(Minghui.org) Soy una practicante de Falun Dafa (también conocido como Falun Gong) que nació en los años 90. Me avergüenza no haber seguido mi camino de cultivación con constancia y siento que no soy digna del sagrado honor de ser llamada discípula de Dafa. Aun así, nuestro compasivo Shifu nunca me ha abandonado y ha estado a mi lado en todo momento.
Conocí Falun Dafa cuando era muy joven
Tenía unos cinco o seis años cuando escuché por primera vez sobre Falun Dafa. Recuerdo vagamente que mi mamá llevó a casa un retrato de Shifu sentado sobre una flor de loto y escuché las palabras “Falun Gong”. En ese momento tuve una muy buena sensación y con frecuencia escuché a los adultos a mi alrededor hablar sobre ello. Debió ser cuando Falun Dafa comenzó a difundirse en nuestra zona.
Una vez, una amiga mía vino a mi casa a jugar y le conté que los adultos de mi entorno practicaban Falun Dafa. Ella me dijo que su abuela también practicaba algún tipo de qigong, pero que no era Falun Dafa.
"¿Por qué ella no practica Falun Dafa? Falun Dafa es lo mejor", le dije. Ella respondió que el qigong que practicaba su abuela también era bueno. No dije nada, pero en mi corazón creía que Falun Dafa era lo mejor.
A esa edad tan temprana no entendía mucho sobre Falun Dafa. Cuando veía a los adultos haciendo los ejercicios, me ponía detrás de ellos y seguía sus movimientos. Sin embargo, esos días felices no duraron mucho y las palabras “Falun Dafa” se desvanecieron de mi memoria. Mucho después, comprendí que las cosas habían cambiado porque el Partido Comunista Chino (PCCh) había comenzado a perseguir a Falun Dafa y prohibió su práctica.
Diez años pasaron rápidamente. Un día, cuando estaba en la escuela secundaria, un excompañero de trabajo de mi mamá fue a nuestra casa. Siempre sentí que él parecía un poco misterioso y reservado cuando estaba con nosotros.
Mi mamá me dijo: "Él todavía practica Falun Dafa, pero el gobierno ya no nos permite hacerlo".
En ese momento recordé Falun Dafa de cuando era pequeña, así que traté de escuchar discretamente su conversación. Cuando escuché la palabra "cultivación", al instante se me vino una idea: espera, ¿la cultivación no es para convertirse en inmortal? ¡Vaya, suena maravilloso! ¿Por qué escucho sobre esto hasta ahora?
Esa noche, le pregunté a mi mamá cómo puedo cultivarme. Ella no practicaba Dafa en ese momento, así que me dijo: "Bueno, hay un libro y cinco ejercicios". No tenía mucha educación y no pudo darme una respuesta más detallada.
Fui al estudio y encontré el libro Zhuan Falun, que mi mamá había guardado durante 10 años. Parecía nuevo y estaba en perfecto estado. Lo abrí y vi la foto de Shifu. Se veía tan compasivo y familiar. A medida que leía el libro, comencé a comprender el verdadero significado de la vida, el propósito de nuestra llegada al mundo humano y que Falun Dafa puede guiar a las personas a ir más allá del ciclo de la muerte y la reencarnación.
Dafa me enseñó que las personas no mueren realmente cuando fallecen. El mundo humano no es su verdadero hogar y, a través de la cultivación, pueden regresar a su hogar celestial. Fue entonces cuando decidí practicar Falun Dafa.
Aunque esa era mi intención en ese momento, no comencé a cultivarme realmente hasta seis años después. Al recordar mi turbulento camino hacia la obtención del Fa, no puedo evitar maravillarme de lo duro que puede ser el mundo mortal.
Muchas veces pensé: si hubiera obtenido el Fa antes, no habría sufrido tantas dificultades y creado tanto yeli (karma) durante mi juventud. Aquellos que tienen afinidad conmigo podrían haber aprendido la verdad sobre Falun Dafa. Sin embargo, perdieron la oportunidad debido a mi pobre cualidad de iluminación y a mis esfuerzos de cultivación inadecuados.
Shifu dijo en una conferencia:
“En verdad he notado que este hilo de relaciones predestinadas ha estado tirando y uniendo a la mayor parte de las personas, tensándolas. A nadie se le ha dejado fuera y todos están obteniendo el Fa. La única diferencia está en el grado de disciplina y progreso” (Exponiendo el Fa en Nueva York, Exponiendo el Fa en los Estados Unidos).
Siento que solo la compasión ilimitada de Shifu y sus inmensos sacrificios por nosotros me mantuvieron atada a Dafa durante los años en que vagué, perdida y sin rumbo, en el mundo mortal.
Shifu siempre ha estado a mi lado
Un día, tuve una discusión con mi mamá y sentí que era demasiado difícil cultivarme. Después de fallar numerosas pruebas de xinxing, pensé que más valía rendirme y dejarlo todo.
Esa noche, tuve un largo sueño en el que conducía un gran autobús y llevaba a algunas personas por una estrecha carretera de montaña sobre un río. Conducía con suavidad, pero de repente, el autobús se desvió hacia el río. Al instante recité en mi corazón "Falun Dafa es bueno, Verdad, Benevolencia y Tolerancia es bueno", y el autobús volvió a la carretera.
