(Minghui.org) Hace unos 15 años, un pariente mío enfermó gravemente. Tras buscar ayuda médica por todas partes sin éxito, conoció a un practicante de Falun Dafa que le habló sobre la verdad de Dafa y la persecución; fue entonces cuando comenzó a practicar Falun Dafa.

En menos de un año desde que empezó a practicar, la enfermedad crónica que había aquejado a mi pariente durante años desapareció por completo. Esta historia se difundió por toda nuestra familia, y así fue como supe lo maravilloso que es Falun Dafa.

En aquel entonces, yo todavía estaba en la escuela primaria. No me dejé engañar por el montaje de «la farsa de la autoinmolación de la plaza  Tiananmen» que aparecía en mis libros de texto, y mantuve una postura escéptica ante las diversas campañas de propaganda del Partido Comunista Chino (PCCh).

A menudo encontraba folletos informativos sobre Dafa cerca de mi casa, y me aseguraba de leerlos con atención cada vez que recogía uno. Aunque no aprendí a eludir el «Gran cortafuegos» [el sistema de censura de Internet en China] hasta mi segundo año de bachillerato, ya era capaz de ver más allá de la propaganda del PCCh.

Durante mi segundo año de bachillerato, llegó el momento en que comencé mi práctica de cultivación. Algunos de mis compañeros de clase solían ver anime japonés utilizando una herramienta para eludir la censura en Internet; así que conseguí una copia del programa y lo probé en casa durante aquel fin de semana. Funcionó a la perfección.

Empecé a usar Google para buscar términos como «Falun Dafa» y «Minghui.org», y logré acceder a estos sitios web que habían sido bloqueados por el régimen chino.

Más tarde, recordé el programa «Freegate», que se mencionaba a menudo en los folletos informativos que había leído, y descargué una copia. Desde entonces, cuando navego por Internet, solo visito sitios web gestionados por practicantes de Falun Dafa, y ya no tengo que soportar la propaganda que el PCCh difunde en la red. 

Un día, mientras navegaba por el sitio web de The Epoch Times, me topé con un artículo que contenía un comentario más o menos así: «Zhuan Falun es una escalera para que la humanidad ascienda al cielo». Yo guardaba un ejemplar de este libro en el cajón de mi escritorio desde hacía mucho tiempo, pero nunca lo había leído. Aquella frase en la pantalla de mi computadora despertó mi interés al instante, así que decidí leer el libro de principio a fin.

Leí el libro completo de una sola sentada y, de repente, todo cobró sentido. En el Fa encontré respuestas a muchas interrogantes que antes me inquietaban; así fue como llegué a obtener el Fa. Comprendí el propósito de la vida y aprendí a ser una buena persona, e incluso a serlo aún más.

Más tarde, tras leer obras como Nueve comentarios sobre el Partido Comunista y El objetivo final del comunismo, logré reconocer plenamente la naturaleza perversa del PCCh. Comprendí que todo el caos que actualmente azota a la sociedad china tiene su origen en la destrucción deliberada de la moral y la cultura tradicional por parte del Partido. Con esta nueva perspectiva, desarrollé un profundo interés por la cultura tradicional china y comencé a verla bajo una luz positiva.

Hoy en día, los jóvenes en China —influenciados por diversos fenómenos caóticos presentes en la sociedad, especialmente a través de internet— se han vuelto adictos a los videos cortos y a los videojuegos.

A menudo emplean una jerga de internet incomprensible o incluso un lenguaje soez; carecen de un respeto básico hacia los demás y, ante cualquier asunto trivial, estallan en ira o culpan a todo el mundo y a todo lo de su entorno. En ellos ya no queda ni rastro de refinamiento o compostura.

Recuerdo que, durante mis años universitarios, mis compañeros de cuarto solían quedarse despiertos hasta tarde jugando videojuegos o viendo videos cortos. A la mañana siguiente, como yo era el único que se levantaba temprano, terminaba siendo yo quien limpiaba la habitación.

Durante las vacaciones del Año Nuevo Lunar de este año, mi primo —que cursa la escuela secundaria— vino a quedarse en mi casa junto con sus padres. Su situación es realmente preocupante: sus calificaciones son pésimas. Mientras estuvo en mi casa, se pasó todo el tiempo navegando por TikTok y jugando videojuegos, profiriendo insultos mientras lo hacía. Fue realmente perturbador enterarse de esto, y sus padres no saben cómo manejar la situación.

Aún más alarmante es el hecho de que un número creciente de personas de mediana edad y de edad avanzada se han vuelto adictas a los videos cortos. Estos videos están saturados de afanes mundanos —como la fama, la fortuna y la lujuria— y ejercen una influencia negativa en el lenguaje, el comportamiento y los valores de las generaciones mayores.

Cuando trabajaba en Beijing, almorzaba cada día en restaurantes distintos y, a menudo, veía a personas viendo videos cortos en sus teléfonos con el volumen muy alto. El contenido abarcaba desde noticias falsas fabricadas por el PCCh y escenas que promovían la idea de «combatir el mal con el mal», hasta supuestas «filosofías de vida» que incitan a la búsqueda de la fama y la riqueza, además de diversos materiales que incluían voces generadas, sin lugar a dudas, mediante inteligencia artificial.

Mientras que las personas a mi alrededor parecían encontrar un entretenimiento inagotable en todo esto, yo me sentía profundamente entristecido cada vez que escuchaba esos sonidos, lamentando hasta qué punto ha degenerado la sociedad.               

Por el contrario, desde el inicio de mi práctica de cultivación, dejé de lado cosas como los videos cortos y los videojuegos. Antes solía usar un lenguaje soez y proferir insultos contra los demás; sin embargo, desde que comencé a cultivarme, no he vuelto a perder los estribos ni a decir palabrotas.

De niño me enfermaba con frecuencia y visitaba el hospital habitualmente; no obstante, no he vuelto a pisar un hospital desde que empecé a cultivarme. Todo esto me hace sentir increíblemente afortunado. Si no hubiera practicado Dafa, probablemente me habría dejado llevar por la corriente en el inmenso crisol de la sociedad común.

Siento una profunda gratitud hacia Shifu por permitirme convertirme en un discípulo de Dafa, por darme la oportunidad de purificarme a través de la cultivación en Dafa y por ayudarme a encontrar mi verdadero ser.