(Minghui.org) Comencé a practicar Falun Dafa en 1997. Me gustaría contarles cómo logré eliminar mediante la cultivación mi arraigado apego al odio.

Mi madre padecía graves problemas cardíacos. Mis hermanos mayores vivían con nuestros abuelos. Durante mi infancia, me esforzaba por no causar ninguna preocupación a mis padres, pues temía que mi madre muriera.

Mi madre falleció cuando yo tenía 15 años, y así comenzó mi sufrimiento. Mi padre era funcionario público y fue enviado a granjas rurales para ser "reeducado" durante la Revolución Cultural; estuvo ausente de casa durante muchos años.

Nuestros abuelos se mudaron con nosotros. En aquella época, yo estaba en plena etapa de crecimiento. Cuando mi madre vivía, nuestra alimentación era bastante buena. Sin embargo, después de que mi hermana se casó, mi abuela le daba a ella todos los cereales refinados. Si yo comía un poco más, ella me regañaba. Una vecina le dijo una vez: "Todos son tus nietos. ¿No te parece injusto?".

Mi abuela se molestaba cada vez que le pedía dinero para comprar cuadernos escolares. Yo hacía todo lo posible por aprovechar ambas caras de las hojas. Sin mencionar mi nombre, el profesor de matemáticas se quejaba de que resultaba difícil corregir las tareas si se usaba bolígrafo de tinta en ambos lados de la página.

Al crecer en este entorno, no solo no me desarrollé físicamente de forma adecuada, sino que también me volví tímida y aprendí a interpretar el estado de ánimo de los demás. Por miedo a comer más de lo permitido, ingería algo rápidamente y me retiraba de la mesa. La situación empeoró aún más cuando mi padre volvió a casarse. Cuando regresaba a casa ocasionalmente, las lágrimas rodaban por mis mejillas cuando mi padre me decía en secreto: "No tengas miedo de comer". Lloré mucho durante aquellos años.

La vida de casada

Abrigué esperanzas al llegar  la edad de casarme, pensando que tendría mi propio hogar y que ya no tendría que preocuparme por los demás, salvo por mi suegra, con quien planeaba llevarme bien y a quien pensaba tratar como si fuera mi propia madre.

Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba. Mi suegra tenía un carácter muy fuerte. Mi esposo y yo tuvimos una pequeña discusión antes de casarnos, y una compañera de trabajo intentó ayudarnos a resolver el asunto. Una persona sensata habría sido amable con la persona de visita, pero mi suegra le dijo a mi compañera que se marchara.

Lloré muchas veces. Habiendo sufrido ya la falta de madre durante mi infancia, mi mayor temor era casarme y acabar en una familia inadecuada. Si mi futura familia se comportaba así incluso antes de la boda, no podía imaginar qué sucedería una vez que me convirtiera en esposa y nuera. Quise romper el compromiso, pero mi esposo me suplicó que me quedara y prometió que no ocurriría nada desagradable.

Quizás ese era simplemente mi destino, pues deseaba abandonar el hogar de mi infancia, donde no había amor. Sin embargo, dejé un hogar desdichado para entrar en otro igual de malo. Cada vez que mi esposo y yo teníamos un pequeño desacuerdo, mi suegra me echaba de casa.

Esperaba que la hermana de mi esposo comprendiera la situación e intercediera por mí, para que pudiéramos hablar una vez que los ánimos se hubieran calmado. Sin embargo, ella dijo: «No me importa. Simplemente no hagas nada que moleste a mi madre». Luego dijo cosas falsas para provocarme. Los conflictos se agravaron hasta el punto de que tanto mi cuñada como mi suegra llegaron a golpearme. Soy una persona introvertida, y la ira contenida estuvo a punto de provocarme un colapso mental.

Una mañana temprano, mientras aún estaba en la cama, mi suegra aporreó la puerta presa de la histeria. El ruido hizo que mi bebé de un año gritara de miedo. Luego me echó de casa gritando: «¡Cuando te vayas, mi hijo encontrará a alguien mejor!». No tenía adónde ir, así que me mudé a la residencia para empleados solteros de la empresa.

Una amiga de la infancia me dijo: «Llamaste "mamá" a muchas mujeres, pero ninguna te trató como a una hija».

Todos los recuerdos de haber vivido bajo techos ajenos y sin sentirme amada dejaron una huella dolorosa en mí; albergaba odio hacia quienes me habían hecho daño. Al caminar sola por la calle de noche y ver las casas iluminadas, lamentaba que, en un mundo tan vasto y lleno de hogares, no hubiera un lugar para mí. Si el Cielo me observaba, esperaba que se apiadara de mí.

Viví en la residencia más de seis meses y corté todo contacto con mi familia política. Aunque mi suegra hizo que mi esposo me entregara un anillo de oro que era una reliquia familiar como gesto de disculpa, mi resentimiento no hizo más que aumentar. Mi padre intentó mediar para arreglar la situación, pero mi odio hacia ellos persistía.

Visité templos, quemé incienso y consulté a adivinos, con la esperanza de encontrar a alguna persona sabia que me hiciera justicia.

