(Minghui.org) ¡Saludos, compasivo Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!

Tengo 77 años y comencé a practicar Falun Dafa (también conocido como Falun Gong) en 1996.

Los artículos de experiencias de otros practicantes siempre me han inspirado, y a menudo he pensado en poner por escrito mis propias vivencias. Sin embargo, siempre he sentido que soy una persona muy común y que no tengo nada especial que contar. Animada por mis compañeros practicantes, he decidido relatar mis experiencias de cultivación a Shifu y compartirlas con todos ustedes.

Experimentando el asombroso poder de Dafa

Me jubilé por motivos de salud a los 42 años, ya que padecía una enfermedad cardíaca, artritis reumatoide y problemas estomacales. Tuve la fortuna de conocer Falun Dafa y, poco después, todas mis dolencias desaparecieron. Me sentía bien, lucía saludable y la gente decía que parecía diez años más joven.

En nuestro lugar de práctica había muchos practicantes de edad avanzada, mientras que los más jóvenes debían trabajar. Por ello, me ofrecí a ayudar a los practicantes a adquirir los libros de Dafa. Recolecté 2.000 yuanes de los practicantes, los guardé en una bolsita y la coloqué dentro de una mochila grande que llevaba en la cesta de mi bicicleta. De camino a casa, pasé por el mercado agrícola y me detuve en un puesto de sandías. Estacioné la bicicleta, elegí una sandía y la pesé. Al darme la vuelta para recoger mi mochila, me di cuenta de que la bolsita había desaparecido.

Al llegar a casa, me sentí terriblemente mal y estuve a punto de llorar. Levanté la vista y vi el retrato de Shifu; Él me miraba con compasión. Mi mente quedó en blanco y sentí a mi alrededor una energía llena de compasión y paz. Me tranquilicé y recordé las enseñanzas de Shifu:

¿Por qué te encuentras con estos problemas? Todos son causados por tus deudas de yeli, y nosotros ya hemos eliminado incontables e innumerables porciones para ti. Queda solo ese poquito dividido en cada nivel y, a fin de elevar tu xinxing, se establecen algunas tribulaciones para forjar y refinar el corazón humano y quitar todo tipo de corazones de apegos» (Cuarta Lección, Zhuan Falun).

Las deudas deben ser saldadas, y esta era la forma en que debía pagar lo que debía. Comprendí el principio del Fa, dejé ir mi apego y me sentí feliz.

Cuando comencé la cultivación, tenía un fuerte apego a la búsqueda. Estaba totalmente concentrada en alcanzar un estado de ligereza, pero, tras escuchar las lecciones de Shifu decenas de veces, no sentía nada. Cuanto más buscaba ese estado, más lejano parecía. Al darme cuenta de esto, dejé de perseguirlo.

Unos meses después, tuve que transportar una caja grande de libros Zhuan Falun en mi bicicleta. Era difícil, ya que la caja iba sujeta en la parte trasera, así que fui caminando mientras empujaba la bicicleta por la calle. Poco después, sentí que no podía sujetar el manillar y que mis pies ya no tocaban el suelo; parecía como si tanto la bicicleta como yo estuviéramos a punto de salir flotando. Empecé a entrar en pánico, pues caminaba por una calle empinada con una carga pesada. Cuando la situación se estabilizó, recuperé la calma y continué caminando lentamente.

Recordé las palabras de Shifu:

«Desde ayer, tras escuchar mis lecciones, muchos sintieron todo el cuerpo ligero» (Segunda Lección, Zhuan Falun).

Era exactamente lo que Shifu había descrito. Me sentía ligera como una pluma, como si estuviera flotando hacia arriba. ¡Dafa es verdaderamente asombroso!

Dejando ir el resentimiento hacia mi esposo

Me casé a los 20 años y, a los 30, ya era madre de tres hijos. Pocos años después de casarnos, mi esposo empezó a faltar a las comidas familiares debido a sus compromisos laborales y llegaba a casa tarde por la noche. No tenía tiempo para ocuparse de los niños ni para realizar ninguna tarea doméstica. Esto continuaba desde hacía más de una década.

Mi esposo es hijo único, así que vivíamos con mis suegros. Mi suegra era frágil, padecía enfermedades frecuentes y, a menudo, debía permanecer en cama. Cuando su estado de salud empeoró, ya no pudo valerse por sí misma. Alguien tenía que alimentarla, administrarle sus medicamentos, bañarla y cambiarle la ropa.

Al llegar a casa después del trabajo, debía ocuparme de mis tres hijos y de mi suegra anciana. Tenía preocupaciones constantes y una carga interminable de tareas domésticas. Me sentía agotada y guardaba resentimiento hacia mi esposo por descuidar a su familia, no interesarse por nuestro hogar y mostrarse irresponsable con nuestros hijos. Me sentía amargada y consumida.

Incluso después de convertirme en practicante, seguía guardando resentimiento hacia mi esposo. Me enfadaba y discutía con él cuando las cosas no salían como yo quería, olvidando por completo que era una practicante. Cuando él me reprendía, yo le respondía con dureza; por cada insulto que me lanzaba, yo le devolvía dos. No paraba hasta sacarlo de quicio. Mi esposo solía decirme: «No te comportas como una practicante». A menudo me repetía: «Estoy aquí para ayudar a cultivarte».

Mis apegos eran tan fuertes que no lograba comprender las señales evidentes; esta situación se prolongó durante casi dos años. Sabía que no debía comportarme de esa manera, pero simplemente no lograba cambiar. Pensaba que discutir con mi familia era algo sin importancia, ya que después nos reconciliábamos. Aunque sentía arrepentimiento tras cada discusión, pero en cuanto surgía un conflicto, era incapaz de mantener la calma. Olvidaba constantemente que era una practicante y actuaba como una persona común. Esto me causaba mucha angustia.

