(Minghui.org) En la parte occidental del noreste de China, existe una gran mina de metales no ferrosos, una de las más importantes de la región. Fue establecida hace casi 70 años. La zona minera se encuentra en un pequeño pueblo cerca de una carretera nacional, lo que facilita el transporte. El camino principal que conduce a la zona minera se extiende a lo largo de unos 5 kilómetros (aproximadamente 3 millas). El entorno montañoso es realmente hermoso.
Los japoneses descubrieron un yacimiento mineral en este lugar antes de 1949, durante su ocupación del noreste de China. Se decía que el mapa del yacimiento tenía la forma de una vaca. La mina actual se sitúa en lo que, según dicho mapa, correspondería a la cabeza de la vaca. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, este gran depósito mineral fue hallado entre los mapas que dejaron los japoneses. Hasta el día de hoy, nadie sabe dónde se encuentra el resto del cuerpo de la vaca que aparecía en el mapa. Por supuesto, todo esto forma parte de los relatos transmitidos por los ancianos de la localidad.
La mina se estableció oficialmente en este lugar en 1958. Por aquel entonces, se reclutó a muchos jóvenes de todo el país. Llegaron con diversas aspiraciones —algunos acompañados por sus familias— y se dedicaron a la construcción de la mina. Muchos trabajaron allí durante toda su vida.
En el subsuelo, la mina alberga ricos depósitos minerales. Tras décadas de extracción, los recursos minerales subterráneos siguen siendo abundantes, y el mineral contiene una variedad de metales con una concentración relativamente alta. La población de la zona minera también fue aumentando gradualmente. Durante el censo de población realizado en la década de 1980, el número de habitantes alcanzó un máximo de más de 30 000, mientras que la cifra de empleados superó los 10 000.
Falun Dafa se extiende ampliamente por toda la zona minera
En 1996, Falun Dafa comenzó a difundirse ampliamente en la zona minera. La gente empezó a contarse unos a otros lo milagroso que era. Había nuevos practicantes casi todos los días y, en poco tiempo, quienes practicaban experimentaron cambios enormes tanto en el cuerpo como en la mente.
Tras empezar a practicar Dafa, personas que habían estado enfermas durante años se recuperaron; las relaciones familiares, marcadas por años de resentimiento, mejoraron, y familias que estaban al borde de la desintegración volvieron a vivir en armonía. Los trabajadores dejaron de intentar sacar provecho de sus cargos o apropiarse de bienes ajenos; en su lugar, desempeñaban sus labores con esmero y diligencia, sin queja alguna. Los habitantes de la zona minera no podían dejar de elogiar a Dafa. Alguien comentó: «Falun Dafa es realmente asombroso. Es capaz de transformar el corazón de las personas». Dafa se difundió rápidamente por toda la zona minera y las localidades vecinas.
A continuación, se presentan varios ejemplos de personas de la mina que obtuvieron beneficios físicos y mentales tras aprender Dafa.
Había un hombre que practicaba otro tipo de qigong y que era bastante conocido en la localidad. Solía emplear el qigong para tratar las dolencias de otros, pero, con el tiempo, él mismo terminó padeciendo varias enfermedades. Le apareció un tumor de gran tamaño en el cuello que no respondía a ningún tratamiento, lo cual puso su vida en peligro. Tras conocer Dafa gracias a otra persona, comprendió de repente la situación: dejó de lado su antigua práctica y se dedicó por completo a Falun Dafa. Al poco tiempo, el tumor en su cuello comenzó a reducirse visiblemente día tras día, hasta desaparecer por completo. Su esposa y su hija, asombradas ante tal milagro, también comenzaron a practicar.
Una joven propietaria de un negocio desarrolló un mioma uterino y se preparaba para una intervención quirúrgica. Fue precisamente en ese momento cuando empezó a practicar Dafa. Tanto ella como su esposo dieron a conocer la práctica a muchas otras personas. Sin que ella se diera cuenta, el tumor en su abdomen desapareció. Al ser testigos de este milagro, muchos de sus familiares también comenzaron a practicar Dafa.
