(Minghui.org) Como practicante de Dafa, aprendí que nada de lo que me sucede a mí o a mi alrededor es casualidad; todo está relacionado con mi cultivación. Me recuerdan mis nociones, apegos y mi corazón humano. Si puedo mirar hacia dentro y alinearme con los principios del Fa, puedo avanzar y mejorar en el camino de la cultivación.

El caos causado por las tareas escolares de un niño

Durante mucho tiempo, mi esposo y yo hemos tenido opiniones diferentes sobre la educación de nuestro hijo, lo que a menudo nos llevaba a discutir. En una ocasión, después de que terminaran las vacaciones de verano y se reanudaran las clases, nuestro hijo no terminó sus tareas y su profesor le llamo la atención por ello.

Mi esposo (también practicante) se puso furioso y me culpó como madre por no supervisar más de cerca los estudios del niño. Se quejaba constantemente: "¿Por qué no revisaste bien sus tareas? Era tu responsabilidad". Sus constantes reproches y su deseo de discutir eran cosas que no podía aceptar.

Me obligué a contener mis emociones, pero me sentí ofendida. En ese momento, solo pude decir: «Tendré más cuidado y lo haré mejor la próxima vez. Deja de regañarme». Pero él insistió, y yo estaba llegando a mi límite. Dije rápidamente: «¿Podemos parar esto? Dije que lo solucionaría. ¿Podemos dejar de hablar de ello?». Aún insatisfecho, siguió insistiendo. No tuve más remedio que alejarme.

Después, cuando tuve tiempo de mirar hacia adentro, seguía sin entender por qué sentía tanto dolor. Me invadieron todo tipo de resentimientos. Me sentía completamente sola, sin nadie que comprendiera mis tribulaciones. Le guardaba rencor a mi esposo por no tener en cuenta mis sentimientos y por no hablar conmigo cuando surgían las tribulaciones. Ya había admitido mis errores y expresado mi disposición a mejorar. Sin embargo, él solo decía lo que pensaba, sordo a mis palabras. Me sentía completamente embrollada, sin saber por dónde empezar a desentrañar la situación. Sentía vergüenza; era puro resentimiento, no un auténtico mirar dentro de mí.

Medité antes de acostarme y no dejaba de pensar que no había superado esa interferencia; solo lo había reprimido con pura fuerza de voluntad. Cuando estaba sola y en silencio, me asaltaban pensamientos no rectos. Cuanto más pensaba en ello, más me enojaba, sintiendo que era muy injusto conmigo, y ni siquiera quería seguir en ese entorno. Al surgir esos pensamientos no rectos de que esta no era la vida maravillosa que yo deseaba, sentí ganas de irme.

Mi apego por exigir a los demás

Sin embargo, mi lado racional me decía que no podía evitar el conflicto, precisamente porque me aferro a los apegos es que siento tanta angustia. Entonces, ¿por qué sufro? Me preguntaba una y otra vez: «¿Qué tipo de apego tengo? Realmente no lo entiendo; todo se ha convertido en un callejón sin salida. ¿Qué debo hacer?».

En mi corazón, le rogué repetidamente a Shifu que me ayudara, pidiéndole que me aclarara dónde radicaba el origen del problema. Quería cultivarme bien y regresar a casa con Shifu. Después de un tiempo, las palabras "vivir la vida" me impactaron, y de repente todo se aclaró. Le había dado demasiada importancia a este asunto. El matrimonio humano es importante para las personas, pero como cultivadora, al darle demasiada importancia, mi apego a las relaciones también se incrementó.

Fue solo al darme cuenta de esto que reconocí mi tendencia a exigirles incondicionalmente a los demás. En el fondo, quería que mi esposo cumpliera mis expectativas, que fuera considerado y cariñoso conmigo. Cuando no cumplía con estos estándares que yo le había impuesto, me sentía incómoda.

Esto también reflejaba mi anhelo por una vida hermosa en este mundo, convencida de que, como cultivadora, mi esposo debía apreciar a su esposa, apoyarnos mutuamente y convertirnos en una pareja modelo. Le impuse una exigencia tras otra, siempre mirando hacia afuera. Le exigía altos estándares simplemente porque él también era un cultivador.

Shifu siempre nos ha enseñado a cultivarnos y a mirar hacia dentro. Después de identificar estos apegos, mi pensamiento se aclaró. También me di cuenta de que, ante los contratiempos, tendía a culpar a los demás, soltando acusaciones sin pensar. Incluso me sentía indiferente, sin moderación hacia mi propia familia. La verdad es que, sin mirar hacia dentro de mí, no lo habría sabido, y cuando lo hice, me sorprendió. Resulta que no he sido bondadosa en mi vida diaria.

