(Minghui.org) ¡Saludos, Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes de todo el mundo!

Comencé a practicar Falun Dafa en el verano de 1998 y ahora tengo 71 años. Abandoné la escuela en cuarto grado y este es el primer artículo sobre cultivación que escribo. Con motivo del 23.º Fahui de China, para agradecer a Shifu su salvación y como testimonio de la magnificencia y belleza de Falun Dafa, he escrito sobre algunas de mis experiencias de cultivación para informar a Shifu y compartirlas con los demás practicantes.

Debido a mis limitaciones, narré algunas partes, mi hermana me ayudó a escribirlo y otros compañeros practicantes me ayudaron a editarlo. Por favor, señalen cualquier cosa que no esté en consonancia con el Fa.

Mi situación parecía desesperada

Antes de empezar a practicar Falun Dafa, mi vida era increíblemente amarga. Mi esposo me era infiel y pasaba mucho tiempo fuera de casa, descuidándonos tanto a mi como a mi hija. Además, acumuló una enorme cantidad de deudas. Mi suegra, mi cuñado y mi cuñada me maltrataban, a menudo nos dejaban a mi hija y a mí fuera de casa. Cuando los acreedores no encontraban a mi esposo, venían a buscarme a mí para exigir el pago. Yo les decía: «Cada centavo que gano en la fábrica va directamente a las manos de mi suegra. Ni siquiera tengo dinero para desayunar, y es mi cuñada quién paga el almuerzo en la fábrica; ¿cómo voy a poder pagarles?». Al ver que realmente no tenía nada, finalmente dejaron de molestarme.

Regresé a casa del trabajo y vi un tazón de arroz que había sobrado. Pensé en calentarlo para comer antes de ir al campo, una tarea que normalmente me mantenía fuera hasta las ocho o las nueve de la noche. Pero mi suegra me arrebató el tazón y tiró el arroz al suelo. Luego, incluso echó un balde de agua sobre las brasas y apagó el fuego. No me atreví a decir ni una palabra y simplemente me fui al campo, lo que me libró de recibir una paliza a manos de mi cuñado y mi cuñada.

Comienzo a practicar Dafa

En el verano de 1998, cuando me encontraba en un callejón sin salida y contemplaba la idea de quitarme la vida, sentí un fuerte impulso de visitar a mi segunda hermana mayor por última vez. Al llegar, estaba escuchando las conferencias del Maestro Li Hongzhi impartidas en Jinan, así que me uní a ella.

Mientras escuchaba, sentía que lo que Shifu enseñaba era verdaderamente maravilloso. Al terminar la primera conferencia, sentí una sacudida repentina y una cálida corriente me recorrió desde la coronilla hasta la planta de los pies. Le pregunté a mi hermana qué significaba aquello. Ella respondió con alegría: «¡Tienes una relación predestinada con Falun Dafa! Después de escuchar tan solo una conferencia, Shifu ya te está cuidando. ¡Deberías empezar a practicar de inmediato!».

Dije: “¡De acuerdo! Practicaré”. En el momento en que pronuncié esas palabras, sentí que todos los problemas que me habían agobiado durante años se desvanecieron. Mi hermana me enseñó los cinco ejercicios y me dio una copia de Zhuan Falun .

Abrí Zhuan Falun al regresar a casa y, para mi asombro, cada carácter del libro resplandecía con una luz dorada, y vi Falun de colores girando. Comprendí: «Este es un libro verdaderamente precioso y divino. Debo practicar Falun Dafa con diligencia». Al principio, una voz me llamaba alrededor de las 3:00 de la mañana: «¡Levántate y haz los ejercicios!». Sabía que era el Fashen (cuerpo de Fa) de Shifu quien me llamaba.

Mi primer gran desafío fue el quinto ejercicio: la meditación sentada, que requiere sentarse en la posición de loto completo. Me dolían muchísimo las piernas. Un día, la voz del Fashen de Shifu me despertó de nuevo: «¡Levántate y haz los ejercicios!». Dudé, pensando: «Me duelen demasiado las piernas. Quizás hoy no los haga». Pero entonces oí: «¡Levántate y haz los ejercicios! Hoy no te dolerán las piernas».

