(Minghui.org)
¡Saludos, respetado Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!
Soy un joven discípulo de Dafa. Comencé a practicar junto con mi familia cuando estaba en la escuela primaria. Tras años de cultivación, he pasado de ser un pequeño practicante confundido a un joven adulto que se esfuerza por alcanzar una verdadera cultivación. A continuación, comparto mi experiencia de cultivación de los últimos años en lo que respecta a la fe en Shifu y en el Fa.
Dejando atrás el miedo postraumático
Hace tres años, durante una sesión informativa, un bombero habló sobre accidentes de tráfico y mostró fotografías de escenas de accidentes realmente espantosas. Aquellas imágenes me provocaron un gran malestar; de repente, empecé a sentir un dolor intenso en la cabeza, lo que dio lugar a un miedo que me resultó difícil de superar. Durante el descanso, salí al pasillo, fuera del auditorio, pero la sensación de malestar persistió.
Entonces perdí el conocimiento y me desmayé. Caí al suelo, pero quedó un espacio entre mi cabeza y el pavimento; Shifu me protegió. Aunque recuperé el sentido rápidamente, todo ante mis ojos se volvió blanco y vacío, volviéndose cada vez más y más brillante. Sentí como si mi conciencia estuviera a punto de abandonar mi cuerpo. En mi mente, rechacé de inmediato este estado y le pedí a Shifu que me salvara. Al cabo de un minuto, me recuperé.
Aunque mantuve la mentalidad correcta durante el incidente, la verdadera prueba llegó después.
Meses más tarde, mientras participaba en una sesión de estudio del Fa e intercambio de experiencias, volví a sentirme mareado de repente. El recuerdo de aquel desmayo regresó a mi mente. Empecé a preocuparme por la posibilidad de desmayarme inesperadamente mientras caminaba o conducía mi motocicleta. Como no afronté la situación con pensamientos rectos y permití que el temor permaneciera en mi mente, no pude llevar una vida normal durante varios días.
Este miedo intenso me provocó, de hecho, la ilusión de estar mareado. Aunque más tarde intensifiqué el envío de pensamientos rectos para estabilizar la situación, no miré hacia mi interior para identificar los aspectos en los que realmente necesitaba mejorar. Al cabo de unos meses, volvió a ocurrir una situación similar y me preocupó que pudiera producirse un accidente de forma inesperada. Incluso empecé a tener pensamientos negativos sobre mi camino de cultivación. Me trataba, por completo, como a una persona común.
Cuando comencé a intensificar el estudio del Fa y a mirar hacia adentro, me di cuenta de que no estaba considerando mi estado físico como debería hacerlo un practicante. Sentía miedo porque, en realidad, no me trataba a mí mismo como a un cultivador. Detrás de esto, además, había una falta de fe en Shifu y en el Fa. No tenía la firme convicción de que Shifu estuviera organizando todo para mí.
Entonces, comencé a negar estas sensaciones superficiales. Cada vez que aparecía el mareo, lo rechazaba y me negaba a reconocerlo. Poco a poco, me volví más resuelto y empecé a comprender que esas reacciones, en realidad, no eran verdaderas. Con el tiempo, logré
eliminar este miedo mediante la cultivación.
Eliminar el miedo a la persecución mediante la cultivación
Desde que era niño, sentía temor ante la interferencia del mal y la persecución. Me preocupaba que, si no me cultivaba bien, el mal pudiera aprovecharse de mí. Como resultado, veía mi propia cultivación de una manera negativa. Cuando surgían apegos que no lograba eliminar, me culpaba en exceso y temía que, en algún momento, sufriera alguna interferencia.
Este tipo de pensamiento, en apariencia, me motivaba a ser diligente. Sin embargo, su fundamento era, en realidad, el miedo, y no una verdadera comprensión del significado de ser un discípulo del periodo de la Rectificación del Fa, ni del propósito de las tres cosas. Cada vez que surgía alguna situación en mi cuerpo, pensaba que se debía a una interferencia causada por no haberme cultivado bien; al hacerlo, estaba reconociendo dicha interferencia.
Además, sentía miedo de las viejas fuerzas y la sensación de estar siendo observado constantemente por ellas. También temía que el yeli que debía —acumulado en vidas pasadas— sirviera como excusa para que me persiguieran. No sabía cómo distinguir entre el camino arreglado para mí por Shifu y aquel organizado por las viejas fuerzas.
Más tarde, leí un relato de experiencias compartido por un practicante en China. Debido a su deuda de yeli de una vida anterior, las viejas fuerzas dispusieron que fuera perseguido en esta vida; las personas a las que él había dañado en su vida pasada se convirtieron en los guardias del campo de trabajos forzados que habrían de perseguirlo en esta existencia.
Sin embargo, él rechazó por completo esta disposición y creyó firmemente que solo Shifu podía arreglar todo para él, y que él estaba bajo la guía exclusiva de Shifu. Ningún otro ser tenía la autoridad para utilizar antiguas relaciones conflictivas con el fin de perseguirlo. Gracias a este pensamiento de fe recta, los guardias dejaron de perseguirlo y la tribulación se disipó de inmediato.