Dos adivinos distintos me dijeron que tenía un vínculo con el budismo. La persona que me acompañaba era muy devota y recitaba mantras a diario, pero los adivinos no dijeron lo mismo de ella. Yo no me consideraba diferente a los demás; simplemente parecía que me tocaba soportar más adversidades. Viví una vida llena de odio durante más de diez años.

Comienzo a practicar Falun Dafa

Comencé a practicar Falun Dafa en 1997 y comprendí a qué se referían los adivinos. Había pasado muchas vidas esperando por Dafa.

El Maestro Li Hongzhi desató el nudo en mi corazón. Me quedó claro que todo el sufrimiento era causado por mi propio yeli. Podría regresar a casa con Shifu una vez que todo el yeli se hubiera transformado. Si no me hubiera encontrado con esas personas difíciles, habría conocido a otras, ya que mi yeli debía ser pagado. Nada sucede sin una razón.

Las enseñanzas de Falun Dafa me ayudaron a deshacerme del odio. Todo en la vida es simplemente una obra de teatro. Shifu me ha estado cuidando durante muchas vidas. Soy muy afortunada y vivo inmersa en la alegría cada día.

Mi hijo ya no necesitaba llamar a diario para comprobar si acosaban a su madre. Shifu me hizo comprender que las dificultades que soporté estaban allanando mi camino de cultivación y me ayudó a soltar por completo todo el resentimiento.

Volví a comunicarme con la familia de mi esposo. Le llevaba regalos a mi suegra, generalmente de mayor valor que los que le daba a mi padre. En una ocasión, una tía política comentó: «Le das regalos y le ayudas con las tareas del hogar, y sin embargo ella no habla bien de ti a tus espaldas». Mi antiguo yo se habría enfadado por ese comentario, pero ahora soy una practicante de Dafa. Ya no me afectan los asuntos mundanos; simplemente hago lo que debo hacer.

Una vez arregle que un taxi trajera a mi suegra a nuestra casa. El conductor dijo: «¡Tiene usted una nuera tan buena!». Ella respondió: «Es aceptable». En el pasado, habría pensado que ella estaba siendo difícil. Pero ahora, solo veo esto como una prueba para ayudarme a eliminar cualquier expectativa de gratitud o reconocimiento.

El año en que mis suegros cumplieron 90 años —dos décadas después de haberme echado de casa—, los invité a vivir con nosotros y a ocupar nuestro dormitorio. Eran personas de edad muy avanzada y yo quería que disfrutaran de la mejor habitación de nuestro apartamento. Mi esposo tiene dos hermanos mayores y una hermana mayor; todos ellos atravesaban situaciones familiares difíciles. Nosotros somos los más jóvenes de nuestra generación, así que nos ofrecimos voluntariamente a cuidar de sus padres ancianos.

Mi suegra sufría de incontinencia, por lo que yo le cambiaba los pañales y lavaba sus pantalones. El olor de los pañales era especialmente fuerte. Ella decía: "En realidad, no soy mala persona". Yo pensaba: "Soy una practicante de Dafa; no me aferro al pasado".

Mi suegro era una persona respetuosa. Sin embargo, al envejecer, a veces no acertaba al usar el inodoro y olvidaba tirar de la cadena. Yo se lo recordaba con una sonrisa. Antes de cada comida, lo llamaba alegremente.

Mi esposo tiene un carácter fuerte y a menudo me gritaba. Yo le respondía: "No grites delante de nuestros mayores; de lo contrario, podrían pensar que estamos discutiendo y sentirse incómodos viviendo aquí". Yo les sonreía todos los días. Shifu nos enseñó a pensar en los demás, así que soy una persona amable y servicial que tiene en cuenta a los demás.

Los hermanos de mi esposo se sentían conmovidos por lo que hacíamos. Por un lado, nos habíamos hecho cargo de una gran responsabilidad. Además, debido a nuestra relación pasada, les daba vergüenza pedirme ayuda para cuidar a sus padres. Ellos nos daban dinero cada mes para los gastos. Tras el fallecimiento de sus padres, quisieron darnos una parte adicional de la herencia. Le dije a mi esposo: "No aceptaremos más de lo que nos corresponde. No hicimos esto por dinero".

Pude cuidar a mis suegros con compasión porque practico Falun Dafa. No habría hecho nada de esto si no fuera una cultivadora. Mi salud no sería buena si no practicara Dafa. Mi esposo dijo: "Toda nuestra familia está muy conmovida al saber que, como practicante de Dafa, respondiste al odio con bondad".

Toda su familia llegó a comprender la verdad sobre Dafa, e incluso mis suegros leían libros de Dafa conmigo. Mi suegra dijo: «¡Las palabras de Dafa son tan acertadas!».

Mi cuñada también leyó los libros de Dafa. En una ocasión, durante una reunión familiar en un restaurante, su esposo gritó: «¡Falun Dafa es bueno!». Ahora ambos tienen casi 80 años. A veces les preparo comida. A menudo me invitaban a comer con ellos, pues se sentían conmovidos por los cambios positivos que experimenté tras comenzar a practicar Falun Dafa.

Estoy agradecida con Shifu por ayudarme a dejar atrás el resentimiento y por transformarme por completo. Valoraré el poco tiempo que nos queda, cumpliré bien con las tres cosas, honraré mis votos y retribuiré la compasiva salvación de Shifu