Una mujer, cercana a los 60 años, padecía numerosas enfermedades. Solía llevar siempre puesto un grueso gorro de algodón, incluso durante el verano. Tras aprender Dafa, las dolencias crónicas que la habían aquejado durante décadas desaparecieron por completo sin necesidad de medicación, y finalmente pudo prescindir de su gorro de algodón. Desde entonces, su rostro luce radiante y camina con paso ágil. Ella era una persona completamente distinta. Algunos ancianos, al ver sus cambios milagrosos, sintieron un gran deseo de comenzar a practicar Dafa.
Un joven, que tenía muchos malos hábitos, no se sometía ante nadie, y nadie se atrevía a provocarlo. Un día, fue a una farmacia a comprar medicamentos y alguien le habló de Falun Dafa. Se sintió atraído por la práctica de inmediato. Tras terminar de leer Zhuan Falun, su visión del mundo experimentó un cambio profundo. Comprendió que no debía seguir viviendo como hasta entonces. Abandonó todos sus malos hábitos y nunca más volvió a hacer daño a los demás. A partir de ese momento, se volvió humilde y pacífico, desarrollando un elevado carácter moral. Alguien que lo conocía comentó: «Dafa es capaz de encaminar a una persona terrible hacia el buen sendero. Esto demuestra lo valiosa que es esta práctica».
Tras ser testigos directos de estos ejemplos tan elocuentes, el número de practicantes en la zona minera aumentó rápidamente hasta alcanzar casi 400. La gente hablaba muy bien de los efectos milagrosos de Falun Dafa. En reuniones celebradas en diversos centros de trabajo, los dirigentes solían elogiar a los practicantes de Dafa por su excelente desempeño laboral y su elevada integridad moral. A primera hora de la mañana, era habitual ver a los practicantes realizando los ejercicios en grupo en diversos lugares, como el campo de deportes de la zona minera o los patios de las escuelas. Tras empezar a practicar Dafa, todos ellos ajustaban su conducta estrictamente a los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia.
En la vida real, ya se trate de un alto funcionario o de un multimillonario, nadie puede escapar al sufrimiento que provocan las enfermedades; el dinero tampoco puede comprar un remedio milagroso que las cure. En la sociedad actual, nada más es capaz de transformar el corazón de las personas. Es Falun Dafa lo que nutre el corazón humano, permitiendo a las personas recuperar la salud física —sin costo alguno— y volver a los valores tradicionales.
Los dirigentes acataron las órdenes de persecución; la mina entró en declive
Cuando el Partido Comunista Chino (PCCh) inició la persecución contra Dafa en 1999, la situación cambió drásticamente. Bajo la presión de sus superiores, los responsables de diversos departamentos de la mina siguieron las órdenes y participaron en la represión de los practicantes de Dafa en la zona. Aquellos que persistieron en la práctica y viajaron a Beijing para apelar en favor de Dafa fueron objeto de persecución: se les impusieron multas, fueron despedidos de sus empleos, sometidos a periodos de prueba, enviados a sesiones de «lavado de cerebro», centros de detención o campos de trabajos forzados. Todos fueron sometidos a un proceso de escrutinio y presionados para firmar las llamadas «declaraciones de garantía». Asimismo, se implementó una política de responsabilidad colectiva, amenazando a los supervisores y a los familiares de los practicantes con la pérdida de sus empleos. A diario, los altavoces instalados por toda la zona minera difundían los nombres de los practicantes de Dafa que habían sido sancionados. Fue una campaña violenta contra los practicantes, como si hubiera regresado la Revolución Cultural.
El pueblo chino, que ya había sufrido traumas psicológicos a causa de anteriores campañas políticas del PCCh, vivía atemorizado. Algunos perdieron su sentido de la justicia; otros actuaron por puro instinto de supervivencia; otros, aunque sentían simpatía por los practicantes, optaron por seguir las directrices que llegaban desde arriba. Además, muchas personas creyeron la propaganda difundida por los medios de comunicación del PCCh, que atacaba a Dafa. Amigos y familiares se distanciaron de los practicantes, mientras que los dirigentes los sometieron a discriminación. Los practicantes perdieron sus empleos y fueron multados. Se quedaron prácticamente sin nada y les resultó sumamente difícil subsistir.