Me levanté y comencé a hacer los ejercicios, y, efectivamente, no me dolieron las piernas en absoluto, y pude sentarme en la posición de loto completo durante media hora sin ningún problema. Ahora puedo sentarme en la posición de loto completo durante más de una hora sin ninguna dificultad.

Soy capaz de leer los libros de Dafa

El segundo desafío que enfrenté fue que no reconocía muchos de los caracteres al leer las enseñanzas. Los anotaba y preguntaba a quien me encontraba qué significaban. Al poco tiempo, logré leer Zhuan Falun con fluidez. Gradualmente, también pude leer los más de 40 libros de Shifu.

Mediante el estudio diligente de las enseñanzas, la práctica de los ejercicios y ceñirme estrictamente a los principios universales de Verdad-Benevolencia-Tolerancia, aprendí a tener siempre en cuenta a los demás, a dejar atrás los rencores del pasado, a ser tolerante y paciente, y a tratar a mi familia con amabilidad.

Cambios en mi familia

Un mes después, no solo habían desaparecido todas mis dolencias, sino que mi esposo comenzó a ocuparse de la familia y mi hija dejó de juntarse con la pandilla ruidosa y de mala reputación con la que solía frecuentar. Mejor aún, mi suegra, mi cuñado y mi cuñada comenzaron a tratarme con amabilidad. Yo era una persona feliz y nuestro hogar se volvió armonioso. Esto debe ser a lo que se refería Shifu cuando recordó: “La luz de fo ilumina todo, volviendo todo recto, perfecto y brillante”, (Tercera Lección, Zhuan Falun)

Cómo afrontar el maltrato sin resentimiento

Una compañera de trabajo cuyo marido estaba desempleado me preguntó si su esposo podía criar patos en un estanque que pertenecía a mis suegros. Consulté con mi marido y aceptó. Sin embargo, menos de un mes después, los patos contrajeron una enfermedad y muchos murieron, lo que nos causó pérdidas económicas. El marido de mi compañera de trabajo desquitó su frustración conmigo.

Una vez, mientras mi esposo estaba ausente, me agarró del cuello con ambas manos, dejándome cuatro marcas sangrientas. Aún insatisfecho, me golpeó y pateó, rompiéndome dos costillas y dejándome con tal dolor que no podía moverme. Recordé las enseñanzas de Shifu:

"¿Qué es un corazón de gran Ren? Siendo alguien que refina gong debes, ante todo, ser capaz de no devolver el golpe al ser golpeado ni devolver la injuria al ser injuriado, tienes que ejercer Ren. De otro modo, ¿qué clase de cultivador eres?". (Novena Lección, Zhuan Falun)

No lo maldije, no pedí ayuda ni me defendí. Aunque soy bastante alta y físicamente fuerte, soy una practicante de Dafa y comprendí que esto se trataba, bien de una forma de saldar una deuda de yeli o bien de una manera de ayudarme a eliminar yeli. En cierto sentido, era algo bueno, así que lo soporté sin resentimiento ni odio.

Me arrastró hasta el estanque y mantuvo mi cabeza bajo el agua, con la intención de ahogarme. En ese instante pensé: «Aún tengo la misión de ayudar a Shifu en la rectificación del Fa y salvar a los seres conscientes. ¡No puedo simplemente perecer aquí ahogada!». Grité en mi corazón: «¡Shifu, sálvame!». Como si hubiera recibido una descarga eléctrica, me soltó de inmediato, salió frenéticamente del agua y se dirigió hacia el camino.

