(Minghui.org) Desde niña, me sentí sola, indefensa y profundamente abatida; no comprendía el sentido de la vida. Incluso de adulta, seguía sin entender por qué la gente lucha toda su vida solo para terminar convertida en polvo. Visitaba con frecuencia montañas y templos famosos, buscando una forma de evitar renacer como humano en la próxima vida. En aquellos días, me postraba y veneraba cada vez que veía una estatua de Buda, pidiendo bendiciones que me ayudaran a alcanzar la iluminación espiritual. Incluso adquirí varias estatuas de Buda para mostrarlas en mi casa.

Durante una reunión de empresa por Año Nuevo en 2004, le pregunté a una compañera, practicante de Falun Dafa, cuál era la relación entre Falun Dafa y Buda. Me respondió que Falun Dafa es el Fa del Buda. Al oír esas palabras, sentí una oleada de calidez y comprendí al instante que aquello era algo extraordinario. Al día siguiente, conseguí ejemplares de Zhuan Falun Hong Yin y comencé a practicar Falun Dafa. Desde ese momento, me liberé por completo de la enfermedad y sentí como si me hubieran dado una nueva oportunidad en la vida.

Una experiencia milagrosa

Cuando comencé a practicar Dafa, las entidades a las que antes veneraba empezaron a perseguirme y atacarme en sueños. Algunas aparecían como fantasmas o demonios, mientras que otras tomaban la forma de Bodhisattvas, aunque eran completamente negras. En un sueño, mientras me perseguían de nuevo y parecían a punto de atraparme, vi de repente una figura dorada que se alzaba imponente ante mí. Vestido con una armadura dorada, su aspecto era majestuoso e imponente. Inmediatamente corrí hacia él y me refugié tras él. Al ver esta figura dorada, las entidades que me habían estado persiguiendo se alinearon al instante. Entonces, con un estruendoso golpe, una tras otra, cayeron de rodillas y se postraron en señal de adoración. No sé qué fue de ellas, pero desde ese momento, jamás volvieron a molestarme.

Mi esposo, mi cuñado y yo fuimos a atender algunos asuntos. Los dos hombres caminaron delante, mientras yo los seguía. De repente, dos figuras parecidas a sacerdotes taoístas aparecieron ante mí, vestidos con largas túnicas grises. Juntaron sus manos en señal de saludo. Mirando hacia arriba, al espacio justo encima de mi cabeza, con expresiones de asombro absoluto, exclamaron repetidamente: «¡Qué extraordinario! ¡Qué verdaderamente extraordinario!». Estaba perpleja, pues llevaba menos de dos años practicando la cultivación. Después de caminar unos metros más allá de ellos, me giré para mirarlos. Ellos también se habían vuelto para mirarme, pero seguían con las manos juntas en señal de saludo. Mi esposo y mi cuñado también presenciaron esto, aunque no podían comprender el motivo. Preguntaron: «¿Será que estos dos sacerdotes taoístas perciben que posees una buena cualidad innata y desean tomarte como discípula?».

Respondí: "¿Cómo es posible? Ahora soy practicante de Dafa". Solo después comprendí que debían haber visto el Cuerpo de Ley de Shifu flotando sobre mí, protegiéndome en todo momento. Sentí, con absoluta claridad y certeza, que Shifu estaba realmente allí, a mi lado.

La guía de Shifu

Una mañana, al comienzo de mi camino de cultivación, mi esposo, que rara vez pierde los estribos, estalló de ira contra mí. No logré mantener mi xinxing y me sentí profundamente desalentada. Por un lado, sentí que estaba siendo completamente irracional, y por otro, comencé a dudar de mí misma, preguntándome si alguna vez sería capaz de aprobar alguna de mis pruebas en mi cultivación, o si siquiera estaba hecha para la cultivación. Me senté allí sintiéndome completamente abatida. Entonces, como en un sueño, me vi arrodillada ante la imagen de Shifu. De repente, una Bodhisattva emergió de la imagen y me dijo: «Déjame decirte dos cosas: En todo lo que hagas, debes considerar primero a los demás». (Olvidé la segunda frase). Luego voló de regreso a la imagen de Shifu. Al ver que no estaba alcanzando la iluminación en los principios de Dafa y que no cultivaba con diligencia, Shifu envió a la Bodhisattva para ofrecerme guía.

Una tarde, planeé salir a colgar un cartel que decía “Falun Dafa es bueno”. Sin embargo, estaba un poco nerviosa porque iba sola. Decidí que primero debía estudiar los principios del Fa por un momento. Casualmente, había una copia de Hong Yin IV sobre la mesa. La abrí sin pensarlo mucho y me encontré con un poema:

“Dioses y fo en el mundo
El sol naciente irradia rayos rosas, dispersando las nubes flotantes
Pensamientos rectos, mente amplia disuelven el peligro”
(Copla, Hong Yin IV)

Al instante, pensamientos de rectitud me invadieron. Comprendí que Shifu está al lado de los cultivadores en cada momento. Esa noche, mientras contemplaba el cartel de aclaración de la verdad que acababa de colocar, mi corazón se llenó de una gratitud infinita hacia Shifu.

