(Minghui.org) ¡Saludos, respetado Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!

Soy una practicante de 65 años, de una zona rural de la provincia de Liaoning. Llevo casi 30 años practicando Falun Dafa y, durante todo este tiempo, no he padecido ninguna enfermedad. Al reflexionar sobre mi camino de cultivación, me doy cuenta de que, en mi corazón, siempre he deseado cultivarme sinceramente y ser bondadosa. Nuestro benevolente y magnánimo Shifu ha estado a mi lado, protegiéndome y cuidándome en cada instante.

El año pasado, en una noche de invierno, tuve un sueño muy claro. En él, intentaba cruzar una loma para regresar a casa, pero terminé en una planta de procesamiento de madera. Había gente ocupada, trabajando en pequeños grupos. Pregunté a todos con quienes me cruzaba dónde estaba la puerta y cómo salir, pero nadie me respondió. Entonces, llegué junto a una caldera grande y vi a un hombre trabajando en ella.

En ese momento, escuché una voz que me decía: «Es un pariente tuyo. Si le preguntas, podrá decirte». Miré con atención y, efectivamente, era un pariente. Sintiéndome más tranquila, le dije: «Necesito volver a casa, pero no encuentro la puerta». Él no dijo nada; simplemente me llevó hasta una máquina grande. Señaló una hilera de productos de acero inoxidable, perfectamente ordenados, y comentó: «Esta planta de procesamiento fabrica esto (acero)».

Luego, con expresión seria, me dijo varias cosas. En esencia, me indicó que debía salir por mis propios medios y que necesitaba poseer una voluntad firme como el acero. En ese instante desperté; era justo la hora de los ejercicios matutinos, a las tres de la madrugada. Comprendí que Shifu me había dado una revelación a través del sueño: debo perseverar y trascender lo humano hacia lo divino para poder encontrar la salida.

Me di cuenta de que aún no había logrado desprenderme de lo humano y que seguía teniendo un apego a la comodidad. De las tres cosas que Shifu pide a los discípulos de Dafa que realicen bien, yo solo me dedicaba a estudiar el Fa y a enviar pensamientos rectos. Mi otra responsabilidad, la de aclarar la verdad, se limitaba a distribuir materiales informativos. Mis esfuerzos por aclarar la verdad cara a cara eran escasos, y solo lo hacía con familiares y amigos. No estaba asumiendo la responsabilidad suficiente hacia los seres conscientes, y mis pensamientos rectos no eran lo suficientemente fuertes.

Shifu nos enseñó:

«Porque cada persona que entró al grupo de los Dafa dizi del periodo de la rectificación del Fa, con su lado claro, hizo un juramento a Dios, firmó un contrato y usó su vida para garantizar que completaría la misión histórica que los Dafa dizi debían emprender. A partir de entonces, sus vidas ya no están a cargo de los Tres Reinos» (El xiulian de DAFA es serio).

Recordé que, cuando comencé a practicar Falun Dafa, tuve el pensamiento de utilizar mi alma para validar el Fa en el futuro. Todavía lo recuerdo con total claridad.

Sabemos, a través del Fa, que estamos en el período de la rectificación del Fa del gran universo, al final del ciclo de destrucción. Hoy en día, la moralidad está corrompida y los seres conscientes se encuentran en peligro. Como discípula de Dafa, sé que llegué al mundo humano con una responsabilidad y una misión. No puedo preocuparme únicamente por mi propia salvación; debo ayudar a Shifu a salvar a los seres conscientes y llevar las bendiciones de Dafa a las personas.

Durante el Año Nuevo Chino de este año, un practicante de la cabecera del condado me trajo algunos materiales para aclarar la verdad. Los leí y me pareció que su contenido era excelente. Estos materiales informaban a la gente sobre Falun Gong y sobre la importancia de renunciar al Partido Comunista Chino (PCCh) y a sus organizaciones afiliadas. En ese momento, decidí trascender lo humano, superar mi propia complacencia, abandonar mis apegos humanos y salvar a las personas cara a cara. Le pedí apoyo a Shifu.

En un día de mercado, después de que mi esposo se fuera a trabajar y tras terminar las tareas del hogar, comencé a enviar pensamientos rectos para eliminar las interferencias, tanto internas como externas. Luego, encendí incienso para Shifu y le pedí que apoyara mis pensamientos y acciones rectas, y que me brindara la sabiduría necesaria para salvar a más personas.

