(Minghui.org) Comencé a practicar Falun Dafa antes del 20 de julio de 1999. Tengo 54 años y soy ama de casa. Estoy profundamente agradecida a nuestro compasivo y magnífico Shifu, quien me permitió salir de una existencia confusa y sin rumbo —impulsada únicamente por el egoísmo—  despertando gradualmente.

Me he transformado en un ser capaz de pensar en los demás, de considerar sus necesidades en mis acciones y de ser beneficiosa para quienes me rodean. ¡Me gustaría compartir un par de pequeños momentos de mi vida para expresar mi gratitud por la salvación compasiva de Shifu!

Cuando la consideración por los demás se convirtió en algo natural

Me gustaría contarles algo que sucedió hace unos años, cuando mi hijo aún estaba en la escuela secundaria. Una mañana, lo llevaba en coche a la escuela. El área justo afuera de la puerta de la escuela estaba llena de coches y gente, así que me orillé. Justo cuando me disponía a estacionarme, sentí un fuerte golpe: ¡bang! Se me encogió el corazón; sentí como si mi coche hubiera chocado con el de otra persona.

Le dije a mi hijo que se bajara y fuera a clase, y luego lo estacioné completamente. Al bajar, vi a una mujer —probablemente otra madre dejando a su hijo— que simplemente comentó: «Vaya, míranos a nosotras dos…».

Le dije: «Déjeme ver los daños de tu coche». Al inspeccionarlo, vi que la parte delantera izquierda estaba abollada; fue una colisión bastante seria. Le dije: «Espere aquí un momento». Entré en un supermercado cercano a pedir papel y bolígrafo, y luego le dije: «No tengo el móvil conmigo ahora, así que déjeme anotar su número. La llamaré en cuanto llegue a casa».

Cuando llegué a casa, la llamé enseguida, le pedí que reparara el coche y le dije que yo pagaría la factura. Después, me di cuenta de que ni siquiera había revisado el estado de mi propio coche. Fui a la cochera a echarle un vistazo, lo rodeé, ¡pero no tenía ningún daño!

Como la iluminación de la cochera era tenue, saqué el coche marcha atrás y volví a mirar por fuera. De hecho, sí que había marcas de impacto en la llanta trasera derecha, pero la carrocería y la pintura estaban intactas.

Me pareció extraño. Pensé que su coche estaba estacionado allí y que yo lo había golpeado, pero si fuera así, ¿cómo es que solo mi rueda trasera hizo contacto? Lo más probable es que no estuviera prestando atención, su coche empezó a moverse y me golpeó. En fin, ya está todo resuelto.

Más tarde, arreglaron su coche y la factura de la reparación fue de 300 yuanes. ¡Me sorprendió un poco otra vez! ¿Cómo podía ser tan poco? Mmm, creo que ahora lo entiendo. ¡Gracias, Shifu!

Ser bondadosa trae paz mental

El año pasado, justo antes del Año Nuevo Lunar, el extractor de mi estufa de gas dejó de funcionar. Era una estufa con campana extractora integrada que habíamos usado durante 10 años. El fabricante ya no produce este modelo y está discontinuado.

Compré una campana extractora lateral de otra marca, también un modelo combinado. El técnico vino a instalarla. Se llevó la vieja y yo usé un trapo para limpiar la grasa del suelo y las paredes, así como la suciedad del interior del mueble por donde pasa el conducto de ventilación. Mientras montaba la nueva campana, charlamos sobre la vida cotidiana. Él era del campo, no tenía pensión y su hijo estaba en edad de casarse, pero aún no tenía novia.

Hablamos de la corrupción en el Partido Comunista Chino (PCCh), de campañas políticas pasadas, de las nefastas políticas de confinamiento durante la pandemia, y le conté la verdad sobre Falun Dafa. Le ayudé a renunciar el PCCh y organizaciones afines, y nos hicimos amigos. Cuando se fue, le di un folleto que yo había preparado con antelación y que halaba de la verdad.

Al día siguiente, nuestra familia y amigos se reunieron para comer. Después de terminar, volví a mi coche para revisar mi teléfono, que había dejado dentro. Encontré varias llamadas perdidas, todas del técnico de instalación, además de un mensaje de texto. Me explicó que, mientras trabajaba en casa de otro cliente, se dio cuenta de que había dejado dos herramientas en mi casa: un detector de fugas y una pistola de espuma. Le devolví la llamada inmediatamente para disculparme por no haber contestado sus llamadas, explicándole que había dejado el teléfono en el coche. Entonces mencionó que aún le debía 100 yuanes por el desmontaje.

Le respondí: «Pensé que esa cantidad estaba incluida en el pago final que le hice ayer». Insistió en que no lo estaba. Así que le dije: «En ese caso, le pagaré cuando venga a recoger sus herramientas». Llegué tarde a casa ese día. Tras buscar, encontré la pistola de espuma, pero el detector de fugas no aparecía por ningún lado. Le envié un mensaje explicándole que no lo encontraba y preguntándole si lo habrían tirado a la basura por accidente. Me ofrecí a comprarle uno nuevo.

A la mañana siguiente, lo llamé y vino enseguida. Le di 100 yuanes. Me dio las gracias. Le dije: no encontré el detector de fugas; no está aquí. Le compraré uno nuevo, ¿cuánto cuesta?, le pregunté. No hace falta, me dijo. Después de despedirnos, abrió la puerta y se fue.

Menos de un minuto después de cerrar la puerta, volvió a golpearla. Pensé: ¿Y ahora qué?  Abrí la puerta y lo encontré con el detector de fugas en la mano, diciendo emocionado: ¡Hermana, lo encontré! Estaba en la nieve. Lo miré y, efectivamente, todavía tenía nieve. Solo quería avisarle para que no se preocupara. Le dije: gracias por avisarme que lo encontró. De otro modo me habría sentido terrible.

Al cerrar la puerta y entrar, sentí una paz inmensa. ¡Resulta que pensar en los demás es maravilloso! Pero entonces me surgió otra pregunta: ¿Cómo había acabado esa varita transparente en el montón de nieve? ¿Cómo él la había visto? —¡Gracias, Shifu!