(Minghui.org) Tengo 80 años y llevo 29 practicando Falun Dafa. Me gustaría compartir algunas de mis experiencias personales en la cultivación.

Como nunca fui a la escuela, soy analfabeta. Desde los 10 años, trabajé en la unidad de producción de nuestra comunidad realizando labores manuales, como acarrear agua y cargar estiércol.

A los 16 años, mi padre concertó mi matrimonio. Tras la boda, al año siguiente, descubrí que mi suegro era bebedor y jugador, además de tener otros comportamientos destructivos. No asumía ninguna responsabilidad hacia su familia. Mi suegra intentó quitarse la vida varias veces por pura desesperación.

Cuando estaba borracho, mi suegro solía insultarme y me reprendía si la avena que preparaba no era de su agrado. La familia de mi esposo era pobre, así que yo tenía que recoger leña; de lo contrario, no podíamos cocinar.

Debido a años de trabajo extenuante y una mala alimentación, desarrollé muchos problemas de salud crónicos a una edad temprana. Empecé a sufrir dolores de espalda tan intensos que no podía mantenerme erguida.

El inicio en la cultivación

En la primavera de 1997, una mujer de nuestra aldea me dijo: «¿Por qué no pruebas Falun Dafa? Lo practican en el parque y es una excelente forma de mejorar la salud. Quienes lo practican dejan de jugar a las cartas, beber alcohol y fumar».

«Si ellos no juegan a las cartas, entonces no es para mí», respondí. Como mi suegro jugaba a las cartas, todos en la familia estábamos obligados a participar. Así fue como perdí mi primera oportunidad de conocer Dafa.

Más tarde, aquel otoño, fui a visitar a mi hermana. Mientras se ponía su bufanda, me dijo: «Vamos a practicar Falun Dafa». La seguí. En el lugar de práctica, imitaba a los demás mientras realizaban los ejercicios. Al hacer el segundo ejercicio, la «Vía de la estaca-parada Falun», sentí energía fluyendo por toda la parte inferior de mi cuerpo. Me sentí muy a gusto.

Antes, se me hinchaba el estómago después de comer un par de bollos. El día después de probar los ejercicios de Falun Dafa, mi estómago dejó de molestarme. Pensé: «Esta práctica es poderosa. ¡Estoy viendo resultados tras haberla realizado una sola vez! ¡Debo seguir practicando!». A partir de entonces, acudí al lugar de práctica todos los días. Para diciembre, me había recuperado de todas mis dolencias. Mi mente estaba despejada y me sentía en calma. ¡Estaba rebosante de alegría!

Cuando me uní a un grupo de estudio del Fa, no conocía ni un solo carácter chino. Simplemente escuchaba a los demás leer, y mi corazón se iluminaba. El Fa nos enseña a no entrar en peleas ni a decir cosas hirientes, ya que de ese modo perdemos virtud. Aprendí a ser una buena persona siguiendo las enseñanzas contenidas en Zhuan Falun.

Por aquel entonces, escaseaban los ejemplares de Zhuan Falun en nuestra zona. Pensé que, si tuviera mi propio libro para consultarlo mientras los demás leían, tal vez podría aprender a leer por mi cuenta. Mi deseo se hizo realidad cuando un practicante me regaló un ejemplar. Así pude seguir la lectura junto con los demás.

Para liberarme de mi apego a los juegos de cartas, salía durante el día a recoger restos de carbón desechados. En casa, intentaba leer Zhuan Falun basándome en lo que había memorizado; además, preguntaba a otros cuando me encontraba con caracteres que no conocía.

Estábamos muy agradecidos por las enseñanzas de Shifu y queríamos dar a conocer la práctica a más personas. Por ello, colgamos pancartas que decían: «Taller gratuito de Falun Dafa». Visitamos aldeas y mercados cercanos, y muchas personas de nuestra zona se convirtieron en practicantes de Dafa, beneficiándose de la práctica.

En 1998, le dije a mi esposo: «La cultivación es buena para la salud y permite ahorrar en gastos médicos. ¡Es algo maravilloso!». Y así, sin más, mi esposo se convirtió en practicante. Nuestro hogar pronto pasó a ser un lugar de práctica, donde nos reuníamos veinte personas para realizar los ejercicios.

Un cambio repentino en nuestro entorno de cultivación

El Partido Comunista Chino (PCCh) inició la persecución oficial contra Falun Dafa el 20 de julio de 1999. Algunos practicantes locales decidieron ir a Beijing para apelar por justicia y me preguntaron si yo también iría. Respondí: «¡Dafa es tan bueno, y sin embargo no nos permiten practicarlo; yo también iré!». Así pues, seis de nosotros partimos hacia Beijing la noche del 21.

A la mañana siguiente, otro practicante nos hizo llegar una nota con unas palabras de Shifu: «Sólo manteniéndose inamovibles, serán capaces de manejar todas las situaciones». (Exponiendo el Fa en el Fahui del Medio Oeste de los Estados Unidos). Para nosotros, esto supuso un enorme aliento. Aunque no nos conocíamos, nuestros corazones estaban unidos por un mismo objetivo: ¡proteger a Dafa!

