(Minghui.org) Soy una mujer de una aldea. Gozo de buena salud desde que practico Falun Dafa, y mi familia también se benefició, incluyendo a mi esposo, mis dos hijas y nuestro nieto. Vivimos una vida feliz. Entiendo por qué las personas vinieron a este mundo y cuál es el significado de ser un humano. También creo que las personas deben seguir las características del universo: Verdad-Benevolenci-Tolerancia, para ser buenas.

El Partido Comunista Chino (PCCh) comenzó a perseguir a Falun Dafa el 20 de julio de 1999. La policía, funcionarios de nuestro municipio y de la aldea visitaron los hogares de todos los practicantes de Falun Dafa y nos prohibieron practicarlo. Nos llevaron a la División de Seguridad Nacional del Condado, donde estuvimos detenidos un día y dos noches. No nos liberaron hasta que nuestras familias se vieron obligadas a pagar 200 yuanes (29 dólares). Luego nos llevaron a un centro clandestino de lavado de cerebro del gobierno municipal y nos detuvieron durante seis días. También arrestaron a mi esposo y le ordenaron que me obligara a renunciar a Falun Dafa. Nada podía hacerme cambiar de opinión, sin importar los métodos que emplearan.

A partir de entonces, antes de las fechas importantes para el PCCh, la policía solía acudir a los hogares de los practicantes para detenerlos o acosarlos. Nuestras familias y los vecinos del pueblo se preocupaban por nosotros cada vez que veían entrar coches de policía en la aldea.

Jamás imaginé que una práctica tan maravillosa, que enseña a la gente a ser buena y beneficia tanto a la población como al país, pudiera ser objeto de persecución. Quería ir a Beijing para pedir que se hiciera justicia para Falun Dafa. Quería contarle al gobierno lo que me había sucedido, cómo Falun Dafa enseña a valorar la virtud y a realizar buenas obras, y cómo esta práctica puede mejorar la salud y ahorrar en gastos médicos.

Mi hermano menor y yo tomamos un tren a Beijing, pero la policía nos interceptó en la parada siguiente a la capital de nuestra provincia. Nos detuvieron ilegalmente en la comisaría de la estación de tren durante dos días. Más tarde, funcionarios del gobierno de nuestro municipio nos recogieron, nos llevaron de vuelta y nos retuvieron en el centro clandestino de detención local.

Practiqué los ejercicios de Falun Dafa, y el guardia ordenó a unas drogadictas que me golpearan. Una de mis costilla estaba rota, mis ojos  hinchados y tenía un gran bulto en la espalda. Los guardias y las drogadictas también nos insultaron. Yo no les devolví los golpes ni les respondí con insultos.

La noche del segundo día, una drogadicta me dio una patada tan fuerte que me desperté. Ella, sin embargo, se quejó de dolor en el pie. Luego les dijo a otras dos drogadictas que me patearan. Ambas dijeron: «Nos duelen los pies cuando la pateamos, así que no lo haremos». Pasada la medianoche, la reclusa que me había golpeado lloró desconsoladamente y gritó: «Me duele todo el cuerpo». También tiró su edredón a un lado.

Sentí lástima y tristeza por ella, y pensé: "¿Acaso no actuaste con crueldad hacia un practicante de Falun Dafa?". Pero enseguida me di cuenta de mi error: "Yo practico Falun Dafa; Shifu nos enseña a ser tolerantes. Mi pensamiento no fue amable y debo eliminarlo. Ella fue engañada por las mentiras difundidas por el espectro comunista, y por eso odia tanto a los practicantes de Falun Dafa".

Me acerqué y la cubrí con la manta. Al verme, me dijo: «Déjame en paz, me estoy muriendo». Le dije: «Debes valorar tu vida. Shifu dijo que no es fácil venir a este mundo; adquirimos un cuerpo humano una vez cada cientos o miles de años, así que debes cuidarlo». Ella me dijo: «Por favor, cuéntame más. Me siento mucho mejor después de escuchar lo que dijiste».

Al mediodía del día siguiente, volvió a llorar desconsoladamente. Se golpeó la cabeza contra la pared y dijo: «¡Hermana Li, lo siento muchísimo! He golpeado a tanta gente y nunca he derramado una lágrima. Te golpeé, pero no me guardaste rencor. Al contrario, incluso me cuidaste».

Le dije: «Shifu me enseña a hacerlo. Ustedes son las verdaderas víctimas. Han sido engañadas por las mentiras del espectro comunista y se les ocultó la esencia de la humanidad, lo que les impidió comprender de qué se trata Falun Dafa». Ella lloró y dijo: «Hermana Li, si hubieras estado a mi lado antes, no me habría convertido en esto».

Un funcionario de la procuraduría me dijo: «Señorita, escriba pronto una declaración de renuncia y podrá ser puesta en libertad». Como él era mayor, lo llamé «Tío Li». Le dije: «Tío Li, antes era muy irascible y siempre insultaba a la gente. Mi Shifu me enseñó a ser buena persona y mejoré mi carácter. Ahora me pide que escriba una declaración de renuncia. ¿Acaso quiere que me arrepienta de haber sido buena y me convierta en mala persona?».

Después de escucharme, no dijo nada. Debió darse cuenta de que estaba equivocado. Al día siguiente, me dijo de nuevo: «Si es bueno, practica en casa y no se lo cuentes a nadie». Le respondí: «Shifu me enseña a ser una buena persona. Si veo a alguien en peligro, debo decirle cómo escapar. Si sé que alguien está en peligro, pero no se lo digo, ¿cómo puedo ser considerada una buena persona?». No contestó.

Un guardia se me acercó con un palo de bambú, con la intención de golpearme. Mientras caminaba, me preguntó: «Tú, dime si Falun Dafa es bueno o no». Le respondí: «Falun Dafa es bueno». Las demás reclusas se preocuparon por mí. Sin embargo, al oír mi respuesta, el guardia tiró el palo y dijo: «Hoy me he topado con alguien muy testarudo», y se marchó. ¡Supe que el benevolente y gran Shifu me había protegido! ¡Gracias, Shifu!

La noche del decimoséptimo día después de que me rompiera la costilla, tuve un sueño: mi cuñada y mi hermana mayor me trajeron un tazón de medicina china. Mi cuñada me dijo: «Te rompiste la costilla; si bebes este tazón de medicina china, tu hueso sanará». Le respondí: «Soy practicante y Shifu me cuida». Vertí el contenido del tazón de medicina china. Entonces desperté.

Mi costilla sanó a la mañana siguiente. Fue Shifu quien me volvió a unir las costillas.

Les conté esta experiencia a mis seres queridos y me dijeron que era como un cuento de hadas. Y, en efecto, es un cuento de hadas que se está haciendo realidad hoy en día. Todas las personas a mi alrededor son testigos de los efectos milagrosos de Falun Dafa.