(Minghui.org) En la primavera de 2020, Weng Cheng-hung descubrió un bulto detrás de su rodilla derecha. Al principio, no le prestó mucha atención; en aquel entonces corría maratones y supuso que la hinchazón se debía simplemente a un entrenamiento intenso. Más tarde, una resonancia magnética en el hospital reveló un tumor de aproximadamente diez centímetros de largo por seis de ancho.

El médico examinó con gesto grave los resultados de las pruebas y le dijo: «Es un tumor maligno». Asimismo, le advirtió que una intervención quirúrgica conllevaba riesgos, ya que el tumor se encontraba cerca de nervios y arterias. Weng le preguntó cuánto tiempo llevaba creciendo el tumor y por qué había enfermado; sin embargo, el médico le indicó que era necesario extirparlo para confirmar si era benigno o maligno.

Al conocer el diagnóstico, Weng Cheng-hung se sintió triste e impotente. Siempre se había preocupado por su salud y solía correr, llegando incluso a participar en maratones. No lograba comprender por qué había desarrollado cáncer.

Un momento crítico tras el diagnóstico de cáncer

Mientras yacía en la mesa de operaciones antes de la cirugía, Cheng-hung se sintió abrumado por una profunda sensación de impotencia. El médico a cargo le explicó que lo más importante era extirpar el tumor quirúrgicamente. Tras escuchar esto, Cheng-hung se sintió inquieto: si ni siquiera se conocía la causa de su enfermedad, ¿podría realmente recuperarse después de la operación?

Una vez extirpado el tumor, el médico le explicó que, debido a su gran tamaño, era posible que hubiera quedado algo de tejido tumoral, por lo que sería necesaria radioterapia. No obstante, le advirtió sobre los posibles efectos secundarios, tales como fibrosis, formación de cicatrices, endurecimiento y pérdida de elasticidad. Además, existía el riesgo de que la articulación de la rodilla sufriera un deterioro prematuro, lo que podría requerir una sustitución articular incluso antes de llegar a la edad de jubilación.

Ante esto, el ánimo de Cheng-hung tocó fondo. Sintió que había perdido el control sobre su propia vida y exclamó: «¡Dios mío! Siento como si mi vida ya no me perteneciera». Ante esta complicada situación médica, sintió que no tenía más remedio que someterse al tratamiento sugerido por el médico. Sin embargo, surgían interrogantes: ¿podría recuperarse por completo tras el tratamiento? ¿Qué le depararía el futuro? Todo esto permanecía en la incertidumbre.

La decisión de comenzar a practicar Falun Dafa

Tras la cirugía, Cheng-hung recordó que sus padres eran practicantes de Falun Gong (también conocido como Falun Dafa).

Había sido testigo de cómo su madre, que siempre había sido estricta, se volvió amable y bondadosa tras empezar a practicar Falun Dafa. Su expresión facial también se tornó bondadosa y compasiva; se convirtió en una persona completamente distinta. Él sabía que Falun Dafa era una buena práctica. En el pasado, había decidido no practicarla porque le parecía demasiado esfuerzo levantarse tan temprano por la mañana.

Cheng-hung realiza el quinto ejercicio de Falun Dafa: la meditación. (Minghui.org)

Este punto de inflexión crucial en su vida se convirtió en una oportunidad de oro para comenzar la cultivación. Él comentó: «Como ya he tocado fondo, lo mejor es recorrer bien este camino de cultivación. Si siguiera viviendo como antes, no sé si en el futuro podría aparecer otro tumor. Sabía que existía un método mejor, así que decidí empezar a cultivarme».

No obstante, su camino de cultivación no fue sencillo. Durante la práctica matutina, se propuso meditar en la posición de loto completo durante una hora. En ese lapso, sus piernas sufrían un dolor insoportable, como si las hubiera atropellado un vehículo. Aunque sus padres lo acompañaban en la práctica, a él le costaba ser constante todos los días. «Mientras hacía los ejercicios, no dejaba de preguntarme cuándo terminarían. Era un dolor extremo. Como tenía el pie derecho hinchado, la sensación era aún más dolorosa», relató.

Sin embargo, impulsado por una firme convicción, continuó con los ejercicios matutinos, a pesar de que no observaba cambios evidentes en su estado físico.

Elegir la honestidad frente a las ganancias y las pérdidas

Al cabo de dos o tres meses, a medida que su salud se estabilizaba gradualmente, Cheng-hung quiso reincorporarse al mundo laboral. Había destacado en sus estudios y, desde su infancia, siempre había demostrado una conducta intachable. Se graduó en la Escuela de Negocios de la Universidad Tsing Hua. Su trayectoria profesional incluía el procesamiento de grandes volúmenes de datos —caracterizados por su gran cantidad, alta velocidad y diversidad de formatos— mediante el uso de sistemas distribuidos o herramientas en la nube, superando con creces el simple manejo de hojas de cálculo. Asimismo, contaba con experiencia en empresas emergentes (startups). Sin embargo, una enfermedad repentina le obligó a hacer una pausa y dejar su empleo para centrarse en su lucha contra el cáncer.

Ahora, listo para comenzar una nueva etapa, surgió una oportunidad gracias a la recomendación de un amigo: un puesto como asesor financiero en una firma de inversión extranjera. Tras la entrevista, fue contratado.

Al recibir la carta de oferta, tuvo que completar un formulario con sus datos personales y su estado de salud; fue entonces cuando se topó con un desafío. Una de las preguntas decía: «¿Ha padecido cáncer alguna vez?».

