(Minghui.org) Al reflexionar sobre mi práctica de cultivación de Falun Dafa durante los últimos 30 años, mi compasivo Shifu me protegió en cada paso del camino. Me gustaría compartir algunas experiencias que viví memorizando las enseñanzas de Shifu.

Empecé a memorizar Zhuan Falun cuando el Partido Comunista Chino (PCCh) inició su brutal persecución a Falun Dafa (también conocido como Falun Gong) en julio de 1999. Al estudiar el Fa, comprendí que la cultivación es valiosa y que Dafa está aquí para salvarnos. Después de memorizar Zhuan Falun por primera vez, fui a Beijing para pedir justicia por Dafa. Como tenía el Fa en mi corazón, aunque fui detenida y luego enviada a un campo de trabajo, aún pude mantenerme firme en mi fe.

Empecé a practicar Falun Dafa en 1996 y a menudo memorizaba los nuevos artículos de Shifu. Esto profundizó mi comprensión cuando leí las enseñanzas de Shifu:

"El Fa puede revelar todos los apegos, el Fa puede erradicar todas las perversidades, el Fa puede exponer y eliminar todas las mentiras y el Fa puede fortalecer los pensamientos rectos" ("Eliminen la interferencia", Escrituras esenciales para mayor avance (II)).

Persistiendo en memorizar el Fa

Cuando estuve detenida en el campo de trabajo, utilizaron “colaboradoras” que antes practicaban Falun Dafa (pero que habían renunciado a su fe) para lavarme el cerebro. A veces las sesiones duraban desde las 5 de la mañana hasta la medianoche. Estuve inundada con las mentiras del PCCh durante más de 50 días y me vi obligada a escribir informes sobre mis pensamientos. Un día, escribí que ver vídeos y el lavado de cerebro nunca cambiarían mis pensamientos rectos sobre la práctica de Falun Dafa. Entonces, el lavado de cerebro diario cesó de repente.

Hablando sinceramente, estaba asustada y nerviosa en un entorno tan malvado. Por la noche, no me iba a dormir de inmediato tras volver a la celda. Recitaba primero el Fa. Tenía una comprensión clara de esta persecución. Bajo la guía de Dafa, pude mantenerme en mi camino de cultivación.

Una joven de unos 20 años se volvió mentalmente inestable tras pasar por un lavado de cerebro implacable. Tragaba la comida sin masticar y se atragantaba con frecuencia. El campo de trabajo pidió a las internas que donaran dinero para ella. Me negué y dije: "En su estado, debería ser liberada y devuelta a su casa". El campo de trabajo no la liberó.

Esta joven paseaba por la noche, a veces de pie junto a la cama de alguien y asustando a las internas dormidas. Al verla así, mis pensamientos se confundieron: se vio obligada a renunciar a su fe, ¿debería decir unas palabras por ella? Mientras recitaba el Fa, me di cuenta de que lo que había hecho no era su propio deseo. Además, la mayoría de las practicantes que renunciaron a su fe lo hicieron porque fueron obligadas. Debía hacer algo.

Le dije a la guardia: "Esta joven está bastante inestable mentalmente. Según la Ley de Reeducación a través del Trabajo, no debería estar aquí. Debería ser liberada".

La guardia puso algunas excusas, como: "Ella era así antes de venir aquí; no tiene familia".

Respondí: "Estuvo mal traerla aquí en primer lugar".

La joven fue liberada un par de días después. Entendí que, como practicantes de Dafa, deberíamos hacer todo lo posible por detener la persecución.

Una practicante de Dafa fue alimentada a la fuerza en nuestra celda. Había dos docenas de internas apiñados en una celda de 30 metros cuadrados. Dormíamos, comíamos y trabajabamos en la misma habitación. Los gemidos dolorosos de la practicante resonaban en la habitación. Escribí una carta a la jefa de las guardias, señalando que la alimentación forzada era despiadada y cruel.

Después de leer mi carta, la jefa de las guardias me gritó delante de las otras internas. Me acusó de entrometerme en los asuntos de otros y de desafiar la autoridad del PCCh. Me uní a otras practicantes que estaban en huelga de hambre para protestar contra la persecución.

En la clase de educación del sistema legal, una jefa de guardias habló sobre las responsabilidades de quienes están siendo reeducados. Al final de la clase, pregunté: "Solo hablaste de las responsabilidades y deberes de quienes están siendo reeducados. No dijiste nada sobre nuestros derechos".

