(Minghui.org) ¡Saludos, Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!
Comencé a practicar Falun Dafa en 2001, tras obtener mi título de posgrado, y llevo ya 25 años en la práctica. Actualmente, ocupo un puesto directivo en una institución nacional de investigación y desarrollo en ciencia y tecnología de defensa. Me siento verdaderamente afortunado de ser un discípulo de Dafa. He llegado a comprender el sentido de la vida y he experimentado la ligereza y el bienestar que surgen al estar libre de enfermedades. Mi gratitud hacia Shifu trasciende las palabras; solo puedo esforzarme por cultivarme diligentemente y realizar bien las tres cosas. A continuación, quisiera compartir mis reflexiones recientes sobre la cultivación, tanto para informar a Shifu como para compartirlas con mis compañeros practicantes.
Los beneficios de perseverar en la memorización del Fa
Pensé en lo maravilloso que sería poder estudiar el Fa cada día con la mente concentrada y memorizar Zhuan Falun, a fin de asimilarme al Fa.
A principios del año pasado, escuché una serie en Radio Minghui sobre la memorización del Fa. Varios compañeros practicantes compartieron distintos métodos para memorizar el Fa, sus experiencias personales al perseverar en esta tarea y los cambios positivos —tanto físicos como mentales— que experimentaron como resultado. Me sentí profundamente conmovido y tomé la determinación de memorizar Zhuan Falun. Descubrí que el método que mejor me funcionaba consistía en memorizar una frase a la vez, dominando cada párrafo antes de pasar al siguiente, en lugar de tener que empezar desde el principio cada vez. Decidí aplicar este enfoque en mi primer intento de memorizar Zhuan Falun; he perdido la cuenta de cuántas veces he memorizado el libro completo. Para memorizar el Fa de manera efectiva, primero es necesario desprenderse de cualquier atisbo de impaciencia o prisa. La mente no debe divagar; la conciencia principal debe permanecer clara y concentrada; solo así es posible memorizar un pasaje con éxito. A través del proceso continuo de memorizar el Fa, he llegado a comprender principios más profundos del Fa, he experimentado una mejora en mi carácter y he alcanzado reinos espirituales más elevados. Poco a poco he aprendido a mirar hacia mi interior cada vez que surge un conflicto, a exigir a mis palabras y acciones un estándar estricto, a descartar la interferencia de los pensamientos negativos y a ver y manejar los asuntos con pensamientos rectos.
Un día, mientras memorizaba un pasaje de Zhuan Falun sobre el apego a la envidia, me di cuenta que albergaba en mi interior un sentimiento de envidia oculto e injustificado; un apego que sabía que debía eliminar.
Lograr un buen equilibrio con la familia
Un día, al regresar del trabajo y ducharme, mientras me secaba el cabello, mi hija gritó de repente desde atrás: «¡A comer!». El susto fue tal que le dije: «¡Vaya susto me has dado!». Ella simplemente se rió y se alejó. Me sentí un poco molesto y pensé: «¿No podría haber pedido disculpas, al menos?». Más tarde, después de que toda la familia terminara de cenar, estaba en la cocina recogiendo los platos, mientras mi hija lavaba ropa en el balcón trasero. Mi esposa le hizo un comentario en tono de broma y, al entrar en la cocina, mi hija sacudió sus manos empapadas hacia mi esposa. Sin embargo, no acertó, y el agua fue a parar directamente a mi cara. Mi ira alcanzó su punto máximo y, en el calor del momento, le lancé el paño de cocina que tenía en la mano. Mi hija quedó aterrorizada; nunca antes había visto a su padre tan enfadado. Le dije con severidad: «No me has pedido disculpas; no te perdono». Más tarde, me escribió una breve nota para disculparse. Decía, en esencia: «¡Lo siento, papá! No debería haberte asustado ni haberte salpicado con agua. No volverá a ocurrir, y me aseguraré de recordar no hacer este tipo de bromas en el futuro».
Una vez terminadas las tareas del hogar, me tranquilicé y miré hacia dentro. Resultaba extraño: en el trabajo, incluso ante exigencias irracionales de un jefe o de mis colegas, nunca me enfado; soy capaz de afrontar las situaciones con calma y racionalidad. Sin embargo, dos incidentes menores en casa me hicieron perder la compostura. Al reflexionar, identifiqué dos apegos. El primero era un apego a la reputación: sentía que, como padre, no deberían tratarme con tal falta de respeto; me resultaría vergonzoso que otros lo vieran. El segundo era la ansiedad por saber si había educado bien a mi hija; una preocupación arraigada en la noción tradicional de que «si un hijo no está bien educado, es culpa del padre». En realidad, mi hija solo estaba siendo un poco traviesa; ciertamente, no tenía ninguna mala intención. Esa noche, antes de acostarme, llamé a mi hija y le dije: «Lo siento; no debería haberme enfadado tanto contigo». Al darme cuenta de que no había actuado conforme a las enseñanzas de Zhuan Falun, tomé el libro y le leí este pasaje:
«Si tienes mal temperamento, entonces cambia; quien refina gong tiene que ejercer Ren. Hay personas que cuando educan a los hijos también se enfadan, los regañan haciendo tanto ruido que casi voltean el cielo; cuando educas a tus hijos no tienes que actuar de esa manera, no debes enfadarte realmente, debes educar a tus hijos con más racionalidad, así podrás educarlos verdaderamente bien» (Novena Lección, Zhuan Falun).
