(Minghui.org) Siempre he creído firmemente que Falun Dafa es bueno y recto. Después de comenzar a practicar, mi corazón se llenó de alegría y felicidad, deseaba contarles a todos lo maravilloso que es Falun Dafa. Ayudé a organizar el estudio del Fa en grupo, enseñé los ejercicios y hablé con las personas sobre Falun Dafa. Ahora soy una funcionaria pública jubilada y deseo compartir mis experiencias de cultivación a lo largo de muchos años.

Quienes participaron en la persecución sufrieron las consecuencias

El 20 de julio de 1999, mientras hacía los ejercicios con un grupo de unas 100 personas, nos enteramos de que las autoridades habían prohibido practicar Falun Dafa. El asistente local de nuestro sitio de práctica nos dijo que escondiéramos nuestros libros de Dafa. Sentí como si el cielo se estuviera desplomando.

Poco después, comenzó una oleada de allanamientos domiciliarios y arrestos de practicantes. El gobierno local reunió y detuvo a todos aquellos que consideraba «objetivos clave». A un familiar de un funcionario del pueblo se le asignó la tarea de cocinar para los detenidos. Las tres comidas del día consistían en arroz cocido en abundante agua.

Escondí una edición de bolsillo de Zhuan Falun (el libro principal de Dafa) en mi trabajo. Un compañero lo encontró y se lo entregó directamente a su superior, un funcionario de nivel de condado. Tanto este funcionario como su esposa participaron en la difusión de propaganda difamatoria contra Dafa.

Un subsecretario del Partido Comunista Chino (PCCh) del pueblo, encargado del Comité de Asuntos Políticos y Jurídicos, participó en el arresto de practicantes, la confiscación de libros de Dafa y la imposición de multas. Él y su familia atravesaron muchas dificultades. Más tarde, murió de cáncer a los 50 años.

Poco a poco, la gente se dio cuenta de que varios de estos funcionarios del pueblo y del condado que habían participado en la persecución de los practicantes de Falun Dafa sufrieron diversas desgracias. Algunos murieron en accidentes automovilísticos o de cáncer, mientras que otros tuvieron graves problemas familiares.

Crear un ambiente de cultivación

En el trabajo estaba bajo vigilancia, y en casa mi esposo me supervisaba. No podía tener contacto con otros practicantes y, si me encontraba casualmente con alguno, solo podíamos intercambiar una sonrisa. Tampoco podía leer los libros de Dafa ni hacer los ejercicios en casa. Estaba sometida a una enorme presión. Cada día me parecía una eternidad.

¿Qué debía hacer? Me sentía muy angustiada y me preguntaba si esa era realmente la vida que debía llevar una practicante de Dafa. Comprendí que, a menos que cambiara la situación en mi hogar, no podría estudiar el Fa ni hacer los ejercicios tranquilamente. Tenía que crear un ambiente propicio para la cultivación.

Un día le dije a mi esposo “si no me permites estudiar el Fa ni hacer los ejercicios, ¿qué sentido tiene que siga viviendo aquí? Me iré. No me llevaré nada y no deberás interferir en el lugar al que vaya ni en cómo me las arregle para vivir”.

Mi esposo se quedó atónito. Sabía que cumpliría lo que había dicho. Me respondió: “Puedes practicar en casa. Dejaré de controlarte”.

A partir de entonces, pude estudiar el Fa y hacer los ejercicios en casa.

Elaborar materiales informativos

Lamentablemente, mi esposo seguía sin permitirme tener contacto con otros practicantes. Durante mucho tiempo, practiqué sola. Más adelante me trasladaron a otro lugar de trabajo, pero durante mucho tiempo no pude encontrar a ningún practicante de la zona.

Hablaba con las personas sobre Dafa y también elaboraba y distribuía folletos informativos de Falun Dafa. Alguien me denunció ante la Oficina 610 del condado, y su director notificó a mi superior en el trabajo. Al parecer, quien me había denunciado era un compañero de trabajo al que había aconsejado que no se afiliara al PCCh. Aunque mi superior sabía que Dafa era bueno, tenía miedo y me presionó. Las autoridades locales me rastrearon por utilizar determinados programas informáticos para eludir el bloqueo de Internet y registraron mi domicilio. Mis familiares estaban aterrorizados.

Finalmente, una compañera practicante que se había visto obligada a abandonar su hogar debido a la persecución logró encontrarme. A partir de entonces, siempre que tenía tiempo, acudía a un sitio de producción de materiales para hacer copias de los libros de Dafa y de las conferencias recientes de Shifu. Elaboraba carteles, pancartas y folletos con información sobre Falun Dafa. Llegamos a producir más de cien folletos al día.

