(Minghui.org) Mi hijo, que trabajaba en una conocida empresa de semillas, renunció repentinamente a su trabajo y regresó a casa el 12 de mayo de 2025. Sentía que el sector estaba en declive y no tenía futuro, así que quería encontrar un trabajo mejor, con un sueldo más alto y mejores perspectivas.
Pensé que con su experiencia laboral encontraría rápidamente un buen trabajo. Pero, inesperadamente, las empresas realmente buenas no estaban contratando. Después de más de un mes de búsqueda, consiguió un trabajo en una empresa bastante decente. Sin embargo, al empezar a trabajar, descubrió que los productos de la empresa tampoco tenían futuro. Tras pensarlo bien y hablarlo con su padre, decidió renunciar de nuevo.
Mi hijo se encontró otra vez esperando y buscando trabajo. Volvió a sentirse igual de cansado y estresado que cuando renunció por primera vez.
Cuando regresó a casa, estaba muy ansioso por encontrar trabajo. Le aconsejé que se tomara su tiempo, pero me dijo que tenía que pagar sus préstamos cada mes. Sabía que aún tenía deudas, pero desconocía la cantidad, ya que mi esposo y yo ya le habíamos ayudado a pagar más de 400.000 yuanes. Por su comportamiento, presentía que algo no andaba bien.
Nunca le había gustado fumar, pero después de regresar a casa, fumaba con frecuencia en su habitación. Jugaba videojuegos durante la primera mitad de la noche y luego se quedaba despierto chateando con alguien en línea hasta el amanecer. No comía a sus horas y a menudo pedía comida para llevar. A veces salía en mitad de la noche y regresaba a horas impredecibles.
Durante este tiempo, aproximadamente un mes después del regreso de mi hijo, mi esposo fue operado de un problema de tiroides. Tuve que cuidarlo, preparándole tres comidas al día con carne fresca. Durante la recuperación, el estado emocional de mi esposo era a veces inestable. Se enfadaba sin motivo y se sentía insatisfecho con todos, a veces de forma bastante irracional.
Todos los días me dedicaba a comprar la comida y a cocinar. También tenía que cuidar de las emociones de mi marido y preocuparme por mi hijo. Sin embargo, no me desanimé, porque llevaba el Fa en mi corazón. Me mantuve alegre durante todo el día. A veces, surgían pensamientos negativos, incluso dolorosos, pero rápidamente me elevaba según el Fa y los alejaba.
Sin darme cuenta, mi hijo dejó de fumar y jugaba mucho menos a videojuegos. Cuando salía por la noche, me contaba lo que hacía. Entonces se sinceró conmigo: todavía tenía una deuda de más de 200.000 yuanes. Pensaba que encontraría trabajo rápidamente y la pagaría él solo, sin necesidad de nuestra ayuda. Pero después de tres meses sin encontrar trabajo, tuvo que pedirnos dinero de nuevo, a pesar de que ya no nos quedaban ahorros y necesitábamos pedir prestado. Se sentía muy agobiado y culpable.
Sonreí y le dije: «Hijo, mientras no te endeudes de nuevo, todo irá bien». Al oír esto, se sintió aliviado al instante.
Poco después me dijo que todo estaba listo y que solo necesitaba hacer una llamada para conseguir un trabajo. Me sentí esperanzada, pensando que una vez que empezara a trabajar, pagar la deuda no sería un problema. Pero durante cinco días seguidos, dijo que llamaría, pero no lo hizo. Me puse muy ansiosa. Lo vi encerrado en su habitación jugando videojuegos, saliendo a comer cuando tenía hambre y volviendo a entrar. Sentía que iba a explotar. Me afloraron muchas quejas hacia él, pero sabía que no podía decírselas. Eso exponía muchos pensamientos impuros míos. Apenas podía quedarme quieta y quería preguntarle directamente.
