(Minghui.org) Nací en una familia numerosa donde muchos familiares practicaban Falun Dafa. Aunque conocía la práctica, no comencé a cultivarme verdaderamente sino hasta finales de 2024. Gracias a la compasiva salvación y protección de Shifu, mi vida ha cambiado por completo desde entonces. Deseo compartir mi historia para alentar a otros practicantes.

Perdida en el mundo secular

Cuando era pequeña, a menudo soñaba con Shifu, quien me sonreía con gran compasión. En esos sueños jugaba con Shifu y él eliminaba mi karma. A través de mi ojo celestial veía girar el Falun y muchas otras escenas maravillosas. En uno de los sueños, varios seres divinos vinieron y quisieron enseñarme sus propios métodos de cultivación. Me negué y les dije: "Yo practico Falun Dafa". Ellos sonrieron y dijeron que yo era “educable”.

Los poderes extraordinarios de Dafa me protegieron de situaciones peligrosas. Una vez me llevaron de urgencia al hospital del condado por una apendicitis aguda. Los médicos le dijeron a mis padres que debían llevarme al hospital de la ciudad para recibir el tratamiento adecuado. Durante todo el trayecto, repetí: “Falun Dafa es bueno”.

Cuando llegamos, el médico no me hizo ningún procedimiento. Solo me pidieron quedarme en observación esa noche. A la mañana siguiente me sentía completamente bien y me dijeron que podía regresar a casa. No necesité cirugía ni medicamentos.

Mi infancia feliz terminó abruptamente cuando mi padre enfermó y falleció. Poco después dejé mi hogar y entré a la universidad en otra ciudad. Allí no conocía a ningún practicante de Falun Dafa, por lo que no tenía un entorno de cultivación.

Era la primera vez que estaba sola y lejos de casa. Fui arrastrada por la cultura materialista impulsada por el dinero en China y poco a poco adopté un estilo de vida acorde con la decadencia moral y los valores distorsionados de la sociedad actual. Perseguía lo mismo que todos los demás y me alejé cada vez más de los principios de Falun Dafa: Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Dejé de creer en la bondad de las personas y no confiaba en nadie. Juzgaba a las personas por cuánto dinero ganaban, no por su carácter. Quería hacerme rica sin esforzarme.

Estaba confundida y ansiosa. ¿Por qué quienes carecían de principios morales parecían obtener todo lo que deseaban, mientras que las buenas personas sufrían? ¿Qué era realmente lo correcto? Me sentía completamente perdida y comencé a preguntarme cuál era el verdadero sentido de la vida.

Decidí que quería practicar Falun Dafa y regresar a mi verdadero ser. Le pedí ayuda a Shifu y deseé obtener verdaderamente el Fa, iniciar el camino del cultivación y regresar a mi hogar celestial.

Dando un giro a mi vida

Shifu nunca me abandonó. Un día conocí a una practicante de Falun Dafa en la calle y comencé a asistir regularmente al estudio grupal del Fa. Los practicantes me animaron a establecer una rutina de estudio, me enseñaron los cinco ejercicios y, al observarlos, comprendí qué significa cultivarse con diligencia y cómo cultivar verdaderamente el corazón.

También me enseñaron cómo ingresar al sitio web de Minghui para descargar los libros de Falun Dafa. Gracias a los arreglos de Shifu, finalmente comencé a cultivarme de verdad.

A través del estudio del Fa, poco a poco comprendí los errores que había cometido en el pasado. Aprendí que el sufrimiento en la vida proviene del karma. Dejé de juzgar a las personas y las cosas por su valor monetario, y comencé a mirar hacia adentro cuando surgían conflictos.

Cuando en el trabajo asignaron los dormitorios, tomé el más pequeño para que otros pudieran vivir más cómodamente. En el trabajo, mis compañeros dejaban todas las tareas para que yo las hiciera mientras ellos jugaban o charlaban tomando té. Después afirmaban que ellos habían hecho el trabajo y hablaban mal de mí frente al jefe.

