(Minghui.org) ¡Saludos, respetado Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!

Soy una estudiante a punto de graduarme del programa de danza de la Escuela Secundaria de Artes Niaosong. Comencé a practicar Falun Dafa en esta institución en 2023, y hoy me gustaría compartir mis experiencias de cultivación con todos ustedes.

Cursé la educación secundaria básica en la Escuela Secundaria Fuxing, en Yilan, donde formé parte del equipo de danza. El profesor a cargo ponía mucho énfasis en el carácter y la disciplina de los estudiantes. Pasé tres años en ese entorno de alta presión. Durante mi segundo año, fui la líder del equipo de danza y logramos obtener el primer lugar en la competencia nacional de danza (categoría B).

Dedicaba toda mi energía al equipo de danza, pero no lograba relacionarme bien con los demás. Al graduarme, quien fuera mi mejor amiga se convirtió en una completa desconocida para mí. Sentía un vacío inmenso. Esto, sumado a los desacuerdos entre los miembros de mi familia —que derivaban en frecuentes discusiones en casa—, hacía que me sintiera profundamente agobiada. Llegué a pensar que todo en mí estaba mal.

Por eso, anhelaba encontrar un lugar donde nadie me conociera; un sitio remoto, como en lo profundo de unas montañas apartadas, donde pudiera esconderme y concentrarme exclusivamente en aprender danza. Así fue como ingresé a la Escuela Secundaria de Artes Niaosong, un centro educativo de seis años que abarca tanto la etapa de secundaria básica como la de secundaria superior. Me incorporé como estudiante de traslado, con la esperanza de empezar de nuevo.

Mirar hacia adentro ante los conflictos

Cuando llegué a la Escuela Secundaria de Artes Niaosong, no sabía mucho sobre la cultivación. Aprendí a mirar hacia adentro mediante el estudio del Fa y afrontar los conflictos con mis compañeros de clase.

Al comenzar el ciclo escolar, conocí a otras dos estudiantes de traslado. Se burlaban de mí sin importar lo que hiciera. Por ejemplo, en una ocasión publiqué mensajes con palabras de aliento; al verlos, ellas sonrieron, comentaron a los demás que yo era «rara» y preguntaron por qué había publicado esas cosas. Durante mi práctica independiente de danza, las dos chicas que estaban a mi lado empezaron a hacer comentarios sobre mí otra vez, preguntándose por qué me lo tomaba tan en serio. Al oír eso, me sentí muy incómoda y molesta. En ese instante, recordé las enseñanzas de Shifu.

Shifu dijo:

«Pero generalmente cuando viene un conflicto, si a uno no lo irrita hasta lo profundo del corazón, no vale, no sirve para elevarse. Si dentro del corazón no puede dejarlo, se siente irritado; es probable que esto se aferre en su mente, causando que todo el tiempo quiera darse vuelta para ver las caras de esas dos personas hablando mal de él» (Cuarta Lección, Zhuan Falun).

Me pareció algo asombroso. Como recordé las enseñanzas de Shifu, decidí seguirlas para afrontar la situación.

Soporté el hecho de que hablaran de mí a mis espaldas. Las traté con amabilidad y les brindé ayuda, aunque a veces me costaba controlarme y terminaba respondiendo. Sin embargo, noté que, al seguir tratándolas con amabilidad, me sentía cada vez menos afectada. Más adelante, cuando hablaban de mí a mis espaldas, ya no experimentaba sentimientos negativos; al contrario, las trataba con bondad. Me sentía tranquila, y sus comentarios ya no me afectaban en absoluto.

Empecé a prestar atención a sus observaciones y a mejorar a partir de ellas. Por ejemplo, comentaron que un movimiento de danza no me salía bien; tomé su observación como un recordatorio y corregí el movimiento. Desde entonces, no he vuelto a tener conflictos con ellas. Poco después, se trasladaron a otra escuela. Gracias a esta experiencia, adquirí una nueva comprensión de lo que es la cultivación y comencé a centrarme en cultivarme a mí misma.

Dos años más tarde, me reencontré con una de ellas y me di cuenta de que, en aquel entonces, me había obligado a soportar la situación, pero no poseía la verdadera tolerancia propia de una practicante. Recordé entonces lo que Shifu enseñó.

