(Minghui.org) ¡Saludos Shifu! ¡Saludos, compañeros practicantes!
Empecé a practicar Falun Dafa en 2007. La primera vez que leí Zhuan Falun, Shifu explicó en la Tercera Lección que los practicantes que encuentran situaciones peligrosas tiene la protección de su Fashen. Shifu dijo:
“En el momento en que realmente quieres el xiulian, tu vida se pone inmediatamente en peligro, inmediatamente se involucra este problema. Hay un gran número de maestros de qigong que no se atreven a transmitir gong y a llevar a la gente hacia niveles altos. ¿Por qué? Porque ellos realmente son incapaces de hacer esto, son incapaces de protegerte” (Tercera Lección, Zhuan Falun).
Recuerdo qué quedé impresionado cuando leí esto por primera vez. En el párrafo siguiente, Shifu dijo:
“Sin embargo, aquí les hemos dicho a todos que yo puedo realizar este asunto porque tengo incontables Fashen que poseen mis grandes poderes divinos y capacidades del Fa y pueden manifestar poderes divinos y capacidades muy grandes” (Tercera Lección, Zhuan Falun).
En ese momento, pensaba que el miedo era simplemente temer a una amenaza física, y realmente no pensaba que hubiera otros significados.
Me inscribí en un evento anual al aire libre en el que participábamos cada verano para dar a conocer Falun Dafa, y yo era el encargado de enviar la inscripción. Aproximadamente una semana después del evento, recibí una carta. Supuse que provenía de los organizadores porque me pedían que actualizara mi información de contacto y que devolviera el formulario completado por correo. Incluso había un sobre que tenía incluido el pago de los gastos de envío. Como algunos de mis datos de contacto habían cambiado, llené el formulario y lo envié por correo.
Cuando recibí otra carta en la que me informaban que debía pagar una suma considerable de dinero porque, al devolver el formulario, supuestamente había firmado un contrato para un anuncio sobre Falun Dafa en un sitio web, me di cuenta de que se trataba de una estafa. Los términos estaban ocultos en la letra pequeña, y la cantidad que exigían era de varios miles de euros. Me quedé en shock.
Visité el sitio web y había una página sobre Falun Dafa. Sin embargo, el anuncio era de muy mala calidad y estaba claro que estas personas estaban tratando de extorsionar a la gente. Investigué un poco y descubrí que esta organización era conocida por cometer fraudes a gran escala de manera muy organizada. Recordé que el sobre prepagado de la primera carta estaba dirigido a una dirección en Francia, lo cual me pareció bastante inusual, pero no le di mucha importancia.
Sin embargo, ¡la segunda carta incluía una dirección en México! Todo era muy misterioso. El sobre no tenía sello postal, solo un matasellos, lo que hacía imposible rastrear desde dónde se había enviado realmente. Unas semanas más tarde, recibí el primer recordatorio de pago, junto con un cargo adicional.
Le pregunté a un compañero practicante con experiencia en el ámbito legal cuál era la mejor manera de manejar la situación. Me aconsejó que enviara una carta certificada lo antes posible para rescindir el contrato. Me explicó que, según la ley belga, un contrato puede rescindirse si se hace dentro de un plazo determinado. Desafortunadamente, ese plazo ya había vencido. Decidí enviar la carta de todos modos, así que envié una carta certificada a México. Aproximadamente dos semanas después, recibí otra carta en la que se indicaba que la cancelación no era posible y que, si no pagaba, el monto adeudado seguiría aumentando, tal como se especificaba en el contrato. Incluso adjuntaron una copia del documento que yo había firmado. Sentí que no había solución.
Me sentí aterrorizado. Estaba completamente indefenso, sin saber qué pasaría ni cómo, o incluso si esto terminaría alguna vez. Esa sensación me atormentaba. Simplemente no podía liberarme de ella.