Me exigí a mí misma vivir conforme a Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Traté de cumplir bien cada tarea que se me asignaba. No competí por beneficios personales ni guardé resentimiento. Aun así, mis compañeros se unieron para darme la calificación más baja en la evaluación anual. Cuando se publicaron los resultados, toda la empresa me trató como si fuera perezosa e incompetente. Incluso empleados de otros departamentos hablaban de mí a mis espaldas. No me conmoví y seguí trabajando con diligencia.

Un día, fui despedida. Ese mismo día, mis compañeros me bombardearon con preguntas sobre el proyecto. Cuando no respondí de inmediato, me criticaron e insultaron. Me recordé a mí misma que era una cultivadora y miré hacia adentro para identificar mis apegos. Trabajé hasta el último minuto y ayudé lo mejor posible a la persona que me reemplazó, aun sabiendo que obtuvo el puesto por nepotismo.

Mi novio de muchos años también terminó conmigo. Poco antes le había prestado todos mis ahorros para apoyar su negocio. Fue exactamente como dijo Shifu:

"Cientos de penalidades caen a la vez,"
(Templando la mente y el corazón de uno, Hong Yin)

Sabía que era una prueba. Me había tomado mucho tiempo obtener finalmente el Fa, así que sin importar cuán difícil o doloroso fuera el camino, sabía que debía perseverar.

Estudiar el Fa y asimilarme a él

Regresé a mi ciudad natal y pasé más de dos meses enfocándome completamente en el estudio del Fa y en cultivarme. Sabía que como nueva practicante debía ser diligente y estudiar. Leía una lección de Zhuan Falun cada día, copiaba el Fa a mano y leía las nuevas enseñanzas de Shifu. En esos dos meses leí todas las enseñanzas y artículos de Shifu.

Al haber perdido el trabajo, terminado una relación larga y perdido todos mis ahorros, caía con frecuencia en pensamientos de duda y ansiedad. Me sentía deprimida y completamente desesperanzada respecto al futuro. También sufría fuertes dolores articulares; me costaba levantar los brazos y caminar. Hacer los ejercicios de pie era muy difícil.

Para asimilarme mejor al Fa, dejé de ver programas de televisión y eliminé todas las redes sociales de mi teléfono. En mi tiempo libre escuchaba música de Dafa o Radio Minghui. Me recordaba no distraerme ni perderme entre la gente común. Enviaba pensamientos rectos todos los días para eliminar pensamientos negativos y desintegrar los arreglos e interferencias de las viejas fuerzas.

Una noche soñé que caminaba por un sendero muy estrecho, tan angosto que debía colocar un pie delante del otro con mucho cuidado. Seguí avanzando y finalmente llegué a un lugar donde muchos practicantes esperaban para subir al barco del Fa. Supe que Shifu me estaba animando.

Pasando la prueba de la lujuria

Influenciada profundamente por la decadencia moral de la sociedad, antes pensaba que las relaciones sexuales antes del matrimonio eran normales, y cometí muchos errores en ese aspecto. Después de comenzar a practicar Falun Dafa con sinceridad, reconocí mis errores y tomé la firme decisión de no volver a hacerlo.

Al principio tuve mucha interferencia en forma de pensamientos lujuriosos. Intenté suprimirlos, rechazarlos y eliminarlos. Más tarde, fui puesta a prueba repetidas veces en sueños. Algunas veces logré controlarme, pero otras fallé. Para resolver esto, comencé a memorizar y recitar el Fa. También escuché historias de cultura tradicional y divina en Radio Minghui, y leí muchos artículos de intercambio escritos por otros practicantes sobre cómo eliminar el apego a la lujuria.