Shifu dijo:

«Dices que en aquel entonces no sabías y que en esta vida no importan los asuntos de ese otro periodo de vida; eso no va de ninguna manera» (Cuarta lección, Zhuan Falun).

De repente comprendí que la razón por la que me trataban de esa manera podría ser que yo les debía algo de una vida pasada, así que, en esta vida, estaba saldando esa deuda. Mis sentimientos de nerviosismo y odio desaparecieron por completo. La saludé con calidez. Más tarde, soñé con esa estudiante y nos dimos un abrazo.

Además de esas dos estudiantes, tuve algunos conflictos con otra compañera de clase. Desde el comienzo del curso, sentí que no le caía bien; me hablaba en voz muy alta y yo le tenía un poco de miedo. Y, efectivamente, durante los ensayos en mi primer año de bachillerato, me tocó situarme justo a su lado en una parte específica de una coreografía.

Como aún no dominaba las técnicas necesarias, chocaba constantemente con ella. Me sentía mal y tenía miedo; una experiencia que tocó directamente mis temores más profundos, en particular, el miedo a ser criticada por los demás. A partir de entonces, cada vez que llegábamos a esa parte del baile, hacía un esfuerzo consciente por superar ese miedo y ajustar mis movimientos de inmediato.

Luego, durante un intercambio de regalos de Navidad, le tocó mi nombre. Enseguida exclamó que ella tenía muy mala suerte, e incluso llegó a decir cosas desagradables. En ese momento, me di cuenta de que mi corazón ya no sentía tanto miedo como antes. Comencé a reflexionar y a examinar en mi interior las razones por las cuales ella no me apreciaba.

Descubrí que muchos de nuestros malentendidos surgían de mi tendencia a guardarme las cosas en lugar de expresarlas. Más tarde, me esforcé por comunicar mis pensamientos y hablar abiertamente con ella. Su tono se suavizó gradualmente.

Al escribir este testimonio, alcancé una nueva comprensión y me di cuenta de  que mis compañeros de clase intentaban ayudarme a mejorar mi xinxing, por lo cual debía estarles agradecida.

Cambiar las nociones conduce a mejores resultados

Mis padres mantenían una relación tensa y estuvieron a punto de divorciarse antes de que yo me trasladara a la Escuela Secundaria de Artes Niaosong. Este suceso me afectó profundamente y me hizo sentir sumamente incómoda. Más tarde, leí lo siguiente en el Fa:

Shifu dijo:

«Por qué no piensas un poco, ¿acaso esto no viene a atormentarte? Se emplea esta forma para que no puedas pasar un buen día» (Sexta Lección, Zhuan Falun).

Comprendí que los practicantes deben desprenderse del qing. Adopté una actitud más abierta y me concentré en lo que debía hacer. Al poco tiempo, el ambiente en casa se tranquilizó. Me di cuenta de que, al cambiar mis nociones, también cambió mi entorno.

Otro episodio puso de manifiesto la importancia de transformar las propias nociones. Un dentista me indicó que mis dos muelas del juicio inferiores debían extraerse en intervenciones separadas. Sentí miedo y nerviosismo durante la extracción de la primera. Me preocupaba cómo sanaría la herida y llegué a tomar un analgésico. El dolor persistió durante mucho tiempo; durante una semana apenas pude abrir la boca, lo que dificultaba la ingesta de alimentos. Además, la herida se inflamó, provocando supuración en las amígdalas y dolor en toda la cabeza.

A través de esta experiencia, identifiqué mi mentalidad de miedo: me inquietaba tener una herida tan grande en la boca. No afronté la situación como una practicante. Por ello, cuando llegó el momento de extraer la segunda muela del juicio, aproveché la oportunidad para desprenderme de ese miedo.

Shifu dijo:

«Decimos que lo bueno o lo malo surgen de un pensamiento de la persona, y la diferencia de este pensamiento también trae distintas consecuencias» (Cuarta Lección, Zhuan Falun).

La herida de la extracción dental sanó sin dolor dos días después, y pude abrir la boca con facilidad. Fue algo verdaderamente asombroso. La segunda experiencia fue distinta porque mi mentalidad había cambiado. Tras este suceso, no necesité tomar analgésicos cuando, más adelante, me sometí a una cirugía bucal.