Mirando hacia atrás, cada vez que me enfrentaba a una situación, si hubiera podido ver hacia adentro de inmediato, las cosas habrían sido diferentes. Por ejemplo, al escuchar el duro tono de reproche de mi esposo, debería haber pensado: "¿Acaso también uso este tono para culpar a los demás, incomodándolos?". Si lo hubiera hecho, no me habría dejado controlar por elementos no rectos, llevarme por las interferencias, quedar atrapada en los apegos y caer en la trampa de las viejas fuerzas.

Romper la barrera de la comunicación

Ahora debo enfrentar mi miedo al conflicto y mi tendencia a evitar la comunicación. Una vez que rectifique mi mentalidad, ya no temeré el tono áspero de mi esposo al hablarme. Espero sinceramente comunicarme con él y apoyarlo, para que podamos mejorar juntos y resolver los conflictos a través de la cultivación.

Entiendo que, para armonizar el ambiente familiar, debo comunicarme con mi esposo. Mi evasión prolongada del diálogo abierto con él ha sido un problema significativo. Incluso cuando surgen conflictos o tribulaciones, no logramos abrir nuestros corazones. He evadido constantemente este problema, creyendo que, si solo mejoraba yo misma, todo se resolvería.

Pero esta vez, me di cuenta de que las cosas no podían seguir así. En la cultivación, somos un solo cuerpo. Cada miembro de nuestra familia, desde el mayor hasta el menor, es un cultivador. Si no podemos abrir nuestros corazones cuando surgen problemas, entonces hay una falla grave en nuestro ambiente de cultivación.

Así que me armé de valor y fui a ver a mi esposo, que seguía furioso. Mi corazón simplemente quería ayudarlo a superar su estado negativo. Le dije: "¿Podemos hablar? Me acabo de dar cuenta de que nuestro mayor problema es la falta de comunicación sincera. Para resolver el problema de raíz, necesitamos hablar. Cuando nos enfrentamos a un conflicto, debemos trabajar juntos para resolverlo. Debemos unir fuerzas para abordar el problema, no enfrentarnos entre nosotros".

Al mismo tiempo, me preocupo por él y comprendo sus sentimientos. También le dije: "No sé por qué te sientes triste, quizá porque no lo has expresado. Si puedes hablarlo, aclararlo y expresar esos pensamientos no rectos, esa negatividad ya no podrá controlarte".

También le di un ejemplo a mi esposo. En la plataforma de intercambio de experiencias en la que participo, escucho a compañeros practicantes expresar abiertamente sus apegos y exponerlos con valentía. Al hacerlo, esos apegos parecen mucho más pequeños. Admiro profundamente cómo los practicantes pueden dejar de lado las preocupaciones por las apariencias y confrontar sinceramente sus apegos frente a tantos oyentes en línea. Ese tipo de generosidad es verdaderamente admirable.

También expresé mi comprensión por las dificultades de comunicación de mi esposo, explicándole que su crianza y entorno familiar no habían fomentado el comunicarse, lo que había provocado una relación tensa con sus padres. Sin embargo, le dije que debíamos empezar por nosotros mismos, trabajando juntos para superar esta barrera comunicativa.

Una vez que nos sintamos cómodos comunicándonos, nuestra relación con sus padres mejorará naturalmente. Creo que gradualmente se dejarán influenciar por nosotros y todos tendrán la valentía de comunicarse, haciendo que nuestra armonía familiar no sea solo superficial, sino verdaderamente genuina. Simplemente quiero escuchar los verdaderos sentimientos de mi esposo y comprender sus tribulaciones.

Finalmente, mi esposo se sinceró y compartió sus verdaderos sentimientos. Después de que terminó de hablar, vi que su expresión se relajaba y sus cejas fruncidas desaparecieron. Me sentí verdaderamente feliz por él y le dije: «Qué bueno que hayas podido decir eso. A la obstinación y negatividad no las necesitamos. No eres así. No dejes que te controlen».

Aunque no dijo mucho durante la conversación, el hecho de que pudiera expresar sus pensamientos más íntimos fue un gran avance. Al día siguiente, parecía otra persona. Estaba de mejor humor, su tono más amable y se había vuelto más tolerante. Sabía que nuestra conversación había marcado una gran diferencia.

Comprendí que mi familia es mi entorno de cultivación. Debo valorarla, pero no puedo contentarme con una armonía superficial. En la vida diaria, debo prestar más atención a mis palabras y acciones, y decir solo lo que corresponde a un cultivador. Debo comunicar con sinceridad las cosas que hay que mejorar y responsabilizarme del bienestar general de la familia.

¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, compañeros practicantes!