(Minghui.org) En junio de 1996 visité a un compañero de trabajo y vi una foto de Shifu. Mientras contemplaba la foto, sentí una corriente de calor que descendía desde mi cabeza y recorría todo mi cuerpo. Me sentí tan a gusto y reconfortado que decidí practicar Falun Dafa.

Quiero ser una buena persona

Yo era jefe de división en mi empresa. Nuestra división contaba con 24 empleados, la mayoría de ellos mujeres. Nuestro equipo supervisaba las operaciones de más de 10 unidades de nivel básico.

Trabajé con ahínco y presté mucha atención a los detalles porque, como practicante de Falun Dafa, estoy obligado a ser una buena persona y a seguir los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Llegaba temprano al trabajo, me iba tarde y cuidaba bien de mis compañeros.

Una tarde soleada, noté que se formaban nubes densas y oscuras, y supe que se avecinaba una tormenta. Nadie había traído paraguas, así que corrí a todas las oficinas de la división para decirles: «Dejen de trabajar, apaguen sus computadoras y váyanse a casa, porque se acerca una tormenta». Me quedé para ocuparme de unos asuntos pendientes. Veinte minutos después de que se fueran, cayó un diluvio. En un instante, las calles se inundaron hasta la altura de mis rodillas. Llovió durante dos horas. Los de otras divisiones tuvieron que irse a casa bajo la lluvia y vadear el agua. Algunos no se presentaron al día siguiente porque estaban enfermos. Nadie en mi división se vio afectado por la lluvia.

Yo era el jefe de división de apoyo logístico de menor rango, pero hacía mi trabajo con esmero.

Nuestro equipo trabajaba muy bien en conjunto y nos tomábamos nuestro trabajo en serio. Nos llevábamos bien, terminábamos nuestras tareas rápidamente y a menudo nos reíamos juntos. No había intrigas ni conflictos internos, como cabría esperar en un entorno laboral predominantemente femenino. Durante años, mi división fue galardonada como División Sobresaliente y yo fui Jefe de División Modelo. Personas de otras divisiones solicitaban ser transferidas a la mía, alegando que el ambiente era agradable. Sabía que esto era una manifestación del inmenso poder de Falun Dafa.

Fuera del trabajo, intentaba ser una buena persona porque quería que mis vecinos vieran que Falun Dafa es bueno.

Yo vivía en el segundo piso y tenía un balcón grande. La mujer que vivía en el primer piso quería construir una terraza acristalada para tener un espacio cálido y soleado en invierno. Debido al diseño del edificio, tendría que hacer algunos agujeros en mi balcón para asegurar su terraza. La regla tácita entre los vecinos era que el dueño del primer piso debía pagarle al dueño del segundo unos miles de yuanes por cualquier obra. Mis vecinos del primer y segundo piso tuvieron fuertes discusiones por esos honorarios.

No le pedí compensación a mi vecina del primer piso y le dije que podía taladrar donde necesitara. Se emocionó mucho: «Los practicantes de Falun Dafa son realmente especiales. ¡Gracias!». Le dije que le diera las gracias a Shifu.

Mis compañeros de trabajo y vecinos apreciaron mi comportamiento honesto y sabían que Falun Dafa era bueno.

Seguir siendo una buena persona a pesar de la persecución

Jiang Zemin, el exlíder del Partido Comunista Chino (PCCh), inició la persecución contra Falun Dafa en julio de 1999. Debido a su negativa a renunciar a su fe, muchos practicantes fueron arrestados ilegalmente, torturados, encarcelados y condenados a prisión. Yo no fui la excepción. Las autoridades me ordenaron escribir una declaración renunciando a Falun Dafa, pero me negué. En cambio, escribí: «Falun Dafa es una práctica recta. Restauren la reputación de nuestro Shifu. Continuaré practicando Falun Dafa y seré una buena persona».

Todos los días, diferentes supervisores venían a intentar convencerme o amenazarme para que abandonara la práctica. Algunos se preocupaban por mí y me decían: «Eres candidato a un gran ascenso y tienes un futuro brillante. Haz lo que te piden y acaba con esto». No me movieron.

Un día, convocaron a una reunión a todos los supervisores de todas las divisiones de la empresa, donde me destituyeron oficialmente de mi cargo como jefe de división por practicar Falun Dafa. Me mantuve tranquilo. Vi que mis compañeros de trabajo, que me conocían bien, se compadecían de mí. Uno de ellos lloró.

Me degradaron a un puesto de empleado común  y me trasladaron de mi oficina a un rincón de la sala de la división. La gente susurraba entre sí cuando me veían. Mis excompañeros se sentían incómodos y evitaban el contacto visual al verme. Empecé a sentirme avergonzado y triste, pero recordé lo que dijo Shifu:

"La cultivación es difícil. Es difícil porque aun cuando una terrible calamidad ataca, aun cuando la perversidad acecha locamente, y aun cuando tu vida está en juego, todavía tienes que continuar firmemente en tu sendero de cultivación, sin permitir que nada en la sociedad humana interfiera con los pasos que tomas en tu sendero de cultivación".

