(Minghui.org) El orgullo se considera un rasgo negativo en muchas creencias tradicionales. En las religiones occidentales, es el primero de los siete pecados capitales. En la escritura budista Avatamsaka Sutra (华严经), el orgullo figura como el principal de los Tres Obstáculos, seguido de la envidia y la avaricia.

En las religiones ortodoxas, el orgullo es una debilidad que puede conducir a la destrucción. Se dice que Satanás fue una vez un ángel de seis alas, conocido como el hijo de la mañana, radiante de belleza y sabiduría. Fue arrojado del cielo porque perdió la humildad y se rebeló contra Dios.

Hay una historia similar en el budismo. Devadatta, primo del Buda Sakya Muni, fue su devoto discípulo. Después de que Devadatta desarrollara poderes sobrenaturales, se volvió cada vez más arrogante e intentó usurpar el liderazgo de Sakya Muni. Incluso contrató a gente para asesinarlo, soltó un elefante violento y arrojó una gran roca montaña abajo. Finalmente, cayó al infierno por la enorme cantidad de yeli (karma) que acumuló.

He notado que algunos practicantes de Falun Dafa muestran orgullo. Después de practicar durante algunos años, creen que saben todo lo que hay que saber sobre Dafa. Dejan de lado Zhuan Falun, alegando que no hay nada más que aprender; algunos incluso redefinieron el significado del Fa. Estos practicantes, cegados por su orgullo, no lograron ver los significados más profundos en los infinitos niveles del vasto universo.

Este orgullo se puede ver cuando algunos practicantes aclaran la verdad sobre la persecución. Después de haber hecho cosas para ciertos proyectos, se vuelven arrogantes y presumen de sus logros. Algunos disfrutan de ser elogiados y empiezan a dar órdenes a los demás practicantes. Tampoco pueden aceptar críticas. Cuando otros hicieron sugerencias, un practicante discutió y se negó a escuchar. Cuando otro enfermó, dijo que era injusto porque sentía que había hecho mucho por Dafa. Se quejó de Shifu y finalmente murió en agonía.

El orgullo también se refleja al compartir experiencias. Algunos presumen de lo que han hecho y menosprecian y se quejan de otros practicantes. Un practicante se enorgullecía y miraba por encima del hombro a los demás. Otro se atribuía el mérito de lo que hacían otros, pero evadía la culpa si las cosas no salían bien. Algunos de estos practicantes finalmente se rebelaron contra Dafa y se convirtieron en agentes del PCCh. Algunos enfermaron y fallecieron; otros fueron perseguidos repetidamente; y algunos continuaron causando problemas a otros practicantes, negándose a asumir la responsabilidad si un proyecto fracasaba.

En el Sutra de la No Actividad de Todos los Dharmas (诸法无行经), Sakya Muni relató que, en una de sus vidas pasadas, albergó ira contra un monje. Como consecuencia, fue arrojado al Infierno Avici durante eones. En el Sutra del Sabio y el Necio (贤愚经), un joven monje se burló de un anciano monje por sonar como un perro ladrando al recitar las escrituras. Aunque el joven monje se arrepintió rápidamente, fue castigado y reencarnó como perro durante 500 vidas. Estas historias nos cuentan las terribles consecuencias de ser arrogante y ridiculizar a los demás.

Albergar un sentido de orgullo puede ser resultado del efecto Dunning-Kruger, también conocido como el fenómeno de la rana en el pozo. Las personas con poca experiencia o conocimientos en un área específica tienden a sobreestimar considerablemente sus propios conocimientos o competencias, y muestran una importancia excesiva de sí mismos. Cuando nos damos cuenta de que nosotros mismos o los demás actuamos con arrogancia, debemos estar alerta y corregirnos de inmediato o recordárselo a los demás.

Cuanto menos se sabe, más arrogante se es; cuanto menos competentes se es, más ansiamos atribuirnos el mérito; cuanto más intolerantes somos, más tendemos a presumir, envidiar y despreciar a los demás. Como practicantes, debemos abandonar nuestras nociones, incluido nuestro orgullo. Debemos abandonar la autoimportancia, porque la humildad nos permite seguir progresando en la cultivación. Por mucho que creamos haber aprendido o hecho, es demasiado poco: sabemos menos que una gota en el océano de Fo Fa, y la cantidad de seres conscientes que hemos salvado puede ser apenas equivalente a una diminuta estrella en la galaxia.

El rey Salomón, hijo de David, una vez oró a Dios y le pidió un corazón con discernimiento para gobernar al pueblo de Dios y distinguir entre el bien y el mal. Dios entonces prometió a Salomón una sabiduría sin precedentes, pues pidió sabiduría para gobernar al pueblo con justicia, en lugar de pedir una larga vida, riquezas o la muerte de sus enemigos.

El rey Salomón dijo: «El orgullo precede a la destrucción, y la humildad a la honra». Si queremos ser genuinos practicantes, debemos tener claro que el orgullo es el punto de partida de la degeneración, que conduce a la destrucción. Debemos estar alerta cuando surjan señales de egocentrismo y orgullo, y trabajar arduamente para eliminarlos.