A las ocho en punto, tomé los materiales de aclaración de la verdad y partí en mi bicicleta eléctrica. Durante el trayecto, continué enviando pensamientos rectos para eliminar toda interferencia, así como a los seres y elementos malignos que pudieran obstaculizar que los seres conscientes aceptaran los materiales. Después, recité el Fa. Recité Asistiendo al Fa (Hong Yin), Dios recto (Hong Yin (II)), Pensamientos rectos y acciones rectas (Hong Yin (II)) y Sin obstáculos (Hong Yin (II)). Seguí recitando hasta llegar al mercado.

Estacioné cerca de una vivienda donde, frente a la puerta, se encontraba un hombre de unos 40 años. Como no lo conocía, sentí cierta inquietud y decidí no entregarle materiales. Entré en la casa contigua y vi a una anciana recostada en una cama. La saludé, le entregué un folleto y le dije que recordara las frases: «Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas; Falun Dafa es bueno», para así recibir bendiciones. Ella me indicó que no podía oírme, así que repetí las palabras en voz alta. Entonces logró escucharme y, con alegría, me dijo que tenía más de 90 años.

De repente, el hombre que había estado esperando fuera de la puerta, cerca de donde dejé mi bicicleta, entró. Se acercó a la anciana, tomó el material, lo arrojó al cubo de la basura y me dijo: «La policía los detiene a ustedes. ¿Cómo se atreven a repartir esto a plena luz del día? ¿De dónde son? ¿Se atreverían a repartir esto en la sede del gobierno municipal? Los arrestarían».

No sentí miedo; recogí rápidamente el material y le dije: «Soy de este pueblo. Intento ser una buena persona y realizar buenas acciones al contarle a la gente que Falun Dafa es bueno. Dafa enseña a las personas a ser buenas. Falun Gong está siendo perseguido. Es un principio divino que el bien sea recompensado y que el mal reciba su retribución. No debería involucrarse en esto».

Mientras hablaba, me dirigía hacia la salida. Su tono se volvió menos severo; suavizó su actitud y comentó: «¡Ah, pero si usted es una anciana muy amable!». Comprendí que, al seguir aclarando la verdad de manera racional y con pensamientos rectos, logré evitar que cometiera una mala acción. Shifu me protegía, y nadie se atrevió a hacerme daño.

Continué repartiendo el material casa por casa. Si no había nadie, lo dejaba colgado en la puerta. Si había alguien, entraba para entregárselo y hablarles sobre la renuncia a las organizaciones del PCCh. A quienes deseaban renunciar, les ayudaba a hacerlo. A quienes no querían renunciar o no tomaban una postura, les pedía que no se opusieran a Dafa, explicándoles que Dafa enseña a las personas a ser buenas. Por lo general, la gente aceptaba lo que les decía. Tras explicarle a una mujer el motivo de mi visita y hablarle sobre la renuncia a las organizaciones del PCCh, ella accedió de inmediato y me pidió que le buscara un seudónimo. Le sugerí un nombre y le gustó.

Después de recoger más material de la bicicleta, seguí recorriendo las casas en la dirección opuesta. En una de ellas no había nadie, así que dejé el material sobre su vehículo. Al salir del patio, alguien salió de la casa y gritó: «¡No lo quiero! ¡Llévatelo!».

Vi que era la hija del Sr. Li, a quien yo conocía. Le dije: «Aunque no lo quieras, por favor, no te opongas. Dafa está salvando a la gente». A pesar de mis palabras, me devolvió el material. Sabía que alguien en su familia practicaba Falun Gong, pero que dejó de hacerlo cuando comenzó la persecución; esa era la razón de su rechazo. Sin embargo, recordé que, en una ocasión, visité su casa para entregarles un calendario con información sobre la verdad de Falun Gong, y su esposo realizó su renuncia a las organizaciones del Partido. Es probable que ella no lo supiera, así que volveré a visitarlos más adelante.

Más adelante, llegué a la casa de Wang Gang, un amigo de mi esposo, quien estaba bebiendo alcohol. Entré y le dije: «He vuelto para traerte mensajes de bendición. Date prisa y realiza tu renuncia a las organizaciones del Partido para asegurar tu bienestar». Él respondió que nunca había pertenecido a ninguna organización.