Estos pensamientos comenzaron a aparecer con menos frecuencia, pero experimenté interferencias en mis sueños. A veces sentía que alguien me tocaba de manera inapropiada. Mi conciencia principal se volvía alerta de inmediato. Quería despertar, pero sentía que una fuerza poderosa me inmovilizaba. No podía moverme ni despertar. Recité las fórmulas para enviar pensamientos rectos y pedí ayuda a Shifu. En ese instante apareció un rayo de luz dorada que destruyó todos los elementos malignos, y desperté. Gracias, Shifu, por cuidarme compasivamente.

Soltando el sentimentalismo hacia la familia y aclarando la verdad

Después de regresar a mi ciudad natal, comencé a aclarar la verdad a mi madre. Ella trabajaba para el gobierno y había sido profundamente adoctrinada con la ideología comunista y atea. Al principio no me creyó y no quería escuchar.

Un día le hablé de Dafa mientras cocinaba. Cuando mencioné la persecución y que no tenía base legal, mi madre —que normalmente era muy amable— estalló en ira. Me gritó mientras agitaba un gran cuchillo de cocina. La escena fue muy intensa. Pero no me desanimé ni me rendí. Sabía que debía soltar el apego emocional hacia ella para poder salvarla.

Comencé a enviar pensamientos rectos dirigidos específicamente a los factores malignos detrás de ella que le impedían conocer la verdad. Miré hacia adentro y descubrí que tenía resentimiento hacia el régimen comunista. Era combativa, no me gustaba que me criticaran y siempre quería demostrar que tenía razón. También tenía miedo.

En el momento en que reconocí mi miedo, comprendí que eso era lo que impedía que mi madre aceptara la verdad: ella temía que yo fuera perseguida por el Partido Comunista Chino por practicar Falun Dafa. La siguiente vez que hablé con ella, escuchó. Después de una conversación de más de una hora, aceptó renunciar al Partido y a sus organizaciones juveniles.

La compasión disolvió el odio

Antes de nuestra ruptura, mi exnovio Bao me fue infiel y me golpeó cuando lo confronté; mi cuerpo quedó cubierto de moretones. Cuando necesitó ayuda para su negocio, le presté todos mis ahorros, los cuales nunca me devolvió. Después de perder mi trabajo y el dormitorio asignado, dejé algunas pertenencias en su casa y me quedé temporalmente con una practicante.

Cuando comencé a cultivarme seriamente y a medir todo con Verdad, Benevolencia y Tolerancia, comprendí que había cometido muchos errores en mi relación con Bao, especialmente el de haber vivido con él. Quería aclararle la verdad, pero me recordé que debía comportarme correctamente para no dañar la reputación de Dafa.

La primera vez que intenté hablarle de Dafa y sugerirle hacer buenas acciones, me gritó, me insultó y me echó de su casa. Dijo que solo creía en el dinero, no en el karma ni en las consecuencias.

Me sentí profundamente agraviada. Yo había sido buena con él, pero él me trató muy mal. Pensé que era materialista, terco, sin principios, y con enormes deudas kármicas. Decidí que no valía la pena salvarlo. Sin embargo, a medida que mi comprensión del Fa profundizaba, comprendí que yo también había manejado mal muchas cosas y probablemente lo había herido. Le pedí disculpas sinceramente y dejé de sentir resentimiento cuando me criticaba.

Poco a poco comencé a comprender sus dificultades. Creí que en esencia era una buena persona, pero había sido condicionado a adorar el dinero y anteponer el beneficio personal, tal como toda la sociedad china ha sido distorsionada deliberadamente por el régimen comunista.

Leí Los Nueve Comentarios sobre el Partido Comunista, rompí el bloqueo de internet y visité sitios censurados. Al comparar esa información con los medios oficiales del Partido, obtuve una comprensión más objetiva del engaño sistemático del PCCh. Envié pensamientos rectos para eliminar los elementos malignos detrás de Bao.

