(Minghui.org) Me gustaría contarles cómo mi familia se ha beneficiado de Dafa, así como compartir dos experiencias personales sobre cómo superé el «yeli de enfermedad» y eliminé el resentimiento.
Mis familiares conocieron la verdad y fueron bendecidos
Ayudé a mis familiares a renunciar al Partido Comunista Chino (PCCh) y a sus organizaciones afiliadas; comencé por mi hermano mayor, quien era secretario del PCCh. Cuando le aclaré la verdad y lo animé a renunciar, él dijo: «Todavía no puedo renunciar. Dentro de un año, habré cumplido 40 años como miembro del Partido». Le aconsejé: «¿De qué sirve eso? Si renuncias, no tendrás que cargar con la responsabilidad de los crímenes del PCCh». Él respondió: «Sé que este Partido no tiene futuro. Renunciaré». En su lugar de trabajo, estaba previsto que se jubilara; sin embargo, tras renunciar al PCCh, le pidieron que siguiera trabajando dos años más. Comprendí que recibió esta bendición por haber renunciado al PCCh.
Mi hermana mayor sufría de dolores en el pecho desde niña. En una ocasión, llegó a desmayarse a causa del dolor, pero recuperó el conocimiento al ser llevada al exterior. Después de que le aclaré la verdad, ella renunció a las organizaciones del PCCh a las que pertenecía. Ahora, siempre lleva consigo un amuleto con información sobre la verdad y dice: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». El dolor en el pecho nunca ha vuelto a aparecer. Actualmente tiene 82 años y no padece problemas de salud; puede ir al mercado por su cuenta e incluso cultiva batatas en el campo. Vive feliz cada día. Sé que ha sido bendecida por haber renunciado al PCCh.
Mi segunda hermana mayor y toda su familia conocen la verdad y saben que Dafa es bueno. Ellos también se han beneficiado de Dafa. Hace varios años, cuando ella se sometió a una cirugía de hígado y vesícula biliar, le pedí que recordara: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». Toda su familia estuvo de acuerdo, y la cirugía transcurrió sin contratiempos. Le dieron el alta hospitalaria apenas tres días después de la operación. Su esposo me comentó: «¡Cuando dije "Falun Dafa es bueno; ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno”, me sentí muy bien!». Yo respondí: «Este es el poder de Dafa. ¡Todos deberíamos agradecer a Shifu!». Mi segunda hermana mayor tiene ahora 77 años y goza de muy buena salud; incluso sigue ayudando a cuidar a los hijos de su hijo. El insomnio que padecía su esposo también desapareció.
Dos tribulaciones de vida o muerte provocadas por el resentimiento
Mi suegra enfermó y fue hospitalizada. Aunque tenía varios hijos, todos vivían fuera de la ciudad y no podían ayudarla. El séptimo tío de mi esposo me llamó para pedirme que fuera a ayudar, así que tomé un autobús de inmediato. En ese momento, la única persona que cuidaba a mi suegra en el hospital era mi cuñada mayor; ella estaba tan agotada por los cuidados que terminó siendo hospitalizada también.
Ese día, subí al autobús poco después de la 1:00 p. m. y llegué al hospital pasadas las 4:00 p. m. Como mi suegra estaba gravemente enferma, llamé a mi segunda hermana mayor, que vivía fuera de la ciudad, para pedirle que viniera. El estado de mi suegra era crítico: necesitaba orinar cada 25 minutos y, además, debíamos ayudarla constantemente a expulsar flemas. Mi hermana y yo no dormimos ni esa noche ni el día siguiente. Recién después de las 9:00 p. m. del día siguiente, llegaron mi cuarta y quinta cuñada para relevarnos. Luego fuimos a casa del séptimo tío de mi esposo y finalmente pudimos dormir un poco.
A la mañana siguiente, regresamos al hospital para relevar a mis cuñadas (la quinta y la cuarta). En ese momento, el segundo hermano mayor de mi esposo llamó y dijo: «Tenía planeado ir a relevarlas, pero este fin de semana tengo que limpiar la casa para prepararla y alquilarla, así que no puedo ir». Al oír esto, sentí que surgía el resentimiento en mí.