Cada pocas semanas llegaba otra carta. Me preguntaba: ¿cuál sería su siguiente paso? Sentía como si tuviera una espada pendiendo sobre mi cabeza y no pudiera escapar de ella. Incluso cuando nos fuimos de vacaciones de verano con mis suegros, durante todo el viaje no podía dejar de pensar en eso. ¿Alguna vez me libraría de este apego al miedo?
Le pedí ayuda a Shifu. A través del Fa, Shifu me dio indicaciones muy claras, animándome a simplemente seguir haciendo lo que debía hacer y a no permitir que me interfirieran. Pero poner eso en práctica fue extremadamente difícil. Descubrí una profunda debilidad en mi interior y supe que tenía que eliminarla a través de la cultivación.
Al año siguiente, no me inscribí al evento, aunque sabía muy bien que el organizador no tenía nada que ver con la estafa. Pero pronto me di cuenta de que ese no era un estado mental recto. Al evitar el evento, en realidad estaba cediendo a la interferencia en lugar de enfrentar mi apego. Así que corregí mi forma de pensar, me inscribí de nuevo al evento y lo tomé como una oportunidad para cultivarme.
Por esa época, mi esposa me mostró un anuncio de una casa que estaba en venta. Al final, la compramos. Una parte de mí pensaba que este problema probablemente también desaparecería una vez que nos mudáramos a nuestro nuevo hogar. Pero, ¿realmente estaba manejando la situación como un practicante de esa manera, o simplemente estaba utilizando la mudanza como una oportunidad para huir de ella?
Después de mudarnos, las cartas dejaron de llegar. A cambio, empecé a recibir correos electrónicos de un alguacil judicial de Grecia, amenazándome con acciones legales para obligarme a pagar el dinero. Pensé: "Vaya, parece que esta gente está realmente por todas partes". Me di cuenta de que mudarme a otra casa no era la solución. La única forma de resolver verdaderamente la situación era elevar mi xinxing.
Empecé a pensar en el yeli que estas personas se estaban generando. En realidad, estaban utilizando el nombre de Falun Dafa para extorsionar a practicantes. Entonces se me ocurrió otra idea. ¿Cuántas personas comunes se han visto atrapadas en esta situación? Pero ellas no tienen lo que yo tengo. No tienen el Fa.
Shifu dijo:
“Solo las personas que han elevado su xinxing a través del xiulian, al echar una mirada hacia atrás pueden reconocer que la moral humana se ha deteriorado y corrompido hasta este paso tan terrible” (Novena Lección, Zhuan Falun).
Cuando pensé de esta manera, ya no sentí resentimiento ni miedo. En cambio, solo sentí lástima por todos los involucrados, tanto las víctimas como los agresores. Con ese cambio en mi forma de pensar, todo se transformó. Los correos electrónicos se detuvieron y todo volvió a la normalidad. En poco tiempo, ya no volví a pensar en el asunto. Desde entonces, no he recibido otro correo electrónico ni carta de esas personas.
Otra situación relacionada con el apego al miedo comenzó cuando mi esposa empezó a toser de repente. Al principio, no parecía ser nada grave. Pero la tos se prolongó durante días, y cuando los días se convirtieron en semanas, su estado empeoró cada vez más. Otros practicantes vinieron a nuestra casa para compartir con ella y enviar pensamientos rectos junto a ella. La situación mejoró, y mi esposa se sintió aliviada de que por fin se estuviera recuperando. Yo también estaba contento con la mejoría y esperaba que las cosas siguieran así. Pero entonces, de repente, la situación dio otro giro y se puso aún peor que antes. Esta vez estaba tan grave que, de vez en cuando, incluso le costaba respirar y solo podía dormir sentada con la espalda recta. Una noche tosía tanto que apenas podía respirar. Me miró mientras trataba de tomar aire, y yo empecé a entrar en pánico. Se volvió demasiado intenso para mí, y ya no pude manejarlo como practicante.
