(Minghui.org) Mi hermano mayor nació en 1964. La gente de su edad estaba profundamente adoctrinada por la cultura del Partido Comunista Chino (PCCh). Recuerdo que un día, cuando le expliqué la verdad sobre Falun Dafa, se enfureció y gritó: «Si sigues hablando de esto, iré a la comisaría y te denunciaré». En aquel momento, sentí mucha pena por él.
En abril de 2024, me enteré de que mi hermano sufría de un fuerte dolor de espalda. Apenas podía enderezarse y caminaba encorvado.
Él es taxista y, como es el sostén de la familia, su familia se encontraría en una situación muy difícil si su estado de salud no mejoraba.
Como practicante de Falun Dafa, sé que el Fa sostiene principios muy altos. Así que llamé a mi hermano y le dije: «Hermano, oí que tienes un fuerte dolor de espalda. Si los tratamientos convencionales no te mejoran, ¿por qué no intentas seguir los principios divinos?». Me escuchó, pero no dijo nada.
Le dije: «Ya te he comentado que los hospitales no pueden resolver muchos problemas de salud. Intenta recitar: “Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno”. Empieza hoy mismo. Antes de acostarte, recita estas dos frases auspiciosas con toda sinceridad. Repítelas cien veces, aunque tengas sueño».
Esa noche, mi hermano hizo lo que le sugerí y recitó las dos frases 100 veces. Entonces ocurrió un milagro.
A la mañana siguiente, después de levantarse, les contó a más de 30 personas de nuestro grupo de chat lo que había experimentado.
Anoche, cuando me quedé dormido, oí a un hombre decirme: «Así que tienes dolor de espalda. Te ayudaré». Por la mañana, todavía me dolía mucho la espalda. Cuando fui al baño, me costaba agacharme y levantarme.
Sin embargo, al ponerme de pie, sentí de repente una sensación de hormigueo que me recorría la parte baja de la espalda, bajaba por los muslos y las pantorrillas, hasta llegar a los pies, donde salía y desaparecía. Mi espalda se enderezó y el dolor desapareció. Volví a la normalidad por completo.
“Si no me hubiera pasado a mí, jamás habría creído que pudieran existir cosas tan milagrosas en el mundo”.
Hoy en día, mi hermano sigue trabajando como taxista, conduciendo casi 300 kilómetros diarios, sin sufrir dolores de espalda.
En el pasado, cada vez que mencionaba a Shifu, siempre se refería a él por su nombre de manera irrespetuosa, y cada vez que lo hacía, lo interrumpía en un tono serio.
Ahora, cuando me habla de Shifu, se refiere a él como "tu Shifu" con respeto porque sabe que fue Shifu quien lo salvó del dolor y la desgracia.
Gracias, Shifu, por su misericordiosa salvación.
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