(Minghui.org) La primera vez que oí hablar de Falun Gong fue cuando estaba en cuarto de primaria. Encontré un VCD sin etiqueta en el buzón de periódicos. Por curiosidad, lo reproduje. El disco contenía imágenes de la farsa de la autoinmolación en la plaza de Tiananmen. Como aún era bastante joven, simplemente lo vi sin entenderlo realmente ni formarme ninguna impresión, y después no le di mucha importancia.
Los medios de comunicación del Partido Comunista Chino (PCCh) estaban inundados de propaganda negativa sobre Falun Gong. Bajo el embate de este adoctrinamiento prolongado y unilateral, la mayoría de la gente estaba en contra de Falun Gong, y yo no era una excepción.
Mirando atrás, me doy cuenta de que esos pensamientos no provenían de un pensamiento independiente, sino que estaban moldeados por la opinión pública. La fe debería ser una cuestión de libertad personal, pero en aquel momento carecía de la capacidad para discernir la verdad.
Al crecer en China, se reforzaba constantemente la idea de que «amar a la patria» era sinónimo de «amar al Partido». La educación patriótica impregnaba muchas asignaturas, como la lengua china, la historia y la política, haciendo hincapié en la obediencia y la conformidad ideológica, y no animaba a los estudiantes a pensar de forma independiente.
Crecí en el sistema educativo del PCCh y creía todo lo que decían los libros de texto y los medios de comunicación del PCCh. Al igual que otros chinos, pensaba que China era poderosa y que el mundo exterior era hostil. Esta percepción no era fruto de una elección personal, sino del adoctrinamiento a largo plazo por parte del PCCh.
Tras graduarme, me fui al extranjero a estudiar y, por primera vez, vi a practicantes de Falun Gong desfilando pacíficamente. Esto contrastaba radicalmente con lo que me habían hecho creer: en China se presentaba a este grupo como «ilegal» y «peligroso». Fuera de China, los practicantes podían expresar sus opiniones de forma abierta y pacífica.
Más tarde, por un golpe de suerte, conocí a un practicante de Falun Gong. Al principio, todavía sentía cierta resistencia, debido a los años de propaganda a los que había estado expuesta. Tras escuchar las pacientes explicaciones de este practicante, poco a poco me di cuenta de que Falun Gong era completamente diferente de lo que me habían hecho creer.
Empecé a explorar y estudiar Falun Gong. En aquel momento, tenía mucha presión académica y me sentía ansiosa y estresada, pero al estudiar el Fa y practicar los cinco ejercicios, inesperadamente sentí una paz que hacía tiempo que había perdido, y mi estrés se redujo notablemente. Por primera vez, adquirí una comprensión completamente nueva de Falun Gong a través de mi propia experiencia personal.
Me mudé a Toronto, Canadá, y conocí a una practicante veterana, Dai. Debido a circunstancias personales, mi cultivación era esporádica, pero Dai me guió pacientemente a través del estudio y la reflexión sobre el Fa y me ofreció muchos recordatorios y sugerencias amables.
Ella me cuidó como una hermana mayor y me ayudó a comprender poco a poco la importancia de mirar hacia mi interior y cultivar mi carácter. A través de ella, conocí a otros practicantes, y todos nos animábamos y apoyábamos mutuamente en nuestro camino de cultivación.
Mirando atrás, me doy cuenta de que el cambio en mi forma de entender el mundo antes y después de estudiar en el extranjero no se produjo de la noche a la mañana, sino que se fue gestando poco a poco a través de la comparación constante, la reflexión y la experiencia personal.
Ciertas creencias en las que antes creía firmemente se desmoronaron una a una, a medida que me encontraba con información fidedigna y verdades históricas. El impacto psicológico de esta experiencia fue profundo, lo que me obligó a replantearme de raíz los fundamentos de mis creencias anteriores.
Como persona que creció en un entorno dominado por una única narrativa, soy muy consciente de que cambiar nociones profundamente arraigadas no es fácil. Por eso valoro la oportunidad que ahora tengo de ver la historia de forma racional y de pensar sobre los temas de manera independiente.
Practicar Falun Dafa no solo benefició mi mente y mi cuerpo, sino que también me enseñó a mantener la claridad y la compasión en el complejo mundo actual.
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