Me vi obligado a pasar un largo periodo en sesiones de lavado de cerebro organizadas en mi lugar de trabajo. Un día, un superior me instó: «Deja de practicar eso. Simplemente escribe una declaración de garantía y vuelve al trabajo».
Lo miré y respondí con firmeza: «Toda esa propaganda es falsa. Seguiré siendo practicante toda mi vida». El superior se dio la vuelta y se marchó.
En aquel entonces, diversas unidades de trabajo, la oficina de seguridad y las comunidades locales fueron involucradas en la persecución contra Dafa. Incluso algunas personas, conscientes de que se estaba cometiendo una injusticia contra Dafa, no se atrevían a alzar la voz. Era como si nubarrones oscuros se cernieran sobre la zona minera.
Posteriormente, la economía de la mina entró en un rápido declive. El mineral extraído no podía venderse o debía venderse a precios muy bajos; la empresa acumuló enormes deudas y estuvo a punto de cesar sus operaciones. Los trabajadores pasaron meses sin cobrar sus salarios y tuvieron que trabajar en turnos rotativos. En promedio, solo recibían el 70 por ciento de su sueldo. Como los ingresos no bastaban para mantener a sus familias, muchos pidieron permisos sin goce de sueldo y buscaron trabajo en otros lugares. Numerosas familias cayeron en una situación de precariedad económica.
Personas que recibieron bendiciones por apoyar a Dafa
A pesar de este entorno hostil y de las dificultades, los practicantes de Dafa permanecieron firmes en su fe, sin quejas ni lamentos. Gracias a su elevada integridad moral y a su actitud diligente en el trabajo, lograron transformar el entorno que los rodeaba. La gente empezó a replantearse las cosas. Alguien comentó: «Todos estos practicantes de Dafa son personas rectas y bondadosas. No tienen nada que ver con lo que dicen en la televisión». Un superior llegó a decir: «Si tuviera algunos practicantes de Dafa más en mi equipo, mi trabajo sería mucho más sencillo». Las mentiras del PCCh para difamar a Dafa ya no pudieron sostenerse. Tanto los superiores como los trabajadores fueron cambiando gradualmente su actitud hacia los practicantes de Dafa. Cuando comenzó la persecución, los responsables en los lugares de trabajo se preocupaban por tener practicantes de Dafa entre su personal, pues no querían verse implicados ni tener que asumir responsabilidades. Por ello, todos intentaban deshacerse de los practicantes de Dafa. Sin embargo, tras enterarse de que el PCCh había fabricado pruebas y calumniado a Dafa —al comprender la verdad y observar que los practicantes de Dafa eran sinceros, bondadosos y tolerantes—, algunos responsables empezaron a competir por contar con practicantes de Dafa en sus equipos. En los lugares de trabajo, en las familias y entre los vecinos, la indiferencia y la discriminación dieron paso a la cordialidad y el apoyo. El respeto de la gente hacia Dafa volvió a ser lo que era antes. Cada vez que se mencionaba a Dafa en conversaciones informales, la gente respondía asintiendo: «Son buenas personas».
Los practicantes de Dafa se comportaban de manera ejemplar, validando así a Dafa. Los materiales informativos sobre Dafa llegaron a los hogares en cada rincón de la zona minera. Una a una, las mentiras que difamaban a Dafa fueron desenmascaradas, y la gente despertó a la verdad. Los habitantes comentaban entre sí que el incidente de la autoinmolación en la plaza de Tiananmén era un montaje, utilizado para incriminar y perseguir a Dafa. Ante los hechos, las mentiras y acusaciones del PCCh contra Dafa se desmoronaron por sí solas. Cuando las autoridades enviaban nuevamente a funcionarios para llevar a cabo campañas de «anulación» (presión para que los practicantes renuncien a su fe) o para amenazar a los practicantes de Dafa, algunos responsables simplemente cumplían con el trámite de manera superficial o restaban importancia al asunto; otros, incluso, llegaron a proteger a los practicantes.