En mi corazón sabía que Shifu me había salvado, pero debido a mis costillas rotas, no podía salir del estanque. Cuando mi esposo llegó en coche y me vio forcejeando en el agua, me sacó y me llevó a casa. Me preguntó qué había pasado y le di una breve explicación. Él quería confrontar al hombre, pero lo detuve. También quería llamar a la policía para que lo arrestaran, pero tampoco se lo permití. Le dije: «Soy una practicante. Es un principio divino que el bien y el mal reciben su retribución. Dejemos todo en manos de Shifu, ¿de acuerdo?».

Se ha hecho justicia divina

Cuando mis compañeros de trabajo se enteraron de lo sucedido, se enfurecieron y lo condenaron, diciendo: «¡Es un desalmado!». «Se aprovechó de los demás, comiendo y bebiendo a su costa sin pagar un centavo, y luego los atormentó con tanta crueldad». «Es verdaderamente despreciable». Como tenía las costillas rotas y no podía trabajar, tomé más de dos meses de baja por enfermedad. Nunca le pedí que cubriera mi salario perdido ni mis gastos médicos.

Mi segunda hermana también se indignó al enterarse. Le dije: «Si le debía algo de alguna vida pasada, entonces tal vez ya lo haya saldado. Y si no le debía nada, entonces me ha otorgado virtud. Y puesto que la virtud es esencial para alcanzar un nivel espiritual superior, ¿acaso no es eso algo bueno? Hay un dicho que dice: "La gente puede intimidar a los bondadosos, pero el Cielo no lo hará". Si él ha cometido actos intolerables según las leyes del Cielo, ¿cómo podría salir bien parado?». Mi segunda hermana asintió: «Tienes razón. No nos rebajemos a su nivel; es mejor dejar que Shifu y la divinidad se encarguen de ello».

Poco después, el hombre enfermó de una dolencia terminal y falleció. El principio de que el bien y el mal conllevan una retribución —que a menudo se manifiesta en vida— se cumplió realmente.

Enviar pensamientos rectos a corta distancia

Hace algunos años, otros practicantes y yo visitábamos con frecuencia lugares como las oficinas municipales del Partido Comunista Chino (PCCh), prisiones, centros de detención y sitios donde se sometía a los practicantes a lavado de cerebro, con el fin de enviar pensamientos rectos. Nuestro objetivo era eliminar las manos negras y demonios podridos —las entidades y factores malignos— que acechaban en estas guaridas de oscuridad, así como a aquellos asociados con el espectro maligno del comunismo y el PCCh. Queríamos ayudar a los practicantes detenidos a mantener pensamientos y acciones rectas para que pudieran liberarse de estos lugares oscuros cuanto antes. Bajo la compasiva protección de Shifu, nos enfrentamos en dos ocasiones a situaciones potencialmente peligrosas, pero salimos ilesos.

Rescatando practicantes de edad avanzada

Una mañana, varios compañeros practicantes fuimos a un centro de detención de distrito para enviar pensamientos rectos cuando aparecieron dos vehículos policiales con seis agentes y policías auxiliares a bordo. Al verlos, tres practicantes se marcharon y tres agentes los persiguieron. Yo estaba un poco más lejos, sosteniendo un manojo de verduras de hoja verde. No corrí, pero vi a tres agentes agarrar a una practicante anciana y empujarla hacia un coche patrulla. Al darme cuenta de que estaba en peligro, grité: «¡Shifu, por favor, ayúdeme! ¡Debo rescatar a esta practicante!».

Corrí hacia el coche patrulla, le puse el manojo de verduras en las manos a la practicante anciana y grité: «¿Por qué no has llegado todavía a casa? ¡Voy a llegar tarde al trabajo y mi hijo aún está en casa!». Los agentes se quedaron completamente desconcertados. Aprovechando la oportunidad, la practicante anciana se liberó y salió corriendo.

Una vez que los oficiales recuperaron la compostura, me agarraron y me preguntaron: "¿Quién eres? ¿Perteneces a Falun Dafa? ¡Enséñanos tu documento de identidad!".

Los aparté y les espeté: "¿Quién lleva un documento de identidad cuando va al trabajo? ¡No tengo tiempo para esto, voy a llegar tarde!". Dicho esto, salí corriendo.

