(Minghui.org) Cuando otros practicantes me preguntan cómo comencé a practicar Falun Dafa, suelo decirles que es una larga historia. Recientemente compartí parte de mi historia con un compañero practicante que me animó a compartirla con el grupo. Otro practicante que escuchó mi historia hace muchos años también me animó a hablar de ella, pero nunca me tomé el tiempo de escribirla.

Empecé a practicar Falun Dafa en la ciudad de Nueva York a finales de 2010, pero durante la década anterior a esto, Shifu me dio muchas oportunidades para obtener el Fa, que en retrospectiva parecen milagros.

Predestinado a practicar Falun Dafa

Antes de comenzar a practicar, me entregué a algunos vicios y adicciones. Sumido en el yeli (karma) y el deseo, no aproveché las valiosas oportunidades que se me ofrecieron para comenzar a practicar, pero Shifu nunca se rindió conmigo.

Mi primer encuentro con Falun Dafa (Falun Gong) fue en 2001, cuando vi la recreación en el centro de Manhattan de cómo el Partido Comunista Chino tortura a los practicantes. Recuerdo haber pensado que una persecución tan severa solo podía significar que lo que practicaba la gente debía ser sobrenatural.

En aquella época estaba en el instituto. Todos los miércoles, todos los alumnos del colegio íbamos a diferentes lugares para aprender algo nuevo. En los meses de invierno que siguieron a los atentados terroristas del 11 de septiembre, un profesor llevó a nuestra clase a un pequeño gimnasio cubierto en Central Park. Cuando llegamos, dos practicantes nos enseñaron los cinco ejercicios de Falun Dafa. Podía sentir el Falun girando en mi abdomen cuando los hacía.

Después estaba muy emocionado y les pregunté cómo se llamaba la práctica, y cuando me dijeron que era Falun Gong, dije: «Oh, ustedes están siendo perseguidos». Luego les pregunté qué debía hacer a continuación, y me dijeron que fuera al lugar de práctica en Madison Square Park. Hacía solo dos años que había llegado a Estados Unidos desde Rusia, así que no tenía ni idea de dónde estaba eso. 

Cuando caminábamos por Central Park de regreso al metro, me sentía muy ligero y lleno de energía. Esa sensación me recordó a cómo me sentía cuando practicaba artes marciales en Rusia. Pero siempre sentí que las artes marciales eran vacías porque todo lo que el profesor nos enseñaba, además de los movimientos, era a no pelear fuera de clase. Pensé que Falun Gong era una práctica grandiosa porque enseña verdad y bondad. No podía recordar cuál era la tercera palabra. Tan pronto como tuve el pensamiento de que Dafa es grandioso, mi tercer ojo se abrió y pude ver que todo el parque estaba lleno de energía dorada, e incluso el cielo era dorado. Caminé a través de esta escena maravillosa demasiado asombrado para pensar en por qué la estaba viendo.

Cuando subí al metro, supongo que porque mi ojo celestial todavía estaba abierto, vi que un demonio estaba sentado sobre la cabeza de una mujer y la controlaba. Fue una visión impactante. En lugar de darme cuenta de que estaba teniendo estas experiencias gracias a Dafa, empecé a pensar que era especial. Como resultado, la visión se desvaneció. Cuando llegué a casa, me había olvidado de Dafa.

Más tarde, ese invierno, vi otra exposición de fotos de torturas en la calle 42 con la Octava Avenida. Mientras miraba las fotos, una practicante mayor corrió hacia mí, señaló mi abdomen e hizo movimientos circulares. No sabía hablar inglés, pero de alguna manera, a través de los gestos, me recordó el Falun. A través de gestos, le dije algo así cómo: «¿Y qué debo hacer?». Me dio una copia de Zhuan Falun.

Supongo que Shifu tenía un plan para que leyera Zhuan Falun, porque poco después, un amigo con el que tomaba el metro todos los días para ir a casa empezó a hablarme de un libro que estaba leyendo. Todos los días me contaba partes del libro, sobre el ojo celestial (tianmu), el yeli, etc. Cuando me preguntó qué pensaba al respecto, descubrí que todo era cierto. Muchos años después, cuando finalmente obtuve el Fa, le pregunté a este amigo al respecto, pero él lo había olvidado por completo, no sabía qué era Falun Gong.

Otros estudiantes de mi escuela secundaria practicaban Falun Gong. Una chica china me ofreció una entrada gratis para el Espectáculo de Año Nuevo, pero no la acepté.