Hablar cara a cara con las personas sobre Dafa

Aunque la ciudad donde vivía no era grande, tenía una enorme cantidad de cámaras de vigilancia instaladas por el Comité de Asuntos Políticos y Jurídicos del PCCh. También utilizaban informantes reclutados entre los vecinos, beneficiarios de asistencia social, trabajadores de limpieza, jubilados y otras personas para vigilar constantemente las calles y los callejones. Los practicantes que distribuían información eran seguidos, arrestados ilegalmente y retenidos en centros de lavado de cerebro. Algunos también fueron condenados a penas de prisión.

Dos practicantes de la localidad comenzaron a salir todos los días para hablar cara a cara con las personas sobre Dafa y aconsejarles que renunciaran al PCCh. Yo también quería hacerlo. Sin embargo, la presión era tan grande que dudaba.

Un día, una practicante me dijo “Le das demasiada importancia a tu familia, pues crees que no pueden salir adelante sin ti. Piensas que eres la más capaz, pero en realidad solo estás aparentando serlo”.

Otra practicante me dijo “No le des tanta importancia al sentimentalismo humano. La Rectificación del Fa ya ha llegado a su etapa final. ¡Debes apresurarte y ponerte al día!”.

Sus palabras no fueron agradables de escuchar, pero sabía que me las decían por mi propio bien. Estaban preocupadas al ver que me estaba quedando atrás en ciertos aspectos de mi cultivación. Shifu también me había dado pistas en mis sueños en numerosas ocasiones. Comencé a comprender que mi problema no era el sentimentalismo hacia mi familia, sino el miedo.

Un día, antes de nuestro estudio del Fa en grupo, otra practicante me dijo: “Realmente quiero ayudarte en tu cultivación para que podamos seguir a Shifu y regresar juntas a nuestro verdadero hogar. No dije nada. Aquella noche no pude dormir. Recordé las dificultades y tribulaciones que había atravesado en mi camino de cultivación. Comprendí que cada paso que había dado había sido posible gracias a la protección de Shifu. Sin Su protección, no habría podido superar aquellas pruebas y tribulaciones. Me sentí avergonzada de ser tan débil y egoísta. Sentía que estaba defraudando a Shifu. Decidí firmemente superar mi dificultad para hablar cara a cara con las personas.

Pero ¿cómo debía hacerlo? ¿Cómo podía empezar sin que otros practicantes me mostraran cómo? Después de reflexionar, decidí comenzar con una sobrina lejana y su esposo. Al día siguiente, llevé algunas frutas del campo y fui a visitarlos. Les hablé sobre Dafa y les expliqué por qué millones de chinos ya habían renunciado al PCCh. Al principio, mi sobrina dudó un poco, pero su esposo dijo “Escuchemos a la tía. Ella se preocupa por nuestro bienestar”. Así que ambos decidieron renunciar al PCCh.

Aquella noche decidí que al día siguiente iría a casa de mi prima mayor para aconsejarle a su esposo que renunciara al PCCh. Llevé algunas verduras que había traído del campo. Mi prima no estaba en casa, pero su esposo sí. Fui directamente al grano. Para mi sorpresa, aceptó de inmediato: “Claro, por favor, ayúdame a renunciar al PCCh”. Él era una persona con la que normalmente resultaba difícil tratar. Pensé que Shifu me estaba animando. Decidí que ya no tenía nada que temer. A partir de entonces, comencé a salir todos los días para hablar cara a cara con las personas sobre Dafa y sobre la renuncia al PCCh.

Al principio, solo una o dos personas al día renunciaban al PCCh. Algunos días nadie renunciaba, pero eso no me desanimaba. Continué hablando con las personas todos los días. Cuanto más lo hacía, más fácil me resultaba. Actualmente, puedo ayudar a unas seis personas al día a renunciar al PCCh y, en ocasiones, incluso a más de diez. Me he encontrado con todo tipo de personas: algunas que me apoyan, otras que se oponen, algunas que me insultan a gritos, otras que me piden dinero, etcétera. Sin importar lo que digan, no dejo que me afecte. No me concentro en cuántas personas renuncian al PCCh cada día. Siempre me mantengo firme en este principio: aunque esta vez no renuncien al PCCh, al menos habrán escuchado la verdad, y eso sentará las bases para una futura oportunidad.

Compañeros practicantes, ¡apresúrense a acercarse a quienes están esperando conocer la verdad sobre Dafa y la persecución! ¡Aunque solo hablen con una persona cada día, serían 30 personas en un mes y más de 300 en un año!

¡Mi corazón está lleno de felicidad y alegría todos los días! Tenemos Dafa y a Shifu, y somos las personas más afortunadas del mundo.