(Minghui.org) Mi vecina, Wang Hong (seudónimo), tiene más de 70 años y nunca ha ido a la escuela. Creció como una mujer de pueblo luchadora y formidable. Cuando intenté hablarle de Falun Dafa, se negó a escucharme, diciendo: «No creo en eso. Mi cuerpo está mejor que el de cualquier otra persona. Puedo trabajar más duro que cualquier hombre».
Sin embargo, la vida está llena de giros inesperados. Un día del pasado diciembre, Wang Hong se sintió de repente débil, le dolía todo el cuerpo y perdió el apetito. Dos días después, tenía tanto dolor que no podía dormir. Al principio, pensó que solo era un resfriado y no le prestó mucha atención. Pero en cuestión de días, no podía levantarse de la cama ni siquiera ponerse de pie. Su familia llamó al médico del pueblo, quien le administró suero intravenoso. Sin embargo, incluso tras varios días, su estado no mostraba signos de mejoría.
Su familia se dio cuenta de que algo iba muy mal y la llevaron rápidamente al hospital del condado. Tras las pruebas, le diagnosticaron cáncer de médula ósea. Fue un golpe devastador: toda la familia quedó atónita. ¿Qué podían hacer? Los médicos del hospital del condado le aconsejaron que buscara tratamiento en un hospital de referencia.
Ese mismo día, la familia llevó a Wang Hong al Hospital 301 de Pekín, uno de los mejores del país. Allí recibió tratamiento durante catorce días, completando dos ciclos de terapia. En solo esos catorce días, no solo agotó hasta el último centavo de los ahorros de la familia, sino que también contrajo una deuda de treinta mil yuanes. Los costes eran astronómicos: ¿cómo podría una familia rural corriente soportar tal carga?
Más tarde, cuando ya no pudo pedir más dinero prestado, Wang Hong no tuvo más remedio que volver a casa. Una vez allí, se arrancaba el pelo a mechones o se golpeaba la cabeza contra la pared, abrumada por la agonía. Su marido, al ver esto, se sintió desconsolado. Era pleno invierno, acababa de caer nieve fresca y la temperatura nocturna bajaba de los veinte grados bajo cero. Su marido deambulaba solo por las calles, suspirando profundamente. ¿Cuándo terminaría este sufrimiento?
Más tarde, su marido consiguió un préstamo cuantioso de un pariente. Le compró a Wang Hong una caja de inyecciones importadas, una inyección cada catorce días, pero cada inyección costaba 11 000 yuanes. El préstamo se agotó rápidamente. ¿Qué iban a hacer a continuación? Esto preocupaba terriblemente a la familia.
Tras enterarme de esta situación, visité la casa de Wang Hong una vez más. Le pedí que recitara: «Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno», y le dije que, siempre que lo recitara con sinceridad, Shifu cuidaría de ella. Esta vez, Wang Hong no se negó.
Sorprendentemente, al tercer día de recitar las frases auspiciosas, Wang Hong sintió que su dolor se aliviaba significativamente. Pudo levantarse de la cama, recuperó sus fuerzas e incluso volvió a sentir hambre. Lo primero que hizo al levantarse fue arrodillarse y dar las gracias al Maestro. No dejaba de repetir: «¡Maestro de Dafa, gracias! ¡Muchísimas gracias!».
Ese día era el día en que Wang Hong tenía programada la inyección, pero ya no la necesitaba. Y así, en pocos días, Wang Hong dejó de sentir dolor. Volvió a ser la de siempre, capaz de realizar cualquier tipo de trabajo. ¡Su cáncer había desaparecido!
Wang Hong le dice a todo el mundo con quien se encuentra: «Falun Gong me salvó. El Maestro de Dafa me salvó la vida. ¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad, Benevolencia, Tolerancia es bueno! ¡Seguiré recitando estas frases para siempre! Incluso si nadie más lo cree, yo sigo creyendo».
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Categoría: El poder divino de Falun Dafa