A medida que avanzábamos, la carretera se hacía más empinada y difícil. Así que me detuve, bajé del autobús y otra persona se hizo cargo de la conducción.
En otra parte del sueño, estaba apretujada en la parte trasera de un tractor con otras personas y sentía que estaba a punto de caerme.
Cuando desperté, me di cuenta de que Shifu me estaba dando una pista, animándome a no abandonar la cultivación. Justo entonces, mi mamá entró corriendo a mi habitación y dijo emocionada: "Vi nuestra casa envuelta en una luz dorada y roja brillante cuando estaba afuera, y casi pensé que estaba en la casa equivocada. ¡Ven y mira rápido!".
Pero cuando salí no vi nada. Sabía que cuando estalló la pandemia de COVID-19, Shifu puso un escudo protector sobre las casas de todos los discípulos de Dafa. Al permitir que mi mamá lo viera, nos estaba animando a tomar una decisión: seguir cultivándonos o dejarlo.
De hecho, he tenido muchas experiencias milagrosas desde que comencé a cultivarme verdaderamente en Dafa.
Un día, me acosté a descansar un poco después de hacer los ejercicios matutinos. Sentí que mi cuerpo, tumbado en posición horizontal, comenzaba a girar en sentido horario, luego en sentido antihorario, y luego salía volando por la ventana hacia el cielo, pasando por algunas montañas altas, ríos y alguna que otra persona, antes de volver a volar a mi cama.
En otra ocasión, mientras mi cuerpo salía volando por la ventana, sentí un fuerte dolor de cabeza. Un par de manos grandes y suaves me acariciaron los lados de la cabeza y la cara. Luego, me tomaron las manos y las guiaron para que hicieran movimientos giratorios hacia adelante y hacia atrás delante de mi pecho, movimientos que se asemejaban al giro de un Falun. Durante mucho tiempo había sufrido dolores de cabeza en la parte posterior de la cabeza. Shifu estaba corrigiendo el problema en mi cerebro.
En otros dos incidentes similares, Shifu resolvió mis problemas de espalda y pude sentir claramente la cálida energía de sus manos y su compasión, sin reprocharme en absoluto mi pereza y mi rebeldía.
Shifu preguntó: "¿Dónde están tus tareas?"
Hace unas noches, en un sueño, Shifu nos estaba enseñando en un aula. Mi compañera de clase hizo una pregunta. Después de responder, Shifu giró hacia mí con una sonrisa y me preguntó: "¿Dónde están tus tareas?".
"Shifu, usted no nos ha dado ninguna tarea", respondí confundida.
Shifu no dijo nada, solo siguió sonriendo.
Miré el libro de texto abierto sobre la mesa y vi una lección titulada "Canción ancestral". Le pregunté a Shifu "¿Tengo que copiarla?". Shifu asintió con la cabeza.
"Bueno, eso es fácil. Puedo recitarla de memoria, así que no hay necesidad de copiarla", dije.
"Entonces, recítala", dijo Shifu. Así que empecé a recitar el texto. Después de recitar un párrafo, le pregunté a Shifu si lo había hecho correctamente. Shifu asintió y dijo: "Sí".
Entonces le dije a Shifu, "Solo hazme preguntas. Estoy segura que puedo responderlas todas, pero puede que no estén en el orden correcto".
Shifu no dijo nada, solo me miró. Empecé a llorar y, por más que intentaba secarme las lágrimas, seguían brotando.
Intenté explicárselo a Shifu, pero él no dijo nada; solo me sonrió. Seguí llorando y me sentí muy desdichada.
Al final, le pregunté con tristeza: "Shifu, ¿cree que no podré alcanzar la perfección en la cultivación?". Shifu, aún sonriendo, no respondió.
De repente, me desperté y me di cuenta de que era un sueño, pero había derramado muchas lágrimas y me dolían los ojos de tanto llorar.
Me pregunté: “¿Cuál es mi tarea?”. De repente recordé la tarea que Shifu asignó a todos los discípulos de Dafa: hacer las tres cosas. ¿Cuánto he logrado?
Durante mucho tiempo, no fui capaz de completar todos los ejercicios; mi mente estaba dispersa cuando enviaba pensamientos rectos; cuando aclaraba la verdad a la gente, ocasionalmente me distraían los apegos humanos y solo podía explicar los hechos sobre Falun Dafa y la persecución en pequeñas secciones. Por aquellos que no aceptaban lo que decía, sentía poca compasión y pensaba: "Hice lo que tenía que hacer. Es tu problema si me escuchas o no".
Mi corazón egoísta era frío, carecía de la bondad y la compasión que se espera de un practicante de Dafa.
En mi sueño, Shifu no me dijo ninguna palabra dura, pero me sentí miserable por no haber hecho mi tarea.
A través de innumerables reencarnaciones y después de vagar durante decenas de miles de años, la vida ha tenido más amargura y desolación que dulzura. En medio del sufrimiento, tuve la suerte de obtener el Fa, el vínculo sagrado eterno que nunca debe romperse.
Mi objetivo es desprenderme rápidamente de mis muchos apegos humanos a través de la cultivación diligente ser verdaderamente digna de la inmensa compasión de Shifu y de la preciosa oportunidad de cultivación que nos ha brindado.
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