Cuando enfermó, le compré comida, cociné para él, lo ayudé con las tareas del hogar y lo cuidé, manteniendo siempre una distancia apropiada. Mi propósito era crear oportunidades para aclararle la verdad. Le dije: —Creo que estás pasando por una situación difícil y por eso no me has devuelto el dinero que te presté. Espero que conserves la bondad que hay en ti, ganes dinero honestamente y seas una buena persona. No hay prisa. Concéntrate primero en tu salud.

Poco a poco aceptó la verdad y renunció a las organizaciones del Partido usando su nombre real.

Una vez, de repente me abrazó con fuerza e intentó besarme. Lo aparté y le dije que yo era una cultivadora y no podía hacer eso, que debía ser responsable tanto conmigo como con él. Pedí a Shifu que me fortaleciera, y al instante Bao se calmó por completo, como si fuera otra persona. Le compartí mi comprensión del Fa y logré que ayudara a un familiar fallecido a renunciar al Partido. Desde entonces, nunca volvió a comportarse de manera inapropiada.

Formar un solo cuerpo

En los meses posteriores a la ruptura y la pérdida de mi trabajo, enfrenté muchas críticas y cuestionamientos de familiares, amigos y conocidos. Con frecuencia caía en pensamientos negativos, lo que me llevaba a la duda, la depresión y la desesperanza.

Pero sabía que los practicantes somos la única esperanza de salvación para los seres conscientes. Tenía que salir de ese estado. Sabía que solo estudiando bien el Fa podría ayudar a Shifu a salvar a los seres consientes.

Cada vez que surgían pensamientos negativos, los escribía y los analizaba uno por uno. Cambiaba mi perspectiva y los veía como cosas buenas: el sufrimiento era una oportunidad para eliminar yeli y elevarme.

Cuando me sentía triste o desesperanzada, escuchaba música de Falun Dafa o meditaba. Veía toda interferencia externa como ilusiones y me desapegaba de ellas.

Cuando lograba calmar mi mente, estudiaba el Fa. Poco a poco recuperé una profunda paz y alegría interior. Ya no estaba ansiosa ni temerosa, ni tan influenciada por factores externos. Ya no caía en depresiones de las que no podía salir.

Sabía que cada vez que atravesaba una tribulación, Shifu soportaba aún más por mí. Shifu me valora más de lo que puedo imaginar y espera que me levante y me cultive con diligencia.

Los practicantes locales también me ayudaron enormemente. Una practicante me ofreció quedarme con su familia cuando no tenía a dónde ir. Nos levantábamos a las 3 a.m. para hacer los ejercicios, estudiar el Fa y enviar pensamientos rectos. Otros practicantes compartieron sus experiencias y me animaron. Su altruismo me conmovió profundamente.

Ellos miraban hacia adentro sin importar lo que enfrentaran. Siempre eran amables y considerados. Permanecían firmes ante la adversidad y mantenían su fe pese a la persecución. Confiaban plenamente en Shifu y en el Fa. Ayudaban desinteresadamente a los nuevos practicantes y a quienes regresaban a la práctica. Cooperaban incondicionalmente como un solo cuerpo. Mostraban gran compasión al aclarar la verdad.

Cada uno de ellos me inspiró y fortaleció mi determinación de cultivar en Dafa.

Cuando escribí este artículo de intercambio, tuve fiebre durante una semana. Sabía que era interferencia y aun así decidí escribirlo. Espero que mi experiencia sirva como testimonio de lo maravilloso que es Dafa.

Dafa es extremadamente precioso. ¡Qué afortunados somos de haber obtenido el Fa! Sé que en el futuro habrá más pruebas y tribulaciones, pero me exigiré conforme a los altos estándares del Fa, continuaré mirando hacia adentro, cultivándome bien y haciendo diligentemente las tres cosas.

Agradezco a Shifu por salvarme compasivamente.

Estas son mis experiencias y comprensiones. Pido amablemente a los compañeros practicantes que señalen cualquier cosa que no esté de acuerdo con el Fa.