En ese instante, se quedó contemplando la carta de oferta, sumido en un torbellino de emociones. 

Se trataba de un puesto como asesor financiero en una empresa extranjera, un cargo que le había costado mucho conseguir. Pensó: «Este es un excelente nuevo punto de partida en mi vida; si respondo sinceramente “sí”, ¿retirará la empresa la oferta debido a los riesgos para la salud? ¿Arruinará esto, de forma directa, la oportunidad de empezar de cero?».

Lo comentó con su madre y valoraron si habría alguna forma de omitir el detalle o simplemente no mencionarlo. Tras reflexionar, comprendieron que el formulario solicitaba información sobre un hecho constatado. Se dieron cuenta de que, si no respondía con honestidad, estaría contraviniendo uno de los principios fundamentales de Falun Dafa: la Verdad. Finalmente, Cheng-hung decidió desprenderse de su apego a la preocupación por la fama y el beneficio personal. Optó por marcar la casilla «Sí».

Pensó que, si bien sería una lástima perder el empleo por haber sido veraz, eso significaría, en realidad, que el puesto no estaba destinado para él por designio divino. «Entonces no hay problema; encontraré otras oportunidades laborales», concluyó.

Tras enviar su información personal, ocurrió algo mágico. A la mañana siguiente, mientras meditaba, sintió de repente que una gran masa de materia, acumulada durante mucho tiempo en su pierna, era eliminada. La sensación de pesadez e hinchazón desapareció al instante. ¡El dolor en su pierna disminuyó notablemente!

Él mismo relató: «Shifu ha enseñado en el Fa que, al practicar, el cuerpo y el xinxing (naturaleza del corazón o carácter) están interconectados. Mi entendimiento es que, cuando el xinxing se eleva, el cuerpo experimenta cambios evidentes. ¡Fue la primera vez que lo percibí con tanta claridad!».

A medida que continuó estudiando el Fa y realizando los ejercicios, notó que su estado físico seguía mejorando. Antes, su salud era bastante frágil: solía tener las manos y los pies fríos durante el invierno y padecía con frecuencia alergias estacionales. Todas estas dolencias fueron desapareciendo gradualmente. Su pierna derecha, que estaba hinchada y resultaba difícil de flexionar, también recuperó poco a poco su estado normal: pasó de poder ponerse en cuclillas a caminar con normalidad y, finalmente, a volver a correr. Además, incluso después de seis años, la posible fibrosis en la pierna —sobre la cual le había advertido el médico— nunca llegó a manifestarse. Dejar ir los apegos y tolerar a los demás en el trabajo

Cheng-hung en la sala de juntas de la empresa. (Minghui.org)

Tras graduarse, Cheng-hung pasó por varios empleos, pero los dejó todos al no ver perspectivas de futuro o debido a conflictos con sus superiores. En esta ocasión, comenzaba un nuevo trabajo en un sector totalmente distinto. Su puesto requería comprender las necesidades financieras de los clientes y diseñar planes financieros a medida. Una vez aclarada la situación financiera del cliente, él remitía la información al departamento de planificación para que elaboraran un plan de implementación detallado.

Él exigía una gran calidad en su trabajo. Al principio, surgían conflictos frecuentes con sus compañeros, ya que consideraba que los informes redactados por el departamento de planificación presentaban deficiencias. Más tarde, reflexionó sobre sí mismo a la luz de los principios de un practicante: Verdad-Benevolencia-Tolerancia. Descubrió que le daba demasiada importancia a los informes porque temía quedar mal ante los clientes. También se dio cuenta que sus propios estándares no eran necesariamente los correctos. Mantener unas exigencias tan elevadas le provocaba una tensión constante y, al mismo tiempo, ejercía una presión enorme sobre sus colegas.

Al analizar la situación desde otra perspectiva, comprendió que tal vez sus compañeros ya habían hecho todo lo que podían, o simplemente que cada persona posee características diferentes. Aferrarse a sus propios criterios colocaba a sus colegas en una posición difícil. «Si lo miro con una mentalidad más abierta e inclusiva, lo único que necesitaba hacer era complementar aquello que faltaba».

A medida que avanzaba en su práctica, su corazón se volvió más amplio; fue capaz de comprender y aceptar mejor a los demás, aportando lo necesario para cubrir cualquier carencia. La relación con sus compañeros se volvió cada vez más armoniosa. Ahora, Cheng-hung es capaz de mantener la calma, ya no le preocupan las ganancias o pérdidas inmediatas y avanza con mayor firmeza en su nuevo campo profesional.

En una época en la que los dispositivos electrónicos se generalizan y la inteligencia artificial avanza a pasos agigantados, el ritmo de la sociedad se acelera, provocando en las personas una creciente inquietud y ansiedad. Tras empezar a practicar Falun Dafa, Cheng-hung ha experimentado personalmente cómo el estudio del Fa y la realización de los ejercicios le ayudan a mantener la calma. Esto le permite ver a las personas, las situaciones y los acontecimientos desde una perspectiva positiva, y afrontar la diversidad del mundo con una actitud optimista, fundamentada en los principios de Verdad-Benevolencia-Tolerancia. A medida que continuaba estudiando el Fa y realizando los ejercicios, Cheng-hung se volvió más puro, tanto física como mentalmente. Se hizo más bondadoso y avanza hacia la meta de convertirse en una mejor persona. «En este vasto mundo mortal, finalmente he encontrado un hogar para mi cuerpo y mi alma», dijo.