Este comentario la enfureció, y respondió: "¿Qué quieres hacer? Esto es un campo de trabajo, no un lugar para que hagas lo que quieras".

Respondí con calma: "Nosotros también tenemos derechos, trabajar 12 horas al día va contra la Ley de Reeducación a través del Trabajo".

No tenía una respuesta lógica, solo amenazas. El acto de arrestar a personas que practican Verdad-Benevolencia-Tolerancia y enviarlas a campos de trabajo ya es ilegal. A partir de esa noche, me sorprendió descubrir que ya no teníamos que hacer horas extra.

Shifu nos vigilaba en cada momento. Mientras tuviéramos pensamientos rectos, Shifu nos mostraría sus extraordinarios poderes.

Protegida por Shifu mientras estudiaba el Fa

La segunda vez que me enviaron al campo de trabajo, otra practicante me dio una copia en formato reducido de Zhuan Falun. ¡Me sentí tan feliz de poder estudiar el Fa! El mayor temor de los responsables del campo de trabajo era que los practicantes encarcelados tuvieran acceso a los libros de Dafa. La razón era que, mientras siguiéramos las enseñanzas de Shifu, el mal no podría manipularnos.

Llevaba el libro encima y lo leía todas las noches. Lo más sorprendente fue que un día me registraron tres veces y no encontraron el libro. Ese día, en cuanto vi lo que las guardias se proponían hacer, envié pensamientos rectos para disolver cualquier fuerza maligna que controlara a esas personas. Me registraron por la mañana, después de comer y una vez más cuando estábamos limpiando tras una jornada de trabajo. No encontraron mi ejemplar de Zhuan Falun. Leí ese ejemplar durante ocho meses y se lo di a otra practicante que estaba retenida allí cuando me liberaron.

Recibí una copia de las enseñanzas de Shifu en el primer Fahui de Norteamérica y algunos otros artículos, y me los aprendí todos de memoria.

La jefa de las guardias de nuestro equipo se había graduado en la academia de policía. A menudo golpeaba violentamente a las practicantes de Dafa. No me gustaban los agentes de policía que hacían eso. Sin embargo, Shifu nos dijo:

“...el Dafa dizi, un cultivador, no tiene enemigos. El único rol que tienen ustedes es el de salvar a la gente, y ustedes no tienen nada que ver con usar medios y principios humanos para castigar o juzgar a las personas. ¡Esto es un asunto fundamental!” (Exponiendo el Fa en la ciudad de Chicago).

Escribí una carta a esta jefa de guardias diciendo: "Estoy siendo perseguida en este campo de trabajo. Me resultas familiar, como si ya nos conociéramos antes; Llamémoslo destino. Quizá fuimos hermanas, parientes o amigas en una vida pasada. Un día me di cuenta de que llevabas a tu hija al trabajo contigo. Parece una niña inocente y amigable. Ser madre es un trabajo difícil. Tenemos que ser responsables ante nuestros hijos. Cuando llegue el Día del Juicio, todos sabrán la verdad sobre Falun Dafa. ¿Cómo mirarás entonces a tu hija cuando te pregunte qué papel jugaste durante la persecución?".

En la carta, también le hablé de la grandeza de Dafa, de La farsa de la auto-inmolación de la plaza Tiananmen y le sugerí que hiciera buenas acciones. Antes de que la trasladaran a otro centro, al verme plantando árboles sola, me dijo: "No trabajes demasiado ni te hagas daño". Nunca imaginé que una persona tan cruel como ella diría algo así. Sin embargo, ella había cambiado. La miré sin decir palabra. En ese momento, no tenía suficiente compasión. Debería haber dado las gracias a esta jefa de guardias por las amables palabras y pedirle que tratara con más amabilidad a todos los practicantes de Falun Dafa en el futuro.

Trabajábamos como esclavos, fabricando chaquetas y trajes militares, mayormente con materiales de algodón. Unas dos docenas de nosotras trabajábamos en una habitación vacía, haciendo guantes de algodón para abrigos militares usando máquinas de los años 60. Un día, olí algo quemado. No nos permitían hablar durante el trabajo, pero por la seguridad de todos, pedí a la persona de guardia (también reclusa) que apagara el interruptor. Salía humo de una máquina vieja y pronto llenó toda la habitación. La única salida de la habitación estaba cerrada con llave desde fuera. Si hubiéramos esperado más a que se cortara la electricidad, todas habríamos sido quemadas vivas en una habitación llena de algodón. Estoy agradecida a Shifu por haberme impulsado a percibir el peligro y a hablar. Él me cuida sin importar dónde esté.