Los cuatro oficiales permanecieron allí, pero gritaron: “¡No corran tan rápido! ¡Cuidado con el tráfico, manténganse a salvo!”. ¡Quizás era Shifu quien me lo recordaba con sus voces! Bajo la compasiva protección de Shifu, los cinco practicantes logramos escapar sanos y salvos y regresar a casa.

No dejes que me vean

Un año, cinco de nosotros fuimos a un centro de lavado de cerebro (que el PCCh denomina "clase de educación legal") en otro distrito. Nuestro objetivo era enviar pensamientos recos a corta distancia para eliminar el espectro comunista maligno que se encontraba detrás de cada persona en ese antro de maldad, aliviando así la presión sobre los practicantes retenidos allí y contribuyendo a desmantelar el centro de lavado de cerebro.

Dio la casualidad de que la hermana menor de uno de nuestros practicantes vivía en una aldea cercana. Primero colocamos pegatinas con mensajes de aclaración de la verdad por toda la  aldea y luego fuimos de puerta en puerta distribuyendo ejemplares de los Nueve Comentarios sobre el Partido Comunista. Llegamos a la casa de la hermana del practicante para enviarle pensamientos rectos a corta distancia. Un aldeano nos denunció y agentes de la comisaría local rodearon la casa. Entraron a la fuerza y comenzaron a llevarnos. Con una fe firme en Shifu y el Fa, dije: «Shifu, por favor, protégeme. Hazme invisible para ellos». Como resultado, varios policías pasaron a mi lado, de un lado a otro, pero en realidad no me vieron.

Una vez que se marcharon, llamé rápidamente a otra practicante y le pedí que contactara a otros en la zona para enviar pensamientos rectos y ayudar a quienes habían sido arrestados fuera del centro de lavado de cerebro, para que pudieran regresar a casa sanos y salvos.

Al llegar a casa, me enteré de lo que les había pasado a los otros cuatro. Una vez que los metieron a la fuerza en un vehículo policial, una de ellas les susurró a los demás: «Yo me escaparé primero. Cuando me persigan, corran ustedes también». Salió disparada del vehículo policial y echó a correr, con tres agentes siguiéndola. Trepó por encima de setos y saltó pequeñas zanjas, recorriendo una distancia considerable antes de que la policía lograra rodearla. Aun así, aunque los tres agentes la agarraron, no pudieron retenerla, y logró liberarse y escapar de nuevo.

Finalmente llegó a la casa de una aldeana, quien se quedó atónita al verla cubierta de barro de pies a cabeza. La practicante le dijo rápidamente: «Tía, por favor, no tenga miedo. Me encontré con gente mala; ¿puedo quedarme aquí un momento? Me voy enseguida». Media hora después, cuando todo quedó en silencio y ya no había rastro de la policía, se lavó la cara, le dio las gracias a la amable mujer una vez más y emprendió el regreso a casa.

Cuando los tres practicantes salieron del coche patrulla con la intención de huir, fueron interceptados por tres agentes de policía. Justo en ese momento, llegó la hermana de uno de los practicantes con un grupo de amigos —personas con quienes solía jugar a las cartas— y rodearon a los agentes. Algunos de ellos, que conocían a los policías, empezaron a decir cosas como: «Son buenas personas que practican la bondad», «No han hecho nada malo», «¿Por qué los arrestan?», y otras expresiones por el estilo. Los tres practicantes lograron escapar.

Bajo la protección de nuestro compasivo Shifu, y con el apoyo de los pensamientos rectos de muchos otros practicantes cercanos, pudimos superar esta tribulación repentina, manteniendo nuestra fe en Shifu y el Fa, sosteniendo pensamientos y acciones rectas y, en última instancia, neutralizando una situación peligrosa.

