(Minghui.org)

Al comenzar el Año Nuevo, muchas personas fijan su mirada en el éxito y la riqueza. También es un momento para reflexionar sobre qué significa realmente el éxito y cómo puede alcanzarse.

El I Ching (Libro de los Cambios), un antiguo clásico chino, afirma:
“Una familia que acumula bondad ciertamente disfrutará de bendiciones duraderas.”
A continuación, se presentan varias historias que ilustran este principio.

Dou Yanshan y sus cinco hijos

Dou Yanshan fue un hombre rico que vivió durante el período de las Cinco Dinastías en Youzhou (actual provincia de Hebei). Aunque tenía abundantes riquezas, no tenía hijos. Una noche soñó con su difunto abuelo, quien le dijo:

—“Estás destinado a no tener descendencia y tu vida será corta. Sin embargo, si realizas buenas acciones, podrías cambiar tu destino.”

A partir de entonces, Dou comenzó a ayudar generosamente a los demás. Cuando familiares o vecinos fallecían y sus familias no podían costear un entierro digno, Dou aportaba dinero para ayudarlos. A los huérfanos o a las jóvenes pobres que no podían pagar una dote, les brindaba apoyo económico para celebrar una boda apropiada. Además, prestaba dinero a personas necesitadas para que aprendieran un oficio o iniciaran un pequeño negocio y pudieran ganarse la vida.

Aunque Dou y su familia llevaban una vida sencilla, construyó una biblioteca para educar a jóvenes de escasos recursos.

Varios años después, volvió a soñar con su abuelo, quien le dijo:

—“Las buenas acciones que has realizado han acumulado una gran virtud invisible. Por ello, tu vida se prolongará 36 años y serás bendecido con cinco hijos.”

Más adelante, Dou continuó ayudando a otros con generosidad y efectivamente tuvo cinco hijos. Fue estricto con su educación, y los cinco aprobaron con éxito los exámenes imperiales, convirtiéndose en altos funcionarios.

La historia de Dou fue ampliamente conocida en la historia china. A través de ella, las personas aprendieron que hacer buenas acciones puede cambiar el destino de una persona, y que las bendiciones llegan de manera natural.

Fan Li y su sabiduría

Fan Li, una figura legendaria del período de Primavera y Otoño, también tenía una visión singular sobre el éxito y la riqueza.

Como alto funcionario del rey Goujian del estado de Yue, Fan llegó a convertirse en rehén junto con el rey en el estado de Wu. Sin embargo, mediante una serie de estrategias, durante unos veinte años no solo ayudó al rey Goujian a derrotar a Wu, sino que también lo convirtió en el hegemón (quien tiene el poder principal y dirige) entre todos los estados.

Aun así, Fan conocía bien al rey Goujian y no se apegó al éxito ni al poder. En silencio, abandonó su servicio y aconsejó a otro funcionario, Wen Zhong, que hiciera lo mismo. En una carta le escribió:

—“Cuando ya no quedan aves, el cazador guarda su arco; cuando los conejos astutos han sido atrapados, el perro de caza puede ser sacrificado. Nuestro rey es alguien con quien se puede compartir la adversidad, pero no la prosperidad. ¿Por qué no te marchas también?”

Wen Zhong no aceptó el consejo y finalmente fue asesinado por Goujian. Fan, en cambio, cambió su nombre para mantener un perfil bajo y llevó a su familia al estado de Qi. Aplicando las estrategias que antes había utilizado para vencer a Wu, pronto acumuló una gran fortuna.

Al enterarse de su éxito comercial, el rey de Qi quedó impresionado y quiso nombrarlo canciller. Fan declinó la oferta.

—“Para una persona común, reunir una gran fortuna o convertirse en canciller es probablemente lo máximo que puede lograr”, dijo. Sin embargo, él había alcanzado ambas cosas. También creía que ocupar un alto cargo durante mucho tiempo podía atraer desgracias.

Por ello, Fan regaló la mayor parte de su riqueza y nuevamente llevó a su familia a Tao (actual ciudad de Heze, provincia de Shandong), donde cambió otra vez su nombre por Tao Zhugong.

La región de Tao era fértil, producía abundantes cosechas y estaba estratégicamente ubicada, con caminos que conectaban varios estados. En un lapso de 19 años, Fan acumuló una gran fortuna en tres ocasiones, y cada vez regaló casi todo y comenzó de nuevo.

Su éxito continuo llevó a muchas personas a creer que Tao Zhugong (Fan Li) era el dios de la riqueza.

Una lección dolorosa

A pesar de su sabiduría, Fan reconocía que había cosas que no podía controlar. Tenía tres hijos, y el segundo fue detenido en el estado de Chu tras haber matado a una persona.

Para rescatarlo, Fan llenó un viejo recipiente con oro y pidió a su hijo menor que lo usara para salvar a su hermano.

Sin embargo, el hijo mayor se opuso, alegando que era su responsabilidad hacerlo. Incluso amenazó con suicidarse si no se le permitía ir. Su madre también apoyó al hijo mayor, y Fan no tuvo más remedio que aceptar.

