(Minghui.org) Comencé a practicar Falun Dafa hace 26 años, cuando era joven. Recientemente retomé la práctica y atesoraré el tiempo que Shifu me concedió y me esforzaré por cultivarme bien.

Mis familiares se recuperaron de enfermedades graves.

Estudié mucho cuando era joven. Creía en todo lo que me enseñaban en la escuela, incluyendo el ateísmo y la evolución. Mi madre padeció varias enfermedades crónicas y tuvo que ir al hospital con frecuencia desde que yo estaba en la escuela primaria. Pasé mis años de secundaria con ansiedad y preocupación.

Me esforcé mucho, esperando que mis buenas notas me trajeran alegría. Pero no me fue bien en el examen de ingreso a la universidad. La gran decepción me hizo pensar que estaba destinada a tener mala suerte. Asistí a una escuela de menor prestigio. Cuando a mi madre le diagnosticaron leucemia, mi familia intentó ocultármelo, pero por sus expresiones pude ver lo grave que estaba.

Mi tía les presentó Falun Dafa a mis padres, diciéndoles que mejoraría su salud y que no necesitarían medicamentos ni inyecciones. Pero influenciada por el ateísmo y la evolución, me negué a creer que la salud pudiera recuperarse sin tratamiento médico.

Mis padres me dijeron que Falun Dafa era bueno y me mostraron los vídeos de las conferencias de Shifu, pero me negué a escuchar. Discutí con ellos y luego me fui a la universidad.

Cuando más tarde presencié la milagrosa recuperación de mi madre, sentí una inmensa gratitud hacia Shifu y Falun Dafa por haberla salvado a ella y a mi familia. Les comenté a mis compañeros que Falun Dafa era bueno, pero aún no quería practicar. Una mañana de abril de 1999, vi el lugar de práctica y el emblema de Falun en el parque cerca de la entrada de la escuela. Pensé: «No lo había visto antes. Iré mañana».

Por la mañana, fui al lugar de práctica, donde conocí a un hombre con quien más tarde me casé. Él pacientemente me enseñó los ejercicios. Después comprendí que era un arreglo de Shifu. Al principio no sabía qué era la cultivación y solo quería ser una buena persona. La persecución comenzó tres meses después de que empecé a practicar.

Deje de cultivarme

La persecución contra Falun Dafa comenzó el 20 de julio de 1999. Estaba lejos de casa, asustada y no sabía qué hacer. Decidí seguir practicando. Por suerte, mi esposo me apoyó y me animó. Pero ambos llevábamos practicando solo unos meses, así que nos faltaba una base sólida para comprender realmente la importancia de Falun Dafa o lo que significaba cultivarlo. No eliminamos de forma activa nuestros apegos y tomamos muchos desvíos.

Mi esposo dejó caer accidentalmente material informativo de Dafa en el trabajo y un compañero lo denunció. Su empresa lo sometió repetidamente a sesiones de lavado de cerebro y, finalmente, lo enviaron a un campo de trabajo forzado. En ese entonces, nuestro hijo tenía solo unos meses y yo me quedé con él en casa de mi madre. La policía me interrogó durante horas y me obligó a abandonar la casa de mi madre y regresar a mi casa en la ciudad.

Mi empresa quería rescindir mi contrato cuando mi esposo y yo nos casamos. Me negué. Después, eliminaron mi puesto y redujeron mi sueldo a unos 200 yuanes al mes para obligarme a renunciar. La preocupación económica, la detención de mi esposo, el cuidado de nuestro bebé y el acoso policial me sometieron a una enorme presión.

Cuando mi hijo tenía un año, un practicante no pudo soportar la presión y reveló la residencia de mi suegra. La policía irrumpió y confiscó todos los libros de Dafa y la foto de Shifu. Arrestaron a mi suegra y amenazaron con arrestarme a mí y llevar a mi hijo a un orfanato.

Tenía poco más de veinte años y no pude soportar la enorme presión. No podía estudiar los principios del Fa sin el libro Zhuan Falun, que la policía me confiscó. No podía conectarme a internet por miedo a ser vigilada. Poco a poco me fui alejando de Dafa. Quería evitar el acoso y la persecución y vivir una vida tranquila. Aunque sabía que Dafa era bueno, dejé de practicarlo durante diez años.

El regreso a la cultivación

Llevaba una vida normal, pero no era feliz. Empecé a tener problemas de salud, incluyendo taquicardia, y me hospitalizaban con frecuencia. Me sentía mal, pero el médico no encontraba la causa. Las cosas no iban bien ni en el trabajo ni en la casa. Estaba decepcionada y me sentía vacía. No sabía qué sentido tenía la vida.

Mi suegra estaba muy preocupada al ver que mi esposo y yo habíamos abandonado la práctica. Me animó para que valorara la oportunidad y retomara la práctica. Siguiendo las repetidas señales de Shifu, comencé a practicar de nuevo en 2013. Me sentí muy animada al ver a practicantes de otros países realizando los ejercicios abiertamente en parques durante mis viajes al extranjero. Decidí retomar la práctica con seriedad. Me centré en el estudio del Fa y descubrí que podía aprender algunos de sus principios, profundizando más allá de su significado superficial.

