(Minghui.org) Tras presenciar el milagro que ocurrió cuando mi esposo comenzó a practicar Falun Dafa en 2002, decidí empezar a practicar también. El gran y compasivo Shifu nos salvó tanto a mi esposo como a mí.

Mi esposo contrajo tuberculosis en el año 2000. Sus pulmones sufrieron fibrosis y quedó incapacitado para trabajar. Para 2002, estaba postrado en cama y no podía levantarse; no lograba dormir por las noches y le costaba respirar, a menudo jadeando desesperadamente hasta que su rostro se tornaba morado.

Con el tiempo, ni siquiera podía permanecer acostado. Durante tres meses, tuvo que mantenerse sentado día y noche, apoyado en la cama. No podía inclinar la cabeza; si lo hacía, le brotaba sangre por la boca. Estaba claramente al borde de la muerte y, dado que el hospital ya no quería tratarlo, simplemente esperaba el final en casa.

Verlo sufrir de esa manera era desgarrador —sentía como si un cuchillo se clavara en mi corazón— y a menudo lloraba a escondidas. Cada vez que alguien preguntaba por su estado, rompía a llorar.

Un día, una vecina me dijo: "¿Por qué no haces que practique Falun Dafa?".

Yo respondí: "Con la persecución tan feroz que hay ahora, ¿quién se atrevería a practicar? ¿Y quién le enseñaría?". La vecina dijo que conocía a alguien que practicaba y que iría a buscarla.

Unos días después, una practicante vino a visitarnos. Le preguntó a mi esposo: "¿Quieres practicar Falun Dafa?". Él respondió que sí.

La practicante dijo: "Estás gravemente enfermo; deberías pensarlo bien". Antes de marcharse, nos habló sobre la maravillosa naturaleza de Dafa.

Una semana más tarde, regresó y le preguntó a mi esposo: "¿Has decidido practicar?".

Él respondió con firmeza: "¡Sí!". 

La practicante dijo: "Ya que no puedes levantarte de la cama, déjame enseñarte primero el quinto ejercicio". Luego comenzó a enseñarle a mi esposo la meditación sentada. Yo aprendí junto con él. La practicante hizo la demostración dos veces; mi esposo no llegó a dominarlo del todo, pero yo sí, con la intención de ayudarle a aprenderlo más tarde.

La practicante le dijo a mi esposo: "Una vez que domines el quinto ejercicio y quieras aprender los ejercicios del uno al cuatro, por favor ven a mi casa".

Al oír esto, dije: "Él ni siquiera puede levantarse de la cama. ¿Cómo va a ir a tu casa para aprender?".

Ella continuó dirigiéndose a mi esposo: "Si logras llegar a mi casa, te enseñaré los ejercicios". Él respondió: "¡Claro!".

Unos días después, mi esposo ya dominaba el quinto ejercicio y dijo: "Quiero ir a casa de la practicante para aprender los ejercicios de pie".

Dicho esto, se levantó de la cama y comenzó a caminar. Yo fui para acompañarlo. Al principio, mi esposo se movía lentamente, apoyándose en la pared; caminaba cinco pasos y descansaba, caminaba otros cinco pasos y descansaba, y luego caminaba diez pasos y descansaba. Avanzando de esta manera, le tomó una hora entera llegar a la casa de la compañera practicante. Ella nos recibió calurosamente y nos enseñó los ejercicios del uno al cuatro.

Después de terminar los ejercicios de pie, a pesar de gozar de buena salud, me sentí bastante mal; sufrí diarrea y vómitos. En aquel entonces, no había estudiado bien el Fa y mi nivel de entendimiento era bajo; no me di cuenta  que Shifu estaba purificando mi cuerpo ni siquiera de que Él me estaba cuidando.

Le dije a mi esposo: "No creo que pueda practicar esto; es una prueba demasiado dura. ¡Tú sigue practicando! Pero yo aún puedo enseñarte los movimientos". Aunque yo los había aprendido, él no los dominaba del todo.

Para entonces, el sangrado de la boca de mi esposo había cesado, su cuerpo se sentía más ligero y tenía fuerzas para caminar a paso rápido; Llegamos a casa en poco más de diez minutos.

Tras tres meses de estudiar el Fa y practicar los ejercicios, la salud de mi esposo mejoró drásticamente; ya podía acostarse para dormir y salir a caminar. Al ver estos cambios, sentí desde lo más profundo de mi corazón que la práctica era verdaderamente maravillosa y lo animé a continuar.