De hecho, mi esposa estaba más tranquila que yo. Poco a poco se fue recuperando y, al final, logró conciliar el sueño. Una vez más, me invadió el miedo: miedo a perder a mi esposa, miedo a que nuestra hija creciera sin madre, etc. No me daba cuenta de que todos esos pensamientos dramáticos probablemente se estaban convirtiendo en un problema mayor que los propios síntomas. Para mí también se convirtió en un proceso de cultivación, ya que tuve que aprender a través del Fa a manejar este tipo de situaciones.
Una noche, mientras estaba en el trabajo, mi esposa me llamó para preguntarme a qué hora iba a regresar a casa. Le dije que tenía que visitar a un cliente más. Ella me dijo que se sentía muy mal y que esperaba que regresara pronto. Mi primer impulso fue dar la vuelta con el auto y conducir a casa lo más rápido posible para estar con ella. Pero luego lo pensé un poco. ¿No era eso parte del problema? Al apresurarme a regresar a casa, ¿no estaba aceptando la interferencia? ¿No era eso ceder al miedo? Solo seguimos los arreglos de Shifu, así que, en ese caso, ¿qué hay que temer?
Además, si no terminaba mi trabajo, mis colegas tendrían que encargarse de ello al día siguiente. ¿Eso era correcto? Así que traté de enviar pensamientos rectos y concentrarme en el entendimiento de que solo seguimos los arreglos de Shifu. En mi mente dije: "Si este problema es un arreglo de Shifu, entonces está bien. Pero si es cualquier otra cosa, debes apartarte de inmediato".
Continué enviando pensamientos rectos y ese pensamiento se volvió cada vez más fuerte. Poco a poco, se hizo más fuerte que cualquier sentimiento de duda o miedo. Mi mente estaba en calma y me di cuenta de que ese era el estado mental recto en el que todas las interferencias perderían su poder. Así que di la vuelta con mi auto para terminar mi última tarea del día. Después de eso, conduje a casa.
Cuando llegué a casa, mi esposa estaba bastante enojada. Me preguntó con lágrimas en los ojos: "¿Por qué tardaste tanto? ¿No te diste cuenta de que te necesitaba aquí esta noche?". Había sufrido mucho mientras yo no estaba, e imagino que el tiempo debió de pasarle muy lentamente. Quería contarle mi entendimiento, pero no dije ni una palabra. Todavía me sentía muy tranquilo por dentro, y sus palabras no despertaron en mí ninguna necesidad de defenderme. Era como si estuviera en la habitación con ella, pero al mismo tiempo me sentía como un tercero, simplemente observando lo que sucedía sin dejarme llevar por las emociones. En cambio, sentí compasión por ella. Había pasado por muchas cosas. Le dije que todo estaría bien y, después, nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, mi esposa se sorprendió y dijo que se sentía mucho mejor. Unos días después se recuperó completamente.
Quizás mi esposa ya había superado esta prueba mucho antes que yo, y la situación se había prolongado porque yo aún no la había superado y seguía aferrado a las emociones humanas. Solo después de enfrentar la situación con calma y con pensamientos rectos y firmes, las cosas comenzaron a mejorar. Y fue exactamente lo que sucedió. Gracias Shifu, por enseñarme esta valiosa lección.
El apego al miedo ha sido un problema recurrente en mi cultivación, y sigue apareciendo de vez en cuando. A finales del año pasado, un compañero practicante me contactó porque había descubierto la oportunidad de organizar una exposición de arte en la ciudad de Lieja, en Bélgica. Como coordinador local, la idea me pareció de inmediato muy atractiva. Debido a las dificultades económicas, cada vez hay más locales comerciales desocupados. Resultó que había un gran local comercial vacío justo en el centro de la ciudad que podíamos utilizar para la exposición.
Era época decembrina y el mercado navideño de la ciudad estaba a punto de abrir. Cada año, miles de visitantes acuden al mercado, y este local vacío estaba ubicado en una de las calles laterales que conducían directamente a él. El precio del alquiler era sorprendentemente bajo. Casi parecía demasiado bueno para ser cierto.