Protección de los materiales de Dafa

Antes de 2010, dependíamos principalmente de centros de producción de materiales a gran escala, donde varios practicantes colaboraban para elaborarlos. Yo también participaba. La ventaja de estos centros era que contábamos con practicantes experimentados y con habilidades técnicas que brindaban orientación. Se podía aprender rápidamente y adquirir una amplia gama de habilidades técnicas, como producir libros de Dafa, crear DVD, acceder a internet, descargar contenido, imprimir, encuadernar y solucionar problemas técnicos. Con dedicación, estas habilidades se dominaban en poco tiempo.

Sin embargo, los inconvenientes eran significativos: la gran cantidad de personas involucradas convertía el sitio en un objetivo evidente, el volumen de suministros necesarios era elevado y había un flujo constante de personas que acudían a recoger libros de Dafa y materiales de esclarecimiento de la verdad. Esto hacía que el sitio fuera vulnerable a la vigilancia policial y aumentaba el riesgo de ser denunciado por personas comunes que desconocían la verdad. Si un sitio de tal magnitud se viera comprometido, no solo conllevaría el arresto de muchos practicantes, sino también una importante pérdida de recursos para Dafa.

En una ocasión, acababa de salir del lugar de producción para recoger algo en mi casa, que está al lado, y me disponía a regresar cuando descubrí que más de 20 policías habían rodeado el edificio, vigilando tanto el local de la planta baja como el de la planta superior. Arrestaron a todos los practicantes que se encontraban allí y confiscaron todo: ordenadores, impresoras, grabadoras de discos y una gran cantidad de suministros. Lo cargaron todo en un camión grande y se lo llevaron.

Con la ayuda de Shifu, mantuve la calma. Lo primero que pensé fue que debía avisar urgentemente a los practicantes que se dirigían a recoger materiales que la policía había rodeado el lugar y que debían dar la vuelta inmediatamente.

Después de que la policía se marchara, usé mi llave para abrir la puerta del lugar de producción. Encontré rápidamente 1.500 yuanes en billetes con mensajes sobre Dafa impresos y me los llevé para dárselos a los demás practicantes.

Contacté a algunos practicantes y regresamos con dos triciclos eléctricos equipados con plataformas de carga para recuperar los materiales restantes —literatura de aclaración de la verdad, suministros, cortadores de papel, repuestos, discos y más— que la policía no se había llevado. Para evitar ser captados por las cámaras de vigilancia, no pudimos usar la entrada principal. En cambio, trasladamos los objetos desde el interior de las habitaciones a una terraza del segundo piso. Desde allí, usando cuerdas y cestas, bajamos cuidadosamente los materiales desde la azotea, detrás del edificio, hasta el suelo, donde los cargamos en los triciclos. Recogimos cuatro cargas y trasladamos todo a un lugar seguro en dos viajes separados. Con el fortalecimiento de Shifu, no tenía miedo. Mi único pensamiento era proteger los recursos de Dafa de mayores pérdidas y asegurarme de que la policía no los confiscara. Sin embargo, al mirar hacia atrás, sí sentí una persistente sensación de temor.

A las nueve de la mañana siguiente, vi llegar a cuatro policías en un coche patrulla, acompañados de un camión y cuatro operarios de mudanzas. Poco después, los vi marcharse con sus vehículos vacíos. Me imagino la cara que pusieron al abrir la puerta y encontrar el lugar completamente vacío. Tuvimos muchísima suerte de haber trasladado las cosas que quedaban justo a tiempo el día anterior.

A medida que empezaron a surgir centros de producción de materiales por todas partes, finalmente establecí mi propio sitio web desde casa.

Aunque aún me quedan muchas áreas por perfeccionar, en el poco tiempo que me queda antes de que concluya la rectificación del Fa, me esforzaré aún más. Cumpliré diligentemente las tres cosas que Shifu nos ha pedido, aprovecharé cada momento para salvar a más personas y regresaré a casa con Shifu.

¡Gracias, Shifu! ¡Gracias, practicantes, por su ayuda!

(Artículo seleccionado para el 23.º Fahui de China en Minghui.org)