Antes incluso de que mis cuñadas se marcharan, de repente sentí como si hubiera perdido la sensibilidad en mi cuerpo. Mis piernas no respondían cuando intentaba caminar. Presentaba síntomas de un coágulo cerebral y no podía desplazarme. Aseguré que estaba bien y que pronto me recuperaría, pero no me hicieron caso; me subieron a una silla de ruedas y me llevaron a urgencias. Mis hijos llegaron al hospital en ese preciso instante. Sin que yo lo supiera, el médico solicitó que me hicieran una resonancia magnética, la cual fue pagada por la hermana menor de mi esposo. Al enterarme, no quise someterme al examen, pero el dinero ya no era reembolsable. Mis familiares insistieron tanto en que me realizara la prueba que no tuve más remedio que aceptar.
Nada más tumbarme en la camilla de exploración, comencé a enviar pensamientos rectos. Al final, resultó que no tenía nada. Aun así, el médico me recetó tres tipos de medicamentos, aunque en ese momento el hospital solo disponía de uno de ellos. Pensé: «Soy practicante de Falun Dafa y Shifu me está cuidando. Estaré bien». A escondidas, tiré las recetas y el medicamento a la basura. El séptimo tío de mi esposo llamó a mis hijos para que vinieran a buscarme y me llevaran a casa.
De camino a casa, seguí quejándome ante mis hijos sobre mi segundo cuñado y, en particular, sobre su esposa. Mi suegra había estado hospitalizada varias veces, pero ella nunca fue a cuidarla ni una sola vez; solo se preocupaba de sí misma. Más tarde, al compartir mis experiencias con otros practicantes, me di cuenta de que esta ilusión de «yeli de enfermedad» había sido provocada por mi resentimiento. No debía exigir a las personas comunes los mismos estándares que a un practicante. Miré hacia mi interior y descubrí que tenía miedo de terminar agotada. Pero el problema principal era que sentía resentimiento hacia mi segunda cuñada.
Otra experiencia relacionada con el «yeli de enfermedad» ocurrió después de que mi esposo y yo discutiéramos por asuntos domésticos; yo sentía que él era una persona desordenada. Un día, antes de la hora de enviar «pensamientos rectos», decidí fregar el suelo primero. Al terminar, cuando recogí el paño, de repente perdí la movilidad de la mano y, poco después, perdí el control de todo mi cuerpo. Mi esposo estaba acostado en la cama. Logré llamarlo una sola vez, pero luego ya no pude hablar. Al ver lo que sucedía, mi esposo me sacó rápidamente del baño. Aunque mi mente estaba totalmente lúcida, no podía pronunciar ni una sola palabra.
Mi esposo me ayudó a llegar a la cama y quiso llamar al 120 (el número de emergencias en China). En mi interior pensé que no era necesario llamar, pero seguía sin poder emitir sonido alguno; solo pude hacer un gesto con la mano para detenerlo. Cuando llegó la ambulancia, me colocaron en una camilla y me llevaron al hospital. Mientras me realizaban una tomografía computarizada (TC), recordé de repente que solía aconsejar a los demás que dijeran: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». ¿Por qué me había olvidado de hacer esto en un momento tan crucial?
De inmediato, comencé a recitar en mi interior: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». Desde la sala de tomografía hasta la sala de observación, solo lo dije cuatro veces. Cuando el médico me pidió que moviera las piernas, descubrí que podía mover todo mi cuerpo. El médico me preguntó mi nombre y le respondí de inmediato. Mi esposo se alegró mucho al ver esto, y el médico comentó: «Para alguien en su estado, tiene mucha suerte». Poco después, mi hija llegó al hospital. Les dije que estaba bien y que quería irme a casa, pero me detuvieron e insistieron en que me quedara para seguir en observación y pasar la noche en el hospital.