Organizamos una reunión con la persona que administraba el edificio y le aclaramos la verdad. Se mostró muy entusiasmado con la idea de realizar la exposición en ese espacio. Como queríamos aprovechar al máximo el período del mercado navideño, teníamos que actuar rápidamente.
El gerente me dijo que el contrato se firmaría la semana siguiente, ya que aún estaba buscando socios adicionales. Pero para no perder un tiempo valioso y con el permiso del gerente, comenzamos a decorar y coordinamos que trajeran los cuadros al edificio. Era un espacio abierto muy grande, de más de 800 metros cuadrados, así que teníamos mucho trabajo por delante para que se viera bien. Sin embargo, a medida que pasaba la semana siguiente, la firma del contrato seguía posponiéndose. Me preguntaba qué estaba sucediendo.
Nos enfrentábamos a un dilema. Si dejábamos de preparar el espacio, nos perderíamos la inauguración del mercado navideño. Pero sin un contrato firmado en nuestras manos, no me parecía correcto continuar. El gerente venía todos los días, y cada vez parecía haber una razón diferente por la que la firma se retrasaba nuevamente. Me preocupaba cada vez más.
Para dividir parte del espacio abierto, tuvimos que hacer unos cuantos agujeros en las paredes. Las paredes ya estaban en muy mal estado y llenas de agujeros, así que le pregunté al gerente si podíamos hacer dos agujeros más para fijar los cables. Él nos aseguró que no sería un problema.
Tras varios días sin tener aún el contrato en nuestras manos, el gerente local me informó que una delegación importante de París visitaría la calle comercial. Parecía nervioso al respecto y me explicó que uno de ellos era el gran jefe de la empresa. Estas personas eran los verdaderos dueños de toda la calle comercial, incluida la tienda vacía que estábamos preparando.
Al día siguiente, vimos a la delegación recorrer la calle junto con el gerente local, mientras visitaban cada tienda. Sin embargo, cuando entró a nuestra tienda, pasó de largo sin decir ni una sola palabra. Se veía bastante enojado. Habíamos preparado una mesita con flores de loto y folletos con la esperanza de aclararle la verdad, pero él simplemente caminó hasta el fondo del establecimiento. Al pasar por la sección donde habíamos fijado los cables a la pared, se detuvo de repente. Sin decir nada, sacó su celular y tomó una foto de eso. Inmediatamente pensé: "Ay, no… ¿qué es esto?". Siguió caminando hasta el fondo del salón, se dio la vuelta y luego salió directamente de nuevo, aún sin decir ni una sola palabra.
Más tarde ese mismo día, el gerente local me explicó que, en realidad, la visita había sido inesperada. La delegación iba a realizar una reunión esa tarde para discutir todos los planes futuros para la calle, incluida nuestra exposición de arte. Al parecer, esa había sido una de las razones de todos los retrasos en la firma del contrato, sumado al hecho de que no había encontrado socios adicionales. Todo había sido simplemente una gran interferencia para impedir que la organización de la exposición se llevara a cabo sin inconvenientes. Esa noche, la situación empeoró aún más. El gerente local de repente me envió un mensaje diciendo que el director de la empresa estaba muy molesto por lo que describió como el “daño” que habíamos causado a las paredes. Le respondí que el daño ya estaba ahí mucho antes de que llegáramos. Dijo que lo sabía, pero que no tenía solución. Resultó que el director de la empresa había aumentado los requisitos para alquilar el lugar. La cuota de alquiler seguía estando bien, pero le ordenó al gerente que nos pidiera un depósito de garantía de 4.000 euros. Me pareció completamente absurdo.
No sabía qué pensar. Mi mente se debatía entre dos sentimientos opuestos. Una parte de mí temía que pudiéramos perder esta valiosa oportunidad de salvar a la gente. Otra parte de mí estaba llena de dudas. Incluso comencé a arrepentirme de haber iniciado el proyecto y quería cancelarlo todo. Esa noche tuvimos un estudio grupal de Fa y les conté a los demás practicantes sobre la situación y la interferencia. Sentía una gran presión sobre mis hombros y ya tenía preparada una disculpa para el grupo por haber actuado de manera demasiado impulsiva al aceptar la oportunidad en primer lugar. Quizás toda la situación fuera mi culpa. Pero, para mi sorpresa, su reacción hizo que toda la situación cambiara al instante.