Shifu nos enseñó:
“Nosotros tenemos que rechazar incluso la aparición de las viejas fuerzas y sus arreglos; todos tenemos que rechazar hasta sus existencias. Estamos fundamentalmente negando todas sus cosas, y todo, y solamente las cosas que tú haces para eliminarlos es la poderosa virtud. No se cultiven en las tribulaciones creadas por ellos; caminen bien el propio camino sin reconocerlos a ellos, ni siquiera reconozcan la manifestación de las tribulaciones cuando las eliminen”. (Exponiendo el Fa en el Fahui de Chicago, 2004, Colección de Enseñanzas del Fa, Vol. IV )
Desde entonces, cada vez que temía que no hacerlo bien pudiera derivar en una persecución por parte de las viejas fuerzas, o cuando se me imponían ilusiones o sentimientos desde otras dimensiones, los negaba con firmeza. Comencé a comprender, de manera clara y auténtica, que esos pensamientos no eran míos, y que mi camino de cultivación está arreglado por Shifu, por lo que no permite la intervención de las viejas fuerzas.
Eliminar nociones durante la investigación académica
Actualmente, estoy cursando un doctorado. Siempre me ha apasionado la investigación académica; nunca me preocuparon demasiado los ingresos futuros o el empleo. Mi especialidad ofrece pocas salidas laborales y presenta una barrera de entrada elevada, pero yo ya estaba mentalmente preparado para ello. Sin embargo, con el paso del tiempo, empecé a inquietarme por mi futuro tras la graduación. Deseaba con ansiedad mejorar mis capacidades y acumular más logros para facilitar mi trayectoria profesional.
Debido a mi inseguridad respecto al futuro, a menudo tomaba las experiencias de los demás como el único camino hacia el éxito, en lugar de reflexionar con calma sobre qué capacidades debería desarrollar en mi etapa actual. Sentía una presión especial cuando mis profesores o compañeros de cursos superiores compartían sus propias experiencias: cómo redactar mejor los trabajos de investigación, en cuántos seminarios participar, cómo buscar oportunidades para ir al extranjero y ampliar horizontes, etc. Pensaba que, si no lograba alcanzar su nivel, mi futuro sería sombrío.
Poco a poco, comencé a desarrollar un sentimiento de inferioridad. Me sentía avergonzado y menos capaz al encontrarme con personas destacadas. El ámbito académico convencional es altamente competitivo; todos se esfuerzan al máximo por sobresalir, con el fin de obtener becas y ganar reconocimiento. Como resultado, me sumergí por completo en la investigación. Luego, alguien me sugirió que necesitaba un buen dominio de idiomas extranjeros; así que me obligué a aprender uno, a pesar de que no se ajustaba a mis capacidades en ese momento. Otra persona comentó que, en el mundo académico, los contactos son fundamentales, lo que me llevó a sentir que carecía de una red de relaciones suficiente. En resumen, las sugerencias de los demás me provocaban estrés, sentimientos de inferioridad y ansiedad. Siempre sentí que me faltaba algo y que nunca lograba ponerme al día.
Durante las vacaciones de verano, hace más de un año, la beca que recibía llegó a su fin, al igual que mi trabajo como asistente académico. De repente, me quedé sin ingresos y bajo una gran presión. En estas circunstancias, empecé a leer debates en línea sobre el costo de la vivienda y los precios de los productos básicos. Como resultado, mi estado de ánimo se vio gravemente afectado; sentía que mi futuro era sombrío y que había elegido un camino arduo y poco gratificante. Aunque sabía que el camino de los practicantes está totalmente arreglado por Shifu, no mantuve pensamientos rectos mientras me dejaba influir por aquellos de mi entorno.
Al mismo tiempo, me topé con un obstáculo importante al definir el tema de mi tesis doctoral. Mi profesor tutor no estaba satisfecho con el concepto que propuse, y los datos que logré obtener resultaron insuficientes para sustentar mi investigación. A pesar de realizar múltiples revisiones, me encontré en un callejón sin salida. Finalmente, el profesor sugirió abordar mi investigación desde un campo distinto y desconocido para superar los bloqueos existentes. Él actuaba pensando en mi beneficio; sin embargo, en aquel momento, interpreté que rechazaba mi idea porque me menospreciaba, así como al arduo trabajo y la dedicación que había invertido hasta entonces. Me sentí profundamente frustrado.
Sin otra alternativa, intenté realizar el cambio, pero mi resistencia interna y la presión no dejaban de aumentar. Para mí, adentrarme en un campo nuevo significaba renunciar a aquello en lo que había trabajado durante años —algo que, además, me brindaba una sensación de seguridad—. También corría el riesgo de retrasar mi graduación. Por otra parte, al ser un área que recibe poca atención dentro de la comunidad académica, me preocupaba pasar desapercibido y que los demás dudaran de mi profesionalismo, lo cual dificultaría encontrar un buen empleo.