Fan le dio instrucciones claras:

—“Debes entregar esta carta y el oro a mi amigo Zhuang Sheng en el estado de Chu. Debes seguir todo lo que él te diga y no discutir con él.”

Zhuang Sheng vivía en la pobreza. El hijo mayor le entregó la carta y el oro, y Zhuang le dijo que se marchara de inmediato. Sin embargo, el hijo no creyó que Zhuang pudiera ayudar realmente. Sin que Zhuang lo supiera, utilizó oro adicional para sobornar a otros funcionarios y tratar de rescatar a su hermano.

Zhuang era un intelectual muy respetado. Conversó con el rey de Chu sobre astrología, lo que llevó al rey a considerar una amnistía. Al enterarse de esto, el hijo mayor creyó que el oro había sido desperdiciado y regresó para exigir que se lo devolvieran.

Zhuang nunca había querido el oro; lo aceptó únicamente por la confianza entre él y Fan. Al verse obligado a devolverlo, se sintió profundamente humillado y traicionado. Entonces acudió nuevamente al rey con una versión modificada de la predicción astrológica.

Como resultado, el rey ordenó la ejecución del segundo hijo de Fan conforme a la ley.

Cuando el hijo mayor regresó con el cuerpo de su hermano menor, toda la familia y los amigos quedaron sumidos en el dolor—todos, excepto Fan.

—“Yo sabía que esto ocurriría”, dijo Fan.
“El hijo mayor vivió conmigo en la pobreza en el estado de Yue y nunca podía desprenderse fácilmente del dinero. Amaba a su hermano menor, pero su apego a la riqueza finalmente le costó la vida.”

Y continuó:

—“El tercer hijo nació en Tao y creció en una familia acomodada. Por eso podía abandonar la riqueza cuando era necesario. Sabía que él sí podría salvar al segundo hijo. Todo esto lo sabía desde el principio.”

Esta historia muestra la importancia de la integridad. Cuando una persona se obsesiona tanto con la riqueza que afecta su bondad o su rectitud, los problemas no tardan en aparecer.

Un principio compartido entre culturas

Esta comprensión de la antigua China coincide con la sabiduría tradicional de Occidente.

Sócrates afirmó:
“La virtud no proviene de la riqueza, sino que de la virtud hace que obtengas riqueza y todas las demás cosas buenas que poseen los seres humanos.”

Séneca, en la antigua Roma, también tenía una visión profunda sobre la riqueza:
“Para muchos hombres, la adquisición de riquezas no pone fin a sus problemas, solo los cambia.”

Desde los Diez Mandamientos hasta los Siete Pecados Capitales, la codicia siempre ha sido desalentada. Ganar dinero no es incorrecto, pero debe hacerse de la manera correcta; de lo contrario, aunque existan beneficios a corto plazo, tarde o temprano surgirán dificultades.

El caos en la China moderna

La situación cambió en la sociedad moderna. Karl Marx, fundador del comunismo, consideraba que la riqueza en el capitalismo era inherentemente injusta. Tanto en la Unión Soviética como en la China comunista, la riqueza fue condenada, y en los primeros años del régimen totalitario muchos ricos fueron asesinados y sus bienes confiscados.

Después de tomar el poder, el Partido Comunista Chino (PCCh) cambió su discurso: pasó de glorificar la pobreza a celebrar la riqueza. El guandao —el lucro ilegal de los funcionarios— y la corrupción generalizada se volvieron tan graves en la década de 1980 que desembocaron en el movimiento democrático que culminó en la Masacre de la Plaza de Tiananmén en 1989.

Tras la brutal represión, la gente común comprendió que no tenía poder para desafiar al sistema político. Lo único que podían hacer era acumular riqueza por su cuenta, ya fuera legalmente o a costa de otros. Junto con el continuo deterioro moral, esto empujó a la sociedad hacia un pantano de engaños y mentiras sistémicas.

Los datos muestran que, en los últimos 13 años, más de 160 funcionarios del PCCh han sido identificados por malversar al menos 100 millones de yuanes (unos 14 millones de dólares estadounidenses) cada uno. Incluso en regiones remotas como Xinjiang, en enero de 2025 se descubrió que el exsecretario del Partido, Li Pengxin, había aceptado dinero y propiedades valuadas en más de 833 millones de yuanes (115 millones de dólares).

Un artículo del South China Morning Post de noviembre de 2015 señaló que
“los chinos son las personas más deshonestas, mientras que los británicos y japoneses son los más honestos, según un estudio sobre veracidad que involucró a más de 1,500 personas de 15 países.”

China puede presumir miles de años de historia en los que la virtud era profundamente respetada. Sin embargo, en apenas unas décadas, el PCCh logró destruir esos valores tradicionales mediante campañas como la Revolución Cultural, reemplazándolos por la ideología comunista de lucha de clases, odio y mentiras.

Como resultado, el futuro de China parece incierto y sombrío.
¿Cuándo volverá el pueblo chino a recibir bendiciones de riqueza y prosperidad?
Tal vez esas bendiciones solo regresen cuando las personas abandonen la ideología comunista.