Los demás practicantes dijeron que, por supuesto, habría interferencias. Quizás la oferta era demasiado buena para ser cierta. ¿Cómo podría ser tan fácil, verdad? Tenemos que seguir adelante pase lo que pase. Las reacciones del grupo aclararon al instante mis pensamientos. Me dieron una sensación muy cálida de apoyo. Lo que antes se sentía como un proyecto llevado a cabo por solo un puñado de practicantes, de repente se convirtió en un proyecto grupal. Lo estábamos haciendo todos juntos. Al instante sentí que se me quitaba el peso de encima.
Un practicante compartió que, pasara lo que pasara, apoyaría todo lo que fuera necesario para que la exposición fuera un éxito. Escuchar eso me conmovió profundamente. Me sentí respaldado por todo el grupo, y mis pensamientos rectos se fortalecieron. Nada podía detenernos. Aunque todavía no sabía exactamente qué debía hacer, al final de esa reunión me sentí firme como una roca. Mis sentimientos de duda y miedo desaparecieron, y me sentí profundamente agradecido con todos por su ánimo y apoyo.
Entonces ocurrió un milagro.
Justo después de nuestra sesión de intercambio grupal, recibí un mensaje del gerente. Me dijo que los propietarios habían tenido una segunda reunión más tarde esa noche durante la cena y que, como resultado, habían decidido reducir el depósito de garantía de 4.000 a 2.000 euros. Pero eso no fue todo. Uno de los colegas del gerente, quien también estaba interesado en rentar el espacio en el futuro, se ofreció a pagar la mitad de esa cantidad, lo que dejaba solo 1.000 euros. El gerente me dijo entonces que él mismo estaba dispuesto a cubrir la mitad del saldo restante. Así, sin más, el depósito de garantía requerido se había reducido a solo 500 euros, una cantidad que me pareció perfectamente razonable.
Le agradecí por sus esfuerzos, pero también le insistí en que ahora debía concretarse todo lo más rápido posible. Le dije que el contrato tenía que firmarse en los próximos días; de lo contrario, no tendríamos más remedio que retirarnos del proyecto. Unos días después, se firmó el contrato y estábamos listos para abrir las puertas.
Llegaron practicantes de distintos lugares para ayudar a preparar la exposición. Juntos, decoramos la sala, distribuimos las mesas, instalamos la iluminación y colgamos los cuadros. Poco a poco, transformamos esta tienda fría y vacía en una cálida galería de arte.
Justo antes de la inauguración, vi al gerente llevar a una de sus familiares cercanas a la galería para mostrarle las pinturas. Mientras escuchaba desde lejos, lo escuché explicarle no solo sobre las obras de arte, sino también qué es Falun Dafa y sobre la persecución en China. Le contó toda la historia y, sinceramente, yo mismo no lo hubiera podido explicar mejor. Me sentí genuinamente feliz por él.
La exposición resultó ser un gran éxito. Alrededor de 1,000 visitantes firmaron la petición que exige el fin de la sustracción forzada de órganos en China. Cuando la exposición terminó, le mostré al gerente la cantidad de mensajes sinceros que los visitantes escribieron en nuestro libro de visitas. Le dije que fue gracias a su apoyo y cooperación que pudimos llegar a tanta gente. Al decir esas palabras, vi cómo se le iluminaban los ojos.
Por favor, señalen cualquier cosa que sea inapropiada en mi experiencia.
Gracias, Shifu, por concederme el honor de servir como practicante de Dafa en el período de rectificación del Fa. Gracias, compañeros practicantes, por todas sus experiencias y su apoyo.
(Presentado en el Fahui de Europa 2026)
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