Para abril, ya había aprendido los cinco ejercicios y, en agosto, fue capaz de caminar más de cinco kilómetros para asistir a una conferencia de intercambio de experiencias. Me contó que, durante el trayecto, las irregularidades del terreno le provocaban sacudidas que le causaban dolor en los pulmones y el estómago. A mitad del camino, sintió ganas de rendirse y dar media vuelta. Pero entonces pensó: «Ya he recorrido la mitad; ¿por qué detenerme ahora cuando solo faltan dos kilómetros y medio? ¡Seguiré adelante!». Con ese pensamiento, sus piernas recuperaron la fuerza, su paso se estabilizó y la fatiga desapareció.

El camino de regreso fue aún más sencillo; llegó a casa conversando con otros practicantes. Más tarde me dijo: «Podría caminar otros cinco kilómetros y aun así no sentirme cansado». A partir de entonces, su salud siguió mejorando hasta que estuvo como cualquier persona sana y normal.

Ver a mi esposo con tan buen ánimo me dio tranquilidad. Tras haber sido testigo directa del poder milagroso y la belleza de Dafa, me comprometí firmemente a practicarlo, comencé a practicar y nuestras dos hijas también.

A lo largo de mi camino de cultivación, Shifu me ha protegido en todo momento. Un día de 2008, mi esposo y yo conducíamos una carreta tirada por bueyes para transportar tallos de trigo; habíamos cargado una pila enorme y altísima, y yo estaba sentada justo en la cima. De regreso, la carreta pasó por un bache y dio una sacudida; caí rodando desde lo alto y me estrellé contra el suelo, perdiendo el conocimiento.

Mi esposo no dejaba de llamarme e instarme: "Tenemos a Shifu; ¡pídele rápidamente que te salve!". Más tarde me contó que, mientras estaba inconsciente, había gritado "Shifu" tres veces.

Pasó casi media hora antes de que recuperara el conocimiento. Al abrir los ojos, vi a muchos familiares reunidos a mi alrededor. Al ver que había despertado, todos suspiraron aliviados. Luego insistieron en llamar a una ambulancia para llevarme al hospital.

Exclamé: "¡No voy a ir al hospital; estoy bien! ¡Quiero ir a casa!". Intentaron ayudarme a subir a la carreta, pero dije: "No hace falta, puedo hacerlo yo misma". Caminé lentamente hacia la carreta y subí. Solo entonces noté un gran charco de sangre en el suelo: tenía la cabeza abierta y la ropa cubierta de sangre.

Ya en casa, mi cabeza seguía sangrando y vomitaba un líquido verde. Mi familia estaba asustada e insistía en que fuera al hospital, pero les dije: "Practico Falun Dafa, así que estaré bien; no se preocupen ni tengan miedo". Dicho esto, los envié a sus casas.

Me senté y comencé a hacer el quinto ejercicio con mi esposo. Mientras practicaba, la hemorragia se detuvo, el dolor desapareció y sentí una maravillosa sensación de bienestar. Comprendí que Shifu me había salvado.

Mi esposo dijo: "Esto es algo bueno; se ha saldado una deuda de yeli". Él había visto una imagen con su ojo celestial: una mujer que llevaba un saco y venía a cobrar una deuda. Mi cuñada se quedó preocupada después de llegar a casa, así que llamó para saber cómo estaba. En cuanto contesté, me dijo: «Cuñada, ¿estás mejor? Estaba pensando en ir a verte».

Le respondí: «Ya estoy bien, no te preocupes. No hace falta que vengas. Todo el mundo está ocupado con la cosecha de trigo».

Cuando los aldeanos vieron la gravedad de mi caída y que aun así me negaba a ir al hospital, quedaron desconcertados. Algunos incluso decían: «¿Cómo es posible que te recuperes sin ir al hospital? ¡No me lo creo!».

Unos días más tarde, se quedaron asombrados al verme totalmente recuperada y de vuelta en los campos realizando labores agrícolas. Un vecino comentó: «Es realmente inimaginable: recuperarse de una caída tan grave sin intervención médica. ¡Este Dafa es sencillamente milagroso!».

Al ser testigos de los cambios en mi esposo y en mí, nuestros amigos, familiares y vecinos han llegado a creer en la bondad de Dafa. Algunos incluso me ayudan a compartir la verdad sobre la práctica con los demás.

Ahora, los aldeanos aceptan Dafa e incluso me protegen discretamente. Cuando la policía vino a acosarme, ellos despistaron deliberadamente a los agentes para que no pudieran encontrarme.

Es Shifu quien nos ha protegido a través de todas las pruebas y tribulaciones que hemos enfrentado en el camino. ¡Gracias, compasivo y maravilloso Shifu! ¡Gracias por salvarnos la vida! ¡Seguiré creyendo firmemente en Dafa y te seguiré de regreso a casa!