(Minghui.org) Vivo en una zona rural y mi esposo es de mi pueblo. Incorporarme a su familia no fue nada agradable. Mi suegra era irrazonable y era conocida por pelear y ser verbalmente abusiva. Al principio logré soportar la situación, pero con el tiempo me sentía cada vez más insatisfecha con el comportamiento de mi esposo y su familia. Mi temperamento empeoró; mi esposo y yo discutíamos a menudo y comencé a gritarle a mi suegra.
Este ambiente tóxico me llevó al borde del colapso. Ya no quería vivir, pero no soportaba dejar a mi hijo pequeño. Vivía cada día con miseria. Como ya había renunciado a la vida, luchaba ferozmente con cualquiera que me provocara, pensando: “Si muero, que así sea, ya no me importa”.
En una ocasión, un matón del barrio, al que nadie se atrevía a ofender, se quedó sin palabras con mis reprimendas y después me evitaba. Me hice famosa por ser agresiva e implacable. Finalmente, mi suegra no tuvo más remedio que irse de casa. Al final, no solo lastimé a otros, sino también a mí misma, y lo único que conseguí fue enfermedad y una vida de agotamiento absoluto.
En julio de 1997, oí hablar de Falun Dafa y que sus principios rectores eran Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Esto me conmovió profundamente. En aquel entonces, no creía en nada y me consideraba atea. Pero sabía que esos principios enseñaban a la gente a ser buena, y anhelaba de verdad ser una buena persona. En ese mismo momento hice una promesa: desde ese día, practicaría Falun Dafa y nunca volvería a maldecir a nadie. Comencé a cultivar mi corazón. Quería ser una buena persona y vivir según los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Sin darme cuenta, mis enfermedades desaparecieron, mi cuerpo se sentía ligero y pude trabajar.
Cambié, pero mi esposo no
Cuando mi esposo se sentía infeliz en casa, descargaba su ira conmigo. Una vez contratamos a dos personas para que trabajaran para nosotros. Mientras trabajaban, les aclaré la verdad sobre Dafa, pero ninguno me creyó. Mi esposo tenía miedo y quería que callara, así que me regañó duramente delante de ellos. Seguí sonriendo y no me enojé. Los dos trabajadores inmediatamente dijeron: "Eres muy diferente. Te están regañando así y sigues sonriendo. Falun Dafa es realmente bueno".
En otra ocasión, mi esposo y yo fuimos a trabajar juntos al campo. Él caminaba detrás de mí y no dejaba de regañarme. Los aldeanos que vieron esto no lo soportaron y lo criticaron, diciendo: "No ha dicho ni una palabra, pero tú sigues regañándola". Cuando más tarde se jactó de cómo me trataba en casa, la gente de nuestro pueblo que lo conocía le dijo: "Deja de presumir, todos recuerdan cómo era tu esposa antes de practicar Falun Dafa. No te habrías atrevido a actuar así en aquel entonces".
Cuando mi suegra envejeció y se debilitó, mi esposo y sus dos hermanos evitaron hacerse responsables de su cuidado. Finalmente, vino a vivir con nosotros y permaneció en nuestra casa hasta su muerte. La apoyamos en su vejez y organizamos su funeral. Nadie más contribuyó con dinero. Practicar Dafa me permitió dejar atrás el resentimiento y siempre considerar a los demás primero.
Dafa me enseñó a ser considerada con los demás
Mi hijo fue golpeado por un estudiante mayor en la escuela, e incluso le pisó el estómago. Mi hijo llegó a casa llorando. Me instaron a ir a confrontar a los padres del otro niño. Aunque me dolía el corazón por mi hijo, recordé las enseñanzas de Shifu y no fui.
En otra ocasión, mi esposo y otro hombre aceptaron un trabajo instalando líneas telefónicas. Mientras transportaban un poste de cemento, el camión se adentró ligeramente en el campo de otra persona. Era invierno y el suelo estaba helado no hubo ningún daño. Aun así, el dueño del campo exigió dinero y rechazó cualquier otra solución. Al final, le ofrecimos 100 yuanes. El compañero se enfureció e insistió en pelear con el dueño, diciendo que los estaban acosando. Mi marido tranquilizó a su compañero de trabajo diciéndole que él mismo pagaría el dinero. Cuando mi marido volvió a casa a por el dinero, el compañero de trabajo lo siguió y vio que yo no dije nada y simplemente le entregué el dinero a mi marido. El compañero de trabajo suspiró y dijo: «Vine aquí preocupado por si ustedes dos se pelearían por esto. Eres realmente extraordinaria. Muy pocas mujeres rurales son tan generosas». Yo respondí: «Practico Falun Dafa».
Un año, un vecino probó un herbicida para sus cultivos rociándolo en los míos y en los de otra familia. Todas las plantas que roció murieron. Cuando la otra familia se enteró, la esposa me pidió que los acompañara a confrontarlo. Le dije que no iría y le aconsejé que no fuera, explicándole que maldecir a los demás la haría perder virtud. Ella siguió mi consejo. Poco después, el hombre que roció el herbicida se lastimó el pie y dijo: "Esta es mi retribución".
Mi esposo enfermó en 2010 y falleció. Así que dejé el campo para estar con mi hijo. El gran huerto de azufaifos que mi esposo y yo plantamos prosperaba, y confié su cuidado a otros. Al regresar, descubrí que allí pastaban ovejas y que los árboles estaban muy dañados. Sentí un profundo dolor, pero no confronté al responsable. Lo soporté en silencio.
Después de comenzar a practicar Falun Dafa, actué verdaderamente según los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Dejé de pelear con los demás y comencé a ver las cosas desde su perspectiva. A cambio, recuperé la salud y mi mente está en paz. Hice muchas otras cosas para considerar a los demás, demasiadas para enumerarlas aquí. No tengo palabras para expresar mi gratitud a Shifu por salvarme.
Falun Dafa ha traído inmensos beneficios a las familias y a la sociedad. Innumerables personas se han beneficiado física y mentalmente de la práctica, por eso Falun Dafa se practica en más de 100 países. Espero sinceramente que mis compatriotas no crean las mentiras del Partido Comunista Chino, sino que se tomen el tiempo de aprender la verdad sobre Dafa por sí mismos. Ustedes y sus familias sin duda se beneficiarán. Que todas las personas tengan la oportunidad de escuchar la verdad sobre Dafa y recibir la protección divina.
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Categoría: Caminos de cultivación