Un agente de una oficina de seguridad llegó a comprender la verdad sobre Dafa. Cuando sus superiores le ordenaron registrar el hogar de un practicante, se vio obligado a acudir debido a la presión. Al llegar con el grupo de agentes, él entró primero en la vivienda y vio que la mesa estaba cubierta de libros de Dafa. Inmediatamente salió, impidió que los demás entraran y dijo: «Aquí no hay nada. Sigamos adelante». Esto ocurrió en varias ocasiones, y cada vez él protegió a los practicantes. Más tarde, fue trasladado a otra unidad de trabajo, donde fue ascendido a subdirector. Recibió bendiciones por haber protegido a los practicantes de Dafa.
Gracias a los constantes esfuerzos de los practicantes de Dafa por aclarar la verdad a lo largo de los años, más de la mitad de la población renunció a las organizaciones del PCCh, rechazando cualquier vínculo con el Partido. La gente solicitaba con entusiasmo calendarios que contenían información sobre Dafa, y muchos taxistas llevaban colgado en sus vehículos el mensaje: «Falun Dafa es bueno». La mayoría de los trabajadores que operaban en las minas subterráneas creían en Dafa. Al descender a la mina, solían recitar: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas», y todos llevaban consigo recuerdos de Dafa. Creían que las divinidades los protegerían y mantendrían a salvo. Debido a que las personas en la zona minera comprendieron la verdad sobre Dafa, las bendiciones llegaron una tras otra. Todas las viviendas unifamiliares fueron incluidas en un plan de demolición y reubicación, y sus habitantes se mudaron a nuevos y modernos edificios de apartamentos. La economía de la mina se recuperó y prosperó. Los precios del mineral siguieron subiendo y los salarios de los empleados aumentaron. Los sueldos y las bonificaciones se pagaban puntualmente cada mes, y las gratificaciones de fin de año eran considerables. Hoy en día, mientras muchas otras empresas atraviesan una mala situación financiera, la situación económica de la mina sigue mejorando. Fue Falun Dafa lo que cambió el destino de la mina. Las personas fueron capaces de distinguir el bien del mal y actuar con rectitud, por lo cual recibieron las bendiciones del Cielo.
A continuación, se presentan varios ejemplos de personas que recuperaron su salud o escaparon del peligro tras recitar: «Falun Dafa es bueno».
Un practicante de Dafa relató: «Un compañero y yo trabajábamos juntos en el interior de la mina. En una ocasión, a mi compañero le cayó encima una cantidad de mineral y quedó inmovilizado. Lo sacamos de la mina y, al llegar al túnel principal, utilizamos una vagoneta para transportarlo hacia el exterior. Mientras lo sostenía en mis brazos, le dije que recitara: "Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas". Él creyó firmemente en ello y continuó recitándolo. Lo saqué de la mina y lo llevamos al hospital; para entonces, ya era capaz de caminar por su cuenta. El médico lo examinó y no encontró ninguna lesión. Fue algo verdaderamente milagroso, ya que, en la mina, quienes son golpeados por rocas que caen suelen morir o sufrir heridas graves. Más tarde, mi compañero comentó que, durante todo el tiempo, estuvo recitando sinceramente: "Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas", y que Dafa le había salvado la vida». Un practicante de Dafa relató: «Mi padre es un minero jubilado y tiene 77 años. Mi madre y yo practicamos Falun Dafa; mi padre siempre nos ha apoyado mucho y también cree en la práctica. Una noche, en el otoño de 2023, alrededor de la medianoche, mi padre me llamó diciendo que tenía un dolor terrible en el estómago. Fui rápidamente a su casa, lo llevé al coche y nos dirigimos al hospital de la ciudad, que se encuentra a más de 60 kilómetros (más de 37 millas) de distancia. Durante el trayecto, mi padre y yo recitamos en voz alta: "Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas". Cuando el dolor se intensificaba, mi padre lo recitaba en silencio; cuando el dolor disminuía un poco, lo recitaba en voz alta. Unos 15 minutos después, mi padre dijo: "¡Hijo, realmente funciona! Ya no me duele nada. ¡Es increíble! Volvamos a casa. Podemos ir al hospital mañana para que me revisen".