En Beijing, un grupo de soldados nos rodeó y, sin dar ninguna explicación, nos empujó a la parte trasera de un camión militar. Muchos de nosotros gritamos: «¡Falun Dafa es bueno! ¡Falun Dafa es el Fa recto! ¡Somos buenas personas! ¡Queremos nuestra libertad!». Todos juntos leímos Lunyu. Entonces ocurrió algo mágico: ¡fui capaz de leerlo por mi cuenta!

El camión nos dejó en el Estadio Deportivo de Fengtai. Allí ya había muchos practicantes de todo el país. El estadio estaba lleno y había numerosos soldados vigilando. Era un día caluroso y, alrededor de las tres, aparecieron unas auspiciosas nubes multicolores. Algunos practicantes, que tenían abierto el «tianmu», vieron los Fashen (cuerpos de Fa) de Shifu. Exclamamos: «¡Shifu! ¡Shifu!». Él nos estaba dando aliento. Esta escena dejó una profunda huella en mí, y la atesoraré por siempre.

Más tarde, esa misma tarde, el jefe de policía del condado, responsable de las detenciones, nos recogió y nos llevó de regreso a casa. No dejaba de preguntar: «¿Qué estaban haciendo allí?». Nosotros respondimos: «Dafa es algo maravilloso, pero no se nos permite practicarlo. Queremos que se nos escuche». Estuvimos detenidos en la estación de policía local durante 15 días y, posteriormente, nos trasladaron a las instalaciones de una fábrica.

Una semana después, nos llevaron de vuelta a la estación de policía para interrogarnos. Me preguntaron: «¿Cómo llegaste hasta allí? ¿Con quién fuiste? ¿Cuánto dinero llevabas contigo?».

Al comprender la gravedad de la situación, respondí: «Fui en autobús. No conocía a nadie». Cuando un policía joven me exigió que insultara a Shifu, le dije: «Shifu es una persona excelente. Nos enseña a ser buenas personas y curó nuestras dolencias sin cobrar ni un centavo. No voy a hacer eso. ¿Acaso tú insultabas a tus maestros en la escuela?». El agente se rió y salió de la habitación.

Transcurrido otro mes, un excamarada militar de mi hermano, que para entonces se había convertido en funcionario gubernamental, vino a verme. «¿Qué haces aquí a tu edad?», preguntó. «Vete a casa». Así, sin más, fui puesta en libertad.

Una vez en casa, fui objeto de un acoso constante. Debido a que organizaba un grupo de estudio del Fa y había viajado a Beijing para apelar a favor de Falun Dafa, me sometieron a una estricta vigilancia. Reclutaron a mujeres de la aldea para que, por turnos, permanecieran frente a la puerta de mi casa. Como vivo cerca de la estación de policía, los agentes venían a vigilarme cada dos días. Incluso me confiscaron mi documento de identidad. En una ocasión, les pregunté: 

«¿Acaso esto no es ya suficiente? Lo único que quería era estar sana. Se supone que la policía debe atrapar a los delincuentes. Pueden preguntar a los demás si soy una buena o una mala persona. Cada vez que llegan aquí, atraen a una multitud. Ya se llevaron mi documento de identidad; ¿para qué han venido ahora?». Cuando surgieron mis pensamientos rectos, Shifu me ayudó, y la policía dejó de venir a mi casa.

Hablar a otros sobre Falun Dafa

Sabemos que Dafa es bueno; sin embargo, el exlíder del PCCh, Jiang Zemin, dio la orden de perseguir a los practicantes. Muchos de nosotros hemos sufrido, y los ciudadanos comunes han sido engañados por la propaganda difamatoria. Teníamos que alzar la voz, dar a conocer la verdad sobre la persecución y ayudar a salvar a las personas. Pero, ¿cómo podíamos hacerlo?

Una practicante me dio algunos folletos de Dafa, pero me daba miedo repartirlos. Ella me sugirió: «Puedes ponerlos en las cestas de las bicicletas». Lo intenté en el mercado local y, poco a poco, fui ganando más valor. Pensé: «La gente deja publicidad por todas partes; los folletos de Falun Dafa son beneficiosos para las personas, así que ¿por qué habría de tener miedo de entregarlos?». Decidí mantener pensamientos rectos y comencé a distribuirlos. Desde entonces, he repartido muchísimos folletos durante la noche.

También me uní a otra practicante para salir durante el día y hablar con la gente sobre Falun Dafa cara a cara. Al principio, no me sentía cómoda hablando con hombres, así que ella se encargaba de hablar mientras yo entregaba los folletos. Pero sabía que no podía depender de ella para siempre; necesitaba superar mi miedo y volverme más independiente.

Desde 2006, me he propuesto la misión de dar a conocer a más personas que Dafa es bueno. El proceso de contar la verdad sobre la persecución es, al mismo tiempo, un proceso de cultivación. Desde entonces, he salido casi todos los días y me he enfrentado a todo tipo de situaciones: algunas personas me dan las gracias, mientras que otras me insultan; algunas me piden dinero, y otras me han denunciado ante las autoridades. Tras 20 años cultivando mi xinxing, he pasado de no saber cómo hablar con desconocidos a responder con calma, sin importar lo que suceda. Siento la presencia de Shifu; Él me ha protegido en muchas situaciones peligrosas.