A menudo me paraba frente al retrato de Shifu para expresar mi intención de cambiar. Pero, como no me mejoraba basándome en el Fa, no lograba resolver la causa raíz. Tras reprimir mi resentimiento durante un tiempo, volvía a discutir.

Shifu dijo:

«Como los seres humanos tienen qing, enojarse es qing, alegrarse es qing, amar es qing, odiar es qing, querer hacer algo es qing, no querer hacer algo aún es qing, pensar quién es bueno o quién es malo y tener ganas de hacer algo o no, todos son qing, y la gente común vive precisamente por el qing» (Sexta Lección, Zhuan Falun).

Me di cuenta de que el resentimiento hacia mi esposo era un tipo de emoción que me envolvía y me atormentaba. Si no lograba desprenderme de él, este me enredaría y me agobiaría, impidiéndome cultivar de manera genuina. Solo al deshacerme de este apego podría trascender el reino humano y alcanzar una verdadera compasión.

Todo está regido por la ley de causa y efecto. Seguramente yo lo traté de esta manera en una vida pasada; por eso él me trataba así ahora. Yo también he causado dolor y daño a otros en el pasado, así que debo saldar esa deuda. Cuando mi xinxing mejoró, comprendí que mi esposo me estaba ayudando a elevarme, y que debía estarle agradecida. Con el tiempo, mi resentimiento desapareció por completo.

Hace varios años, mi esposo se sometió a una cirugía mayor y le quedaron secuelas. Estaba muy débil y necesitaba cuidados diarios. Lo atendí y ayudé en todo lo posible, conforme a los estándares de una practicante. Él decía: «¡Falun Dafa es maravilloso! ¡Tener una esposa que practica Falun Dafa es mi mayor bendición!».

Eliminar más apegos y recorrer un camino recto

Fui llevada a la estación de policía por hablar con la gente sobre Falun Dafa. Durante mi detención, experimenté síntomas de enfermedad, por lo que mi familia solicitó a la policía mi liberación bajo «fianza a la espera de juicio». 

Después de regresar a casa, todos pensamos que el asunto había quedado resuelto. Sin embargo, un año más tarde, un agente de policía informó a mi familia que yo debía comparecer ante el Tribunal. Les dije: «No voy a ir. Me están persiguiendo y no voy a colaborar con ellos».

La policía seguía llamando a mi hijo, ya que él era mi garante de fianza. Mi esposo me instó a ir, pero me negué. Pocos días después, ejercieron presión sobre mi familia y amenazaron con llevarse a mi hijo si yo no me presentaba ante el Tribunal. Mi nuera estaba asustada y lloraba, mi esposo no sabía qué hacer y mi hija rompió a llorar.

Al ver sus reacciones, dudé. Si no iba, las autoridades de seguridad pública podrían hacer daño a mi familia. Unos años antes, habían detenido a mi hijo menor durante una semana porque no lograban encontrarme. No quería que mi hijo mayor ni el resto de mi familia sufrieran, así que consideré acudir al Tribunal; pero pensé que, si lo hacía, estaría aceptando la persecución.

Ante este dilema, salí de casa durante dos días para calmarme y reflexionar. Los practicantes que conocían mi situación hicieron todo lo posible por ayudarme. Muchos enviaron pensamientos rectos, algunos llamaron al Tribunal para aclarar la verdad, y otros visitaron a mi familia para brindarles consuelo. Sus esfuerzos eliminaron los elementos negativos en otras dimensiones. Estudié el Fa, envié pensamientos rectos y miré hacia mi interior. Sentí que mi campo de energía se volvía más puro, y que mi cuerpo y mi mente se aclaraban y se volvían más transparentes a medida que los factores perversos eran destruidos.

Shifu dijo:

«No importa cuál sea la situación, no cooperen con las demandas, órdenes e instigaciones del mal» (Los pensamientos rectos de los discípulos de Dafa son poderosos, Escrituras esenciales para mayor avance (II)).

Comprendí que acudir al Tribunal significaba colaborar con las autoridades y reconocer la persecución. Supe que debía rechazar los arreglos de las viejas fuerzas y seguir únicamente el camino dispuesto por Shifu. Noté que sentía una preocupación excesiva por mi familia, así como un gran apego afectivo hacia ellos; todo esto era producto de pensamientos humanos y sentimentalismo. Estos son apegos que un practicante debe eliminar. A medida que mi carácter mejoró, logré desprenderme de ese apego al afecto familiar.

La mañana del tercer día, regresé a casa con la mente despejada. Vi a mi familia esperándome dentro del automóvil. Se alegraron mucho al verme y dijeron con entusiasmo: «¡Vamos a dar una vuelta!». Sonreí y subí al vehículo. Después de comer, mis hijos regresaron a sus respectivos hogares. Les dije: «No se preocupen por mamá. Nadie puede hacerme daño. ¡Pueden estar tranquilos, pues Shifu me está protegiendo!».

Al llegar a casa, estudié el Fa y envié fuertes pensamientos rectos para desmantelar los elementos negativos que estaban detrás de la audiencia judicial ilegal. A la mañana siguiente, el Tribunal notificó a mi esposo que la audiencia había sido cancelada. Esta persecución en mi contra se disolvió gracias a la compasiva protección de Shifu.

Al reflexionar sobre mis 30 años de camino en la cultivación, puedo ver que cada paso ha sido dado bajo la protección de Shifu, y que cada dificultad ha sido resuelta a través de los principios de Dafa. Seguiré teniendo una fe absoluta en Shifu y en el Fa, y regresaré a casa junto con Shifu.

¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, compañeros practicantes!

(Artículo seleccionado para el 23.er Fahui de China en Minghui.org)