Al día siguiente, fuimos al hospital de la ciudad. Los exámenes revelaron que padecía colecistitis, cálculos biliares y cálculos en el conducto biliar común, el cual estaba completamente obstruido. El médico indicó que sería necesaria una cirugía y solicitó una resonancia magnética con contraste para evaluar la gravedad de la obstrucción en el conducto biliar, a fin de que pudieran utilizar la información como referencia durante la cirugía. Llevé a mi padre a realizarse una resonancia magnética. Él seguía repitiendo: «Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas». Por la tarde, le mostré los resultados de la resonancia al médico, quien, asombrado, comentó: «Los cálculos en el conducto biliar han desaparecido. Ya no es necesaria la cirugía. Adminístrenle inyecciones antiinflamatorias durante dos días y mañana podrá recibir el alta». Mi padre me dijo con alegría: «Fue el Maestro de Dafa quien me ayudó».
«Desde entonces, mi padre repetía “Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas” varias veces cada noche antes de acostarse. Tras esta experiencia, mi padre llegó a creer aún más profundamente en la naturaleza extraordinaria de Dafa».
Otro practicante de Dafa relató: «Trabajo como administrativo contable en una unidad de una mina, donde me encargo de los materiales, la planificación, las solicitudes de suministros y el control de su consumo para toda la unidad. Es un puesto considerado muy lucrativo, ya que ofrece muchas oportunidades para recibir sobornos. En ocasiones, algunas personas se me acercan y me proponen que redacte solicitudes de materiales a su nombre, para luego canjearlas por dinero y repartir las ganancias. Siempre respondo: “Practico Dafa; no puedo hacer algo así”. Gracias a mi diligencia y responsabilidad en el trabajo —y a que nunca me apropié ni de un céntimo—, mi superior confiaba plenamente en mí. Con el tiempo, me confió la gestión exclusiva de todo el dinero y los bienes relacionados con los salarios y las bonificaciones de la unidad. Me dijo: “Jamás encontraría a nadie tan digno de confianza como tú”».
«Tenía una compañera de trabajo muy cercana que a menudo me escuchaba hablar sobre Dafa. Le conté que, ante una situación de peligro, repetir “Falun Dafa es bueno; Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas” puede ayudar a salir a salvo». «Un año, el pueblo sufrió una inundación como no se veía desde hacía un siglo. Una aldea cercana fue completamente arrasada y cientos de personas perdieron la vida. La casa de esta compañera de trabajo se encontraba en una montaña. Ese día, su esposo estaba trabajando, por lo que ella se quedó sola en casa con su hija. La lluvia torrencial no cesaba; afuera, los relámpagos destellaban y los truenos retumbaban, mientras las rocas de la montaña caían rodando con un estruendo ensordecedor. Aterrorizada, ella abrazó a su hija y ambas gritaron: “¡Falun Dafa es bueno! ¡Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas! ¡Maestro Li, por favor, sálvenos!”. Al día siguiente, al salir, quedó completamente atónita: a ambos lados de su vivienda se habían abierto dos barrancos profundísimos, pero su casa de adobe permanecía intacta, como si hubiera estado protegida por un escudo invisible. Lo más sorprendente fue que, de todo su terreno, solo una esquina fue arrastrada por el agua, mientras que los cultivos no sufrieron daño alguno. En otras zonas, en cambio, las pérdidas fueron devastadoras. Cuando me vio, estaba sumamente emocionada y me contó cómo logró escapar del peligro aquel día. Dijo que recitar “Falun Dafa es bueno, Verdad-Benevolencia-Tolerancia son buenas” les salvó la vida a ella y a su hija, y expresó su profunda gratitud hacia Dafa. Añadió que seguiría recitando estas palabras con frecuencia».
