niño llevaba tanto tiempo esperando este día.
Durante el proceso, también descubrimos muchas de nuestras carencias. Por ejemplo, un fuerte apego a nuestras preferencias y actitudes diferentes hacia distintas personas. Nos dimos cuenta de que detrás de ese apego se escondía el miedo. Cuando veíamos a alguien que parecía un funcionario jubilado, no queríamos acercarnos a él. También evitábamos a cualquier persona de aspecto severo o poco amable. Si nos encontrábamos con una mujer mayor, solíamos pasar de largo porque pensábamos que podría ser analfabeta y no ser capaz de leer la información, y dábamos por hecho que los jóvenes no querrían escucharnos.
Más tarde nos dimos cuenta de que podríamos ayudar a salvar a más personas si simplemente nos cultiváramos bien. Estas percepciones eran precisamente las áreas en las que teníamos que mejorar. En el futuro, trabajaremos duro para abordar esto, madurar más en nuestra cultivación y ayudar a Shifu a salvar a más personas.
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