Las oportunidades para obtener el Fa me seguían a todas partes. En un videojuego al que jugaba, una de las personas con las que jugaba tenía un nombre de usuario: Lunyu. Le pregunté varias veces qué significaba esa palabra, pero él solo me dijo que lo buscara en Google. Seguí preguntándole y, un día, me envió un enlace a Lunyu. Me sorprendió poder leerlo y entenderlo, porque todavía estaba aprendiendo inglés.

Cuando me mudé a mi propio apartamento, alrededor de 2004 o 2005, uno de los primeros correos que recibí fue un folleto sobre la persecución del PCCh. Miré los rostros del folleto y pensé: «Esta es mi gente». Intenté buscar Falun Dafa y fui a la sección con las enseñanzas, pero no sabía por dónde empezar.

En la universidad, trabajaba para el gobierno municipal cerca de Wall Street. Durante la pausa para almorzar, un día de invierno muy frío, vi a una practicante mayor vestida con ropa china antigua y sentí que no era una persona común. Casi me vendió una entrada para ver Shen Yun.

En aquel momento me encontraba en una situación muy difícil. Por perseguir mis deseos me había deprimido. Poco después de conocer a aquella practicante, soñé que caminaba por una calle muy transitada de la zona de Wall Street y que un hombre chino alto estaba de pie en medio de la acera. Llevaba traje y corbata y me sonrió. Cuando me acerqué a él, me estrechó la mano y su sonrisa me llenó de compasión y felicidad. Cuando desperté, me pregunté por qué un ser tan grandioso le daría la mano a alguien tan indigno como yo. Temblaba y lloraba como nunca antes en mi vida. Años más tarde, cuando comencé a practicar, me di cuenta de que Shifu me estaba animando a no rendirme en la vida.

Pasaba varias noches a la semana bebiendo y de fiesta. Una de esas noches, después de que cerraran los bares, caminaba borracho hacia casa con una amiga. Las calles estaban vacías y ella también estaba borracha. De repente se detuvo, me señaló el pecho, me agarró por los hombros, me sacudió y me dijo: «Tienes que practicar Falun Dafa. Eres como esa gente». Estaba demasiado sorprendido y borracho para reaccionar. Cuando la llamé a la mañana siguiente para preguntarle al respecto, no tenía ni idea de lo que le estaba hablando.

En uno de los peores días de mi vida, me quedé fuera toda la noche, consumiendo drogas y entregándome a vicios vergonzosos. Cuando decidí volver a casa, los primeros viajeros ya salían de la estación de metro de la calle 42. Me sentí tan avergonzado de enfrentarme a esas personas sobrias, pulcras y trabajadoras, que decidí caminar hasta mi casa en la calle 171. Tomé un camino por el West Side junto al río que serpenteaba a través del Riverside Park. El parque estaba vacío y tranquilo. Después de subir una escalera, vi a una joven meditando. Más tarde supe que era una compañera de nuestro equipo de ventas. Tenía un pañuelo naranja sobre las piernas. Me quedé observándola durante un rato.

Cuando llegué a casa, pensé que, como tenía el pañuelo naranja, debía de tener un maestro budista. Entonces pensé: «Si tuviera un maestro, yo también practicaría». Al instante, vi un rayo de luz dorada atravesando mi cuerpo, extendiéndose de un extremo al otro del universo.A veces recuerdo este momento cuando leo esta frase en Zhuan Falun:

“Porque una vez que esta persona desea transitar un camino de xiulian, tan pronto como surge esta intención, brilla como oro, sacudiendo los mundos en las diez direcciones” (Segunda Lección, Zhuan Falun).

Sentí como si la luz purificara cada célula de mi cuerpo. Caí de rodillas y lloré durante mucho tiempo.

A lo largo de los años, nunca pensé en hacer los ejercicios. Pero durante la época en la que me sentía muy perdido, una noche, mientras estaba sentado en la azotea de mi edificio, me levanté y realicé «Buda mostrando mil manos» del Primer Ejercicio. Tan pronto como me estiré, sentí una explosión de energía en el centro de mi pecho, mi tianmu (tercer ojo) se abrió y pude ver los canales de energía en mi cuerpo, cómo estaba conectado con el universo y cómo el universo se refleja en el cuerpo humano. En lugar de recordar a Falun Dafa, pensé que era especial y la visión desapareció.