Sentí que aquel no era el lugar para mí. A la mañana siguiente, mientras el médico no estaba de turno, salí del hospital discretamente y regresé a casa. Cuando el médico descubrió que me había marchado, me llamó. Le dije: «Gracias por cuidarme. Ahora ya estoy bien».
Más tarde, miré hacia dentro para comprender por qué había ocurrido esto. Por aquel entonces, sentía un resentimiento constante hacia mi esposo. Ese día, me enfadé de nuevo con él porque me parecía que era descuidado con la higiene. Él me dijo que no me metiera en sus asuntos. Le respondí: «Si logras enfadarme tanto que termino en el hospital, aunque vengas a visitarme, no te hablaré».
A raíz de este incidente, me di cuenta de que las viejas fuerzas se habían aprovechado de mi resentimiento y lo utilizaron como excusa para perseguirme. Afortunadamente, mi fe firme en Dafa me permitió anular esto en el momento crucial; de lo contrario, las consecuencias habrían sido inimaginables.
Finalmente eliminé mi resentimiento
Mediante el estudio del Fa y al escuchar las experiencias de otros practicantes, aprendí a mirar hacia mi interior y, en particular, a eliminar mi resentimiento. Ahora mantengo una mayor serenidad y puedo afrontar con calma situaciones que antes me provocaban una furia intensa. Esto se hizo especialmente evidente en la forma en que cuidé a mi suegra.
Mi suegra tiene un carácter muy fuerte y pierde los estribos cuando las cosas no salen como ella quiere. En una ocasión, me llamó, pero no la escuché. Así que, de inmediato, ella tiró sus palillos al suelo. No me enfadé y le hablé con suavidad. Al ver mi reacción, ella actuó como si no hubiera pasado nada.
En otra ocasión, mi suegra quiso comer tortitas de cebolleta. Tras preparar la primera, pensé que quizás estaba demasiado dura para ella, así que no se la serví. Decidí preparar otra y ponerlas juntas, para que la primera se ablandara un poco.
Cuando mi suegra empezó a comer, le pregunté si el sazón estaba bien. De repente, lanzó la tortita sobre la mesa y dijo con enfado: «¡No tiene sal!». En realidad, lo que le molestaba era que no le hubiera dado la primera tortita nada más terminar de hacerla. Al ver que estaba enfadada, me senté rápidamente a su lado. Le puse una mano sobre el hombro y, con la otra, le acaricié suavemente la espalda. Con una sonrisa, le dije: «Mamá, no se enfade. La primera tortita estaba demasiado dura. Si come enfadada, no podrá digerir bien la comida».
Llegado ese punto, el quinto hermano menor de mi esposo no pudo seguir viendo la escena. Llamó a mi hija y le dijo: «Ven rápido y llévate a tu madre a casa. ¡Tu abuela va a mandar a tu madre a la tumba!». Entonces, mi hija me llamó y me preguntaron qué había pasado. Respondí que todo estaba bien. Sinceramente, no consideré que fuera nada importante. El hermano mayor de mi esposo me dijo: «Eres la única que realmente puede cuidar de nuestra madre».
Tras el fallecimiento de mi suegro, traje a mi suegra a vivir con nosotros y la cuidé con esmero. Ella comentó: «Si volviera a casa y les contara a las vecinas lo bien que me tratas, ¿no crees que esas ancianas de mi edad se morirían de envidia?».
La práctica de Falun Dafa me transformó: pasé de ser una persona llena de conflictos y resentimientos a alguien capaz de afrontar los problemas con serenidad. Mi suegra decía: «Aunque mis hijos no me cuiden, no tengo miedo. Mientras te tenga a ti, sé que puedo contar con alguien». El hijo del sexto hermano de mi esposo también le comentó a mi suegra: «Abuela, tienes dos buenas nueras». Ella preguntó: «¿Quiénes son?». Él respondió: «La tercera tía [refiriéndose a mí] y la quinta tía». Mi suegra sonrió y dijo: «¡Desde luego, tienes muy buen ojo!».
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