(Sendero, Escrituras esenciales para mayor avance (II))

Pensé: “Shifu, por favor, tenga la seguridad de que seré una buena persona en circunstancias favorables, y puedo ser aún mejor en la adversidad”.

No me di por vencido, y seguí yendo temprano al trabajo y saliendo tarde. Trabajé duro para que la gente pudiera ver las buenas cualidades de una persona que practica Falun Dafa.

Toda nuestra división solía trabajar horas extras hasta altas horas de la noche. Todas las bombillas de la escalera, desde el primer piso hasta el tercero, estaban fundidas. Era peligroso y daba miedo subir las escaleras a oscuras, sobre todo para las compañeras. Fui a una tienda, compré bombillas con mi propio dinero y arreglé todas las luces para que todos pudieran trabajar con seguridad por la noche.

Cada división tuvo que participar en un concurso de oratoria para presentar nuestros logros laborales. Mi discurso obtuvo el primer lugar. A fin de año, la empresa organizó un concurso de entretenimiento, en el que participaron más de 800 personas. La parodia que presenté junto con otro compañero del personal hizo reír tanto al público que apenas podían mantenerse sentados. Incluso el presentador lo pasó mal, porque no podía parar de reír. Cuando finalmente se recompuso y anunció mi nombre, el público comenzó a susurrar: "¿Es ese el jefe de división que fue degradado por practicar Falun Dafa?". "¿Tiene el descaro de presentarse al concurso? ¿Qué aspecto tiene?". La gente ya había oído hablar de mi historia y quería verme en persona. Estiraron el cuello, abrían mucho los ojos y contenían la respiración.

En el escenario, sentí compasión por ellos y pensé: «Pobres almas perdidas en el laberinto, estoy sufriendo esta tribulación porque quiero que conozcan la verdad y se salven. No hice nada malo al practicar Falun Dafa con dignidad e integridad. No tengo nada de qué avergonzarme. ¡Despierten!».

Mi actuación superó mis expectativas. Al finalizar la competencia, el jurado anunció que mi presentación había ganado el primer premio. El público estalló en un fuerte aplauso que se prolongó durante un buen rato.

Algo que me conmovió aún más ocurrió después. A fin de año, todos los empleados de todas las divisiones realizaban una votación secreta para elegir al empleado modelo. Para mi sorpresa, recibí la mayor cantidad de votos; fue casi unánime. Todos, incluyéndome a mí, sabíamos que era imposible que la empresa me nombrara "empleado modelo", sin importar cuántos votos obtuviera. Aun así, acepté el reconocimiento con gusto. Este honor era más valioso que el oro. Me puse de pie con elegancia, junté las manos y expresé mi gratitud a todos.

Cómo seguir siendo una buena persona estando detenido

La persecución se intensificó y, con el paso de los años, pasé de ser empleado directivo a trabajar en la sala de calderas, luego a estar detenido en un campo de lavado de cerebro y finalmente en un centro de detención. Anoté los poemas que recordaba de Hong Yin en una pequeña libreta y la escondí en el bolsillo de mi camisa. Los leía cuando tenía tiempo.

Una mañana, una decena de policías armados entraron en mi celda y nos apuntaron con sus armas. Uno de ellos gritó: «¡No se muevan! ¡Quítense la ropa y formen fila para la inspección!». Atónitos, obedecimos, nos desnudamos y nos pusimos en fila. Los agentes registraron nuestras sábanas y pertenencias, y revisaron la ropa de cada uno.

Estaba nervioso, pero le pedí a Shifu que me ayudara y que no dejara que los oficiales encontraran la libreta en el bolsillo de mi camisa. Un oficial tomó mi camisa, la balanceó frente a mí y, sin registrarla, la arrojó al montón de ropa revisada. Las lagrimas afloraron en mis ojos. Shifu me protegió una vez más cuando estaba en peligro.

Durante los 42 días que estuve detenido, Shifu me protegió en todo momento. Aunque perdí 9,5 kilos, no renuncié a mi fe. Shifu me lo ha dado todo y haré exactamente lo que él me pida.

Cada vez hay más gente buena

A lo largo de los años, los practicantes de Falun Dafa se han esforzado por aclarar la verdad sobre la persecución y salvar vidas. Cada vez más personas tienen una visión positiva de Falun Dafa, se han convertido en buenas personas y se encaminan hacia un futuro brillante. La sociedad también avanza en una dirección positiva.

Mi vecina del primer piso

Mi vecina del primer piso fijó su galería acristalada a mi balcón. No solo no le acepté ningún dinero, sino que además la ayudaba a limpiar su terraza cada año. Gracias a eso, tenía una muy buena opinión de Falun Dafa.

Un día me dijo: “Este año cumplo 84 años. Antes me gustaba leer revistas y coleccionaba bastantes. Después de empezar a leer los folletos de Falun Dafa, tiré mis viejas revistas y ahora casi no veo la televisión. Solo leo los folletos de Falun Dafa. Cuanto más leo, más entiendo y creo en lo que dicen. Sus principios me llenan de alegría y mi salud ha mejorado. Si alguien habla mal de Falun Dafa, le digo: ‘¡Falun Dafa es una práctica recta!’”.