A partir de entonces, me vi atrapado —casi a diario— en un ciclo de angustia y presión inmensas. Con frecuencia experimentaba pánico y mis nervios estaban al límite. Además, comencé a sufrir acúfenos e insomnio. Finalmente, en medio de un ataque de pánico, me detuve y me pregunté: «¿Acaso quiero ser un verdadero practicante?». «Ante estas dificultades, ¿puedo mantenerme firme en los pensamientos rectos de un cultivador?»
Miré en mi interior cuidadosamente y, en primer lugar, descubrí que no tenía suficiente fe en Shifu y en el Fa, y que no creía verdaderamente que el camino hubiera sido arreglado por Shifu. Al mismo tiempo, tenía la costumbre de utilizar mis logros y el reconocimiento de los demás como criterio para medir mi valor personal. Como resultado, siempre buscaba la validación de mis colegas y profesores, sintiendo que, si no recibía reconocimiento, carecía de valor.
Cuando otros expresaban opiniones positivas sobre mi investigación académica, estas terminaban convirtiéndose en mis propias cadenas, pues temía que los demás descubrieran que, en realidad, no era tan perfecto. Por eso sentía que el camino ante mí se estrechaba cada vez más.
Shifu dijo:
«Si una persona quiere ser salvada, ella debe trascender el hecho de que está inmersa en y experimentando personalmente, un ambiente difícil donde hay adversidad, intereses propios, emociones y deseos. Todo involucra los intereses propios del cultivador, y como persona cualquier cosa puede afectarte; tus pensamientos y emociones, tu xinxing, y las cosas a las que estás apegado internamente. Si logras tomar cierto camino y tomar ciertas decisiones, entonces tú eres extraordinario; de otro modo eres una persona común. Si puedes salir del razonamiento y apegos de la gente común, entonces eres un dios». ( Exponiendo el Fa en el Fahui Internacional de Nueva York, 2004)
Las palabras de Shifu me hicieron despertar. Comprendí que no necesitaba esforzarme incesantemente ni maquinar estrategias —como hace la gente común— para asegurar un buen camino hacia adelante. Solo necesitaba esforzarme por lograr un avance significativo en mi propio campo de investigación. Soy un discípulo de Dafa, el ser más afortunado del universo. Poder asistir a Shifu en la rectificación del Fa es un honor inmenso; por lo tanto, no requería de los comentarios de la gente común para validarme. Asimismo, comencé a fortalecer mis pensamientos rectos memorizando el Fa. Cuando surgía la ansiedad, analizaba racionalmente mis nociones y lograba superar los desafíos.
Una fe firme en Shifu me permitió ver los arreglos de Shifu
En la conferencia Exponiendo el Fa en Sidney, Shifu señaló: «... logro natural, sin intención».
Tras abandonar por completo mis preocupaciones, aceptar la sugerencia de mi profesor y cambiar mi campo de investigación, me di cuenta de que, en apariencia, había renunciado a un camino conocido —uno que, a mi juicio, ofrecía mayores probabilidades de éxito—. Sin embargo, una vez que lo dejé atrás, descubrí que el nuevo campo enriquecía mi perspectiva y me permitía explorar una gama de temas mucho más amplia que antes. Más importante aún: siempre había deseado utilizar mi investigación para aclarar la verdad y exponer la verdadera naturaleza del Partido Comunista Chino (PCCh); este nuevo tema, de hecho, me brindó el mayor espacio posible para desplegar mis capacidades.
Gracias, Shifu, por realizar estos arreglos con tanto esmero. Tras dejar atrás los apegos humanos, pude ver que todo estaba arreglado por Shifu: no perdí ninguna oportunidad para participar en conferencias académicas ni para obtener becas. Las habilidades y perspectivas adquiridas a través de la investigación también me ayudaron en proyectos destinados a validar el Fa. Lo que realmente quedó atrás fueron aquellas viejas nociones que me impedían avanzar en mi cultivación.
Reflexiones finales
A lo largo de mi cultivación en los últimos años, he sentido cada vez más que los arreglos de Shifu están presentes en todas partes. Al mirar atrás, después de haber mejorado mi xinxing, me di cuenta de que todos esos problemas surgían de mis apegos humanos y de mi falta de fe en Shifu y en el Fa.
Si logro dejar atrás, con valentía, el miedo y los pensamientos egoístas, alcanzo la fe en Shifu y en el Fa. Cada día, a partir de ahora, es sumamente valioso. Espero poder restarle importancia a la búsqueda de la fama, la fortuna y el estatus, propios de la gente común, y realizar bien las tres cosas mientras continúo con mi investigación académica.
Lo anterior es mi entendimiento. Por favor, señalen cualquier aspecto que pueda ser mejorado.
¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, compañeros practicantes!
(Artículo seleccionado para el Fahui de Taiwán de 2026)
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