Ahora, algunas personas me reconocen cuando salgo. Una vez, en el mercado, un anciano me dijo: «¡Sé que Falun Dafa es bueno! Enseña a las personas a ser buenas». Luego me contó que dos jóvenes en bicicleta lo habían atropellado accidentalmente. Cayó en una zanja y terminó con rasguños en el rostro y las manos. Las jóvenes estaban temblando de miedo, pero él les dijo: «No tengan miedo, yo mismo me vendaré». Y los dejó marcharse.

En otra ocasión, mientras bajaba una colina en bicicleta, los frenos dejaron de funcionar. Grité: «¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas!», y logré llegar al pie de la colina a salvo.

Un hombre de unos 60 años aceptó de mis manos un calendario de escritorio de Dafa y un recuerdo. La siguiente vez que nos vimos, me contó que su triciclo eléctrico había volcado, pero que él se levantó sin un solo rasguño. Exclamó: «¡Ese recuerdo es poderoso! ¡Sé que Dafa me protegió!». Después, me pidió más materiales.

Tras leer nuestros folletos de Dafa, algunas personas se acercan a conversar con nosotros: «Todo lo que dicen es cierto. El PCCh colapsará pronto». Yo les respondo: «¡Así es! Hoy en día, los funcionarios gubernamentales son corruptos, muchas fábricas han cerrado y los graduados universitarios no logran encontrar un empleo digno». «¡El Cielo eliminará al PCCh!».

Otros dos practicantes y yo fuimos a un mercado en una localidad vecina. Alguien nos denunció y nos llevaron a la estación de policía. La policía preguntó: «¿Por qué reparten folletos allí?». Respondimos: «Queremos contarles a todos lo bueno que es Falun Dafa, para que ellos también puedan beneficiarse».

Les conté a los agentes que padecía muchas dolencias crónicas, las cuales desaparecieron por completo después de empezar a practicar Falun Dafa. «Tengo 78 años, pero gozo de buena salud. Mi vista y mi oído están en buen estado, y me desplazo a todas partes en bicicleta». Me miraron de arriba abajo y comentaron lo joven que aparentaba.

La otra practicante contó que, hace 20 años, tuvo cáncer de mama y se sometió a una mastectomía y a una histerectomía. Después, comenzó a practicar Falun Dafa y ahora goza de muy buena salud.

Tuvieron que admitir que practicar Dafa, efectivamente, reportaba beneficios. Dijeron: «Si les hace bien, practiquen en casa. No les causaremos problemas ni las denunciaremos. Pueden llamar a su familia para que vengan a recogerlas». Los habitantes de mi aldea aprueban Dafa

Debido a que la policía y los funcionarios gubernamentales me acosaban con frecuencia, me hice muy conocida en mi aldea. Vivo de acuerdo con los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia y me esfuerzo por ser una buena persona, sin importar dónde me encuentre. Gracias a la práctica, no solo recuperé la salud, sino que también aprendí a leer. Poco a poco, los aldeanos cambiaron su percepción negativa y se dieron cuenta de que Dafa es bueno.

Shifu me otorgó sabiduría. Además de poder leer las enseñanzas de Falun Dafa y el Semanario Minghui, ahora puedo leer otras cosas. Tanto mi memoria como mi capacidad de expresión han mejorado notablemente. A los 40 años, necesitaba usar gafas para leer; ahora tengo 80 y ya no las requiero, ni siquiera para realizar labores de costura. Mis hijos están bien y apoyan mi práctica.

Mi hogar está limpio y ordenado, y mi huerto es muy productivo. Suelo regalar a mis vecinos los pepinos y calabazas que me sobran. Los aldeanos suelen comentar: «¡Mírenla! A sus 80 años, es capaz de cargar cubos de agua de 19 litros (5 galones) hasta su huerto». Alguien más añade de inmediato: «¡Es así porque practica Dafa!».

Durante la boda de un vecino, el secretario de la aldea dijo ante todos: «¡Mírenla! Ella insiste en practicar Dafa, a pesar de que la policía le exigió que prometiera dejar de hacerlo. ¡Pero ella se negó y continuó practicando! Miren qué bien se ve; sus hijos no tienen que preocuparse por ella».

Todos han sido testigos de mi transformación y ya no creen en las calumnias del PCCh. Todos mis familiares han renunciado a su afiliación a cualquier organización vinculada al PCCh. Los habitantes de la aldea saben que «¡Falun Dafa es bueno; ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas!». Y la mayoría de ellos también han renunciado a las organizaciones del PCCh, incluidos aquellos a quienes se les había asignado vigilarme.

¡Estoy agradecida con Shifu por enseñarnos el Fa! Gracias, Shifu, por brindarme la sabiduría y la salud necesarias para practicar la cultivación de manera genuina. Recordaré estas enseñanzas, difundiré la verdad sobre Dafa y ayudaré a salvar a más seres conscientes.