Dejar atrás el ego

Debido a mi experiencia en la escuela secundaria, creía que un entorno de alta presión era algo positivo; sin embargo, esto provocó que me relajara demasiado al asistir a clases y a los ensayos de danza en Niaosong. A menudo me sentía incapaz durante el estudio de la técnica y los ensayos. Al pasar de un entorno de alta presión a uno de baja presión, de repente me vi sin saber cómo estudiar.

Comprendí que cada entorno tiene sus propias exigencias. Como estudiante, mi deber es esforzarme en mis estudios, en lugar de juzgar el entorno o quejarme de él basándome en mis propias nociones. Decidí abandonar esas ideas preconcebidas y adaptarme al entorno. Me di cuenta de que me sentía demasiado relajada debido a mi falta de autocontrol. Comencé a realizar ajustes y a exigirme mucho más a mí misma.

Otro aspecto era que, de forma subconsciente, me sentía bien por el hecho de que, durante la secundaria, el profesor de danza me hubiera asignado un lugar destacado en el grupo de baile escolar. Temiendo que los demás me consideraran arrogante, nunca me atreví a enfrentarme a la realidad de quién era; permanecí profundamente reprimida. Durante los ensayos en la escuela preparatoria, noté que casi siempre terminaba posicionada en el extremo más alejado. Aunque nunca me sentí realmente satisfecha con esto, procuraba que nadie más lo notara.

Durante un ensayo para una danza grupal, me sentía bastante frustrada. En un momento dado, realicé un salto, pero, por alguna razón, mi pie aterrizó en un ángulo muy forzado. Un dolor intenso y agudo recorrió mi tobillo. Al principio pensé que sería una molestia pasajera, pero, al terminar la danza, me di cuenta de que no podía mover el tobillo en absoluto. Cualquier intento de moverlo provocaba un dolor insoportable, como si hubiera una piedra encajada en la articulación.

En ese momento, mi mente se quedó en blanco. Sentí, al mismo tiempo, resentimiento y una profunda y vergonzosa conciencia de estar albergando pensamientos tan negativos. Me vi atrapada en un intenso conflicto interno. Más tarde, me tranquilicé y busqué la causa raíz. En el proceso, descubrí que todo provenía de mi propio sentido de superioridad. Creía ser muy talentosa, pero carecía de un papel destacado en aquel baile. En realidad, se trataba de envidia.

Fui a tomarme una radiografía. Ese mismo día tenía lugar la presentación del baile grupal. Al regresar, observé la actuación desde un lado. Fue entonces cuando me di cuenta de que el baile no se veía perjudicado, en absoluto, por mi ausencia. De hecho, había muchas cosas que yo no estaba haciendo bien. Sin mis compañeros, no soy nada.

Descubrí que había estado albergando un sentimiento de superioridad moral. Una vez que mi tobillo se recuperó y me reincorporé a la danza grupal, intenté desprenderme de mis apegos y conectar verdaderamente con quienes me rodeaban. Sentí una poderosa sensación de cohesión: no había barreras entre nosotros, nuestros corazones estaban unidos y experimenté un cálido resplandor en mi interior.

Reflexiones finales

Antes de comenzar a practicar, solía darle demasiadas vueltas a las cosas y era propensa a la depresión. A veces, al enfrentarme a problemas que no podía resolver, permanecía estancada en un estado depresivo durante meses. A través de la cultivación y el estudio del Fa, aprendí a mirar hacia mi interior, desprendiéndome gradualmente de mis nociones humanas y apegos. Mi mundo interior se ha vuelto cada vez más amplio y mi mente, más clara.

Ya sea en las interacciones sociales cotidianas o durante los ensayos, ya no agoto mi energía en pensamientos excesivos e improductivos que podrían interferir con la tarea que tengo entre manos. También he logrado salir, poco a poco, de la depresión. La cultivación me ha permitido afrontar apegos internos a los que antes no me atrevía a enfrentarme. Y, mediante el estudio del Fa, he aprendido a dejar de lado el ego.

Comencé a practicar Dafa durante mi primer año de bachillerato. Aunque actualmente soy la única en mi familia que lo practica, sigo firme en mi compromiso de continuar con la cultivación. Dado que Dafa me ha transformado profundamente, siento una gran gratitud hacia Shifu y hacia Dafa. Tengo muchas deficiencias; por favor, no duden en señalármelas. Gracias, Shifu. Gracias a todos.

(Presentado en el Fahui de Taiwán de 2026)