En ese momento, me vinieron a la mente las enseñanzas de Shifu: «Decimos que si frente a un conflicto uno puede dar un paso atrás, se encontrará con un vasto mar y un cielo sin límites;» (Novena Lección, Zhuan Falun). Inmediatamente pensé: «Sea correcto o incorrecto, debo dar un paso atrás primero y calmarme». No debía presionar a mi hijo para que hiciera la llamada. Pero aún no sabía cómo actuar con amabilidad. Entonces me vino a la mente la historia de Han Xin, un general militar chino. La mujer de la historia lo ayudó sin esperar nada a cambio; ¿acaso no era esa la respuesta?
Estaba tan feliz. La confusión y la lucha que había sentido hacía apenas unos instantes desaparecieron. Mi hijo también salió de su habitación en ese momento. Sonreí y le pregunté qué quería comer. Me dijo: «Mamá, comeré lo que prepares». Inmediatamente me puse a cocinar.
Mientras cocinaba, mi hijo regresó a su habitación e hizo dos llamadas telefónicas para concertar reuniones. Todo salió bien y consiguió el trabajo. Unos dos días después, empezó a trabajar oficialmente.
Más tarde, comprobé que desde el 12 de mayo hasta el día anterior a su llamada habían transcurrido exactamente 100 días. Reflexioné detenidamente sobre lo vivido durante esos 100 días y llegué a las siguientes conclusiones: Primero, durante esos 100 días, especialmente a través del comportamiento constante de mi hijo, fue como un espejo que reflejaba con claridad todos mis apegos, sin omitir ninguno. Sentí como si los mecanismos que Shifu me había dado —en especial el de corrección automática— se hubieran activado. Mediante las diversas acciones de mi hijo, pude identificar de inmediato mis apegos correspondientes. Entonces, el Fa aparecía en mi mente. Para los apegos más fuertes, recitaba el Fa más veces. Para los más leves, podía corregirme rápidamente. Lo que afloró fueron principalmente apegos a la fama, la ganancia y las emociones. Por muy intensos o fuertes que parecieran en la superficie, mientras los comparara con el Fa, no podían perdurar.
Segundo, con respecto a la deuda de mi hijo, negué rotundamente la persecución financiera que las viejas fuerzas ejercían sobre mi familia y sobre mí. Desde otra perspectiva, el comportamiento de mi hijo, pedir dinero prestado, jugar videojuegos, pedir comida a domicilio, comprar en línea no son casos aislados, sino que reflejan cambios más amplios en la sociedad. También expusieron por completo hasta qué punto mi pequeño universo se había desviado. Al mismo tiempo, Shifu sacaba a la luz mis peores aspectos para que pudiera mejorar en el Fa y comprender el principio de la plenitud armoniosa.
Tercero, estos 100 días fueron como un examen exhaustivo y completo, que me puso a prueba en todos los niveles sin dejar nada al azar. El propósito de la prueba era uno solo: ¿Tengo realmente una fe inquebrantable en Shifu y en Fa? De hecho, cada día y cada momento es una prueba.Me sentí como en un examen final, y el resultado era muy importante.
Conclusión
Estoy profundamente agradecida a Shifu por impartir con compasión Falun Dafa, el Fa que lo abarca todo, perfectamente armonioso, que guía a las personas de regreso a su verdadero origen— en estos tiempos finales y en este mundo caótico, donde muchos ya no creen en lo divino y los estándares morales han decaído. Nos ha dado esta oportunidad única en la eternidad para asimilarnos a Dafa y regresar a nuestro verdadero ser. Sé que no hay manera de recompensar la gracia ilimitada de Shifu, y también sé que Él sigue soportando inmensas dificultades por nosotros y por todos los seres conscientes. Lo que puedo hacer es tomar la cultivación y salvaguardar a Dafa como máxima prioridad, dedicar tiempo fijo para enviar pensamientos rectos de forma constante y, al mismo tiempo, hacer bien las demás acciones para validar el Fa. Caminaré con firmeza durante este período final y crucial, ya que se acerca el momento de encontrarme con Shifu.
Lo anterior es mi entendimiento personal de este período reciente. Si hay algo inapropiado, por favor, háganmelo saber con compasión.
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