Una practicante relató: «Mi madre vivía con nosotros y todos practicábamos Dafa. Tras empezar a practicar, las numerosas enfermedades que padecía desaparecieron. Cuando comenzó la persecución en 1999, mi esposo y yo fuimos perseguidos; él fue arrestado en repetidas ocasiones. La policía y los funcionarios de la comunidad venían a menudo a nuestra casa para hostigarnos. Mi madre vivía constantemente preocupada por nosotros, hasta que llegó un punto en que no pudo soportarlo más. Además, mis hermanos mayores la presionaban para que dejara de practicar Dafa. Poco a poco, ella dejó de hacer los ejercicios y de estudiar el Fa».
«Pasó un año rápidamente. En 2005, le apareció un bulto en el ángulo del ojo derecho. Fue creciendo cada vez más, hasta llegar a cubrir la mitad de dicho ojo». Mis hermanos llevaron a mi madre a un hospital universitario para un examen médico. Tras una evaluación, los especialistas determinaron que se trataba de un tumor maligno que requería cirugía. La intervención implicaría la extirpación de la mitad de la cavidad ocular derecha, y los médicos no podían garantizar que fuera posible salvar el ojo izquierdo. Mi madre tenía cerca de 80 años en aquel entonces, y toda la familia se encontraba sumida en la incertidumbre, sin saber qué hacer.
«El día de la operación, colocaron a mi madre en la mesa de quirófano y la conectaron a los equipos médicos. Al poco tiempo, el doctor dijo de repente: “Señora, su capacidad pulmonar es insuficiente; por lo tanto, el riesgo de la operación es demasiado elevado. No podemos realizar la intervención sin un formulario de consentimiento firmado por usted y su familia”. Mis hermanos lo discutieron y no se atrevieron a firmar el documento, así que mi madre regresó a casa.
«Aproveché la oportunidad para hablar con ella: “Mamá, antes eras muy firme en la práctica de Dafa. Todas tus enfermedades desaparecieron y Shifu hizo tanto por ti; no debemos olvidar eso. Después de que dejaste de practicar, la enfermedad regresó. Ni siquiera gastar dinero en el hospital puede salvarte. Mamá, tienes que entender lo que esto significa: el hecho de que el hospital no realice la cirugía demuestra, en realidad, que Shifu todavía te está cuidando. Él no te ha dado por perdida, pero aun así te reconoce como practicante. Vuelve a practicar Dafa». Mi madre respondió: «No es que no quiera practicar. Todos estos años he vivido con miedo y preocupación por lo que te ocurrió; no podía soportarlo. Pero, en mi corazón, nunca olvidé Dafa». Le dije: «Mamá, de ahora en adelante no nos pasará nada. No te preocupes, simplemente practica Dafa». Mi madre se acercó a la fotografía de Shifu y, entre lágrimas, le dijo: «Shifu, me equivoqué. Volveré a practicar Dafa».
«Así fue como mi madre retomó la práctica de Dafa. Cada día, perseveraba en el estudio profundo del Fa, realizaba los ejercicios y recitaba: “Falun Dafa es bueno”. Entonces ocurrió un milagro: el tumor que tenía en el ojo fue disminuyendo día tras día. Al cabo de poco más de un mes, el tumor desapareció; se disolvió milagrosamente. Los familiares y vecinos quedaron asombrados al ser testigos de la naturaleza extraordinaria de Falun Dafa. Al ver esto, mis hermanos y hermanas apoyaron su decisión de practicar Dafa. Dos de mis hermanas llegaron a creer profundamente en Dafa y comenzaron a llevar consigo, en todo momento, recuerdos de Dafa».
Existen muchísimos ejemplos de personas en la zona minera que se han beneficiado al recitar: «Falun Dafa es bueno». Quienes han comprendido la verdad sienten gratitud hacia los practicantes de Dafa y expresan: «¡Gracias!».
Los practicantes de Dafa responden siempre con respeto: «No me den las gracias a mí. Agradezcan al Maestro de Dafa. Ha sido Falun Dafa quien los ha salvado».
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