Incapaz de despertar del engaño del mundo cotidiano, caí cada vez más y más. De alguna manera, por mucho que dañara mi cuerpo, me mantenía relativamente sano. Al menos en dos ocasiones tuve un sueño en el que alguien me sacaba los órganos del cuerpo para mostrarme que estaban limpios y puros. Creo que Shifu intentaba mostrarme que todavía me protegía.

Shifu me protegió durante un accidente automovilístico aproximadamente uno o dos años antes de obtener el Fa. Estaba conduciendo por la autopista después de una larga noche con mi novia. Estaba bajo los efectos de las drogas y el alcohol, y perdí el conocimiento. Ya era de mañana y la autopista estaba llena de gente que se dirigía al trabajo. Cuando abrí los ojos, vi que el coche se precipitaba hacia una barrera de hormigón. El coche chocó contra la barrera, salió disparado por los aires y, mientras estábamos boca abajo, vi que íbamos a aterrizar justo en el tráfico que se incorporaba desde una rampa. En ese momento, todo se volvió negro y vi una mano enorme tomar el coche, llevarlo por encima de la rampa de incorporación y dejarlo caer en el arcén del otro lado. El coche aterrizó con un golpe sordo y mi novia se despertó. Ella no se dio cuenta de lo que había pasado. El único daño que sufrió el coche fue un pinchazo. Un minuto después, una grúa de rescate se detuvo detrás de nosotros. El conductor nos miró con sorpresa y observó nuestro coche con recelo. Nos preguntó si éramos del gobierno. Creo que vio el coche volando por los aires como un barco.

Ahora tengo muy claro que Shifu me estaba cuidando. En ese momento, no le di mucha importancia. Entiendo que Shifu ha cuidado de todos los seres, a lo largo de todas las vidas, y que nadie podrá pagarle jamás por completo.

Después de años de drogas, vicios, videojuegos y una vida poco saludable, un día una novia con la que llevaba viviendo alrededor de un año me anunció que me iba a dejar. Yo ya estaba deprimido. Cuando ella me miró esperando una respuesta, le dije: «No pasa nada. Soy practicante de Falun Dafa». Ni siquiera sabía lo que significaban esas palabras, y no recordaba qué era Falun Dafa. De alguna manera, mis palabras la enfurecieron y se marchó furiosa. Todavía no entiendo cómo se me ocurrieron esas palabras.

Poco después, volví a vivir con mis padres. Decidieron alquilar un apartamento grande para mí, para poder usar parte de él para su negocio online. Mi padre contrató a una mujer rusa para que se encargara de preparar los pedidos. Ella era practicante y un día me dio un folleto de Dafa. Le hice una pregunta estúpida sobre la practicante que aparecía en la portada. Más tarde me dijo que después de eso se dio por vencida conmigo, pero que pensó que tal vez mi padre comenzaría a practicar Falun Dafa.

En ese momento yo todavía estaba consumido por los vicios. Mi padre se dio cuenta de que no estaba bien y un día me dijo que le preguntara a la mujer rusa sobre el «yoga» que practicaba. Cuando le pregunté, me dijo que practicaba Falun Dafa. Recordé lo que era, pero también recordé las muchas veces que no había obtenido el Fa. Le pedí que me mostrara el vídeo de los ejercicios. Lo puso en mi ordenador. Después de todos estos años, era la primera vez que veía a Shifu. A partir de ese día, dediqué mi vida a la cultivación.

Los recuerdos me animan a ser diligente

Después de comenzar a practicar la cultivación, muchos recuerdos de mi infancia volvieron a mi mente. Esto me hizo creer firmemente que Shifu me había estado cuidando mucho antes de que yo supiera de la existencia de Falun Dafa.

Cuando era adulto, mi madre me contó que había intentado abortarme sentándose en una bañera llena de alcohol. Pero sobreviví. Uno de mis primeros recuerdos es de gatear y meter un tenedor en un enchufe eléctrico. Perdí el conocimiento, pero sobreviví. Mi abuela me contó que, cuando era un bebé, un vecino intentó envenenarme con gachas. Dejé de respirar y me puse azul, y todos pensaron que había muerto. Pero Shifu me salvó de nuevo.

Cuando empecé a andar, estaba solo en el patio y me atraganté con un caramelo duro. Estaba empezando a perder el conocimiento cuando sentí que alguien me golpeaba en la espalda y el caramelo salió disparado de mi boca. Cuando me di la vuelta, no había nadie allí. Ahora sé que Shifu me salvó. Cuando era un poco mayor, me solté de la mano de mi abuela y corrí hacia una calle muy transitada, donde un camión se dirigía a toda velocidad hacia mí. Oí gritar a mi abuela. Me detuve delante del camión y este se detuvo justo delante de mi cara. Mi abuela se desmayó y el conductor se rió.