Cuando leí el poema del Shifu:

“Largo y penoso tiempo, con relaciones predestinadas de miles de vidas
Conectadas todas por el hilo de Dafa
En medio de las tribulaciones el cuerpo de oro es refinado
Por qué pasos tan lentos y pausados”
(El difícil camino hacia el estado divinoHong Yin II)

Me conmovió profundamente y comprendí lo que Shifu deseaba para nosotros. Shifu dijo: “Yo no deseo nada; sólo he venido a salvarlos. Sólo deseo que sus corazones sean virtuosos y quiero que se eleven.”(Conferencia en Sídney).

Lloré al sentir la inmensa benevolencia de Shifu. Fortalecí mi determinación de cultivarme y dejé de temer a las tribulaciones. Shifu me permitió comprender los principios del Fa a mi nivel, y así entendí lo que es la verdadera cultivación.

Cambié mi mentalidad de baja autoestima. Valoré el ambiente de estudio de Fa y trabajé duro para ponerme al día.

Cuando mi paciencia flaqueaba durante las pruebas, las soportaba con lágrimas. Pero sabía que debía cumplir con los requisitos para ser un verdadero practicante. Shifu dijo: «Difícil de soportar, se puede soportar; difícil de hacer, se puede hacer». (Novena Lección, Zhuan Falun). Comprendí los arreglos de Shifu después de superar cada prueba.

Cuando empecé a centrarme en ver hacia adentro, descubrí que muchas personas o cosas que antes me molestaban eran triviales. Busqué mis propios apegos y los eliminé, y dejé de preocuparme tanto por si tenía razón o no. Solía sentir resentimiento hacia las tareas laborales: me sentía capaz, pero me sentía reprimida. El trabajo que me asignaban era estresante, difícil y complicado de resolver. No me asignaban tareas que realmente requirieran habilidades técnicas o que fueran importantes desde el punto de vista financiero. Sentía que no tenía forma de alcanzar el objetivo de ventas anual que me habían impuesto.

Me di cuenta de mi estado cuando afloraron mi insatisfacción y mi ansiedad. Percibí mis deficiencias en la cultivación. Pensaba que me había deshecho de mi apego al interés propio y a la envidia. Resultó que seguían siendo bastante fuertes.

Cuando entendí la situación desde la perspectiva de los principios del Fa, me esforcé por eliminar mis apegos. Me animé repetidamente a seguir los requisitos de un cultivador, por difícil que fuera. Poco a poco, recuperé la paz interior. Durante los últimos tres años, recibí inesperadamente grandes pedidos y alcancé mi objetivo anual. Mis compañeros comentaron que simplemente realicé mi trabajo con serenidad y obtuve buenos resultados.

La empresa intentó mejorar su funcionamiento y despidió a varias personas. Gracias a la ayuda de Shifu, mi trabajo se mantiene estable. Dafa me transmitió sabiduría. Trabajé con eficiencia y mis compañeros estaban satisfechos conmigo.

Superé mi timidez y aclaré la verdad a mis compañeros de trabajo y a mis amigos, animándolos a renunciar el Partido Comunista Chino (PCCh). Después de hacerlo, su vida laboral y familiar se normalizó.

Un compañero de trabajo adulto mayor tuvo un problema cardíaco durante el confinamiento por la COVID-19 y fue hospitalizado. Le diagnosticaron un infarto y tuvieron que trasladarlo a un hospital de mayor tamaño. Debido a la pandemia, los hospitales estaban saturados.

Tuvo mucha suerte y fue ingresado en un hospital especializado. Se recuperó rápidamente después de haberle implantado un catéter. Le envié un mensaje de texto pidiéndole que recitara: «Falun Dafa es bueno. Verdad, Benevolencia, Tolerancia son buenos». Lo visité después del confinamiento y le pregunté si aún conservaba el colgante de flor de loto que le había dado. Me respondió: «Siempre lo he conservado. Está en mi cartera».

En otra ocasión, una adulta mayor se desmayó al borde de la carretera. Alguien llamó a una ambulancia, pero no llegó. Superé mi miedo, me arrodillé junto a ella y le dije en voz baja: «Por favor, recita “Falun Dafa es bueno. Verdad, Benevolencia y Tolerancia son buenas”, y estarás a salvo». Lentamente abrió los ojos mientras yo seguía recitando los versos. Recuperó la consciencia a los pocos minutos, cuando llegó la ambulancia.

No he sido diligente; mi cultivación fue lenta y tuve muchas tribulaciones. Afortunadamente, Shifu arreglo que otros practicantes me animaran, y Minghui.org me permite comunicarme con practicantes de todo el mundo. Finalmente comprendo por qué obtuve los principios del Fa en esta vida y cuál es mi misión. Cultivaré con dedicación y ayudaré a retomar la cultivación a quienes se han desviado del camino, como me paso a mí. Atesoraré el tiempo que Shifu me concedió para cultivarme y hacerlo bien.

Falun Dafa purificó mi corazón y me renovó. ¡Estoy muy agradecida con Shifu!