(Minghui.org) Rong es una practicante de Falun Dafa. Su suegra, Ying, tiene 102 años y ha superado varias enfermedades en los últimos años, lo que ella atribuye a las bendiciones de Falun Dafa. Ying suele compartir con los demás: «Me siento verdaderamente bendecida por Dafa. Gracias a que Shifu me cuida, he podido vivir hasta hoy. ¡Estoy sinceramente agradecida a Shifu!».

Rong es la nuera más joven de Ying y lleva más de veinte años practicando Falun Dafa. A menudo le decía a Ying que recitara con sinceridad las frases auspiciosas de Falun Dafa: «Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno», sobre todo cuando Ying no se encontraba bien.

A los 95 años, Ying resbaló un día y se cayó, fracturándose la cabeza del fémur en el muslo. Debido a su avanzada edad, el hospital se negó a operarla y le aconsejó que descansara en casa. Como resultado, perdió la movilidad y quedó confinada a una silla de ruedas. El marido de Rong se llevó a Ying a su casa para cuidarla, mientras que Rong se quedó con uno de sus hijos para cuidar de los nietos.

Sin embargo, tanto Ying como el marido de Rong contrajeron el COVID durante la pandemia. El resto de la familia temía contagiarse, por lo que ninguno de ellos fue a visitarlos ni a ofrecerles ayuda. Cuando Rong regresó a casa para cuidar de ellos, se encontró con que Ying estaba tan débil que ni siquiera podía levantar la cabeza, ni comer ni beber. El marido de Rong, de unos 70 años, también estaba al borde del colapso. Rong les puso los programas de audio producidos por los practicantes en un pequeño altavoz y les dijo que recitaran con sinceridad las frases auspiciosas de Dafa.

Cuando la situación de su marido se volvió muy grave, ella le instó a pedir ayuda a Shifu. En cuanto lo hizo, tuvo inmediatamente una visión de Shifu sentado sobre una gran flor de loto que flotaba en el aire, con una mano levantada, asintiendo con la cabeza y esbozando una suave sonrisa. Al instante sintió que su cuerpo se volvía más ligero y los síntomas del COVID desaparecieron. Esta experiencia extraordinaria reforzó su fe en Dafa. Cuando expresó su gratitud a Rong por haberlos salvado a él y a su madre, Rong le recordó que fue Shifu quien los salvó, y que su fe sincera en Dafa les había traído bendiciones.

Todos los miembros de la familia de Rong se habían vacunado contra el COVID, excepto ella, y, sin embargo, casi todos contrajeron el virus. A pesar de no haberse puesto ni una sola dosis de la vacuna ni haber evitado el contacto con personas infectadas, ella se mantuvo en excelente estado de salud. Toda su familia fue testigo del carácter milagroso de Dafa y todos se maravillaron ante su poder.

En otoño de 2025, la segunda hija de Ying la llevó a casa para que viviera con la familia. Sin embargo, su salud se deterioró rápidamente dos semanas después de mudarse, y entró en coma. Incapaz de comer o beber nada durante tres días, sus hijos temieron que se acercara el final de su vida y la trasladaron a una residencia de ancianos, donde contrataron a una cuidadora para que la atendiera. Su familia comenzó a prepararse mentalmente para su funeral.

Cuando Rong se enteró de la noticia, se apresuró a ir a visitar a Ying. Sentada junto a su cama, le dijo con delicadeza que siguiera recitando las frases auspiciosas de Dafa. Al cabo de un rato, Ying, que había estado en coma, pareció haberla oído y se despertó. Las primeras palabras que pronunció al abrir los ojos fueron dirigidas a Rong: «Me has traído suerte otra vez». Rong le recordó que atribuyera su recuperación a Dafa y Shifu. Ying les repitió a sus hijos que había sido bendecida por Shifu y Dafa.

Aproximadamente un mes después de recuperar la conciencia, Ying se cayó de la cama una noche. Afortunadamente, solo se hizo un pequeño rasguño en la frente que sangraba. La cuidadora se sintió aliviada y se lo comunicó a la familia a la mañana siguiente. Rong recordó a los demás familiares que no culparan a la cuidadora. La herida de la frente de Ying se curó en tres días. Al ver el amuleto de Dafa de Ying a su lado en todo momento y ser testigo de su recuperación, la cuidadora desarrolló una fuerte fe en Dafa y le pidió a Rong un amuleto para ella.

Ahora, a sus 102 años, Ying disfruta de la vida al máximo y juega a las cartas dos horas al día. A veces, incluso a su cuidadora le cuesta seguirle el ritmo. Ella siente de verdad que se ha beneficiado de repetir las frases auspiciosas de Dafa.