(Minghui.org) En mi ciudad natal había un templo al que muchos vecinos solían acudir para quemar incienso y orar. Mi familiar llamado Jin era dos años mayor que yo. Un día de verano, cuando yo tenía unos 15 años, fuimos juntos al templo. Hacía mucho calor, así que no llevábamos camisetas. Una monja nos detuvo antes de entrar al templo y nos dijo que no acudir bien vestidos era una falta de respeto hacia lo divino. Nos pusimos nuestras camisetas sin mangas, pero la monja dijo que aún así mostrábamos demasiada piel. Nos pusimos nuestras camisetas y entonces nos dejaron entrar.
Nos comportamos mal dentro del templo. No teníamos ningún concepto de reverencia hacia lo divino porque en la escuela nos habían adoctrinado con el ateísmo. Cuando vio los platos de ofrendas y los candelabros de latón, Jin bromeó diciendo que los robaría y los vendería para ganar dinero. Señaló con indiferencia las estatuas de Buda e hizo comentarios irreverentes. Después de visitar el templo, nos fuimos a casa.
Unos días después, me enteré que Jin se había caído de la bicicleta. Se lesionó el hombro al caer y me di cuenta de que era el brazo con el que había señalado las estatuas de Buda aquel día.
No le dimos mucha importancia al incidente, pero ahora sé que la lesión en el hombro de Jin fue su retribución de yeli (kármica) y una advertencia por haber faltado al respeto a lo divino.
Mientras continúa la persecución a Falun Dafa, una disciplina espiritual de alto nivel, los medios de comunicación del Partido Comunista Chino (PCCh) continúan difundiendo propaganda para difamarla. Muchas personas optaron por ponerse del lado del PCCh y participaron activamente en la persecución, torturaron a los practicantes encarcelados e incluso les sustrajeron órganos para venderlos. Las personas que participan en esta persecución enfrentan un grave peligro, ya que el castigo por sus acciones terminará recayendo sobre quienes cometieron estos crímenes.
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