Protección de Shifu

Una tarde, mientras colocaba carteles con información de aclaración de la verdad en mi complejo residencial, un empleado de la administración me siguió y me acorraló en la escalera de un edificio de apartamentos. Inmediatamente, en mi mente, pedí ayuda: «¡Shifu, sálvame!». El hombre, de unos treinta años, era corpulento e imponente, con una mirada amenazante. Intenté aclararle la verdad, pero se negó a escuchar y sacó repetidamente su celular para manejarlo, como si fuera a llamar. Mientras suplicaba en silencio a Shifu que me ayudara, envié pensamientos de rectitud, pensando: «No tiene permitido tocarme». Le dije: «Todo ser humano posee un lado iluminado. Si comprendes la verdad, puedes salvarte; ¿por qué no escuchas?».

Para mi sorpresa, replicó: «No te molestes en intentar salvarme. No merezco que me salves». Después de un breve silencio, dijo: «Mira, si aceptas una condición, te dejaré ir». Le pregunté cuál era la condición, pero guardó silencio. Sospeché que me pedía dinero, pero decidí que no le daría ni un céntimo. Inesperadamente, dijo que, si le permitía tocarme la mano, me dejaría marchar.

Le respondí con firmeza: «¡De ninguna manera!». Apuntándole directamente con el paraguas que sostenía, le advertí: «Como puede ver, la gente entra y sale. Si se atreve a comportarse de forma inapropiada, llamaré a la policía de inmediato». Luego saqué mi teléfono celular. Gotas de sudor fino brotaron en su frente y en la punta de su nariz. Su expresión se volvió feroz y comenzó a jadear con dificultad. Justo en ese momento, miré a través de la puerta de cristal y vi un camión de reparto estacionarse justo afuera, con varios hombres preparándose para descargar.

En un susurro de pánico, dijo: «¡No hagas ruido! Mi supervisor está aquí. Me está buscando». Me di cuenta de que Shifu me estaba ayudando. Abrí rápidamente la puerta y salí.

Justo en ese momento, un taxi se acercaba. Después de subir al taxi, el conductor me preguntó: "¿Sabe dónde está la salida? Este complejo residencial es enorme. He dado varias vueltas y todavía no encuentro la salida".

Al regresar a casa, tenía la intención de arrodillarme ante la foto de Shifu para agradecerle su protección, pero me daba demasiada vergüenza enfrentarlo. Comprendí que mi propia lujuria había propiciado la interferencia. Tenía la costumbre de arreglarme y me gustaban las marcas de diseñador y los artículos de lujo. Me quedé allí, abrumada por la tristeza, llorando sin cesar, hasta que mi hija llegó a casa. Ese día estaba especialmente alegre; me mostró un cuaderno que su maestra le había dado como premio por su buen comportamiento. Me dijo que me lo daría a mí. En ese momento, sentí que Shifu me animaba a priorizar mi cultivación. Debía afrontar todo lo sucedido con una sonrisa y usarlo para mejorar, en lugar de llorar, pues la prueba había terminado y algo así no volvería a ocurrir.

Cuando miro hacia adentro sobre mi camino de cultivación, recordando cómo Shifu ha permanecido constantemente a mi lado, dándome protección benevolente, guía y aliento, no puedo evitar conmoverme hasta las lágrimas.

Una vida feliz

¡Soñé que Shifu venía a mi casa! En el sueño, me sentía profundamente emocionada. Shifu comió la misma comida sencilla y humilde que mi familia. Interiormente, sentí una profunda ansiedad y vergüenza. Al despertar, decidí venerar una imagen de Shifu. Sin embargo, conseguir una imagen de Shifu era extremadamente difícil en aquel entonces. Al día siguiente, un practicante y yo salimos a atender algunos asuntos. El practicante era dueño de una propiedad desocupada, y el vecino de arriba había llamado diciendo que su apartamento se había inundado, pidiéndole al practicante que revisara si la filtración había llegado a su vivienda. Nos apresuramos a ir, ya que sabíamos que otro practicante, que estaba fuera de la ciudad, había guardado allí una caja de libros de Dafa. Al abrir la caja, también encontramos una gran imagen del Shifu dentro. Estaba inmensamente emocionado, llena de una gratitud infinita hacia Shifu por haber cumplido el sincero deseo de su practicante.

En la primera conferencia de Fa que leí, Shifu dijo: “En la cultivación tú quieres verme, pero en realidad estoy justamente a tu lado”. (Exponiendo el Fa en el Fahui de Houston) Al instante rompí a llorar. Shifu sabe que sus practicantes anhelan verlo. De hecho, todos los practicantes de Dafa anhelan ver a Shifu. Por lo tanto, Shifu ha dicho con Benevolencia en muchas ocasiones:

«... Pero aunque ustedes no puedan verme personalmente, mientras practiquen la cultivación, yo estoy junto a ustedes. Mientras practiquen la cultivación, puedo responsabilizarme de ustedes hasta el final; más aún, estoy cuidándoles a cada momento…» (Exponiendo el Fa en Nueva York, EXPONIENDO EL FA EN LOS ESTADOS UNIDOS)

Cada vez que leía estas lecciones, no podía contener las lágrimas, aunque no sabía explicar bien por qué. Estoy profundamente agradecida con Shifu por permitirme convertirme en el ser más bendecido y afortunado de todo el universo. Le agradezco a Shifu por velar constantemente por mí, ser mi guía y estar a mi lado. La única manera de corresponder a esta bondad es cultivar con valentía y diligencia, hacer bien las tres cosas y, así, demostrar que soy digna del sagrado título de practicante de Dafa.