Mejorando mi estado de cultivación mientras memorizaba el Fa

En los últimos años, había intentado memorizar el Fa varias veces, pero no había persistido. Como resultado, sentí que mi cultivación era superficial. ¿Qué debería hacer al respecto? En 2021, empecé a memorizar el Fa, un párrafo a la vez. En 2023, otra practicante se unió a mí. Como ambas habíamos memorizado el Fa antes, al principio podíamos memorizar 20 páginas a la semana. Sin embargo, nos dimos cuenta de que necesitábamos corregirnos mutuamente con bastante frecuencia. En nuestro segundo intento de memorización, trabajamos en 10 páginas nuevas cada semana y repasamos las 10 páginas que memorizamos la semana anterior. Memorizamos Zhuan Falun cuatro veces en dos años.

Escribí las secciones que me costaba recordar en una pizarra blanca para poder verlas mejor. Parecía que el Fa que me costaba recordar era el Fa que Shifu me señalaba específicamente. También copié a mano Zhuan Falun dos veces en esos dos años.

Memorizar el Fa me ayudó a cultivarme mejor. En el pasado, tendía a mirar hacia afuera cuando había problemas, culpando a los demás por no tratarme bien.

Una practicante me pidió que le transmitiera un mensaje a otra practicante, Jing. Le entregué el mensaje a Jing, pero ella no hizo lo que se le había pedido. La practicante no dejaba de quejarse conmigo por la situación hasta que ya no pude contenerme y le solté: “Jing no ha aparecido, así que ¿de qué sirve que sigas hablando de esto conmigo?”.

Esta practicante me estaba regañando justo delante de mi casa. Sin saber qué hacer con ella, empecé a preocuparme por lo que podría pasar si levantaba demasiado la voz. Ella seguía quejándose sin parar. Mis vecinos sabían que yo era practicante de Falun Dafa. ¿Qué pensarían de los practicantes de Dafa si me oían discutir con otra persona? Mis apegos al miedo, la preocupación, la competitividad y la vanidad salieron a la superficie.

Mientras memorizaba la Cuarta Lección de Zhuan Falun, me di cuenta de que seguía enfadada y guardando mala voluntad hacia otros, lo cual no coincide con las enseñanzas de Shifu. Al reflexionar sobre nuestro conflicto, me di cuenta de que esta practicante me estaba ayudando a mejorar. Me hablaba así por mis apegos. No solo no había buscado mis propios errores, sino que acabé sintiendo aversión hacia ella, perdiendo así mi oportunidad de elevar mi xinxing. Además, si yo hubiera sido más paciente y comprensiva, esta practicante habría utilizado palabras más amables. ¿Cómo puedo sentir aversión hacia ella por eso? Al pensar esto, mi corazón se abrió y mis resentimientos se disiparon.

De vez en cuando, mi hijo me pide que le ayude con las tareas de la casa. Vive con la madre de su esposa, que tenía la costumbre de decir lo que tenía en mente sin tener en cuenta los sentimientos de los demás. Sus palabras a menudo me molestaban y no quería ir a casa de mi hijo. Sin embargo, como mi hijo necesitaba mi ayuda, fui.

El problema raíz de la suegra de mi hijo era que le habían enseñado demasiada doctrina del PCCh. Intenté contarle lo bueno de Falun Dafa, pero se negó a escuchar. Sabía que debía haber algo en mi propia cultivación que no estaba a la altura, ya que mis palabras no eran lo suficientemente poderosas como para tocar su corazón.

Recientemente, mi hijo se lesionó el brazo. Fui a visitarlo y su suegra me pidió que preparara la comida. Gracias a memorizar el Fa, Dafa me permitió desarrollar un corazón más generoso. No me afectó lo que dijera la anciana. Me estaba ayudando y esperando ser salvada. Mi comportamiento le mostró la bondad de Dafa. Cuando hacía las tareas, respetaba sus preferencias. No había odio ni infelicidad dentro de mí. Siempre tenía una sonrisa en la cara.

Al memorizar el Fa, he aprendido mucho. Siempre que me encuentro con problemas, los miro desde la perspectiva del Fa para evitar que las apariencias superficiales me desvíen.

En el futuro, seguiré estrictamente el Fa y siempre estaré agradecido por la compasiva salvación de Shifu.