Entonces le dije: «A partir de ahora, papá se recordará constantemente que debe tomar el Fa como su Maestro. ¡Y, por favor, no vuelvas a hacer bromas de ese tipo!». Ella asintió alegremente y se fue a dormir.
Cooperar como un solo cuerpo para anular la represión transnacional
En enero de este año, estuve a cargo de coordinar el equipo de logística y seguridad para una de las presentaciones de Shen Yun durante su gira por Taiwán. El día anterior al espectáculo, cerca de las 10:00 p. m., recibí la noticia de que la administración del recinto había recibido dos cartas amenazantes. Como medida de precaución, solicitaron a los organizadores que elaboraran un plan de seguridad antes de que terminara el día.
Ante esta tarea y la intensa presión del tiempo, al principio me vi afectado por nociones humanas y pensamientos negativos: «¿Cómo puede la administración del recinto esperar que preparemos un plan de seguridad completo en tan poco tiempo?». Al darme cuenta de que debía cumplir con el plazo, dejé a un lado esos pensamientos y contacté al coordinador general de seguridad para Taiwán, con el fin de averiguar si existían antecedentes que pudieran servirme de referencia para agilizar la redacción del documento.
El coordinador me informó que no había precedentes de este tipo. Me ofreció dos sugerencias: primero, explicar a la administración del recinto qué otros lugares en Taiwán habían recibido amenazas similares en el pasado —sin que ninguna llegara a materializarse en daño alguno— y que, históricamente, nunca se habían requerido planes de seguridad. Por otra parte, si resultaba indispensable elaborar un plan, sugirió que un compañero practicante en particular podría ser la persona adecuada para la tarea.
Tras colgar, le agradecí su aportación; sin embargo, dada la urgencia, decidí asumir yo mismo la responsabilidad. También le pedí al coordinador adjunto del equipo de seguridad que gestionara las comunicaciones dentro del grupo de trabajo de emergencia, el cual incluía a representantes del recinto, la policía y nuestro propio equipo. A medida que pasaba el tiempo, seguía sin tener claro cómo redactar el documento. Busqué plantillas o ejemplos en internet, pero no encontré nada relevante.
Me esforcé por calmar mi mente, recordándome que estas cartas amenazantes formaban parte de la represión transnacional del Partido Comunista Chino (PCCh), destinada a sabotear a Shen Yun y, con ello, obstaculizar los esfuerzos de Shifu por salvar a los seres conscientes. Sabía que, ante tales dificultades, debía tomar el Fa como guía. En realidad, era la primera vez que la administración del recinto recibía amenazas de este tipo; probablemente se encontraban bajo una enorme presión, temiendo ser considerados responsables si llegara a ocurrir algún incidente. Además, las medidas y el plan de seguridad —acordados conjuntamente por el recinto, la policía y nuestro equipo— eran totalmente razonables y coherentes con las normas de la sociedad común. Comprendí que debía abandonar mi aversión a los problemas y mi ansiedad ante la falta de tiempo. En su lugar, afronté este desafío perturbador con pensamientos rectos, considerándolo una oportunidad para progresar en mi cultivación.
Sorprendentemente, una vez que dejé ir mis apegos, la sabiduría necesaria para redactar el plan de seguridad y evacuación fluyó en mi mente sin esfuerzo alguno. Completé el documento para las 11:52 p. m. de esa misma noche, y se lo envié a nuestro coordinador general.
Al principio, a varios compañeros practicantes les desconcertó el requisito de realizar controles de seguridad a los asistentes. Les expliqué: «La administración del recinto recibió amenazas que indicaban que algunas personas podrían comprar entradas para acceder al lugar con la intención de llevar a cabo ataques con cuchillos o lanzar bombas incendiarias al escenario; por consiguiente, se vieron obligados a implementar ciertas medidas de precaución. Precisamente esta semana, durante un viaje de trabajo a una empresa privada, una guardia de seguridad me pidió revisar mi portafolios para asegurarse de que no llevara ningún objeto peligroso». Los tranquilicé diciéndoles: «¡Por favor, no se preocupen! El coordinador se encargará de que sean practicantes mujeres quienes realicen los controles de seguridad en los distintos puntos de acceso, garantizando así que la llegada del público se vea afectada lo menos posible. Si yo fuera uno de los asistentes, de hecho, les agradecería a los organizadores; esto me permitiría disfrutar de un espectáculo de clase mundial con total tranquilidad, sabiendo que no tengo que temer incidentes como los recientes ataques con cuchillos y bombas incendiarias ocurridos en el metro de Taipéi». Al escuchar esto, los practicantes que se sentían inquietos pudieron dejar de lado sus preocupaciones.