Episodios como estos se repetían una y otra vez. Una vez estaba trepando por una valla metálica de dos metros de altura. Cuando salté desde lo alto, el alambre se enganchó en mis pantalones y caí de cabeza sobre una barra de acero que sobresalía de un pilar de hormigón. Me golpeó justo encima del ojo. La fuerza debería haber sido suficiente para atravesarme la cabeza, pero solo sangré mucho y después me quedó una pequeña cicatriz. En otra ocasión, mi primo y yo estábamos pescando desde una presa de hormigón. No conseguí agarrarme a la barandilla y empecé a caer al interior de la presa, donde sobresalían barras de acero. Estaba seguro de que iba a morir. Pero mi primo, que tenía más o menos mi edad, extendió la mano, me agarró por la camisa y me subió. No dijo ni una palabra. Creo que Shifu lo utilizó para rescatarme.

Durante mucho tiempo sentí que no debía compartir estas cosas porque otros podrían pensar que estaba tratando de parecer especial. Creo que no soy especial en absoluto. Solo quiero compartir estas cosas para mostrar por cuánto ha pasado nuestro Shifu para mantenernos a todos a salvo a lo largo de esta vida y de nuestras vidas anteriores.

Una de las cosas más milagrosas que me han pasado fue el día en que estuve más cerca de la muerte. En Rusia, los niños pobres encuentran formas locas de entretenerse. Una de ellas era agarrarse a la parte trasera de un tranvía en invierno y deslizarse con los pies sobre la nieve. Lo hice durante la primera nevada de ese invierno y, cuando el tranvía pasaba a toda velocidad junto a un campo de fútbol, me golpearon unos ladrillos que había en las vías y casi me arrancaron la pierna izquierda. Cuando miré mi pierna, estaba llena de huesos aplastados y sangre. Grité como un loco.

Un hombre mayor caminaba con un bastón por la pista del campo de fútbol. Cuando me oyó gritar, de repente se enderezó y se hizo alto, corrió hacia la alta valla metálica, la saltó y llegó hasta mí en lo que parecieron segundos. Me llevó a un coche cercano, ya que sangraba mucho. Creo que nuestro Shifu utilizó a este anciano para salvarme. Gracias, Shifu.

Estos recuerdos me vinieron a la mente cuando comencé a cultivarme y me inspiraron a ser diligente. Experimenté muchas visiones maravillosas cuando Shifu me animó a seguir adelante al comenzar a practicar. Cuando leí por primera vez sobre Shifu plantando mecanismos de energía en los cuerpos de los practicantes, tuve un sueño en el que mi cuerpo era un gran océano oscuro, muy parecido al cosmos. Mirando hacia la superficie desde el fondo, vi un largo barco blanco. Un hombre en la parte trasera utilizaba un palo alto para navegar el barco. Shifu estaba de pie en la parte delantera del barco, alto y radiante. De su mano caían estrellas, como semillas sembradas, en el océano.

Aproximadamente tres meses después de comenzar a practicar, conocí a algunos practicantes que me llevaron a distribuir folletos de Shen Yun en hoteles. Poco después, un practicante me invitó a mi primer estudio del Fa en grupo grande. Recuerdo que miré a todas las tías chinas y sentí que eran las personas más increíbles. Después de leer, Shifu entró para hablarnos sobre Shen Yun y algunas otras cosas. Estaba muy emocionado y no recuerdo lo que dijo. Estaba tan emocionado que, después de aplaudir, me senté sobre mi copia de Zhuan Falun y un practicante mayor tuvo que darme un codazo para que sacara el libro. Después de la conferencia, todos aplaudieron con un entusiasmo que nunca antes había sentido. Yo estaba sentado al fondo de la sala. Cuando Shifu se marchaba, me miró por un momento. Todavía tengo esa imagen en mi mente, no hay forma de describirla.

Cuando llegué a casa después de la conferencia, hice el primer ejercicio y, mientras lo hacía, sentí innumerables Falun girando por todo mi cuerpo. Lo único que podía pensar era: «Soy practicante de Falun Dafa».

Entiendo que Shifu ha estado a nuestro lado durante incontables años guiándonos hasta este momento, y que mi historia no es especial. La escribí con la esperanza de que animara a otros.

Por favor, señálenme compasivamente si hay algo que se pueda mejorar.

Gracias, Shifu; gracias, compañeros practicantes.