(Minghui.org) A través de la cultivación y del estudio diligente del Fa, he aprendido gradualmente a mirar hacia dentro. Comprendí que mirar hacia dentro no consiste simplemente en decirlo de palabra ni en obligarse a cumplir con ciertos estándares. Por el contrario, debemos reconocer sinceramente nuestros errores, identificar nuestros apegos y estar dispuestos de corazón a mejorar.
En el pasado, cuando leía ciertos artículos de intercambio de experiencias en el sitio web Minghui, me parecían demasiado extensos y repetitivos. Me sentía molesto, impaciente e incluso enojado con sus autores, y me preguntaba por qué habían escrito artículos tan largos. Una practicante describió con gran detalle sus experiencias pasadas relacionadas con tendencias homosexuales, lo que me pareció excesivamente largo y tedioso. Pensaba que leer ese tipo de artículos era una pérdida de tiempo y sentía un fuerte rechazo hacia ellos.
Después de aprender a mirar hacia dentro, comencé a prestar más atención a mis reacciones cuando me molestaba leer esos artículos. Me recordaba que no debía concentrarme en las deficiencias de otros practicantes. Todos tenemos deficiencias, pero estamos mejorando constantemente. La clave está en que, cuando observamos las deficiencias de los demás, debemos examinar si nosotros mismos tenemos los mismos problemas. Cuando escribo un artículo, debo prestar atención para evitar extenderme innecesariamente. Los problemas de los demás deben servirme como recordatorio para no cometer los mismos errores, en lugar de concentrarme en sus defectos y criticarlos.
Durante mi infancia, mis padres siempre me parecieron egoístas, en lugar de ser considerados y bondadosos como otros padres. Perdían los estribos constantemente, y el trauma psicológico que me causó su comportamiento extraño me ha acompañado desde entonces. Ese daño emocional fue mucho peor que las dificultades de vivir en la pobreza. Mis padres siempre estaban de mal humor, enojados y maldecían constantemente con palabras muy crueles. Mi madre decía cosas como: «Ojalá estuvieras muerto», «No quiero tener nada que ver contigo» y «Cuando mueras, no serás más que un pedazo de tierra inmunda». Cuando mi padre se enojaba, la situación era aún peor. Armaba un gran escándalo, gritando e insultando a todo pulmón. Sus arrebatos y agresiones verbales eran completamente impredecibles, y yo sentía mucho miedo, sin saber qué hacer.
El terrible comportamiento de mis padres me causó un gran daño. Me sentía vulnerable y lleno de resentimiento porque nunca había sentido su amor.
Después de comenzar a practicar Falun Dafa, fui eliminando gradualmente mi resentimiento y empecé a preocuparme por mis padres y a tratar de comprenderlos. En aquella época tenían muy poco dinero y estaban agotados por el trabajo en el campo, lo que hacía que descargaran sus frustraciones en casa.
Cuando crecí, durante las décadas de 1960 y 1970, el Partido Comunista Chino (PCCh) ejercía un estricto control sobre China y daba prioridad a los movimientos políticos por encima del desarrollo económico. Los chinos vivían en condiciones de extrema pobreza y ni siquiera contaban con lo más indispensable. No tenían suficientes verduras ni cereales para alimentarse, mucho menos carne. Estaba prohibido cultivar verduras o criar gallinas en los patios de las propias casas. En la década de 1980, ante el colapso económico, el PCCh se vio obligado a implementar reformas y se flexibilizaron las restricciones impuestas a la población. Los campesinos chinos trabajaron arduamente y finalmente tuvieron suficiente para comer.
A mediados de la década de 1980, fui admitido en una institución de educación superior de ciclo corto en la capital provincial. Para una familia campesina, aquello era como ver surgir un ave espléndida de un nido humilde. A partir de entonces, pude dejar atrás mi condición de campesino y escapar de las dificultades del trabajo agrícola. Después de graduarme, me convertí en uno de los pocos funcionarios del gobierno local.
Comencé a practicar Falun Dafa en 1995. Desde entonces, mi vida cambió drásticamente.
A través de la cultivación desarrollé compasión y llegué a comprender las dificultades que habían sufrido mis padres. Dejé de aferrarme a su comportamiento pasado y, en cambio, comencé a ayudarlos económicamente tanto como podía. Durante los primeros años después de empezar a trabajar, les daba 200 yuanes cada mes. Incluso cuando dejaron de aceptar mi dinero, seguí comprándoles alimentos y ropa. Llegué a valorar los sacrificios que habían hecho por nuestra familia, trabajando arduamente en circunstancias difíciles y soportando amargura y estrés. Todo aquello había sido causado por el PCCh.
La cultivación es un proceso de eliminar los apegos. Cuando mis apegos vuelven a manifestarse, todavía siento resentimiento y me aferro al pasado.
Un día leí un artículo en el sitio web Minghui. Una practicante compartió que había vivido en condiciones de extrema pobreza durante su infancia. Sus padres nunca le compraban zapatos ni ropa, y siempre usaba las prendas viejas que heredaba de sus hermanos mayores. Cuando cursaba la escuela secundaria, tenía que asistir descalza, lo que provocaba que sus maestros y compañeros la discriminaran. Al leer aquel artículo, sentí compasión por esa practicante y comprendí que no era la única persona en el mundo que había recibido tan poco cuidado de sus padres.
Me di cuenta de que mi resentimiento todavía existe y de que, en ocasiones, sigo anhelando tener una buena vida en este mundo humano. Debo considerar todo sufrimiento como una oportunidad para eliminar yeli.
Sé que Shifu arregló mi vida para ayudarme a cultivar. Debo eliminar todo resentimiento, especialmente hacia mis padres, ya que cada una de mis experiencias pasadas es el resultado de relaciones de causa y efecto. Quizás les debía algo a mis padres en una vida anterior y, en esta vida, saldé mi deuda de esta manera. Agradezco sinceramente a Shifu por permitirme resolver los resentimientos con mis padres y elevar mi xinxing.
Estoy profundamente agradecido con Shifu por haber arreglado este ambiente de cultivación para mí. ¡Gracias, Shifu!
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