Homenajeado por el máximo líder

Un día tuve un sueño muy vívido en el que un líder de alto rango anunciaba en una reunión: «De ahora en adelante, mejoraremos nuestras comidas». No estaba seguro de lo que significaba, pero me preguntaba si Shifu me estaba dando a entender que debía hacer algo.

El hijo de mi vecina del primer piso, Deng, era un alto funcionario. Fue trasladado a la empresa donde yo trabajaba y asumió el cargo de máximo responsable. En aquel entonces, yo era operario de calderas.

Un día, la empresa me notificó que debía asistir a una reunión en un hotel. Al entrar en el luminoso y espacioso comedor, vi a unas 17 personas sentadas alrededor de una gran mesa redonda en el centro de la sala. Entre ellas se encontraban el secretario del Partido de la empresa, el director de la oficina del PCCh y el jefe de seguridad. Eran los encargados de perseguir a Falun Dafa y de vigilarme. También había supervisores de otras divisiones. El asiento reservado para el invitado de honor estaba vacío.

No estaba seguro de lo que sucedía, así que dudé. Deng me tomó de la mano y me hizo sentar en el asiento vacío a su lado. Me senté con la espalda recta y el pecho erguido. Todos estaban ansiosos por escuchar lo que el nuevo jefe tenía que decir. Deng dijo con tono serio: «Este es mi invitado de honor, y es un buen hombre. Por favor, cuídenlo bien de ahora en adelante».

Esos funcionarios del PCCh solían gritarme y hacerme la vida imposible, sin temor a las consecuencias. En ese momento, bajaron la cabeza y parecían sorprendidos, avergonzados y envidiosos. Parecían oponerse a lo que Deng había dicho, pero no se atrevieron a pronunciarse.

Salí de la sala de calderas, regresé a mi antiguo departamento y mi sueldo se triplicó. Shifu me ayudó una vez más. El sueño sobre la mejora de las comidas fue una señal de Shifu de que quienes conocían la verdad sobre Falun Dafa estaban haciendo todo lo posible por proteger a los practicantes. Mi entorno mejoró gradualmente.

“Shifu nos salvó a los tres”

Un técnico llamado Jin creía sinceramente en lo que le conté sobre Falun Dafa y la persecución. Llevaba un amuleto de Falun Dafa en el bolsillo de su camisa y solía decir: «Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia es bueno». Un día me contó lo que le había sucedido en una obra de construcción.

Esa mañana, Jin y dos trabajadores temporales se pusieron a trabajar en un terreno que estaba en obras. El equipo de construcción instaló tuberías de acero de 40 centímetros de diámetro en una zanja de unos 5 metros de profundidad y 3,5 metros de ancho. Una vez soldadas las tuberías, el equipo de Jin tuvo que utilizar equipos de prueba para detectar fisuras en la tubería. No se permitía ninguna fisura en la tubería de alta presión.

Los tres entraron en la zanja para tomar radiografías de cada junta soldada del oleoducto. De repente, Jin oyó que alguien lo llamaba desde lo alto de la zanja. Dejó su equipo y salió, pero no vio a nadie. Justo entonces oyó un fuerte estruendo: la zanja se derrumbó y sepultó a dos de sus trabajadores en el lodo.

Jin gritó “¡Deslizamiento de lodo!” para pedir ayuda y saltó al lugar donde se había derrumbado la zanja. Con sus propias manos, excavó desesperadamente el lodo buscando a sus trabajadores. Sintió un brazo en el lodo y sacó al primer trabajador, que estaba bien. Sabiendo que el otro estaba enterrado aún más profundamente, excavó con más frenesí y finalmente lo encontró. El segundo hombre estaba atrapado bajo el lodo y el agua. Con todas sus fuerzas, los dos hombres lo sacaron. No respiraba y tenía un brazo roto. Lo sostuvieron boca abajo en la pendiente y, después de unos minutos, recuperó el conocimiento.

Los tres rompieron a llorar. Jin dijo que, si Shifu no lo hubiera sacado de la zanja antes del deslizamiento de tierra, los tres habrían quedado sepultados vivos y nadie habría sobrevivido. «¡Gracias, Shifu! Fue Shifu quién nos salvó a los tres», dijo Jin.

A lo largo de los años, he escuchado historias de personas que, al comprender que Falun Dafa es bueno, se mantuvieron a salvo en situaciones peligrosas y experimentaron milagros. Sus historias y la verdad de Falun Dafa se difundirán a más personas, quienes también se convertirán en buenas personas.

Los practicantes de Falun Dafa no se preocupan por los beneficios personales y son genuinamente altruistas y desinteresados. Ellos validan, Verdad-Benevolencia-Tolerancia a través de sus acciones.

(Artículo seleccionado para el 23.er Fahui de China en Minghui.org)