Le dije: «Entonces, recita sinceramente: "Falun Dafa es bueno". Eso te traerá buena fortuna». Le entregué un recuerdo de Dafa. Se mostró muy agradecido y me contó que ya no podía trabajar debido a una enfermedad ósea en la articulación de la cadera. Había arrendado sus tierras a terceros y su esposa trabajaba fuera de casa durante todo el año, por lo que él estaba pasando por una situación muy difícil. En señal de agradecimiento, insistió una y otra vez en regalarme naranjas. Aunque me negué, él insistió tanto que terminé aceptándolas. Le dije: «No me des las gracias a mí; agradécele a mi Shifu. Es Shifu quien te está salvando». Al alejarme de su casa, sentí profundamente que todos los seres conscientes están, en verdad, sufriendo mucho.

Gracias, Shifu, por darme la señal que me despertó y me impulsó, finalmente, a dar el paso de salvar a las personas cara a cara. Cuando tuve la determinación de salvar a los seres conscientes, Shifu dispuso que me encontrara con personas con las que tenía una relación predestinada.

Fue algo extraordinario: otro día, al llegar a la aldea, escuché a alguien que me gritaba: «¡Detente!». Me di la vuelta y vi a una persona en la que había estado pensando; aún no había realizado su «renuncia» [a las organizaciones del Partido Comunista]. Estaba sentada sobre un motocultor. Me preguntó a dónde iba, y le respondí: «A tu casa, para contarte algo positivo: la importancia de renunciar [a esas organizaciones] por tu propia seguridad».

Le pregunté si se había unido a los Jóvenes Pioneros. Me contestó que formaba parte tanto de la Liga de la Juventud como de los Jóvenes Pioneros. Le pregunté si quería renunciar a ellos, a lo que respondió: «Si es algo bueno, entonces renunciaré». Luego me reveló su verdadero nombre y añadió: «Me encanta leer los folletos que ustedes reparten».

Continué mi camino y me encontré con algunas personas a las que estaba buscando. Una de ellas era una expracticante, quien comentó: «Necesito a alguien que me acompañe al médico; me duele tanto la parte baja de la espalda que no puedo ni cocinar». Le dije: «Te he traído un pequeño reproductor que contiene información importante. Escúchalo; es un remedio milagroso. Súbete a la bicicleta, te llevaré a casa».

Entregué folletos a las otras personas y les sugerí que se los llevaran a sus hogares. Después, le pedí a la expracticante: «Espera un momento, por favor. Debo entregarle un folleto a esta familia; siento que existe un vínculo predestinado con ella». Al entrar en la casa, la mujer a cargo del hogar me preguntó qué necesitaba. Le respondí: “Vengo a traerles mensajes de bendiciones. ¿Ven cuántos desastres naturales y calamidades provocadas por el hombre en la actualidad? La gente está renunciando [a las organizaciones del PCCh] para garantizar su seguridad. Este es el secreto celestial para salvar la vida. ¿Te has unido a los Jóvenes Pioneros?”. Ella respondió que sí. Le dije: “Te ayudaré a renunciar a ellos”. Ella contestó: “Está bien”. Ya había conocido y comprendido la verdad.

Después de salir de su casa, llevé a la expracticante a su hogar y le enseñé a usar el pequeño reproductor. Ella se mostró feliz y me contó que todavía creía en Shifu y en Dafa, que conservaba un libro de Dafa y que tenía interés en aprender los ejercicios. Le dije: “Primero escucha el pequeño reproductor. Volveré a visitarte y te traeré el audio de las enseñanzas de Shifu. Te recuperarás”.

Esta vez, todo transcurrió sin interferencias. Los seres conscientes están esperando obtener el Fa y ser salvados. Siempre que demos los pasos necesarios, Shifu hará que las personas con una relación predestinada se crucen en nuestro camino para que podamos salvarlas. Soy plenamente consciente de que son Shifu y Dafa quienes salvan a las personas. Yo solo soy una discípula de Dafa que asiste a Shifu y una mensajera de lo divino. Estoy cumpliendo mi juramento y completando mi misión histórica.

Shifu nos enseñó:

“Hay un Fa tan grande, y en el pensamiento recto Dafa está junto con ustedes, esta es una protección y una garantía gigantes” (Enseñando el Fa en Manhattan, Colección de enseñanzas del Fa, Volumen X).

Es cierto que Shifu está a nuestro lado en todo momento. Mientras creamos en Shifu y en el Fa, contaremos con su protección y apoyo. Gracias, Shifu, por no haberme abandonado nunca y por haberme dado una señal. Gracias a ello, finalmente di el paso de salvar a las personas cara a cara.

¡Gracias, Shifu, por su compasiva salvación!