Aunque la administración del recinto estableció estándares de seguridad muy elevados, me conmovió profundamente ver a tantos practicantes utilizando, de manera desinteresada y silenciosa, «pensamientos rectos» para orientar la situación hacia un desenlace positivo. Cuando concluyó la última función y el público comenzó a retirarse, la directora del recinto —cuya expresión había estado bastante tensa anteriormente— finalmente esbozó una sonrisa radiante. Ella nos felicitó por el rotundo éxito del espectáculo y nos agradeció nuestra colaboración.
A través de esta experiencia de hacer frente a la represión transnacional, llegué a comprender profundamente una enseñanza de Shifu:
«En medio de las pruebas al corazón humano, hablando de cultivadores, habrá entendimientos que nacen de pensamientos humanos y de pensamientos divinos, y estos chocarán entre ellos –aparecerá este estado. Cuando el pensamiento humano está al mando, la persona tiende a lo humano; cuando el pensamiento divino y los pensamientos rectos de la persona están al mando, él tiende a lo divino» (Exponiendo el Fa en San Francisco, 2005).
Establecer la base correcta para la cultivación y cumplir mi misión
Poco después de graduarme de un instituto de investigación de materiales, emprendí mi camino de cultivación espiritual. Ante diversos desafíos y decisiones en la vida, podría haber optado por un puesto bien remunerado en el sector tecnológico, aunque ello habría implicado largas jornadas laborales. Consciente de que mi propósito en esta vida —y más allá— es ser un discípulo de Dafa y asistir a Shifu en la rectificación del Fa, elegí con determinación trabajar en una institución de investigación vinculada a la defensa nacional, la cual ofrecía un horario más predecible y regular. Gracias a la práctica de Dafa, aprendí a tratar a mis colegas con sinceridad, bondad y tolerancia. Además, Dafa abrió mi sabiduría e inteligencia, permitiéndome superar con eficacia obstáculos técnicos críticos en el ámbito de la investigación y el desarrollo. Logré crear numerosos proyectos nuevos y cumplir con objetivos de defensa nacional, ganándome la profunda confianza tanto de mis superiores como de mis colegas. Como resultado, avancé de manera constante en mi carrera: desde un puesto inicial hasta convertirme en supervisor adjunto y, finalmente, alcanzar mi cargo actual como supervisor.
Dada mi sobresaliente trayectoria profesional, mi superior me animó a considerar la posibilidad de cursar un doctorado en mi tiempo libre para mejorar mis créditos académicos, lo cual podría abrirme las puertas a puestos directivos de mayor nivel en el futuro. Al reconocer lo valioso que es mi tiempo libre, recordé estas palabras de Shifu:
«En el ayer de la historia, ustedes trajeron a la humanidad el esplendor que debe tener; en la historia presente, Dafa les ha conferido la misión de salvar a todos los seres conscientes; en la historia futura, todo lo suyo que sea puro y recto, será lo que asegure que el colosal firmamento tenga formación y duración, mas no destrucción» (Anuncio de felicitación para el Fahui de Nueva York, Escrituras esenciales para mayor avance (III)).
Al mirar atrás, desde mis inicios en la cultivación, he participado activamente en la aclaración de la verdad en línea, desempeñando diversas funciones —como la aclaración directa, el soporte técnico, la programación y la coordinación— hasta llegar a mi enfoque actual: la aclaración de la verdad de forma directa y verbal, la cual se ha convertido en una parte integral de mi vida cotidiana. A lo largo de estos últimos 25 años, he llegado a valorar profundamente este camino de cultivación, obtenido con tanto esfuerzo durante el periodo de la rectificación del Fa. Realizo las «tres cosas» con diligencia, asegurándome de no defraudar los minuciosos esfuerzos de Shifu por salvarnos.
En cuanto a si llegaré a ocupar un puesto de mayor responsabilidad en el futuro, como practicante, dejo que las cosas sigan su curso natural sin darle demasiadas vueltas. Lo que debo aprovechar ahora es este tiempo sumamente valioso: utilizar un corazón lleno de compasión para aclarar la verdad en línea a más personas chinas, que son tan preciosas. Cuando una persona china se salva, también se salvan las innumerables vidas conectadas a ella; ¡qué misión tan sagrada y honorable es esta! Cada vez que comparto la verdad con internautas chinos y estos expresan su voluntad de renunciar al PCCh y a sus organizaciones afiliadas, realizo el heshi —juntando las palmas de las manos frente al pecho en señal de respeto— y expreso mi más sincera gratitud a Shifu: una vida más ha sido salvada.
Por favor, señalen cualquier error que pueda haber en mi experiencia de cultivación.
¡Gracias, Shifu, y gracias a mis compañeros practicantes!
(Presentado en la Conferencia del Fa de Taiwán de 2026)
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